La carta del Juicio siempre fue una de las que me costó recordar. Sonaba como la Justicia, pero no... tenía un ángel como los Enamorados, pero no... ¿Cómo entenderla? ¿A qué asociarla? Me parecía demasiado abstracta, demasiado complicada. ¿A qué tipo de vivencia podía conectarla?
Por suerte, algunos libros y posts me ayudaron a resolver el problema de manera práctica: El Juicio es el paso anterior al Mundo, y por ende podemos entenderlo como un último momento de madurez y liberación antes de la tan esperada conclusión. El ángel llama con su trompeta, la bandera simboliza un punto de inflexión, la gente se levanta de la tumba porque se están abriendo a una nueva versión de ellos mismos… Fin.
Listo, como explicación me sacaba del apuro. ¿Pero alcanzaba eso?
Y, no. Claramente no.
Como suele pasar con todos los arquetipos del Tarot, no es hasta que los vivimos que terminamos de comprenderlos. Necesitamos encarnar su energía para reconocer y desentrañar su complejidad, para terminar de descifrarlos. No importa cuántos libros leamos, cuántos símbolos aprendamos, cuántas explicaciones ajenas consumamos… Necesitamos la experiencia, la conexión emocional con ese evento.
Y yo acabo de tener una, luego de 14 años de haber aprendido por primera vez su significado de manual.
Así que he aquí mi propia reflexión.
Cuando hablamos del Juicio, hablamos de una toma de consciencia. Pero no a modo de cachetazo, como con la Torre, ni tampoco a modo de búsqueda profunda y solemne, como con el Ermitaño. El Juicio es un despertar casi predestinado, espiritual, el momento en que por fin reaccionamos, por fin comprendemos, y no nos queda otra que hacernos cargo de todo lo que hicimos como el cuerno antes, para poder avanzar hacia el siguiente estadío evolutivo, hacia una consciencia más elevada. Es el paso posterior a la muerte en la rueda de la vida, el momento de rendir cuentas, de reconocer lo que hicimos.
Pensemos en el concepto de la vida después de la Muerte. El Samsara, la rueda eterna, como queramos llamarlo. ¿Morimos, volvemos, y ya? ¡No es tan simple! En el medio tenemos que reconocer nuestros errores, enfrentar nuestras 💩, y amorosamente comprender que sí, teníamos derecho a equivocarnos, pero así también tenemos la responsabilidad de hacerlo mejor la próxima.
El Juicio es eso. El momento de reconocimiento previo a la segunda oportunidad. Ese repaso amoroso (pero no por ello menos severo) donde comprendemos que nos desviamos del camino, que perdimos noción de nuestras verdaderas prioridades, y no nos queda otra que volver a comenzar.
No es un descanso eterno libre de cargas, la feliz separación del cuerpo físico para ser por fin una nube cósmica sin sufrimiento (por algo las personas están todavía en la tierra aunque hayan perdido el color, asemejando espíritus). Es el instante donde decimos "estuve mal, ahora puedo verlo", y asumimos la responsabilidad de hacerlo mejor para la próxima. ¿Y luego? Ah, ahí sí llega el Mundo y toda su armonía y paz. Pero El Juicio es ese despertar, esa toma de conciencia muchas veces movilizante antes de ser liberadora, donde recordamos que mientras estamos de este lado de la historia somos humanos, y ser humanos va a implicar una y otra vez meter la pata y aprender (o no) de ese error. Por eso el Juicio es punto de inflexión, porque es el momento donde o aprendemos y evolucionamos hacia la siguiente gran lección de vida, o repetimos. Y así una y otra vez, porque de eso se trata de estar encarnados. De creer que lo sabemos todo sólo para recibir un hermoso y terrible golpe de realidad, comernos el orgullo y volver a intentarlo luego.
Este año me tocó reconocer mis errores sin demasiada anestesia. Pero gracias a que estoy dispuesta a adueñarme poco a poco de ellos (hagan terapia, gente) es que por ahí pueda más adelante obtener esa segunda oportunidad. No se trata de premios o castigos, el Universo no necesita ese tipo de mecanismo perverso. Es simple resonancia. Si yo no puedo dar algo, no puedo recibirlo. La única forma de atraer lo que tanto anhelamos, es serlo primero.
Ya hablaré en otra ocasión sobre ese intercambio. Por el momento, me quedo reflexionando sobre el llamado de atención de la trompeta, increíblemente sonoro una vez que elegimos escucharlo, pero completamente silencioso si no. Después de todo, depende de nosotros levantarnos de la metafórica tumba de la zona de confort para avanzar al siguiente capítulo. Nadie nos obliga y nadie nos apura.
Ahora, eso sí: ¿El momento de repaso, de toma de consciencia, de admitir que nos la mandamos y que tendremos que hacerlo mejor la próxima si queremos dar el paso hacia una mejor versión de nosotros mismos? Ese umbral es imposible de saltear, cuando sea que estemos listos para él.
De eso entre otras cosas (porque así de hermosas y complejas son las cartas), se trata el Juicio. Hora de abrir los ojos y asumir (sin culpa) responsabilidades.
Bárbara 🌙