2025 se reduce a 9, y el 9 representa en el Tarot al Ermitaño, una de mis cartas favoritas de todo el mazo.
¿Pero qué significa un año Ermitaño? ¿No vamos a querer ver a nadie? ¿Vamos a estar aislados? ¿Tendremos que mudarnos a la hipotética isla desierta con la que todxs alguna vez (en broma o no) fantaseamos?
No, un año Ermitaño no es eso, porque el Ermitaño en sí no se trata tanto de reclusión y aislamiento, como sí de introspección.
Pensemos en el viejo refrán, “mejor solo que mal acompañado”. El anciano sabio del Tarot llevaría esa frase en una remera, pero no como una manera despectiva de llamarse superior a nadie, sino porque él sabe que el único momento en que (con suerte, si nos lo permitimos) somos nosotrxs mismxs es cuando estamos en soledad, sin la influencia ni mirada de tercerxs, (sin importar cuán confiables o queridxs éstos sean).
En soledad, podemos sacarnos las máscaras, dejar de fingir, dejar de callar aquello que nos molesta, y encontrarnos con nuestra sabiduría interna, esa vocecita interior que sabe lo que realmente queremos, lo que nos hace bien, lo que somos. Es un momento de verdadera transparencia y vulnerabilidad, cuando ya no tenemos las distracciones del mundo exterior, el ruido, las excusas, y nos encontramos solos con nuestro sentir y nuestra mente.
El problema es que mucha gente teme a ese momento, le rehúye, lo rechaza. Quizá por aprensión a lo que puedan llegar a encontrar detrás de la máscara, o quizá porque prefieren vivir la vida de manera “práctica”, invirtiendo su tiempo en cuestiones productivas, entretenidas o al menos lo suficientemente distractivas como para no dar lugar al silencio, a la duda, al encuentro con esa sensación de vacío que susurra en el fondo de su ser, cuestionando todas sus decisiones y estilo de vida, pidiéndoles algún tipo de ajuste o cambio, invitándoles a ceder el tan amado control…
No por nada, al Ermitaño lo sigue indefectiblemente la Rueda de la Fortuna (no nos vamos a meter en debates sobre si la carta anterior es la Fuerza o la Justicia, eso quedará para otra ocasión), y la Rueda habla de lo impredecible, lo fortuito; de la magia de soltarnos y dejarnos llevar por la corriente, a donde sea que el Universo desee arrastrarnos. Semejante soltura sólo es posible luego de una instancia de búsqueda de propósito interna, de reencuentro con unx mismx, de silencio y sinceridad. De un momento Ermitaño, como el que este año 2025 nos propone y ofrece a todxs aquellxs que estemos listxs, dispuestxs a abrazar la incomodidad de no tener estímulos externos, por un rato al menos, para distraernos (¡Hola introvertidxs, este es nuestro año!). Con el Ermitaño, construimos una mayor sensación de fortaleza interna, de propósito, de identidad. Y así, finalmente podemos estar listxs para movernos en la dirección correcta, buscando esa Estrella que él lleva a cuestas en su farol, para iluminar su camino.
¿Te vas a animar a mirar hacia dentro un ratito, a ver qué verdades, sentimientos o necesidades están habitando en tu interior, esperando ser reconocidas y honradas?
¡Feliz año Ermitaño para todxs, que nos traiga la sabiduría, madurez y capacidad de auto-análisis necesarias para conectar en forma directa con nuestro espíritu!
Bárbara🌙