En todos mis años como tarotista, siempre tuve problemas para comprender el 4 de copas por completo. Racionalmente sabía a qué hacía alusión, había leído su significado un millón de veces de distintas fuentes, había reparado en la actitud corporal, en las copas, en la oferta en el cielo, en el árbol, en el número… Pero aún así, era una carta que no tenía sentido para mí, desde el concepto mismo:
¿Por qué la estabilidad emocional traería consigo una sensación tan grande de infelicidad, disgusto, apatía o insatisfacción? ¿Acaso no es lo que todos necesitamos: Paz, seguridad, calma en nuestros corazones? ¿Por qué esa copa flotante? ¿Por qué los brazos cruzados? ¿Qué me estaba perdiendo?
Como suele pasar, la explicación que tanto estuve buscando terminó viniendo de adentro, no de afuera… Y de forma muy personal.
En los últimos meses estuve lidiando con un malestar físico recurrente (producto del estrés y la tensión muscular) que me llevó a investigar sobre el funcionamiento del cuerpo, la postura, la respiración y, sobre todo, el sistema nervioso. Aprendí entre otras cosas que nuestro cuerpo almacena emociones de formas impensadas y fascinantes, y que nuestra mente está programada para buscar la seguridad y la supervivencia, no la felicidad. Esto último particularmente me sorprendió, porque me ayudó a entender por qué tantas veces las personas preferimos permanecer en un lugar conocido (por malo que sea) a aventurarnos a un sitio nuevo: Con un sistema nervioso sobreestimulado y alerta, cualquier novedad será percibida como peligro, por ende, no vamos a reaccionar bien ante la idea de un cambio (incluso cuando se trate de un cambio deseado) a menos que logremos primero salir de ese espiral de supervivencia.
OK, muy lindo todo, pero ¿qué cuernos tiene que ver todo esto con el 4 de copas? Bueno, que el joven de la carta está aburrido y cansado de su realidad, es evidente en su postura: Ya no valora tanto como antes sus copas, ya no se divierte, siente que le falta algo más, algo nuevo, algo especial… Y sin embargo, permanece cerrado, ajeno a la respuesta del universo a su pedido, porque ahí se siente seguro.
Ahí, aunque en el fondo de su corazón sabe que quiere más, todo es predecible y tranquilo, y eso vale más para él que cualquier bendición caída del cielo. Ahí, enraizado como el árbol, nada puede moverlo ni sacudir su realidad, y después de la exaltación de las primeras copas, quizá eso es justo lo que su sistema nervioso necesita… Al menos por el momento. Calma. Contemplación. Paz. Un poquito de aburrimiento.
Porque así, aprendiendo primero que la paz interior a menudo es más aburrida que la adrenalina de los sueños cumplidos, pero no por ello menos necesaria, va a poder prepararse para los siguientes pasos de su aventura. Y sólo entonces va a estar listo para dar la bienvenida a esa cuarta copa, a esa oferta, a esa novedad, sin tanto miedo… Y va a atravesar la pérdida del 5, la añoranza del 6, la confusión del 7 y la renuncia del 8.
Pero entonces, ¿eso quiere decir que es malo abrirse a lo nuevo y dar la bienvenida a las nuevas experiencias y oportunidades que se nos presenten? ¿Deberíamos permanecer estancados en el mismo lugar? ¡No, claro que no! Pero si sólo pensamos en el bienestar como una carrera frenética hacia delante, sin aprender primero a serenar nuestro sistema nervioso, a centrarnos, a volver a nuestro eje, a agradecer lo que ya tenemos, no vamos a poder disfrutar realmente de lo distinto. Porque vamos a seguir tan exaltados, asustados, y sobre-excitados que vamos a confundir las bendiciones con amenazas, y a esa calma y ese silencio con aburrimiento y tedio, cuando en realidad necesitamos la armonía interna para poder continuar creciendo.
Pero ojo, porque como suele pasar en el Tarot, avanzar al siguiente estadío no significa olvidarnos de lo aprendido en el anterior. Así que, a medida que aceptemos esas oportunidades y nos abramos a lo desconocido, necesitaremos a menudo regresar a ese árbol, a esa contemplación, a ese aburrimiento, simplemente para poder regularnos, bajar un cambio, descansar.
Después de todo, en el ritmo frenético del mundo moderno, donde se nos enseña a consumir más y más estímulos a cada segundo hasta freírnos el cerebro, ¿qué mejor que sentarnos un ratito en el pasto, enraizándonos a la tierra y al cielo, y encontrar un poquito de paz? Ya va a haber tiempo para nuevas emociones, nuevas aventuras, nuevos deseos… Primero hay que saber descansar.
Bárbara 🌙