Adviento

El domingo 2 de diciembre comienza el nuevo año litúrgico con el inicio del Adviento, un tiempo de espera, de conversión, y de esperanza. Este tiempo litúrgico, que nos llevará hasta el 24 de diciembre, es el anuncio de la venida del Salvador: “Ven, Señor Jesús”.

Rito de la bendición de la Corona de Adviento

I DOMINGO DE ADVIENTO

Primer domingo del Adviento de nuestro Señor Jesucristo; en este tiempo se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y se espera, a la vez, su segunda venida al final de los tiempos (elog. del Martirologio Romano).

Reflexión para el I Domingo de Adviento

Misa del Domingo (morado).

MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. I o III Adv.

LECC.: vol. I (C).

- Jer 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo.

- Sal 24. R. A ti, Señor, levanto mi alma.

- 1 Tes 3, 12 — 4, 2. Que el Señor afiance vuestros corazones, para cuando venga Cristo.

- Lc 21, 25-28. 34-36. Se acerca vuestra liberación.

Con el Adviento comenzamos el ciclo litúrgico de Navidad-Epifanía, en el que al mismo tiempo hacemos memoria de la primera venida de Cristo nos lanzamos a esperar con alegría y esperanza su segunda venida al fin de los tiempos, como profesamos en el Credo: "y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin". Se trata en este tiempo de Adviento de salir al encuentro de Cristo que sigue viniendo a nosotros en su Palabra, en la Eucaristía y en los hermanos. Precisamente practicando el amor mutuo y no dejándonos embotar la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero nos preparamos para su segunda venida, de la que no sabemos ni el día ni la hora (cf. 2 lect. y Ev.).

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

II DOMINGO DE ADVIENTO

Misa del Domingo (morado).

MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. I o III Adv.

LECC.: vol. I (C).

- Bar 5, 1-9. Dios mostrará tu esplendor.

- Sal 125. R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

- Flp 1, 4-6. 8-11. Que lleguéis al Día de Cristo limpios e irreprochables.

- Lc 3, 1-6. Toda carne verá la salvación de Dios.

Una de las figuras del Adviento, san Juan Bautista, precursor del Mesías, predica un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, cumpliendo la profecía de Isaías: "En el desierto preparad el camino del Señor, allanad sus senderos" (Ev.). El Adviento es, pues, un tiempo de conversión, durante el que nos preparamos interiormente para que cuando el Señor venga nos encuentre limpios e irreprochables (cf. 2 lect.). Es un tiempo de experimentar la misericordia de Dios, que nos hace volver a gozar de su esplendor, dejando atrás la oscuridad de nuestros pecados (cf. 1 lect.). Y así podremos cantar: "El Señor ha estado grande con y estamos alegres" (sal. resp.). Vigilemos para que los afanes de este mundo no nos impidan nuestro encuentro con Cristo (1ª orac.)

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Del Magisterio del Papa Francisco

III DOMINGO DE ADVIENTO

«GAUDETE»

Misa del Domingo (morado o rosa).

MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. de Adv.

LECC.: vol. I (C).

- Sof 3, 14-18a. El Señor exulta y se alegra contigo.

- Is 12. R. Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.

- Flp 4, 4-7. El Señor está cerca.

- Lc 3, 10-18. Y nosotros, ¿qué debemos hacer?

La alegría ante la proximidad de la Navidad es la característica de este tercer domingo de Adviento. Así ya en la ant. de entrada cantamos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito: alegraos. El Señor está cerca» (cf. también 2 lect.). Y en la oración colecta pedimos llegar a la Navidad y poder celebrarla con alegría desbordante. Se trata de una alegría interior, de modo que cuando llegue el Señor nos encuentre velando en oración y cantando su alabanza (Pf.). En el Ev., Juan el Bautista nos llama a la conversión, practicando la caridad y la justicia, para así prepararnos para la llegada del que «nos bautizará con Espíritu Santo y con fuego». La comunión eucarística nos prepara para las fiestas que se acercan purificándonos de todo pecado.

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Del Magisterio del Papa Francisco

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Misa del Domingo (morado).

MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. II o IV Adv.

LECC.: vol. I (C).

- Miq 5, 1-4a. De ti voy a sacar al gobernador de Israel.

- Sal 79. R. Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

- Heb 10, 5-10. He aquí que vengo para hacer tu voluntad.

- Lc 1, 39-45. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En María, el Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros, por su Pasión y cruz podamos llegar a la gloria de la resurrección (cf. 1ª orac.). Y esto fue posible gracias a su fe, con la que aceptó obediente el anuncio del ángel: «Dichosa tú que has creído» (Ev.). Esa obediencia es la que tuvo el Hijo desde el momento de su encarnación: Aquí estoy para hacer tu voluntad» (2 lect.). María, con el Hijo de Dios en su seno, es el arca de la Nueva Alianza que visita a Isabel. Y con ella nos dirigimos hacia Belén donde nacerá el jefe de Israel (cf. 1 lect.). El Espíritu Santo sigue haciendo presente a Cristo en la eucaristía (orac. sobre las ofrendas).

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Ant. Mag. «¡Oh, Emmanuel!». Comp. Dom. II.

Del Magisterio del Papa Francisco