Llegas corriendo a la oficina. ¡Por poco fichas tarde! Te sientas en la silla y te preparas para un duro día de trabajo. Pero no puedes dejar de pensar en tu maleta perdida... Enciendes el ordenador, metes la contraseña, y... ¡ERROR! ¿Pero cómo? ¡No puede ser!
Menos mal que tú siempre apuntas estas cosas, sabiendo lo mal que se te da recordar cosas. Pegada en la pantalla del ordenador, tienes una nota con un mensaje un tanto raro...