El pitido del final del programa de la lavadora te saca de tu trance. No sabes qué acaba de pasar, ni qué era eso que has... ¿soñado? Coges la ropa y la metes en la secadora. Un cuarto de hora después, vuelves al piso cargado con la ropa y muchas más incógnitas que esta mañana al despertarte...
Espera. ¿Podría ser que te acordaras de lo que ponía en el papel que se cae en esa gran sala? Cierras los ojos y te concentras al máximo. Sí, puede que sí te acuerdes...