En sus primeras etapas, el anime se caracterizaba por dibujos simples y un enfoque en historias infantiles y cómicas. Sin embargo, a medida que el género maduraba, comenzaron a surgir obras más complejas y emocionalmente profundas. El anime exploró géneros como la ciencia ficción, el drama, la fantasía y el romance, atrayendo a una audiencia más diversa.