Óleo sobre lienzo
Esta obra de José María Portocarrero, figura esencial de la Escuela de la Sabana, trasciende la simple representación del paisaje colombiano. En ella, el territorio deja de ser fondo para convertirse en protagonista: un espejo de identidad y pertenencia.
La Escuela de la Sabana fue más que un movimiento pictórico; fue una forma de mirar. Artistas como Portocarrero enseñaron a ver con ojos nuevos aquello que siempre estuvo frente a nosotros: los cerros, la luz, el silencio y la vida del campo convertidos en materia estética. Inspirados por corrientes europeas, reinterpretaron la modernidad desde lo propio, devolviendo dignidad y profundidad a lo cotidiano.
En el contexto de nuestra galería, esta obra dialoga con nuestra apuesta por un arte que nace de la tierra, del oficio y de la mirada humana. Es testimonio de un momento donde el arte colombiano empezó a reconocerse a sí mismo, y de cómo aún hoy lo cotidiano puede revelarse extraordinario cuando se mira con sensibilidad.