San Blas ha sido muchas veces visto desde el conflicto, pero hay mucho más: cultura, organización, identidad.
Con la celebración, buscan mandar un mensaje, una comunidad organizada puede generar cambios positivos.
Chente Desales y Sam Grijalva
Creadores del Taller Guiriziña
Taller de grabado comunitario
Guiriziña
Hace un año, en San Blas Atempa, Oaxaca, floreció un proyecto que tomó forma entre diálogo, tintas y papel: el Taller de Grabado Comunitario Guiriziña, nacido de experiencias previas en Santo Domingo Tehuantepec con la Extensión Universitaria La Salle Oaxaca, este espacio se pensó como una réplica de aquellas prácticas de educación intercultural y comunitaria, pero adaptada a la realidad y las necesidades de San Blas. Un taller que no sólo ofrece herramientas para crear arte gráfico, sino que busca abonar a la sociedad desde la organización comunitaria y la reflexión colectiva.
"Quisimos replicar en San Blas las experiencias que tuvimos en Tehuantepec. Aquí hacía falta un espacio así y nos motivó mucho contribuir a nuestra comunidad", comparte con Gaceta de Barrio Samantha Grijalva, una de las fundadoras.
El nombre Guiriziña no es casualidad, se trata del árbol conocido en español como barcino, pero en la región del Istmo, su nombre en zapoteco resuena con fuerza: guiriziña. Este árbol ha sido parte esencial en la vida de los binnizá, especialmente en la construcción de viviendas tradicionales, donde sus resistentes troncos funcionan como vigas principales, “es una madera muy dura, que no se pudre y cuyas flores blancas, aunque secas, parecen seguir vivas, así imaginamos este taller: fuerte, resistente y lleno de vida", nos explican Chente Desales y Sam mediante la comunicación por whatsapp.
El taller ha venido a cubrir una carencia histórica: la de espacios de acceso libre a la literatura, el arte y el pensamiento colectivo. "San Blas ha sido muchas veces visto desde el conflicto, pero hay mucho más: cultura, organización, identidad. Queremos que este espacio ayude a visibilizar eso", señalan sus creadores.
Allí, donde la lengua di’dxazá aún se escucha, donde la música, la comida y las festividades siguen vivas, hacía falta un lugar para pensar(se) y crear(se).
Cada taller que se imparte en Guiriziña comienza con una conversación, sobre el territorio, sobre la historia de la comunidad, sobre la lengua materna. El grabado, entonces, no es un fin en sí mismo, sino una forma de nombrarse, de representarse críticamente y de dialogar con el entorno, "más allá de la técnica, nos interesa el contenido: que quien grabe, también piense y se reconozca", comentan.
La comunidad ha respondido bien: infancias, jóvenes y adultos no solo de San Blas, sino también de localidades vecinas como Tehuantepec, Mixtequilla y Juchitán, se han sumado a los talleres "hemos tenido buena respuesta, especialmente de niñas, niños y jóvenes. Poco a poco vamos creciendo".
El taller es sostenido por Samantha Grijalva, psicóloga y gestora educativa, y Chente Desales, arquitecto y artista. Además de ser pareja, comparten la responsabilidad del proyecto en todas sus etapas: desde la planeación y logística hasta la impartición de talleres y difusión en redes.
"Parte de nuestra vida juntos implica hacernos cargo en distintos momentos del día de las diversas actividades que realizamos en el taller", explican. A ellos se han sumado amistades que han brindado su tiempo y saber en forma de tequio artístico, reforzando la idea de que el trabajo colectivo es la base del proyecto.
Guiriziña no camina solo, en este año han logrado tejer redes de colaboración con instituciones y colectivos como la Biblioteca Móvil de la Fundación Alfredo Harp Helú, la Biblioteca Juan de Córdova, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), Macmo Colectiva de Mujeres Artistas, Guixhi Nayaa y el Proyecto Laanu, entre otros.
También han recibido donaciones de libros, materiales didácticos y cuadernillos en di’dxazá, así como el respaldo incondicional de sus familias, "gracias a estas colaboraciones, el arte y la lectura han llegado a escuelas, espacios públicos y a las infancias del pueblo. La comunidad se ha enriquecido muchísimo con estas visitas".
El tiempo y los recursos han sido los principales desafíos, ambos integrantes tienen empleos de tiempo completo, lo que limita su disponibilidad para el taller “trabajamos a contraturno: uno compra materiales, otro planifica talleres, y muchas veces todo sucede entre el cansancio y el entusiasmo"
Además, al tratarse de un proyecto autogestivo sin fines de lucro, el financiamiento depende de la venta de sus propias piezas gráficas sin olvidar que otro de los retos ha sido convocar a los miembros de la comunidad a involucrarse activamente y sentirse parte del espacio.
Desde San Blas, su postura frente a las llamadas industrias culturales y creativas es clara: "la finalidad no es la pieza en sí, sino el reconocimiento del valor cultural de nuestro territorio y la manifestación de la vida comunitaria, sin que el fin último sea llegar a la gran industria cultural", sostienen, el objetivo no es insertarse en una lógica de producción masiva, sino generar procesos de enseñanza y aprendizaje artístico desde la memoria, el territorio y la reflexión colectiva.
Con motivo del primer aniversario, Guiriziña organiza actividades pensadas para compartir en familia, acercarse al arte, al cine y a la literatura. Más allá de la celebración, buscan mandar un mensaje: una comunidad organizada puede generar cambios positivos.
"Queremos mostrar que no se necesita mucho para brindar servicio comunitario, solo voluntad. Los esfuerzos pueden emerger de los mismos miembros de la comunidad y del apoyo mutuo", concluyen.
Finalmente lanzan la invitación, de quienes deseen sumarse al taller pueden hacerlo de muchas formas: asistiendo a las actividades -todas gratuitas-, participando en los talleres, difundiendo las convocatorias o adquiriendo alguna pieza gráfica. GB
IG: https://www.instagram.com/tallerguirizina/
Wsp: 9711409153
*Fotos: Cortesía Taller Guiriziña/ IG- FB.