La radiografía es una de las herramientas de diagnóstico más comunes para detectar fracturas óseas. Se toman imágenes de rayos X del fémur desde diferentes ángulos para identificar la ubicación y el tipo de fractura. Las radiografías pueden ayudar a determinar si la fractura es completa o parcial, si los fragmentos están desplazados y cuál es la dirección de la fractura.
En algunos casos, se puede realizar una tomografía computarizada para obtener imágenes más detalladas del fémur y evaluar mejor la extensión de la fractura, especialmente en fracturas complejas o en casos en los que se necesita información adicional.
La resonancia magnética se utiliza en casos específicos para evaluar las lesiones de tejidos blandos, como ligamentos, tendones o vasos sanguíneos que puedan estar afectados junto con la fractura. Puede proporcionar información adicional sobre el daño estructural.
En casos en los que se sospeche una lesión arterial o vascular junto con la fractura, se puede utilizar la ecografía Doppler para evaluar el flujo sanguíneo en la zona afectada.
Se llevará a cabo un examen físico completo para evaluar la lesión, la deformidad, la hinchazón, la sensibilidad y la movilidad del fémur. También se verificará la presencia de heridas abiertas, ya que esto puede indicar una fractura expuesta que requiere atención inmediata.