Luego de la planeación de los objetivos y actividades futuras a realizar para lograr las metas propuestas, el siguiente paso es distribuir cada actividad entre los diferentes grupos de trabajo que componen una empresa.
Esto va a depender de las aptitudes físicas e intelectuales de cada trabajador y de los recursos que posee la empresa. La finalidad de la organización es asignar un objetivo a cada área de la empresa para que pueda ser cumplido con el mínimo de gastos y con un grado de satisfacción máximo en cada empleado.
Actividades de la organización
Hacer una selección detallada de los trabajadores indicados para el puesto indicado.
Subdividir cada tarea en unidades operativas.
Seleccionar una autoridad administrativa para cada sector.
Proporcionar materiales y recursos útiles a cada sector
Cada empleado debe recibir órdenes de un solo superior. Esto evita conflictos de instrucciones y confusión, ya que tener múltiples jefes podría generar problemas de responsabilidad y sobrecarga de trabajo.
La división del trabajo permite que los empleados se concentren en tareas específicas, aumentando la eficiencia y la calidad del trabajo. Cada trabajador se vuelve experto en su función, lo cual mejora el rendimiento y facilita la capacitación.
La organización debe establecer niveles de autoridad y responsabilidad, creando una estructura de jerarquía clara. Esto define quién tiene autoridad sobre quién y facilita la supervisión y el control de las actividades dentro de la organización.
La autoridad permite a los líderes tomar decisiones y dar órdenes. Sin embargo, debe estar equilibrada con la responsabilidad, que es la obligación de rendir cuentas por las tareas asignadas. Los gerentes deben tener autoridad suficiente para cumplir sus responsabilidades.
Este principio establece que el nivel de autoridad de un puesto debe ser proporcional a sus responsabilidades. Cuando la autoridad y responsabilidad están equilibradas, se facilita la toma de decisiones y la gestión adecuada de tareas.
Todas las actividades relacionadas con un mismo objetivo deben coordinarse bajo un solo plan y un solo líder. Esto asegura que los esfuerzos se alineen en la misma dirección, evitando conflictos y duplicidad de funciones.
La organización debe ser flexible para adaptarse a los cambios en el entorno, como innovaciones tecnológicas, cambios de mercado o nuevas regulaciones. Esto implica una estructura que permita ajustes sin perder eficiencia.
La estructura organizacional debe ser estable para asegurar la continuidad de los procesos, pero también debe ser revisada y mejorada con el tiempo para adaptarse a las necesidades y cambios del entorno.
Los recursos deben organizarse de tal manera que la organización logre sus objetivos con el menor costo posible. Esto incluye tanto recursos humanos como materiales y financieros, con el fin de maximizar el rendimiento y minimizar desperdicios.
La coordinación asegura que los diferentes departamentos y actividades de la organización trabajen juntos hacia un objetivo común. Esto implica comunicación efectiva y cooperación entre los departamentos.
Los gerentes deben delegar tareas y responsabilidades a otros niveles de la organización. Esto permite a los líderes enfocarse en decisiones estratégicas, mientras que otros empleados asumen tareas específicas, fomentando el desarrollo profesional.
La estructura organizacional debe ser lo más sencilla y clara posible para facilitar la comprensión de las responsabilidades y relaciones. Una estructura compleja puede generar confusión y obstaculizar la comunicación.
En la organización de un proyecto de tecnología, estructurar equipos y asignar recursos de manera efectiva es crucial para cumplir los objetivos de manera eficiente y dentro del plazo. A continuación, se describe una forma estructurada de organizar equipos y recursos para un proyecto de tecnología:
En una estructura funcional, los equipos se agrupan por especialización y cada función tiene responsabilidades específicas. Es común en proyectos de tecnología y facilita la especialización de los recursos. Las áreas y sus roles principales podrían ser:
Desarrollo de Software: Compuesto por programadores y desarrolladores que se encargan de codificar y construir el sistema o aplicación.
Diseño UX/UI: Encargados de la experiencia de usuario y el diseño visual de la aplicación o plataforma, asegurando una experiencia intuitiva.
Pruebas y Control de Calidad (QA): Se ocupan de la detección y resolución de errores, realizando pruebas funcionales, de rendimiento y de seguridad.
Soporte Técnico y Mantenimiento: Proveen asistencia técnica y mantenimiento continuo para asegurar el funcionamiento del sistema después del lanzamiento.
Gestión de Producto y Proyectos: Liderado por un Product Manager y/o un Project Manager, se encarga de coordinar los recursos, gestionar tiempos, y comunicarse con los interesados (stakeholders).
Esta estructura permite organizar equipos con habilidades diversas en cada equipo para que puedan completar tareas de principio a fin de manera autónoma. Cada equipo puede estar compuesto de:
Scrum Master o Agile Coach: Facilita el proceso ágil y se asegura de que el equipo siga las prácticas ágiles.
Product Owner: Responsable de definir las prioridades de trabajo, entender las necesidades del usuario y definir la visión del producto.
Desarrolladores Full Stack: Pueden trabajar en tanto en el front-end como en el back-end de la aplicación, aportando flexibilidad.
Ingenieros de QA: Aseguran que cada funcionalidad cumple con los estándares de calidad.
Analista de Datos (si aplica): Encargado de proporcionar análisis y datos para tomar decisiones informadas sobre el producto.
Recursos Humanos: Los perfiles de cada equipo deben asignarse en función de sus habilidades técnicas y experiencia. Es importante tener roles clave como arquitectos de software, desarrolladores senior, diseñadores de UX, ingenieros de pruebas, y expertos en seguridad para cubrir todas las áreas críticas del proyecto.
Recursos Tecnológicos: Asegurarse de que cada equipo tenga acceso a las herramientas necesarias, como plataformas de desarrollo (por ejemplo, GitHub), entornos de pruebas y plataformas de colaboración (JIRA, Trello o Asana para la gestión de proyectos y Slack para la comunicación).
Asignar un presupuesto para cada área según las necesidades, como el costo de licencias de software, la contratación de personal, los gastos de infraestructura y los costos de pruebas y lanzamiento. Esto puede ser gestionado por el Project Manager para mantener el control sobre los gastos.
Usar metodologías como Scrum o Kanban para dividir el proyecto en etapas más manejables (sprints) y mantener la flexibilidad para adaptarse a cambios. Cada sprint tiene una duración específica y se enfoca en completar un conjunto de tareas claras.
Reuniones diarias (Daily Stand-Ups): Los equipos se actualizan mutuamente sobre el progreso y obstáculos.
Revisiones de Sprint: Al final de cada sprint, el equipo revisa el trabajo y recibe retroalimentación de los stakeholders.
Retrospectivas: Permiten reflexionar sobre el rendimiento y hacer mejoras continuas en la organización del equipo y en los procesos.
Comunicación Interna: Herramientas de comunicación como Slack o Microsoft Teams para una colaboración constante y mantener a todos alineados.
Documentación y Gestión del Conocimiento: Usar plataformas como Confluence o Notion para documentar el progreso del proyecto, los aprendizajes y los cambios en los requerimientos.
Reuniones de Coordinación: Reuniones regulares con el Project Manager y otros líderes de equipo para alinear el progreso y abordar problemas o retrasos.
Equipo de Soporte Técnico: Encargado de la atención a usuarios, manejo de incidentes y problemas técnicos.
Equipo de Actualizaciones y Mejoras: Responsables de implementar mejoras, nuevas funciones y parches de seguridad.
Esta estructura permite dividir el proyecto en áreas manejables, asegurar que cada equipo tenga los recursos necesarios y facilita la colaboración, asegurando que el proyecto de tecnología avance de manera coordinada y eficiente.