Dia 0 - Martes 21 de diciembre 2021
Hace una semana fue mi cumpleaños numero 27. Me encontró en Mendoza, como los últimos años compartiendo con los amigos de la montaña, en la montaña. Mi cabeza era un mar de pensamientos, porque como siempre digo, los diciembres son cargados. Intensos.
Tenia que subir al real del pehuenche para iniciar mi temporada de trabajo. La bici ya estaba en Malargüe esperando mi llegada. Y la idea de cerrar el año haciendo alguna aventura en bici seguí en la cabeza. Desde hace tiempo en mi mente siempre se presentaba el plan de viajar en bici. De animarme a viajar sola. De regalarme esa oportunidad de probar. ¿por que quien mas que uno mismo puede darse permiso de hacer eso que siempre sueña? Si nosotros no somos los primeros en permitirnos cumplir nuestros sueños, no esperemos que otros nos den su aceptación.
Y como un tetris que solo se acomoda, los sucesos se fueron sucediendo para darme el empujón que necesitaba. ¿Por que no subir hasta el real el bicicleta y aprovechar el tiempo de espera, haciéndolo movimiento ? Fueron pocos días entre mi cumpleaños y las vísperas de las fiestas donde arme el plan, chequee algo de información, mire los mapas, pregunte y di a conocer mi próxima jugada: me iba a ir pedaleando desde Malargüe al real del pehuenche. Unos aproximadamente 160 km de asfalto, un tramo de esto por la mítica ruta cuarenta. Parte de un sueño que se hacia realidad.
Fueron mi grandes pilares, esos que me conocen y saben que la espera me mata los que supieron entender, que era lo que necesitaba hacer. Y me apoyaron y con eso basto para armar las alforjas, sacar el pasaje a Malargüe y arrancar.
Durante la siesta del día previo a arrancar que me había propuesto, me reencontré con la bici y con un buen amigo que me dio una mano en armarla, y ultimar los detalles del viaje. La familia del gonza me abrió sus puertas para arrancar con buenos ánimos la aventura que ya estaba en marcha.
Fue un martes de acomodar la bici, chequear alforjas, mandar los últimos mail pasar por el supermercado de Malargüe y compartir. Al otro día partía y no había opción de quedarse. En la casa, todos arrancábamos viaje hacia algún lado.
Con la bici lista, la ropa preparada para el siguiente día y las alforjas cerradas me fui a dormir. Ya estaba en el baile, era hora de bailar.
Dia 1 - Tramo Malargüe - Bardas Blancas, Mendoza 22 de diciembre de 2021
La noche anterior había dejado armado todo para levantarme y partir. Mire varias veces el reloj pensando que ya era hora pero no. La ansiedad estaba ahí, interrumpiendo el silencio de la casa. Entre media dormida y media despierta se hicieron las siete am. Acomode lo que quedaba por acomodar, tome un te caliente con tortitas y mande los últimos mensajes. Era el momento de arrancar.
Esa sensación de agarrar el equilibrio con la bici cargada y dar las primeras vueltas de pedal por las calles de una ciudad que poco a poco se va despertando. Las cuadras poco a poco fueron haciéndose mas largas y las casas iban desapareciendo y cuando me di cuenta ya no quedaban veredas, construcciones o esquinas, la inmensidad estaba ahi, la ruta misma se hacia presente y yo estaba ahí. Creo que no puedo transcribir en palabras las sensaciones que en esos primeros kilómetros atravesaron mi cuerpo al saberme en viaje. Estaba bailando el baile que tantas veces había soñado. La bici y yo. Nada mas.
Pedalee durante mas de una hora a un ritmo tranquilo, percibiendo todo lo que estaba a mi alrededor. Flores, animalitos cruzado la ruta, aromas, ruidos. Eso es lo lindo que tiene la bici, que te permite percibir cada metro recorrido en viaje. Pasaron pocos autos, algunos camiones, algunos tomaron distancias, otros tocaron bocina. Bocinas que me recordaron aquel primer viaje en bici a los siete lagos hace algunos años atras. Bocinas de aliento.
Poco a poco el terreno fue subiendo y llegue hasta la cuesta del chiuido, era el desafío mayor del dia.Sabia que era la parte mas dura y que luego venia la bajada, asi que decidi frenar a tomar unos mates y descansar a la vera de una arbolada. Era media mañana y el sol comenzaba a sentirse. Desarmar las alforjas, sacar el mate y galletas y disfrutar de eso. Simple. Al rato volver a armar el equipo y arrancar .
Unos kilómetros de caracoles, al cambio mas liviano que mi bici me permitia, sin prisa pero sin pausa, tuvieron la recomenzá de la vista a un cañadón hermoso. Y a partir de aqui, treinta kilometros de bajada. Sentir el viento, sentir la rueda de la bici girar sin parar, sostener firme el manubrio, disfrutar.
Quedaban algunos kilometros hasta llegas a bardas y el sol estaba fuerte, asi que despues de ver varias arboledas, decidi frenar en una donde vi niños jugando. Me acerque despacio, con cautela, esperando que me vean y pregunte si podía descansar a la sombra. Tres pares de ojos pequeños me miraban desde lo lejos, asombrados. No tuvieron problema en que usara su sombra, asi que apoye la bici en un tronco, saque el aislante, una palta y unas galletas de cereal para almorzar. Antes de irme, me acerque hasta la casa y compartí unas palabras con la familia de puesteros. Me alegro ver gente joven en el campo. Infancias con tierra en la cara jugando en el campo.
Seguí viaje pensando que bardas estaba mas lejos y al poco pedalear ya estaba en la rotonda nunca terminada, que anuncia el fin del asfalto y el inicio del ripio por unos kilometros que requieren atención para que no se salgan las alforjas de lugar.
Y Bardas Blancas estaba ahi, al otro lado del puente que cruza el Rio Grande. Los primeros 60 km estaban completados. Ahora tocaba ver donde poder armar la carpa y descansar.
El camping tenia mas pinta de cerrado que de abierto, el pueblo dormía la siesta y asi que opte por frenar en el destacamento policial a consultar. Y que mejor que el ofrecimiento de armar la carpa en el garaje del destacamento, un box a un costado de la construcción principal que me ofrecía sombra y protección del viento. Así que no lo dude mucho y desempaque.
Y la tarde se fue pasando. Una siesta, unos lectura con mates de por medio, un paseo por el Rio Grande donde me atacaron los tábanos y una recorrida por el pueblo en busca de tortitas, donde conseguí también un Guaymallén (Lo valia, era mi premio del día. )
Recién cuando bajo el sol se comenzó a ver un poco mas de movimiento en el pueblo. Toque la puerta del destacamento para pedir cargar el teléfono y termine comiendo un chivo con lugareños. Los regalos del viaje, esos que uno no se espera e indican que vas por el camino correcto.
Esa noche antes de dormir pensé en las vueltas de la vida, en los lugares y las instituciones. En lo que estas significan. Aprendí que en los pueblo chicos el comisario, es comisario, pero también es psicólogo, medico, mediador, remisero, amigo, que el destacamento es un punto de encuentro, de referencia de reunion, de descanso. Que cada lugar tiene sus personajes, su gente, sus historias. Que la ruta 40 guarda infinitas historias en cada tramo de su recorrido.
DIA 2 - 23 de diciembre 2021
Bardas Blancas - Cajón grande
Ese día me levanté temprano y tipo ocho después de armar la bici nuevamente arranque a pedalear, tome el desvío de la ruta 145 y me mentalice en que tenía todo el día para llegar hasta las loicas y ahí decidiría como seguir. De ahora en adelante era todo subida. Aproveche a sacar la cámara y hacer algunas buenas fotos antes de guardarla y seguir viaje. Y poco a poco el viaje fluyó. Bordeando el río grande fui pasando por puestos y arroyitos. Ya había andado en vehículo por esa zona pero la bici me permitía apreciar hasta lo más mínimo. Los arroyos llenos de flores, amarillas, violetas y naranjas. Vida por todos lados. A media mañana estaba en potimalal así que me desvíe unos metros de ripio para tomarme unos mate en una especie de garita o puesto al lado del arroyo y descansar. Esos minutos del viaje que te hacen dar cuenta que no hay prisa. Hay que disfrutar del camino. Así que me tomé un buen rato.
El calor empezaba a hacerse presente y el sol en estos lados pega fuerte así que manga larga y mucho protector solar en las piernas, un trago de agua, un poco de combustible a la máquina y a seguir pedaleando. Las loicas era la próxima parada, pero unos kilómetros más adelante me gano de mano las ganas de meterme al agua y darme un chapuzón así que elegí un lugar donde el río se aleja de la ruta y baje con la bici hasta donde pude dejarla desapercibida para seguir a pie hasta meter mis patitas en el río grande. Otro momento que no podía dejar pasar. Entre la decisión de para o no se me vino a la mente preguntarme ¿que apuro tenía? Y la respuesta fue bajar al río. Volví comí una manzana, de nuevo protector solar y seguir viaje. Pero esos instantes en el río se quedan grabados en el alma.
Algunas bajadas mentirosas y empecé a ver los carteles que anunciaba que el destino estaba cerca. Pero nunca los carteles de la ruta son tan exactos.no son kilómetros reales.
Llegue a las loicas en pleno medio día, árboles que anunciaban sombra determinaban que debía parar a descansar por un rato. Así que frene en un parador dónde sabía que conocían a los chicos del real y me presenté. Aguita caliente para el mate y un gaseosa para recuperar un poco de azúcar. Me lo merecía. Amablemente me ofrecieron descansar por un rato ahí así que almorcé palta y cuscús sobre un murito de piedras y me dormí una buena siesta a la sombra. Hasta que los tabanos me despertaron.
Había estado haciendo cálculos y entre la hora del día que era y mis ganas de seguir pedaleando podía seguir viaje y hacer un desvío a las termas de cajón grande para pasar la noche ahí y seguir al otro día al pehuenche.
Cerré las alforjas, arme la bici nuevamente, me despedí de los chicos del parador y cruce la ruta para hacer mi paso por aduana. En migraciones me tomaron los datos y en AFIP no sabían bien que hacer así que por las dudas deje asentado en papel que salía del país con mi bicicleta. Y salir del país es un decir, porque para el límite real de la frontera faltaba mucho. Todos los trámites más que bien así que me subí a la bici y seguí pedaleando. Ahora sí de sentía inmensidad. Con el paso fronterizo a chile cerrado, la circulación de vehículos es mínima, así que tenía toda la ruta para mí.
Pedaleando con paradas intermedias en busca de unos minutos de sombra llegué al cartel que decía: termas de cajón grande. 12km de ripio. Se había hecho más largo de lo que pensaba así que le puse los últimos ánimos del día y me adentre en ese camino de tierra con el fondo del campanario. Decidí alivianar la bici y cargar en mi mochila la carpa para distribuir mejor el peso.
Un paisaje único. Verde, agua, animales, el sol cayendo iba impregnandose en mis ojos. Ni ánimos de sacar la cámara de las alforjas. La tierra se hacía cada vez más arenosa y a la bici le costaba circular. Un ancho más de rueda sería lo ideal.
Llegue a las termas casi a las siete de la tarde. Los últimos tramos fueron a fuerza de voluntad, de caminar con la bici al costado y de los ánimos de quienes regresaban y me decían que valía la pena.
Una Quebrada con una Vega inmensa cubierta de agua y animales y al fondo el campanario. El esfuerzo tuvo su recompensa.
Mates y al arroyo. Armar la carpa e ir a poner las patitas a las termas. Una buena ducha y a dormir.
Un cielo estrellado que anunciaba navidad.
DIA 3 24 de diciembre 2021
Cajon Grande -Real de Pehuenche
Amanecí sabiendo que ese día tenía que llegar al pehuenche. Tenía que poder avisarle a mamá que había llegado a destino como regalo de navidad, así todos teníamos. Una noche buena tranquilo. Me desperté temprano,y mientras tomaba unos mates desarme el campamento y reacomode el equipo para aliviar el peso de las alforjas en la bajada. Me deje la cámara a mano porque quería sacar unos fotos de ese paisaje, durante la subida me había ganado el cansancio. Arme todo, saludo y arranque. Goce cada metro de esa bajada de tierra, sosteniendo firme el manubrio para no caerme. Me deje llevar y lo disfruté. Cuando menos lo pensé ya estaba en el asfalto de la ruta que indicaba el comienzo de la subida nuevamente. Reacomode las alforjas y emprendi la subida. El viento del oeste no dejaba de soplar y aunque de vez en cuando aparecía un tramo que tenía pinta de bajada, siempre se subía. Las rodillas lo sentían, el cambio más liviano de la bicicleta y mi agitación. Los metros de desnivel se hacían presentes. Y fui pasando por puestos de veranadas aún deshabitados y extenciones de tierras solitarias. La ruta más solitaria aún. En todo el recorrido un solo aún de turistas me pasó. Iba mirando los carteles de la ruta para contabilizar los kilometros. El reloj marcaba el medio día y aún seguía en ruta, el en pehuenche se hacía desear. Busque una sombra y no aparecía y cuando en la Vi, un sauce al en lado de un en puente, estaba ocupada así que seguk un poco más adelante y frene bajo un túnel de otro puente. Después me enteré que ese lugar es conocido como la junta del guanaco. Seguí viaje y llegué a los castaños un parador, dónde me recibió Claudio y me ofreció un vaso de agua, un poco de sombra y charla. Conversamos un largo rato hasta que decidi continuar con mi camino. Tenía que pasar tres puntos de referencia antes de llegar. La llorona, el puesto de Sepúlveda y el puesto de Carrasco. Y así fue. Lento. Frenando. Tomando aire que pase por todos esos lugares y comencé a ver las señales de que estaba cerca. Una bandera, un cartelito de estacionamiento, el campanario. Y ahí estaba, emocionada frente a la bajada que marcaba el final del viaje y el comienzo de una nueva aventura. Tome aire, me abrace y baje esos metros que me quedaban, a la espectativa de ver quién salí a mi encuentro. Estaba todo desolado, en calma. Y de adentro de uno de los domos salió Diego y el vasco. - al fin llegaste!- me dijo. Y nos abrazamos. Lo había logrado. Estaba en el real del pehuenche. Mi primer aventura en solitario. Mi regalo de navidad.
Lo que quedó de la tarde fue de charlas, mates, recarga de combustible y hacerle el aguante al cansancio para brindar a las 00:00hs con un bayle de dulce de leche. Un mensaje a mamá y a dormir. Mi teléfono no funcionaba al cien por ciento así que me desconecte para conectar con el lugar.
Una navidad atípica. Una navidad feliz.