En Everbloom Entertainment , creemos en el poder del arte para inspirar, transformar y conectar corazones alrededor del mundo. Somos una familia de soñadores apasionados que trabaja incansablemente para brindar alegría, esperanza y belleza a cada rincón del planeta. Nos enorgullece acompañar a nuestros artistas en su camino de crecimiento constante, cultivando talentos que florecen con luz propia bajo nuestros valores de excelencia, unidad y compromiso.
Everbloom Entertainment produce los discos, diseña la mercancía, organiza experiencias, y custodia el archivo de fragmentos de Skyline
Guiar y acompañar a nuestros artistas en el desarrollo de sus máximas capacidades, asegurando su proyección como modelos de inspiración, belleza y resiliencia ante el mundo, mientras fortalecemos el espíritu de comunidad y respeto mutuo que define a Everbloom.
Ser reconocidos globalmente como la compañía líder en formación artística integral, destacándonos por nuestro compromiso con la excelencia, la felicidad de nuestros talentos y el impacto positivo que generamos en millones de vidas
Nuestra CEO
Lauren, fundadora y directora ejecutiva de Everbloom Entertainment, es una visionaria comprometida con la excelencia artística y el desarrollo integral del talento juvenil. Con una profunda convicción en el poder transformador de la música y la disciplina, ha dedicado su trayectoria a consolidar un modelo de formación que combina cuidado, exigencia y creatividad. Su liderazgo ha sido fundamental para posicionar a Everbloom como un referente de innovación, unión y resiliencia, guiando a cada artista hacia su máximo potencial y fortaleciendo la imagen de la compañía a nivel internacional.
Everbloom Entertainment es la casa detrás de Skyline: la productora, el sello y el archivo que hace real lo ficticio. Aquí diseñamos discos, creamos mercancía, curamos fragmentos del cielo, y producimos experiencias para quienes quieran sumergirse en este universo.
Aunque en imagen Everbloom aspire a lo monumental, gran parte del trabajo ha sido artesanal, limitado, hecho desde la creatividad con lo que se tiene. Esa tensión entre ambición y restricción es parte del carácter del proyecto y es lo que lo hace auténtico.
Nuestra misión es capturar fragmentos de cielo para que no se desvanezcan con el tiempo; nuestra visión, que cada objeto, cada canción, cada gesto se convierta en memoria compartida.
Everbloom es mi ficción institucional, pero también un espejo del sistema real que produce ídolos, imágenes y deseos. Al replicarlo, lo desarmo y lo vuelvo mío.
Vida y arte son dos dimensiones que no pueden separarse. Hago arte porque creo en la potencia de crear a partir de la vida misma y de sus experiencias, que funcionan como insumos capaces de transformarse en múltiples formas. Mi práctica se inscribe en lo contemporáneo y se nutre de lo cotidiano y de los sucesos de la actualidad. Me interesa observar lo común con una mirada poética, desplegando narrativas e imaginarios que cuestionen nuestra manera de relacionarnos con el entorno. La narrativa, la ficción y la imaginación son herramientas centrales que me permiten expandir lo habitual hacia nuevas lecturas, proponiendo resignificaciones críticas que inviten a repensar nuestra experiencia diaria.
En mis procesos recurro con frecuencia a imágenes y recursos ajenos, que colecciono, organizo y reutilizo para poner en tensión su origen y la forma en que circulan en la cultura visual contemporánea. Este trabajo con fragmentos se convierte en un ejercicio de resignificación, donde los materiales adquieren nuevos sentidos y provocan vínculos inesperados. Conceptualmente, me interesa cómo lo digital y la tecnología se integran en la vida cotidiana, transformando la memoria y los modos de comunicación. Me detengo en la manera en que habitamos las plataformas y en los códigos que producen, entendiendo lo digital no solo como herramienta sino como fenómeno cultural y social. En este marco, el texto y la palabra ocupan un lugar fundamental: los empleo como símbolos gráficos y visuales que dialogan con la lógica de internet y de las redes sociales, donde el lenguaje se consume en forma de imágenes, publicaciones o memes. Aunque mi investigación se enmarca en la investigación-creación, recurro con frecuencia a la instalación como medio privilegiado, pues me permite articular la tensión entre lo virtual y lo material, generando encuentros entre objetos físicos y elementos digitales. Cada objeto conserva memorias que trascienden a su dueño y se convierten en cápsulas de tiempo que conectan lo individual con lo colectivo.
¿Cómo se creo Skyline?
Skyline nació como una idea fomentada por las imágenes del cielo, la obsesión por coleccionarlas y capturar la esencia de sus instantes en cada fotografía.
No se puede hablar del cielo sin hablar de divinidad.
Hablar del cielo siempre es hablar de un ser superior, aquello que esta por encima de nosotros y nos precede.
Hay una cualidad única, casi mágica que tiene el cielo para transmitir paz, siendo capaz de captar la atención sin generar esfuerzo.
Su característica de constante cambio es también un enganche, generando la misma emoción que ver una lampara de lava deformarse.
La idea de mezclar estas cualidades celestiales con música e imagen fueron los que dieron vida a Skyline como un concepto.
Skyline prometía apropiarse del cielo como elemento principal en su construcción visual y musical, siendo el primer grupo en tomar tan explícitamente ese concepto como temática principal.
¿Cómo se le da vida a algo tan abstracto como el cielo? ¿Cómo puede este concepto materializarse?
La respuesta llego en los objetos,
objetos que activan memoria.
Memoria que crea nostalgia.
Todo empezó con una sensación de cambio y perdida.
Tenía miedo de olvidar las cosas que me hicieron sentir viva, la vida antes de la virtualidad.
Quería conservarlo todo, pero también dejarlo ir.
Realidad vs Virtualidad
Pensé en crear un grupo que naciera del deseo de conservar lo que ya se fue.
Un grupo que se alimentara de estos dos conceptos para crear su propia imagen.
Un grupo que no existe, pero que se siente real.
Un grupo que habita ese espacio entre la memoria y la ficción.
Entre lo real y lo virtual.
Así nació Skyline: una constelación de fragmentos, canciones y objetos que intentan resistirse a desaparecer.
Skyline propone un dialogo entre lo contemporáneo de la estética del K-pop y el arte como una forma de expresión y comunicación.
Conclusión
Como artista, CEO, directora creativa, diseñadora gráfica y visual, productora musical, diseñadora de proyecto y promotora del grupo, asumí las funciones de varios equipos de trabajo que normalmente intervienen en la promoción y consolidación de un grupo musical. Todo el proceso se convirtió en una forma de romper con la perfección idealizada que solo podemos disfrutar a través de la pantalla.
Desde crear personas sin rostro que pudiera usar hasta diseñar mercancía que el público pudiera consumir o coleccionar, trabajé con los recursos más simples y accesibles: papel fotográfico de papelería, carátulas de CD de segunda mano o materiales reciclados. Cada pieza y cada decisión forman parte del concepto base del proyecto: la nostalgia fabricada.
El proceso fue una mezcla entre lo técnico y lo emocional. Crear los discos, los carteles y las piezas fue como fabricar recuerdos nuevos. Cada CD, cada pieza de glicerina y cada afiche representan una forma de conservar un fragmento del cielo antes de que cambie. Fue darle cuerpo y materia a algo que existía solo en mi cabeza, como una imaginación de lo que podría ser.
Fui la primera en experimentar el choque entre la perfección esperada y la realidad de mis propias limitaciones — de presupuesto, de tiempo, de medios. Como primera jueza del proyecto, y con mi conocimiento sobre la industria, también fui la más exigente. Pero esa exigencia me permitió establecer pautas claras, reconocer los elementos esenciales y transformar esta ficción en una realidad tangible.
Todas las decisiones se guiaron por mi gusto personal, mi conocimiento sobre la cultura pop y una comprensión de los lenguajes digitales donde estos fenómenos se manifiestan: Internet.
La estética del proyecto nace de mi propia memoria: mi infancia y adolescencia en los 2000, reinterpretadas hoy a través del filtro del Internet y sus remixes visuales. Reapropiándome de esas formas de hacer, busco llevarlas a una nueva dimensión — entre el arte y lo colectivo — donde cada espectador pueda reconocer algo propio y, a partir de su experiencia, construir su propia lectura.
A través de Skyline, comprendí que crear también es conservar: una forma de resistir al olvido fabricando memoria.
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