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Relato de Josefina Mouzo
20 de Julio 2024.-
A medida que pasan los años el método Full Clú, se va perfeccionando. Vivimos en un pueblo que está a las orillas del río Santa Cruz, río glaciario, frio, correntoso, de un turquesa increíble y con una fuerza que contagia.
Todos los años, en el Club Náutico Rio Santa Cruz, damos clases de iniciación al kayakismo para que los habitantes de Piedra Buena (a veces se cuelan parientes o amigos de los habitantes, turistas, etc etc,) y así experimenten este hermoso río, y si las condiciones se dan, poder aprender a remar. Una vez que se conoce el río desde adentro, se crea un vínculo de respeto y de cuidado, tanto hacia el medio ambiente como a las personas, evitando alguna imprudencia o accidentes.
Hace varios años que venimos desarrollando el método Full Clú. Este es una mezcla patagónica de enseñanza-aprendizaje mutua, personalizado, donde a través de la experiencia se va transmitiendo lo aprendido y se aprende enseñando. Ya van más de dos o tres temporadas donde los que llevan a adelante las clases de iniciación al kayakismo son jóvenes que se han formado en nuestro club, siempre acompañados por al menos dos adultos con experiencia.
Son aquellos que una vez que han demostrado su idoneidad en el agua —en general sucede después de remar un año, tres veces a la semana durante una hora u hora y media, en todas las condiciones climáticas— pasan a ser, lo que llamamos monitores. Aquí no importa la edad, el sexo o la contextura física, se trata de la actitud de haber remado, pasado las corrientes, superado el viento, las olas y alguna que otra vuelta en el agua. Poco a poco van ganando confianza y responsabilidad. Primero acompañan, van indicando, buscando las palabras adecuadas, con respeto y entusiasmo a los nuevos. Aquellos jóvenes monitores que no se sienten a gusto, hacen de seguridad, yendo y viniendo, como ovejeros, cuidando el rebaño, con sus cinturones de remolque listos para el salvataje. O simplemente acompañan. Cada uno tiene una tarea.
Generalmente, antes de comenzar una nueva tanda de clase de iniciación, se asigna al nuevo participante un monitor, que lo va a acompañar durante el curso. En los grupos de inicio al kayakismo, de los más chiquitos, los de 9 a 12 años, son los que admiran y desean llegar a ser monitores y sueñan con que algún día van a poder estar en ese lugar. En cambio, en los grupos de adultos principiantes les cuesta más confiar en estos monitores. La primera clase los miran con desconfianza y dudan de su idoneidad. Sin embargo, cuando ven cómo se desempeñan tanto en el agua como con ellos, quedan agradecidos.
Este 17 de julio de 2024 fuimos invitados por la Municipalidad de Gobernador Gregores a dar una clínica de AMBIENTACIÓN EN KAYAK EN PILETA. Un ambiente nuevo para nosotros, todo un desafío.
Se hizo una convocatoria a los menores del club. Se anotaron varios, pero tenían que cumplimentar con ciertos requisitos; el primer requisito fue haber participado en la Regata Invernal, podían colaborar con la administración, en la venta de choripán o lo que sea, o estando en el agua asistiendo a los participantes siendo seguridad del evento o bien participando en la regata.
Otra de las condiciones que se pusieron era haber limpiado un kayak para llevar. Como también tener autorización para viajar al día, así como tener el DNI al día.
Una vez cumplimentado esto, había un cupo que se completó rápidamente. ¡Otra característica del club, es que hay que ser rápido!! No hay que dormirse! Ese es el lema.
Así es que partimos a las 6 de la mañana rumbo a Gobernador Gregores, localidad que queda a 180 km. Llevamos 10 kayak de aguas blancas, 20 palas, 20 chalecos y algunos cubre cockpit que ya no dan más.
Cuando llegamos nos enteramos que había unas 50 personas anotadas para participar de esta clínica. Así que organizamos estaciones y poniendo en práctica el MÉTODO FULL CLÚ, pusimos manos a la obra. Sin dar demasiadas indicaciones, cada uno de los monitores (chicos y chicas de entre 10 y 16 años) se pusieron en sus puestos. Ya saben que hay que enseñar después de cada momento, proponen actividades, siempre encuentran una manera para poder llegar a cada persona, no abandonaron sus lugares —aún después de estar las 5 horas en el agua. Sólo lo cambiaban si encuentran con quien intercambiar.
La responsabilidad, el compromiso, la seriedad de estos jóvenes es admirable. Por supuesto que son adolescentes y siempre se traen alguna situación, que nos divierte o enoja, o nos enoja y nos divierte, pero pasa.
Este grupo de personas que formamos el club, funciona de una manera singular. Alguien propone una idea, —sabiendo que el que propone la lleva a cabo, —y comienza a funcionar el engranaje.
Me asombra este estilo de enseñanza-aprendizaje, al que hemos llamado MÉTODO FULL CLÚ, pero, sobre todo, me maravillo ante este grupo humano, donde se da la oportunidad a que cada uno desarrolle sus dones, un grupo que impulsa el trabajo colaborativo, cooperativo, dando responsabilidad y libertad. Un placer pertenecer a este espacio.