I
Te mentí. En realidad, desperté antes de ti. Por un momento te juro que pensé que seguía en Lima porque el foco aquí y el foco allá son igual de tétricos. No sé si me sigues, me refiero a que son como pequeños funerales, que ahora hielan como el muerto del ataúd, pero durante la agonía nocturna son grandes camas de cristal caliente-caliente, para polillas, ellas bien secas, tal cual mi boca estaba. Entonces que quise hablar y ahí me di cuenta, pues, de que no me podía mover. Era terriblemente consciente, eso sí, de que la cabeza cortada de Kafka en realidad no salía del techo, cremoso y espeso; ni que bajaba colgada como una araña, ni que me miraba, ni que se trozaba tampoco en discos de carne que rotaban en tictac; ni que la sangre me goteaba en la cara. Y como esta última no la sentí, me acordé de pronto de que estaba en Praga.
Moví entonces mi meñique y salí de ese limbo, parálisis de sueño, como lo quieras llamar. Le digo limbo porque entiendo que es una stage intermedia entre un viaje astral y este viaje, que, por cierto, no sé si ya te fijaste, es también nublado. Creo que ya es algo dramático, ¿no? Que desde que nos conocimos cada día sea así. Es por el invierno tan extraño, ¿te dije que desde marzo no tengo verano? Que desde que llegué a Alemania solo duermo y sin embargo nunca me siento bien… Pucha, cuánto pensé en echarme una dormidita más, imagínate, de unas cuántas… no, no, de unas cuántas decenas de horas. ¿Qué sería, no? Quedarse aquí, y no hacer nada, y pretender que del hotel no nos van a echar, ni que el tren se va ir, ni que después de esto no estamos otra vez nosotros, ojo, ah, no nosotros de tú y yo, sino de yo y mi casa… Mi casa, ¿qué casa? Yo aquí ni casa tengo, ni por un sentido, porque a decir verdad tu casa ya es mi casa, y por el otro… bueno, si es que a esa WG la puedes llamar casa… Ay no, pero piénsalo, no tener que repetir esa escena mierdosa: cuando abrí la puerta y me recibió la sombra hedionda de un pozo, y encendí la luz, bam, sin muebles, sin ventanas, solo un piso color lago radioactivo, una pared blanca con textura de pasa, y un par de puertas celestes que solo esconden más miseria. Dile la vida de estudiante extranjero, Studihunger-Leben, cómo quieras. Lo cierto es que después de Praga sigue igual.
Así que, molesto, me volteé hacia el aire fresco que venía de la ventana. Ahí sentí tu mano posarse en mi cintura. Y de repente que me doy cuenta de que estaba, estábamos desnudos, apenas con esta manta. Y tú ya te habías despertado; y yo, conociéndote, ya sabía que no iba a poder dormir más.
Y dicho y hecho. Hice que hacía la tutumeme mientras hacíamos cucharita, y tú cogiste tu celular y corriste al baño. Por tus pasos, yo ya sabía ya, que estamos tarde para tu itinerario. Y después regresaste y me besaste en la mejilla, y yo te hice creer que eso fue lo que me despertó… Pero, bueno, eso fue la mañana. Ahora te estoy viendo, en tu desnudez, siempre tan feliz en tu desnudez, y yo aquí bien tapado, hasta ahora, mira, ¿ves? Que veo tu carita de gato, tu naricita... Pero… No, no, no… Todavía no estoy listo… Todavía no hay que ir a Malá Strana, tsch, tsch, tsch… Ya puem… Déjame dormir un ratito más… pero deja tus piernas donde están, que me funcionan muy bien de almohada, please.
II
I’d like to have this one over here.
And this one, and this one too… Please.
Le digo, señalando las fotos en el menú en alemán. La mesera me mira extrañada, pero el Kunde ist König, así que se rectifica, me dice I will be back, y se va de frente a la barra, a cotorrear con el barista muerto de aburrimiento, porque somos los únicos en el restaurante.
¿Por qué le pediste en inglés?
¿Estos nombres no están en checo?
Mira, esto… Rindgulasch es Gulasch aquí y en la china. Ah, y Mirinda es una gaseosa. Y esto es un guiso que viene con frambuesas. Bon Appetit by the way.
Ay ya, será lo que tenga que ser.
Estuvo delicioso. Y viste la cuenta, yo también la vi, y me hice el que no la vi. Dijiste tth y le metiste tarjetazo. Nos vamos, a ver la torre de libros en la biblioteca.
En la media hora que duró la cola me quejé de todo, en especial de los turistas. ¿Cuál era su afán por tomarse foto ahí, delante de la torre? La gracia era enfocarle a la infinidad del fondo, ¿no? Nos tocó de pronto. Imagínate se cae tu celular ahí, imagínate tú te caes ahí y debajo del espejo sí hay un fondo infinito, o si te quedas atrapado en el espejo, en un mundo que literalmente refleja literatura. Ahí me vi yo, y luego pusiste la cabeza y nos vimos los dos. Qué miedo fingir no vivir en la ficción, te dije.
De ahí me callé por lo que nos quedó de tramo. Yo entonces no fui nada. Yo fui el aire, la paloma, la piedra, las tantas torres, fui todo menos yo, y lo digo de buena manera. Yo te fui apéndice, masa de células, tumor si quieres, pero yo no mandé. Las nubes mandaron, tu itinerario y Google maps mandaron, tus piernas mandaron, el precio de esto y lo otro mandaron, cuánto checo entendiste más que yo mandó. «Jamás me sentí tan ligero, ¿sabes?». Te lo dije volteado, mirando las pinturas místicas, perturbadoras, coloridas, puras mujeres mutadas y desnudas, de ese hombre que nos dejó por un par de coronas entrar a su casa, acabadísima casa. Me dijiste ponte ahí para una foto y demoró años hasta encontrar la toma, pero qué importa, salíamos ya y el cerro verde este delante. Sigamos caminando, yo con medio paso atrás tuyo, para seguirte, porque tú lo sabes todo, tú tienes tu vida hecha, y qué soy yo, sino mi Fiktionsbescheinigung, sostenida con un clip en el pasaporte que solo vale para no pagar el doble en Machu Picchu.
Te dije no tengo plata, nunca he ido. Te paraste un momento para apreciar, luego enfocar la panoramic view de Praga. El Burg por allá, arriba de todo, y yo por acá, regresé un segundito al colegio, yo enano, uniformado en una chompa tiesa, sentado en una carpeta, bulla, sudaba: adelante plumón y pizarra, Hanan, Rurin Qusqu… Es ceja de selva. ¿Qué? Te digo ahora Cusco y ya me entiendes, viene del puquina, lengua secreta de los incas. Lima viene de Limac, seguí, mispronunciation en aymara del quechua Rímac, el río-basura lleno de cadáveres de perros. Sabes de lenguas, me dijiste. No sé nada, te respondí; porque si supiera entendería qué son las tildes en el checo, por qué los finales de las palabras cambian. Paraste y me pediste que te tomara una foto; te dije sonríe bien, que lo exageras mucho, y no dijiste nada. No exagerabas.
En el metro a Nové Město, a punto de bajarnos te dije que me rendía. ¿Con qué? Con esta estupidez… Pero… no te quedes ahí, camina, camina, bloqueas la puerta del tren… ¿Qué estupidez? La estupidez son mis zapatos, no, chill, no es nada… Tengo una piedrita en el zapato. Mira, ya, ahí en la escalera me la saco, no te preocupes.
Ahora subimos, a ver la cabeza de Kafka, en vivo. Por ti te habrías quedado más de un minuto, lo sé. No creas que no sentí tu mano acercarse levemente a la mía. Pero yo ya tengo mi story de la cabeza de Kafka, enough... Por tal acto, me toca ser bufón ahora, que vamos a la Altstadt, al reloj astronómico que no se mueve: Esa cabeza se deconstruye, jiji. ¿Qué? No entendiste, ¿no?... ¿No?... Cómo explicarte el posestructuralismo, hombre lineal, hombre de ciencias. Un ejemplo, mira, qué es para ti Praga, dímelo en una sola palabra, y no, no, no… Tsch… Tsch, don’t tell me… ¿Ves? Ahí está la gracia, yo no tengo que saber qué es Praga. El sentido de Praga nunca se encuentra… Te digo que yo a veces no te entiendo. No podría saber qué significa Praga para ti, porque primeramente, no sé lo que piensas, y segundo…
Me dices: párate ahí, y sacas tu cámara. Yo le daba la espalda al reloj por el que seguro que penan un par de ojos, por ahí, me miran. Dar tu vida para que te roben lo vivido: Metaexplotación - sonrío, clic- laboral, termino. Que después del contrato te jodan la vida. Sigue una ráfaga.
Y de pronto se abre un hueco en el cielo, una nube herida, la bala-el bendito sol, el calor de un reflector contra un insecto, mi mano la víctima de paso, rápido, qué fue eso, que la luz te escanea y huye como ladrón por aquella calle, y se camufla, se esfuma después, entre la gente, como gente en Praga. Abres los ojos también como lechuza, imitándome, y me preguntas, ¿ya estás listo para el Tančící dům?
¿Qué dices? Y antes de que puedas responder, sigo: No, no, no. No te entiendo. No sé adónde quieres ir.
III
Ich weiß es
Ich hab’s schon immer gewusst
Auf jede Weise die Weisen wissen’s, singen
Que al Moldau lo domó por fin un rey.
Una corriente helada apalea las barandas,
Es el “sí” al los declaro marido y mujer.
Por encima el Cielo abre sus puertas.
Por encima un diluvio de aplausos.
Por encima el anuncio de la primavera,
Por encima galopa triunfante una carroza dorada
Por encima del pequeño infierno
de los mil y un muertos
Me quito de la foto, finjo arreglarme el pelo. Te digo, es el viento, es el viento. Clic y aquí estamos sellados; qué linda quedó, me dices. La voy a enmarcar, me dices. Y a mí me crece esta otra cara, esta que te sonríe. En qué me he metido. Por qué te dije que sí.
***
De vuelta al hotel, las camas siguen juntas. Te fuiste al baño; me dijiste, busca los condones. Yo desnudo miro por la ventana de este decimoctavo piso: El Este, roto en hierro, ajena lengua dura, superbloques... Mamá, a qué precio voy a poder contarte que la infinidad, los ciclos solo aplican al Pacífico, que aquí la Tierra me parece plana, dolorosamente unidireccional, engendrada en cabezas cúbicas e infinitamente blancas. Sabias maneras, se decían, soviéticos y gringos, de llegar a la guerra, la única solución, el indeleble apocalipsis, y que luego de eso seremos felices, tú y yo, entre las letras me lo dices.
Sales del baño, y me miras de pronto:
Yo me conozco.
Aquí ya no soy, tan solo fui.
Aquí me transformo en cucaracha, miro al techo y me devora de a poquitos la cabeza
de mi autor, tú.
¿En qué he de pagarte mi nombre? Sé que tus ojos ven más allá de mi cuerpo. Sé que quieres mis labios, mis pasos de ida y vuelta, mi último aliento.
En este instante, que incrustas tus pupilas, tu alma en la mía, te suplico que te quedes con lo bailado. Déjame en quiebra, abandonado como un perro. Quédate con todo porque yo no puedo decirte que no te amo.
Continuemos con la tortura, te digo, tú = yo, amarrado en la silla, con la boca cosida, tan tranquilo pese a los trescientos cortes que te he hecho, correspondientes a los trescientos besos que él te ha dado.
Qué te ha pasado, villano,
que te movían parpadeos,
que de miradas hacías huracanes.
Qué te ha hecho así, perro de mierda
que ya no regresa con el rabo entre las patas,
sino ingrato come y se larga corriendo.
Escupe una palabra, pesadilla de Arendt,
terrible máquina terriblemente eficiente,
¿dónde mierda quedó tu latinidad?
¿tu ser “gente feliz”,
felizmente sufrida gente demás, además,
la eterna viuda plañidera,
la víctima del colonialismo?
Mírate ahora, insensible,
mira como te incrusto la navaja,
y de ti no sale nada.
Ingrato de siempre, naranjo que no crece,
te alías con los hongos y destruyes el jardín;
poeta del yo-yo-yo,
tú eras el coloso de fuego en los amaneceres negros,
tú eras los amantes que asaltaban tu casa,
tú eras las firmas falsas del contrato social.
Mira cómo lo usas,
cómo lo aprietas con tanta saña contra el exprimidor.
Hipócrita, sociópata, maniquí,
bien merecido tienes tu insomnio.
Esto es algo que todavía no sabe nadie. Es quizá la razón de muchas cosas; y espero que, al revelarlo, el hechizo no se rompa:
Ahí el gran zanjón industrial,
amoratado, austero, extraterrestre,
gruta aterradora que solo apreciaba desde
una curiosa construcción ajena,
tibia en mayólicas blancas,
colmena melosa de suaves riegos.
Primera cabina, me acuerdo,
el susurro del agua que caía,
yo desnudo y sin vergüenza,
tú desnudo me abrazabas.
Tú hombre entre acá y allá,
tú ojos de laurel y tierra húmeda,
tú labios carnosos tú
cómo me habría gustado besarte
antes de despertar.
Qué tanto, como ahora, que te veo, y me acuerdo.
Cómo no tuvimos esta ducha antes juntos, te digo.
Aquí, derritiéndonos, escapándonos del cuerpo,
sintiéndonos más piel que nunca.
Discúlpame, había perdido la cabeza,
que mudarse solo es un incendio constante,
y tú eres fuente fresca, abrazo de mi tierra,
bañera caliente de yerbatera
para estas heridas de principiante.
Discúlpame de nuevo por disculparme.
Tú me conoces; yo, desde que llegué,
no hago más que flotar y estrellarme en las paredes.
Miro el suelo como un niño,
me asusta la gente.
Dejarte es dejar que mi vida se escurra de mí,
dejar atrás mis dos pies con mis piernas,
dejar el silencio inofensivo de los lagos,
los caudales adultos, las deltas mansas en la selva,
el Edén manejado por los hilos que halan nuestras manos.
Te miro tanto y tan hondo, ser de Arriba:
no sé si contigo he de madurar, ni criar, ni morir,
pero lo reconfirmo ahora, ser del sueño,
no he de separarme de ti.