Este es un extraño anfiteatro, sin espectadores, sin recuerdos, sin arena, sin alta hierba, sin su síntesis en repúblicas bananeras, sin buses, sin metros, sin jergas, jergas duras como balas. Este extraño anfiteatro, como que es posible obra de condenados, como que lo encuentras con linterna, si con los dedos helados, ajenos, peinas las nubes away,
hacia donde se fue la razón, porque ¿cómo se nos ocurrió subirnos a esta hora, con Americano en mano (y, a proseguir, chape sudamericano), para disfrutar de un borroso point de vue de Darmi-Darmstadt-Ciudad Mondongo, extraño nosotros, desde esta laguna-terraza, desde estas bancas acerbas-melaza, situaciones-cornisas, mortalidades precisas? Te digo, aun así, que
esta terraza es como el mondongo.
Esta terraza es tripa de vaca aderezada, con sus cerdas, con su sucia capa cutánea.
Esta terraza es llamado de tripa a tripa, génesis a génesis, negación-doble = síntesis.
Esta terraza es gustos exquisitos, un placer de changua, una novela de Wattpad.
Esta terraza es entonces la asimilación
de una mala traducción y una inconsecuente degustación-mala manzana.
Esta terraza pare etérea a Mondonguia (eureka), la mira, la toca, la huele,
la hace unser, ¿no crees?
En el camino, te expliqué el por qué. Darmi: a mis ojos, ciudad paralela, por partes repetitiva, un trozo de tierra, chimenea de cemento, de metal color pastel, que se pega a ustedes, una unión semiótica-simbiótica, ¿entiendes? Merecía renacer.
Ya sé que llevas cinco años acá, pero zúrrate en toda la etimología del Darmuntestadt, te dije, dale con una Übersetzung toda rancia como de Regensburg a Ratisbona y de Mainz a Maguncia (horrible): ponle a Darmi, “Intestino”, “Int“… Algo de adentro, pues, “Tripa City”, o algo parecido, como un chorizo, un chorizo es más rico y no suena tanto a algo carnal (tu cara, de inmediato, de puro chongo, 😏). Ya cállate, te habré dicho…, y seguro una vieja alemana y pretenciosa, que por X motivo sabía español, se habría sentido angesprochen; me habría mirado horrible porque recuerdo que alguien me había mirado mal. Pero qué chucha. Yo continuaba: «Ya cállate, digo carnal de carne…no carnal de sexoso, hombre cochino… Perro de mierda». Te reíste. «Pero Ciudad Chorizo literalmente puede ser cualquier ciudad de Alemania. Dame ideas, dime de tripas, de charcuteros graciosos. No, huevón, no. No me digas que el chorizo, que una pinga… Solo piensas en sexo, la puta madre».
Al fin y al cabo tenía sentido; eso era esto, un vínculo orgásmico, raíz sobreexcitada que… ¿ha de crecer y darnos frutos? ¿Como cuáles? ¿Cómo esta naranja agria?
—Hay que partirla, es para el Americano.
—A ti realmente te gustan los tragos amargos —te respondo.
—No es tan amargo, niño, pero tampoco es que sepa a mango.
—Puche, algo más dulce, ¿granadina no tienes?
—Nope, y tampoco se le debe echar al Americano… Es su gracia, ¿entiendes? Solo corte la naranja y póngala en el trago. —Y beso banalizado.
—Bueno, qué bien que nos alcoholizamos. —Me rio, y parto la naranja, primero en dos partes iguales.
—A ti realmente te encanta chapar borracho.
—And no regrets, which is the best. Aparte, a uno lo calienta el trago. —Me rio, y parto la naranja, ahora en una fina rodaja.
—Si no te calienta igual voy a llevar esta chamarra.
—Y yo solo tengo que llevar mi cuerpo porque con eso te basta.
—Pues sí. —Y me abrazas.
Tras eso y unos minutos de pronto éramos dos siluetas escuálidas atravesando pasadizos, puertas carísimas y transparentes, a pasos cortos, a pasos largos, dos payasos en camino a congelarse las nalgas y las manos, en una terraza, a cero grados:
un deseo absurdo, de empoderamiento conjunto, una toma negativa de la típica escena del sunset, analizar sus restos, faltarle el respeto. Simular que está ahí, solo porque sí.
Y risa, y qué imbécil, y dime más nombres, que Ciudad Chorizo muy seco, alfombra contra los pies, carajo, que casi se me cae el vaso, ¿al ascensor? Algo más mojao. Ay, niño, y esa cara, y yo como que putamadre, tú solo piensas en paja «O que tú me la hagas». ¿Acá, en el ascensor? Tas huevón. Cejas alzadas, «A», cierra la boca, y me abrazas, y se abre la puerta metálica, y la otra puerta cristálica, y hola terraza-cera en carta, hola charpe-carpe noctem y sus nulas consecuencias.
Esta terraza es como el mondongo.
Esta terraza es tripa de vaca aderezada, con sus cerdas, con su sucia capa cutánea.
Esta terraza es llamado de tripa a tripa, génesis a génesis, negación-doble = síntesis.
Esta terraza es gustos exquisitos, un placer de changua, una novela de Wattpad.
Esta terraza es entonces la asimilación
de una mala traducción y una inconsecuente degustación-mala manzana.
Esta terraza pare etérea a Mondonguia (eureka), la mira, la toca, la huele,
la hace unser, ¿no crees?
¿No quieres? Qué crees que quiero, qué crees que quiero creer entonces, un chape, uno descarado, sudamericano, con sabor a Americano, bebé, mirar Mondonguia y pensar en tu miseria, que todo caro, caro y a veces malo, …pucha qué frío, me siento calato, pucha qué rico, qué ha pasado, que te miro niño (mío), vete a la mierda, estamos en la mierda, en lo más alto, ya preparados, con esta mano en este lado, y esta otra en mi costado,…
abre la boca, perro de mierda, abre la boca e inhala, prepárate para quedar tarado, viene con Heizung, un saunita, este chape sudamericano.
Y esto es una burla a todo el antes-reino,
ciudadela casi-Dorf (que se dice Ort, o te putean) capital otra vez,
de lo que coman estos ojos, estos labios, estos cuatro, estos tres,
tú y yo y la corona con nuestras siglas. Qué hacemos. No lo sé. Does it matter?
Pretender quizá que se hace bien, que esta cháchara no tiene Folgen.
No es cosa de tontos, entonces, imaginarme mi nombre-platz,
imaginarnos a ambos agarrando, bajo mi mano o nuestras manos-Mathildenhöhe,
poseer el poder del panóptico, y mirarlos a todos desde arriba, a todo,
a este abismo enfrente.
Y a mí, y a esto, y a nosotros, y a qué estamos haciendo.
La pregunta es, ante todo, qué hago yo, cagándome de frío, contigo, hombre extraño, hombre de pocas miradas, a cuyo padre jamás le he visto el rostro.
Qué hago aquí, contigo, posible asesino, posible psicópata, un perro de mierda enfermo y mortal, un caníbal encubierto, un ante todo mentiroso, y probablemente de la peor especie: uno que juega con las tripas, con el mondongo de uno, para jamás comérselo.
¿Pero no es esto acaso distinto? Se ha invertido el zodiaco, la tierra, la Währung, tu suerte. Y te examino, este gesto, estos besos. ¿No ha cambiado todo ya? ¿No se ha ido el peligro, no lo has visto tú (o sea yo), desde la cima, tomando la forma de una ciudad mostaza y desamparada, Lima la horrible, y luego un continente de mandíbulas siempre afiladas? ¿No estás a salvo ya? ¿Contigo, frío hombre al que caliento? ¿(Te) confío demasiado?
Aprecio de nuevo Mondonguia, este reino, entre tu kuschelig casaca. Un palpitar leve, una respuesta entre las dos casillas: es como jugar con fuego, ¿no crees? Este reino latino ahora brilla, abundante, primermundista, pero pronto podría ser solamente negro; tú me lanzas por el balcón, una muerte gore, o un suicidio asistido. ¿Y la razón? Unas piernas inútiles, hondo del hondo, regresar al hueco.
Miro las fábricas, su humo, un cielo radioactivo, y te miro y suena un claxon, un cohete, un accidente automovilístico desapercibido.
Mondonguia ahora es muy verde, cuna del petróleo que no usa, o una escena fea, pura arena, negligencia, la capital perra.
Mondonguia necesita sangre, todo de lo que escapamos… ¿no crees?
Y este último beso se siente distinto, mucho bitter, antes de menear la cabeza y largarnos de regreso al cuarto. Hoy vamos a tirar, como siempre, para olvidarnos de todo.
torre cautelosa, viscosa, música de cama sauna
nave entra en la rosa, violencia blanda autoinducida
slip-succión, mantra-menta-mega ultimátum, prima dimensión
de desdoblamiento divino, de primo ojo virado, posesión
gemido
soy portal al inicio, reseteo anímico anatómico
soy entendimiento onírico, crónico, razón y panteón
soy tú-yo yo-tú tú-yo un dios-monstruo transformable
cosquilla-yema del dedo, piedra lisa flama
imagen de noche-zarza, mirada de reino de arriba
manos paganas moldean estos muslos, este barro
manos medusas, tu abdomen, tu pecho, tu cuello, blushes
rocío de barba, dedo que te simula entrando en tu boca
digno sueño de estatua, de carne, fiebre osca
chasquido, hijo demoniaco en el vientre
florecitas espinas reordenamiento global
tiempo parado de parar, seguir para marear
música de CAma, tromBÓN, sensaciÓN, repeticiÓN
del ciclo d’agua rebelde nube-cara precipitaciÓN
este tu desierto seco, dON esotérico del nervio
la colisiÓN de dos mUNdos ancestrales y sacros
mundo un punto una línea las líneas se borran se roban
techo-cara cuerpo-templo destruido, entre orquídeas entre llamas
razón instinto bestiario tesauro de inventada religión invocación
tu nombre tu nombre uno dos uno dos uno dos uno
mientras ambos nos hacemos, nos deshacemos...
Ando jugando en Tinder, uno sí uno no uno de duda, y me dices qué tal, ¿ya?
Me respondes ya bebé, y yo te digo mira que ya se te pegó el bebé, pero no bebé de bebé, sino bb, que solamente es bb, ok, bébe? Es menos palta, menos meloso, ya sabes
Luego me voy a la otra app del demonio y te digo mira este está bonito y tú sí me lo tiraría y yo me río
Y me prestaste boxers por hoy, y me río
Y regreso a mi Tinder y de chongo me dices qué infiel y me limpio mi moquito con tu chompa Ralph Lauren, con esta chompa que ahora me regalas
Yo ser independiente ser libre libre de lazos
Terminas entonces las tortillas, y me pasas el plato a la cama, esta cama que qué no ha visto
«Tú comes gratis, niño» y yo te digo silencio son estrategias de findes, tu ya sabes très bien que mi meal plan apenas dura hasta’l viernes
Comemos las tortillas y te digo que estoy lleno y te pido así un beso, un beso que solo es beso, y me preguntas si no quiero también tu short
Apapacho. Oye, hoy día ya no cacho, ah. Y me dices ya, mi amor, (carcajada entre los dos, JAJAJAJA, mi amor), cachetada-perro de mierda-cachetada-chape-rica broma
Lavamos juntos y te digo este caño, dios mío te lo lavaría yo
Y me dices nah, yo lavo, usted no se mueva, princesito, y te digo ya no jo
Y sigo en Tinder, jugando otra vez, cuando jugando vienes y te lanzas a la cama
Yo, mi celular, que vuela, yo te miro, me dices juela, y de aquí caigo en cuenta:
Bb, quizá te tengo dependencia…
Allá, mi mano es grande,
y tú Allá, mi mano también es grande.
Comparo entonces mi mano con tu mano.
tu mano blanca y más grande:
tus dedos que apuntan hacia arriba.
Te miro por entre tus dedos,
las mareas que te esculpieron.
Te miro tus ricos ojos fértiles,
de donde nacen los árboles inmensos,
de los pasaportes que caen hacia arriba.
No te creo una mierda,
lo has fakeado, seguro, te digo,
cuando me lo enseñas por primera vez:
el sello biométrico
de tu apellido compuesto
Me lo pones en mi mano,
esta mano de arcilla rígida,
frágil, marrón y fea,
cuya palma sudorosa,
se aferra convenientemente a ese papel.
Levanto la mano.
Sigue ahí.
Serán señales.
Pon ahora tu mano contra la mía,
que al medio irán tus derechos,
un murito fronterizo…
Y ahora, escúchame, que me hago guardia
y te hago la pregunta del siglo:
füllen – fühlen?
Abres la boca:
fühlen – füllen.
Falsch. Reiflich falsch!
Van apareciendo
ellos, tras el monitor
tras la pintura, falsa pared,
te ven, me ven en ti
que de a poquitos me acerco hacia ti
y te beso y nos confundimos en las lenguas
y te lleno y me llenas la garganta con candela
Quema tanto la verdad semiótica
de mirar hacia arriba y ya no mirar tanto,
y mirar poco pero nunca mirar abajo
al adorno jónico de la columna neoclásica.
Fühlst du’s?
Ich fülle, eben, wir füllen
das Land mit Bescheinigungen und Zahlen.
Somos balas calmas, quizá prodigios, progresos-llantos de mamás,
o berrinche demás, sujeto tal, ladrones en H&M, siesta, fiesta y ruina.
Lo que ellos digan.
Fühle, te rectificas.
Lo aprendimos para decir que estábamos enfermos,
que éramos un poco más gente entre los nuestros,
para hablar de este lado de la pantalla, ¿entiendes?
Ich fühle, continúas,
el avión que aterriza,
mientras nos tocamos las caras,
y nos examinamos juntos
creciendo gente sin suela, sin suelo,
en el nimio centro de la Großstadt Maguncia,
que nos mete ya las vías del tranvía por el esófago
y reconfigurará pronto nuestros órganos
y nos revolverá los irises, sin habernos mirado.
Escondamos ese papel ius sanguini, te digo,
acá estamos por puro impulso de tribu,
porque tú me besas como yo te beso;
porque siempre tenemos sueños de precipicios,
donde nuestras madres nos avientan al fondo,
y nos estrellamos de vuelta en ellas,
para engendrarlas, odiándolas, amándolas
al día siguiente que nos despertamos
y la Stadt nos jode un poco más, un poco menos,
al escarbar del diálogo al artículo,
o del artículo a la casa,
o de la casa a la cocina,
o de la cocina a la cama,
o de la cama a la Stadt,
la raíz de nuestra melanina.
Es la convivencia en esta extraña WG,
de nosotros (los otros) con ellos,
y con sus hijos,
y con nuestros hijos,
y con los hijos de sus hijos, amén.