Los “Derechos Humanos” hacen referencia a las libertades, reivindicaciones y facultades propias de cada individuo por el simple hecho de pertenecer a la raza humana. Esto significa que son derechos de carácter inalienable (no se pueden quitar) y de perfil independiente frente a cualquier factor particular (raza, nacionalidad, religión, sexo, etc.).
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) fue adoptada por las Naciones Unidas en 1948 y aglutina a todos los derechos que están considerados como básicos.
La perspectiva bíblica de los derechos humanos surge principalmente por sostener tres temas principales:
Como los seres humanos fueron creados a la imagen de Dios para conocerlo, servirse los unos a los otros y ser mayordomos de la tierra, deben ser respetados (Génesis 1: 26-31).
Como los seres humanos fuimos creados todos a la misma imagen por el mismo Creador, no debemos tratar mejor a unos que a otros, sino conducirnos sin hacer diferencias.
Como Dios nos ha mandado a amar y servir a nuestro semejante, debemos luchar por sus derechos, con la disposición a renunciar a los nuestros si fuera necesario.
Pero… ¿cómo fue el comportamiento de Jesús? ¿Cuál fue su actitud hacia los seres humanos? ¿Los trató con dignidad, igualdad y libertad? Su enseñanza y su vida iban de la misma mano, él no decía nada que no se reflejara en su conducta.
Por ejemplo:
Enseñaba que no había que juzgar a los demás:
“No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1).
Y cuando llegó el momento de ser ejemplo, se le presentó a una mujer sorprendida en el acto del adulterio por parte de los fariseos para que la juzgara. Jesús no lo hizo, aunque era el único que tenía poder para hacerlo (Juan 8:1-11).
También dio la solución a estos problemas: Nacer de nuevo (Juan 3:3). Esto significa arrepentirse, confesar los pecados y creer en Jesús como Señor y Salvador. De esta manera, el Espíritu de Dios viene a vivir a la vida del creyente para transformarlo y poder vivir una vida buena haciendo la voluntad de Dios. Si dejamos que Dios actúe en nosotros y a través de nosotros, habría más igualdad, libertad y justicia a nuestro alrededor.
Fue más allá de los derechos humanos en el sentido de que se centró en el origen de todos los problemas de convivencia: el corazón.
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, a insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23).