Ahora que soy oficialmente "discapacitada", pareciera que mi voz recién podría importar. Nada más alejado de la realidad. El reconicimiento que se logra siendo "discapacitada" es desde la mirada más degradante de todas: esa que borra mis capacidades/habilidades y exagera mis puntos débiles.
Mi caso no es una excepción. Es el reflejo de lo que viven muchos adultos autistas cuando el sistema decide ignorarnos hasta expulsarnos y, después, reducirnos a una credencial.
La Credencial de Discapacidad no es una herramienta de protección. En la práctica, solo es una nueva forma de ser discriminada, esta vez certificado por el Gobierno de Chile.