TRES EXIGENCIAS PARA LOS QUE QUIEREN SER DISCÍPULOS DE CRISTO
Texto base: Lucas 14:25-33
En el evangelio de Lucas podemos ver tres exigencias que el Señor Jesús requería a aquellos que quieran ser sus discípulos. Estas las encontramos en Lucas 14: 26, 27 y 33. Les invito a leerlas.
- 26 “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”.
- 27 “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”
- 33 “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”
Estas exigencias el Señor se las dijo en esa oportunidad a las multitudes que lo seguían, pero estas aun están vigentes.
Como podrá observar estas exigencias eran excluyentes ya que si la persona no está dispuesta a cumplirlas el Señor dice tajantemente “no puede ser mi discípulo”.
Como el costo de ser discípulo del Señor es grande, por las exigencias que el mismo puso, debemos entenderlas. Y eso vamos a hacer hoy, vamos a analizar brevemente las tres exigencias puestas por Señor Jesús.
I. PRIMER EXIGENCIA: (V.26) ABORRECER A PADRES, MUJER E HIJOS, HERMANOS Y NUESTRA PROPIA VIDA
En verdad leer este versículo tal cual esta causa asombro por la palabra aborrecer. Al escuchar esta palabra uno automáticamente piensa que Cristo dijo que debemos odiar a nuestros padres y esposa, hijos y hermanos. Algo que claramente contradice textos como los siguientes:
- Efesios 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”
- Efesios 6:2 “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”
Obviamente el Señor Jesús jamás le pedirá algo que lo haga pecar. Entonces ¿Cómo se puede explicar el mandamiento de Jesús a “aborrecer” a nuestros padres y esposa, hijos y hermanos? Un texto que nos ayuda mejor a entender que quiso decir el Señor con esto lo encontramos en Mateo 10:37 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” Entonces podemos ver que lo que la expresión que utilizo el Señor Jesús cuando hablo de aborrecer, no se usa en el sentido literal de odiar, sino que es amar menos a cualquier otra persona o a nosotros mismos.
Lo que pide el señor a los que quieren ser sus discípulos es que nuestro amor por el debe ser superior el que tenemos o demostramos a cualquier otra persona. El amor por ellos debe quedar en un segundo plano. El Señor Jesús siempre debe ser la prioridad de aquellos que quieran ser sus discípulos.
Y en verdad hay muchos cristianos que en ocasiones los familiares le son piedra de tropiezo para obedecer al Señor. Muchos faltan a las reuniones por estar con los cónyuges, con los hijos o familiares que justo llegaron de visita y no los “quieren dejar solos”. Los que actúan de tal forma dice el Señor, no pueden ser mis discípulos. No se puede considerar discípulo de Cristo a quien proceda de esta forma.
II. SEGUNDA EXIGENCIA: (V.27) TOMAR NUESTRA CRUZ
Estas palabras sumadas a las anteriores debieron de horrorizar a los oyentes de aquel tiempo. Aquella gente estaba consciente de lo que era llevar una cruz ya que era una práctica que conocían. Todos sabían que llevar una cruz siempre resultaba en la muerte del que la cargaba, eso era inevitable.
Cuando una persona era condenada a morir en la cruz, los soldados romanos le obligaban a llevar sobre sus hombros la cruz en la cual iban a ser crucificados o en su defecto, debían llevar la viga horizontal de la cruz. La debían cargar hasta el lugar de su ejecución.
El Señor les dijo a los que quisieran ser sus discípulos que no solo debían cargar su cruz sino que también debían ir en pos de Él, esto es importante entenderlo. Lo que el Señor Jesús le estaba diciendo a la gente era que si lo seguían debían negarse a sí mismos asumiendo el compromiso de obedecerlo incondicionalmente en todo. Debían renunciar a vivir para sí y asumir el compromiso de vivir para Cristo sin importar el riesgo que eso implicaría aun a riesgo de perder sus vidas por el Señor.
Algunos a veces ponen sus prioridades por encima de los mandamientos del Señor y así desobedecen lo que dice el Maestro. El Señor dejo en claro que el que no quiera morir a sí mismo y seguirle no podía ser su discípulo.
III. TERCER EXIGENCIA: (v.33) renunciar a las posesiones
Muchas veces las posesiones que uno tiene son un impedimento para cumplir con la voluntad del Señor. A pesar que todo lo que tenemos va a quedar aquí en la tierra las sobre valoramos al punto de dejar a Cristo por ellas. En Lucas 12:16-21 el Señor nos muestra la insensatez de un hombre rico que hacia planes para disfrutar su riqueza, pero no sabía que esa noche iba a morir. Se preocupo por lo material pero descuido lo espiritual. En Lucas 16:13 el Señor Jesús dice “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Ningún bien material puede tener más valor que el Señor Jesús.
El Señor Jesús nos amó tanto que renunció a su lugar en el cielo por nosotros: Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Ninguna cosa a la que tengamos que renunciar nosotros es comparable a lo que Él dejo.
Entonces a los que quieren ser sus discípulos la última exigencia es que esté dispuesto a renunciar a todo lo que posee por amor y fidelidad a Él. Caso contrario si no está dispuesto a eso, Cristo dice que no puede ser su discípulo.
IV. CONCLUSIÓN
Si uno analiza las tres exigencias puestas por el Señor, podemos observar que el costo de ser discípulo de Cristo es alto. Por eso nos advierte a través de dos parábolas que se encuentran en los versículos 28 al 32 que para ser sus discípulos debemos calcular el costo. Hay que considerar seriamente dar ese paso por el alto costo que ello implica, una entrega incondicional al Señor. Podemos perder relaciones, nuestra vida y aun las posesiones materiales pero es mas lo que vamos a ganar que lo que perdemos en realidad.
Ahora que entendió a que se refieren las tres exigencias impuestas por el Señor Jesús, ¿Está dispuesto a aceptarlas?
Hasta aquí llego yo con este tema. Me despido citando las palabras del Señor Jesús El que tenga oídos para oír, oiga.
- El Señor viene –
Preparado por Alejandro Correa
Evangelista en la iglesia de Cristo en Comodoro Rivadavia (Chubut - Argentina)
(Este sermón esta incluido en el libro Sermones listos para predicar - Tomo I)