COMO CONDUCIRNOS EN LA CASA DE DIOS
Texto base: 1 Timoteo 3:15 “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”
En el versículo base de este sermón podemos notar claramente dos cosas que debemos tener en cuenta. La primera: hay una manera de conducirnos en la casa de Dios, por lo tanto debemos ajustarnos a eso y no hacer lo que uno quiera cuando nos reunimos. La segunda: la casa de Dios es la iglesia, esto debiera causar temor y reverencia cuando uno se reúne.
I. CONGREGARNOS DE MANERA DESORDENADA
El tema “cómo conducirnos en la casa de Dios” es importante tratarlo ya que podemos ser culpados de presentarnos de manera irreverente, ejemplo de esto lo podemos ver en 1 Corintios 11:17-18 “17 Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. 18 Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia,…” Este versículo es parte de una amonestación que el apóstol Pablo le hace a los hermanos en Corintios.
Esta iglesia se estaba reuniendo de manera desordenada para participar de un acto solemne, había desorden al participar de la mesa del Señor. Estaban haciendo de este memorial un banquete común donde cada uno llevaba su propia comida y bebida (1 Corintios 11:20-21). Esto estaba sucediendo cuando estos hermanos se reunían “como iglesia”. En el versículo 22 les dice: “Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.” Estos hermanos al reunirse de esa manera con esa actitud estaban cometiendo dos faltas graves: Menospreciaban a “la iglesia de Dios” y avergonzaban a los hermanos humildes.
Tenemos que tener cuidado hermanos de la manera que nos conducimos cuando nos reunimos como iglesia, ya que la iglesia es la casa de Dios. Debemos conducirnos de una manera “decente y en orden” como se nos indica en 1 Corintios 14:40. Cuando nos reunimos debemos ser de estimulo al hermano como dice Hebreos 10:24 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”, y no para que se sientan mal como los hermanos de Corinto que no tenían nada.
II. LA IGLESIA UN LUGAR SANTO
Hay textos en el Antiguo Testamento que nos hacen ver como un lugar común y corriente pasa a ser un lugar “santo”, cuando la presencia del Señor se manifestaba. Cuando eso sucedía Dios demandaba reverencia (respeto) y la persona debía cambiar su actitud. Veamos dos textos donde vemos esto. Para una mayor comprensión lea el contexto en su casa.
Génesis 28:16-17, Jacob en Bet-el, “16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Dios está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.” (Lea desde el verso 11)
Éxodo 3:5, Moisés y la zarza ardiente: “Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.”
En estos dos textos podemos observar que el lugar donde se manifestó la presencia de Dios pasó a convertirse en un lugar santo.
Cuando los cristianos se reúnen como iglesia, no importa el lugar, ese sitio pasa a transformarse en un lugar santo, recuerde que la iglesia es la casa de Dios. El lugar es santificado por la presencia del Señor Jesús: Mateo 18:20 “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
Entonces sabiendo esto, que el lugar es santificado por la presencia de Dios y del Señor Jesús, es que debe haber orden y respeto en el servicio de principio a fin. Lamentablemente esta actitud no se observa en muchos casos y más cuando la iglesia se reúne en alguna casa de familia, pero esto no debiera ser así, porque podemos caer en el riesgo de menospreciar la casa de Dios, y aunque nos congregamos no lo estamos haciendo para lo mejor sino para lo peor. ¿Se entiende?
III. DEBEMOS REUNIRNOS CON LA ACTITUD CORRECTA
No importa si tenemos un local de reuniones o nos reunimos en una casa o al aire libre, la actitud de cómo hacemos las cosas y nos presentamos al servicio es lo realmente importante y no el lugar.
Como cristianos debemos ofrecer “sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5) ya que es para Dios que hacemos las cosas, y Él tiene que agradarse de nuestro servicio: Hebreos 11:28 “…tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” Cualquier servicio no le agrada a Dios sino uno hecho “con temor y reverencia” sabiendo que “nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 11:29) Es por eso el respeto y reverencia cuando nos reunimos como iglesia.
IV. CONCLUSIÓN
Para finalizar y recordando lo que decía el primer versículo leído de este sermón tengamos cuidado de las cosas que hacemos cuando nos reunimos como iglesia. Debemos saber en qué se transforma el lugar, en la casa de Dios. Por más que sea mi casa o la de algún hermano mientras la iglesia está reunida en nombre del Señor Jesús ya no es más mi hogar, es casa de Dios.
Debemos llegar puntual al servicio, vestidos de la mejor manera que podamos sabiendo al lugar al que vamos (la casa de Dios) y sabiendo a que vamos (a adorar a Dios). Hasta aquí llego yo con este tema. Me despido citando las palabras del Señor Jesús El que tenga oídos para oír, oiga
- El Señor viene –
Preparado por Alejandro Correa
Evangelista en la iglesia de Cristo en Comodoro Rivadavia (Chubut - Argentina)
(Este sermón esta incluido en el libro Sermones listos para predicar - Tomo I)