• Te levantas y pareces un Playmobil hasta que “arrancas”.
• Girar el cuello para aparcar ya es deporte de riesgo.
• Notas la espalda “cargada” aunque no hayas hecho nada.
• Se te duerme un brazo o una mano de vez en cuando.
• Te cruje todo al levantarte.
• Tienes la cabeza como un bombo agarrado al cuello.
• Aprietas la mandíbula sin darte cuenta y hasta con férula.
• Duermes y te levantas peor y sientes como un agujero frío en las cervicales
• Sientes un hombro más alto que otro. O el cuerpo desordenado.
• Te duele la espalda al levantarte del sofá.
• Estás sentado y cambias de postura cada 2 minutos.
• Te notas una pierna más tensa que la otra.
• Te tira la cadera o el glúteo al caminar.
• Te cuesta agacharte o ponerte los calcetines.
• Respiras “corto”, que parece que se te ha olvidado como era.
• Sientes pinchazos o más bien cuchilladas entre omóplato y cuello.
• El estrés lo llevas en trapecios funcionando de pendientes.
• Te notas “torcido” o compensando al andar.
• Te masajeas tú solo sin parar buscando alivio.
• Has dicho “ya se me pasará”... hace 3 meses.
• Sales del curro reventado aunque no cargues peso.
• Te cuesta dormir porque no encuentras postura.
• Sientes piernas pesadas o cargadas.
• Te molesta la espalda al conducir.
• Notas hormigueo o quemazón en alguna zona.
• Estás irritable y ni sabes por qué… tu cuerpo va saturado.
Si has leído 3 y te has sentido identificado… necesitas un masaje.
Si has leído 5… lo necesitas ayer.