CONSTRUYENDO UNA CULTURA DE CALIDAD INTEGRAL EN LA EDUCACIÓN
Somos una comunidad de aprendizaje (estudiantes del programa de maestría en Psicología Educativa de la Universidad César Vallejo) que busca participar en actividades tendientes a la construcción de una cultura de calidad en la educación peruana, latinoamericana y mundial. Esto será posible manteniendo un enfoque de evaluación permanente en los componentes, procesos y productos de los sistemas educativos.
Promover acciones participativas para la generación de una cultura de calidad en la educación con enfoque de mejora sostenible.
VÍDEO CONTRIBUYENTE A LA CULTURA DE CALIDAD
Kriss Lorena Morales Guanilo
Los desafíos que ha asumido la sociedad peruana, de acuerdo a la propuesta del Consejo Nacional de Educación (2020) y su Proyecto Educativo Nacional al 2036 (que pondera la universalidad educativa en la etapa básica con calidad y equidad), buscando la permanente e integral formación de las personas y de la sociedad en su conjunto -cuyo telón de fondo es la globalización- serán totalmente posibles y lograrán su real sentido si es que se acompañan desde una perspectiva de calidad; a pesar de que este concepto sea utilizado de forma recurrente por autoridades y tomadores de decisiones, así también por quienes deben recibir las atenciones del Estado, por las sus entidades dedicadas al servicio educativo y por la comunidad en general.
Es por ello que, previamente, se da la necesidad de consensuar una pertinente conceptualización del término Calidad Educativa en un contexto real para, de esta manera, visualizar oportunamente su impacto (productos y también retos) en una etapa educativa esencial del sistema educativo peruano, la Educación Básica.
En este documento se hará un análisis breve de los argumentos teóricos que orientan el concepto señalado en un marco de contextualización con la realidad de la educación básica y su trasfondo social, económico y político sobre todo. De esta forma, será posible reflexionar y comprender sobre la real dimensión que exige su empleo en el discurso cotidiano educativo y su aplicación práctica por cada uno de quienes nos vemos involucrados con la tarea educativa.
Para la UNESCO (2005), la calidad educativa es aquella situación y condición de una entidad que es capaz de contribuir al cambio de la sociedad mediante la mejora y fortalecimiento de las destrezas, las comunicaciones, los valores, las oportunidades, la prosperidad individual – colectiva y la libertad. En este proceso, este organismo reconoce la importancia de tres componentes esenciales que posibilitan la concreción y auge de la calidad: los recursos y ambientes, los recursos humanos y la administración efectiva, oportuna y eficiente; es decir, potenciadora.
Por su parte, Santos (2021) concibe a la calidad educativa como aquella cualidad que proporciona la escuela u otra entidad formadora y que contribuye directamente a la mejora social mediante la formación de futuros ciudadanos y ciudadanos actuales que demuestren crítica, responsabilidad y honradez. El autor considera que una escuela de calidad es aquella que, junto a sus usuarios, aprende en forma paralela y se adapta a los cambios.
De otro lado, para el Consejo Nacional de Educación (2020) la calidad educativa se asocia directamente con la equidad y la eficiencia. Esto se debe a que la realidad en la que se deben movilizar los procesos formativos está aún colmada de inequidades que se asocian a múltiples factores que inciden en los conflictos éticos que viene soportando la sociedad peruana: la violencia, la corrupción y la discriminación. En la medida que se confronten estos hechos y se superen, la calidad educativa estará demostrando su vigencia y legitimidad.
Considerando estos puntos, conviene llevar a cabo las siguientes reflexiones:
La Organización para Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE- (2019), reconoce a la calidad educativa o educación de calidad como aquella que garantiza que todos los jóvenes y niños adquieran las capacidades, destrezas, conocimientos y actitudes que son necesarias para hacerse cargo de la vida adulta. Sin embargo, es importante considerar que no es igual la preparación para la adultez en un escenario diverso y de complicaciones; por ejemplo, en la disparidad entre lo rural y lo citadino o al desarrollar la labor educativa con la implantación del actual modelo social sin opción de transformar este mismo modelo o construir uno más pertinente.
Por su parte, Sammons et al. (1998) señalan que una institución educativa de calidad es aquella que impulsa el desarrollo de los estudiantes en un conjunto amplio de logros (de índole emocional, intelectual, moral y social) considerando sus características familiares, sociales, económicas y, sobre todo, sus ritmos y estilos de aprendizaje individual y colectivo. De esta forma, un eficaz sistema escolar se caracteriza porque este maximiza las capacidades de las instituciones educativas para concretar sus objetivos y productos. Justamente, la eficacia no se basa en lograr sólo un buen resultado desde los insumos de entrada, sino en posibilitar que todos los estudiantes progresen desde sus propias circunstancias y posibilidades individuales.
Empero, en la actualidad se viene impulsando a nivel institucional y gubernamental la meritocracia que, desde perspectivas de modernidad, se promueven criterios de selección basados en los logros personales. De esta manera, las opciones de posicionamiento individual quedarán en torno a las habilidades logradas en la educación recibida. Es por ello que resulta importante extender los sistemas y procesos de educación para permitir el acceso laboral a la mayoría poblacional y no a unos cuantos.
Inicialmente, se debe considerar que los beneficiarios de las políticas educativas no son de naturaleza homogénea, sino, por el contrario, son de características heterogéneas pronunciadas por las diferencias socioeconómicas, culturales y con diferentes posibilidades sobre la opción familiar como fundamento social y educativo. Consecuentemente, con una población marcada por las diferencias y segmentaciones, un planteamiento educacional heterogéneo podría obtener respuestas diferenciadas. Por ejemplo, la atención a un niño del campo será contextual, oportuna y pertinente cuando se le diferencie de la atención a un niño de la ciudad, el que cuenta con condiciones económicas y físicas más favorables.
Asimismo, otro componente que se debe tratar es el que atañe a las condiciones políticas del sistema educativo en la sociedad actual. Giroux (1983) explica que la naturaleza política del sistema educativo se manifiesta mediante los currículos oficiales, legitimados y reconocidos por las políticas educativas, seguidos por los docentes en ejercicio y confrontados permanentemente por los currículos ocultos. Giroux (1983) indica que una institución educativa que se desarrolla en una realidad concreta no es aquella que afirma el discurso oficial que señala que esta debe contribuir al desarrollo personal y colectivo; sino que esta cumple un rol dominante y opresivo y que obedece a un sistema fáctico global.
De esta manera, la educación se sustenta en un conocimiento que se aprendió en la escuela y es la consecuencia de una cultura de dominación construida a través de procesos de selección de omisiones y reivindicaciones. O sea, el Estado, a través del currículo oficial, desarrolla el libreto de los grupos de poder mundial que juegan con las expectativas de la población que se viene formando en las escuelas.
Considerando estos elementos, es posible afirmar que la institución educativa se constituye en un espacio de interacción entre estudiantes, pero a la vez es un escenario de socialización política, lo que implica que se vienen dando procesos donde se desarrollan contenidos que conducen a aprendizajes en roles políticos y en otros roles que no necesariamente son tales, pero que son influyentes en la conducta social y política del futuro ciudadano.
En conclusión, para poder comprender la pertinencia de una verdadera calidad educativa, es legítimo en sociedades como en la que vivimos, identificar la existencia de factores que intervienen en la heterogeneidad de los beneficiarios de la labor educativa y la particularidad política del sistema educativo en la medida que nos proporcionan razones de análisis y condiciones para proponer cambios sustanciales en la educación que podemos ofrecer como responsables de una entidad gubernamental o privada, de una institución educativa, de un aula o de un hogar. Considerando estos factores en las políticas educativas nacionales y/o locales, que deben reconocer la existencia de realidades socioeconómicas y culturales diversas, será posible entonces promover y concretar oportunidades para desplegar una auténtica calidad educativa como oportunidad para superar la desigualdad y consolidar la identidad personal y social.
Referencias:
Consejo Nacional de Educación (2020). Proyecto Educativo Nacional: PEN 2036: el reto de la ciudadanía plena. https://repositorio.minedu.gob.pe/handle/20.500.12799/6910
Giroux, H. (1983). Teoría y resistencia en educación: una pedagogía para la oposición. México D.F. Siglo XXI
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE- (2019). El trabajo de la OCDE sobre educación y competencias. OCDE. https://www.oecd.org/education/El-trabajo-de-la-ocde-sobre-educacion-y-competencias.pdf
Santos, M.A. (2021). La escuela que aprende (6.a ed.). Morata.
UNESCO (2005). La conceptualización de la UNESCO sobre calidad: un marco para el entendimiento, el monitoreo, y la mejora de la calidad educativa. http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/COPs/Pages_documents/Resource_Packs/TTCD/sitemap/resources/1_1_3_P_SPA.pdf
Mamani Condorena, Angélica Antonieta
Hablar de calidad implicaría realizar un análisis de las diferentes concepciones que se le da a este término en relación al campo en el que queremos identificarla, Vargas, A. (2013) lo relaciona al grado que ocupa en un rango dentro de lo bueno y malo en una comparación que se hace de alguna cosa, sin embargo, muchas veces con solo escuchar la palabra calidad creemos que es bueno sin la necesidad de contrastarla con lo que realmente es.
A nivel educativo, desde las políticas gubernamentales que se aplica, hasta la labor que cumplen las instituciones educativas, se busca calidad, lo cual es una visión que todos comparten; sin embargo, surgen preguntas como: ¿qué indicadores son referencia para considerar de calidad a una institución?, ¿qué factores influyen en su calidad?, y finalmente; en nuestro país, ¿la educación es de calidad? Estas interrogantes son el punto de partida para realizar un análisis sobre la mirada que se tiene en la realidad educativa de nuestro país; por lo que en el presente documento se procura dar respuesta a cada una de ellas.
Según la Ley General de Educación en su capítulo III Artículo 13 considera que la calidad de la educación corresponde a la mejor formación que logran las personas, y así puedan enfrentar los retos, ejercer su ciudadanía y continúen aprendiendo a lo largo de su vida, por lo que el estado debe garantizar los diferentes factores que permitan la calidad, como: las políticas que se aplican, la articulación entre los diferentes niveles, la inversión que se destina al sector, la formación de los docentes, la infraestructura y equipamiento de las instituciones, etc; sin embargo, en un estudio realizado en el año 2016 por el Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) Cuenca et al. (2017 ) se da a conocer que la calidad de la educación peruana no logra evidenciarse a pesar de los esfuerzos del estado y más bien se agudiza en el acceso a los estudios del nivel secundario y que está relacionado a las características sociodemográficas y de la institución educativa. Entre los indicadores de cobertura y calidad que se utiliza para evidenciar el desarrollo en el sistema educativo, toma en cuenta a las tasas de matrículas, a los que logran concluir sus estudios, a la tasa de deserción, repitencia y atraso; y a las pruebas o evaluaciones estandarizadas como la Evaluación Censal de los estudiantes (ECE), al Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE), y al Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) respectivamente.
En el mismo informe de la investigación se da a conocer la brecha existente entre las instituciones estatales y del sector privado, las que se encuentran en zonas urbanas y las que están en las zonas rurales y en relación a la infraestructura pues hasta ese año se supera la mitad de los centros educativos estatales que se encontraban en mal estado.
Según el Consejo Nacional de Educación (2021) de acuerdo al Proyecto Educativo Nacional al 2021 los acontecimientos políticos como los que viene atravesando nuestro país son factores que impacta negativamente en la calidad de la educación ya que los cambios de los líderes que se realizan en las altas esferas del ministerio y otras instancias como Direcciones Regionales De Educación (DRE), Unidades De Gestión Educativas (UGEL), etc provoca la paralización de las actividades previamente planificadas, por ello a través de su objetivo estratégico 1 y 2 buscan lograr una educación de calidad para todos, por lo que recomiendan aplicar una política sostenible, propiciar una real inclusión en las escuelas, asegurar condiciones adecuadas, generar estrategias para rescatar a las poblaciones con riesgo de deserción; y en relación a los docentes, garantizar su formación continua e integral revalorando su desempeño.
El Proyecto Educativo Nacional ha sido actualizarlo hasta el 2036 para que permita atender los nuevos desafíos convirtiéndose en un marco estratégico de la política de estado en lo que se refiere a educación, por tal motivo para definir una educación de calidad destacan el concepto de la UNESCO (2007) quienes plantean que la calidad en los sistema educativos es cuando se brinda una educación relevante, pertinente, equitativa, eficaz y eficiente, no dejando de lado las experiencias educativas y los aprendizajes que se buscan para afirmar los principios y valores de la ciudadanía que son propias de una sociedad democrática que se quiere fortalecer.
La calidad educativa evidenciada en nuestro país es de un nivel bajo plasmándose una diferencia marcada entre la educación urbana y rural, la pública y la privada, del mismo modo, en el sistema educativo de nuestro país hay poca articulación entre sus niveles, especialmente entre la educación básica regular y la superior lo cual genera un vacío en la transición de un nivel a otro.
Por ello, se puede concluir que para definir la calidad de la educación se necesita contextualizar el término a nuestra realidad y considerar todos los factores que influyen en ella, porque no basta con aumentar los presupuestos para destinarlos a programas que poco aportan a la calidad, tener buenas infraestructuras ni lograr resultados promedios en las pruebas estandarizadas, sino lograr aprendizajes significativos, tomar en cuenta el rol que cumple el docente, la familia, el contexto y sobre todo las políticas que se aplican para cerrar las brechas que surgen por la desigualdad socio- económica, geográfica y cultural para el acceso a la educación en los lugares más recónditos y olvidados del país.
Referencias:
Consejo Nacional de Educación (2021). Proyecto Educativo Nacional: PEN 2036: el reto de la ciudadanía plena. https://repositorio.minedu.gob.pe/handle/20.500.12799/6910
Consejo Nacional de Educación (2021). Proyecto Educativo Nacional al 2021: Balances y recomendaciones 2018-2020. https://repositorio.minedu.gob.pe/handle/20.500.12799/7661
Cuenca, R., Carrilo,S., De los Rios C., Reátegui, L. & Ortiz, G. (2017). La calidad y equidad de la educación secundaria en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos. http://repositorio.iep.org.pe/handle/IEP/923
Ministerio de Educación del Perú. (2013). Ley General de Educación (Ley N.° 28044). http://www.minedu.gob.pe/p/ley_general_de_educacion_28044.pdf
Vásquez, A. (2013). Calidad y Calidad Educativa. Investigación Educativa. 17(2).49-71.https://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/educa/article/download/8206/7157/
Zulema Bravo Franco
Cada gobierno desde la época de los 80 pusieron de su parte para llegar a lo que siempre se ha pretendido y es “LA CALIDAD EDUCATIVA” y que esta sea parte del ejercicio del derecho a la educación que consista no solo en asistir a un Institución Educativa si no que en estas es decir las I.E se imparta una educación de calidad ya que así podemos asegurar un futuro en la vida de cada individuo más digna, humana, llena de oportunidades en su vida no solo profesional si no también social.
Para hablar sobre calidad educativa, debemos hablar principalmente sobre política educativa.
Entendemos por política educativa a un conjunto de mandatos que tienen carácter de obligatoriedad, para llevar a cabo todas las tareas en beneficio de la educación”. Con la finalidad de lograr objetivos primordiales en Educación una de esas políticas muy importantes y trascendentales fue la creación de las instituciones educativas privadas que marcaron cambios significativos en las Instituciones educativas tradicionales porque se vieron en constantes comparaciones en las I.E privadas y públicas el cual nos abrió paso al concepto de “CALIDAD”
Hablar de calidad educativa principalmente se centra en brindar un aprendizaje integral y nos preguntamos qué es aprendizaje. El aprendizaje es todo un proceso de construcción de conocimientos el cual se realiza utilizando diferentes herramientas habilidades que aportan los agentes educativos o los que participan en este proceso en el cual se crean condiciones y se generan, experiencias, acción o influencia reciproca entre estos (Matto, 2019).
Y, partiendo de estos se desarrollan las competencias y se obtienen resultados o productos. Estas situaciones de aprendizaje se realizan en un contexto especifico con participación guiada. La calidad en una política educativa, se destaca en mejorar esta participación guiada para asegurar que todos seamos sujetos de una educación pertinente y relevante. Según Carrillo (2001), para que la política educativa garantice la “Calidad Educativa” debe:
Contar con diseños e instrumentos curriculares de acuerdo a las características a las necesidades de las personas y también acorde a los avances de la ciencia y la tecnología.
Proveer de instrumentos para el desarrollo y la practica curricular.
Reforzar el sistema de evaluación el cual nos garantizará la calidad educativa.
Por la educación es que las personas somos, más humanos porque el fin o propósito de una educación de calidad es la dignificación de cada individuo. En el Perú gracias a los múltiples estudios análisis estadísticos señalamiento de los desafíos acordes a la actualidad realizados, nos han llevado a múltiples conclusiones, todos a apuntan a conseguir la tan ansiada calidad y gracias a ello se establece el sistema educativo, entonces ¿qué se entiende por calidad educativa? Las respuestas varían desde como lo observamos, dependiendo del modelo pedagógico que se implemente en el sistema educativo.
La calidad educativa se hace efectiva en el aula y el único que puede proporcionarla es el docente. La calidad exige maestros con una formación integral, bien dirigidos y debidamente remunerados. Los países que han conseguido alcanzar resultados elevados en calidad educativa son aquellos que han invertido siempre en la mejora de la profesión docente. De cómo se formen los docentes dependerá su desempeño en la profesión y el fruto de esta formación se verá en el aprendizaje de sus estudiantes.
En conclusión la calidad educativa no es una tarea fácil; se debe tomar en cuenta el desarrollo cognitivo de los estudiantes como un objetivo claro, nítido, evidente de todo sistema educativo y debe enfocarse en el área actitudinal es decir que ce centre en los valores normas también relacionados con una adecuada conducta cívica, así como en el desarrollo de condiciones propicias para el desarrollo afectivo y creativo de los estudiantes. La calidad de la educación debe ser un área primordial en la política del estado peruano y responder a un proyecto en la que garantice su continuidad y cumplimiento de este, como política educativa.
Referencias:
Carrillo, M. (2021). Calidad educativa: procesos y fines. Editorial San Marcos.
Matto, M. (2019). Enfoques de la calidad educativa. Paidós.
Zulema Bravo Franco
En primer lugar, debemos conocer y entender la palabra CULTURA para saber lo que es el concepto de “cultura de calidad”. La cultura es el conjunto de conocimientos, ideas, que son transmitidos de generación en generación como costumbres ideas que son características de un pueblo y por el que sus habitantes son educados estas costumbres al pasar el tiempo van cambiando de acuerdo a las características de determinadas épocas, y de determinadas circunstancias. La cultura es parte de la identidad de cada habitante es decir de cada individuo por el cual se identifican de donde provienen.
Por lo tanto la cultura es la base fundamental para el desarrollo de cada país porque la cultura se convierte en es el cimiento sobre el cual están los ideales, valores de una determinada sociedad; es la base del pensamiento de cada individuo por el cual se forma su carácter y como actuar dentro de otros miembros del grupo.
Cada grupo social tiene su cultura, y una forma particular de cómo hacer las cosas, su forma de convivencia, su forma de trabajo, rigidez o flexibilidad, etc.
Por más avance tecnológico que pueda tener un país, su principal problema de crecimiento es el pensamiento, las ideas y la forma como luchan enfrentan a los problemas y las situaciones diarias.
Quisiera llegar a explicar lo que es cultura de calidad con todos los aspectos que este involucre, tomamos en cuenta una idea de Delgado (s/f): “Es el conjunto de valores y hábitos que posee una persona, que complementados con el uso de prácticas y herramientas de calidad en el actuar diario, le permiten colaborar con su organización para afrontar los retos que se le presenten, en el cumplimiento de la misión de la organización” (p. 36).
Los valores y hábitos que tienen o adquieren cada persona son aquellas que están grabadas muy profundamente sobre la forma en que vivimos, sobre lo que se considera principalmente correcto o incorrecto.
Sabemos por experiencia obtenida a lo largo de nuestra vida profesional, las metodologías se deben aplicar en todo momento a toda la organización o empresa, y así también debe ser aplicado lo que es la cultura de calidad. Y al aplicar esta cultura de calidad e implementarla será garantía de este cambio cultural y esta tenga éxito, también se debe involucrar al mayor número de personas que tengan el perfil cultural deseado. Y como conseguimos a estas personas, a través de exámenes psicométricos aplicándolos a las personas que tengan ciertos parecidos en los procesos de pensamiento y formas de actuar siendo estos los que en un momento posterior, difundan el cambio en la organización.
Todo esto para que el personal tengan en común ideal, objetivos, etc. para poder aplicar la cultura de calidad.
Ahora bien, sabemos que la cultura de calidad no es un hecho que se dé espontáneamente o porque simplemente queremos que suceda. Al contrario, es todo un proceso que se desarrolla por el cual la empresa eleva su productividad.
Para establecer una metodología de cambio sobre cultura de calidad en las empresas ya en camino o recién iniciando su trabajo medianas o pequeñas proponemos los siguientes puntos:
Enseñanza: transmitir o enseñar el cómo se debe de llevar a cabo dicho cambio. Por medio charlas, talleres cursos y juntas la metodología del cambio será transmitido de manera apropiada.
Interacción: Es decir la constante relación la influencia entre el personal la comunicación y el reforzamiento de los conocimientos aprendidos con anterioridad.
Delegación: Es un proceso por el cual se le designa tareas al personal que pueden realizar por ellos mismos sin involucrar a otras personas, o que lo realicen sin que otras personas los estén vigilando.
En conclusión, poner en práctica todo lo planificado a cerca de la cultura de calidad en la empresa es difícil pero no imposible; para ello se requiere primordialmente personal muy identificado y comprometido con los objetivos que tiene la empresa con valores a establecer y muy capacitados en el trato de personal. Conseguir todo esto es muy costoso y complicado se necesita de la participación con mucha energía actividad por parte de la administración de todos los niveles; y con el paso de los años esta participación activa tiende a disminuir por falta de disciplina de los empleados. A pesar de los problemas y las dificultades, es necesario hacer un esfuerzo para implantarla, ya que en la actualidad estamos en constante competencia en todos los aspectos el cual nos obliga que los empleados, a pesar de hacer bien el trabajo también tengan características orientadas a la calidad de trabajo y de vida, lo cual es buscado por las empresas que pregonan la cultura de calidad.
Referencias
Delgado, H.C. (s/f). Desarrollo de una cultura de calidad. Editorial Plaza.
Páez, A.L. (2016). Aplicación del modelo de Lewin a una organización. Cambio Organizacional y Liderazgo.
Kriss Lorena Morales Guanilo
En la coyuntura educativa actual la calidad educativa es un concepto recurrente que se viene no sólo pregonando sino implementando y ejecutando en las instituciones educativas de formación básica y superior con fines de acreditación, certificación y licenciamiento, de modo tal que se cuente con la garantía debida y se la ofrezca en el curso del pertinente desarrollo del servicio formativo en consonancia con los estándares de cualificación y las condiciones fundamentales o básicas que la sociedad les exige. Y, en torno a estas demandas, la evaluación educativa y, sobre todo, la evaluación de la calidad educativa es un asunto necesario.
Al respecto, Revilla (2007) resalta la importancia de la evaluación para el adecuado funcionamiento de las entidades educacionales. Según esta autora, verificar y valorar el engranaje de los diferentes componentes de los sistemas educativos, grandes o pequeños, es determinante para la adecuada marcha y, fundamentalmente, para la paulatina mejora de los elementos, de los procesos y de sus fines o productos institucionales.
Es por ello que la evaluación educativa, particularmente de la calidad educativa, se constituye en un componente necesario de mejora para las organizaciones educativas porque, al ser incorporada a los diferentes mecanismos que se dinamizan en estas entidades será posible recopilar datos e información necesarios y fiables que permitan proponer medidas para corregir y/o optimizar no sólo componentes sino, sobre todo, procesos y productos.
En este sentido, en el presente ensayo se procederá a analizar y explicar el concepto de evaluación educativa en torno a la calidad educativa en el escenario actual desde una mirada diversa y actualizada de conceptos, desde su sentido subjetivo y desde las múltiples interpretaciones que tiene, todo esto considerando que la acción de emplear diferentes maneras evaluativas en el ámbito educativo, se halla rodeada de muchas variables donde el contexto y sus particularidades deben ser el punto de partida no sólo del diseño y ejecución de instrumentos válidos y legítimos, sino de los resultados que se obtengan de estos y de los usos consensuados que se decidan a nivel personal – profesional y organizacional.
Inicialmente, es importante tomar en cuenta la relación entre la evaluación y la calidad educativa. De hecho, hablar de la calidad educativa en los contextos actuales implica asociar este hecho al término evaluación porque la demanda social por la calidad de la formación se ha tornado en un reto y desafío para las organizaciones educativas. Consecuentemente, las instituciones educativas y la vigencia de estas ha quedado supeditada a la respuesta que han podido y/o sabido ofrecer en torno a las condiciones básicas por los estándares de calidad y a sus parámetros que han sido definidos en escenarios de evaluación tanto por la misma sociedad como por las entidades llamadas a velar la pertinente marcha del servicio educativo publico y privado.
De acuerdo a Egido (2015) la evaluación y la calidad educativa son dos conceptos relacionados estrechamente y que no es posible entender a la una sin la otra. En ese mismo sentido, Mejía y Mejía (2019) explican que no existe congruencia al tratar de calidad sin tomar en cuenta a la evaluación porque si se quiere referir que algo tiene calidad, ello supone hacer uso de una medida, de una comparación con un referente y de una valoración o juicio que defina un parámetro calificador.
Por lo señalado, los procesos educacionales se encuentran compuestos por diferentes actores y escenarios que tienden a llevar a cabo acciones que requieren de indicadores orientados a determinar si sus desempeños han sido los que se esperan o si es que es necesario mejorarlos para la satisfacción de las expectativas; lo que es igual decir, para verificar el cumplimiento de la pertinencia educativa.
De igual modo, con la conjugación de estos actores, escenarios y otras entidades que tienden a la valoración desde adentro y desde afuera, se puede entender que existe una notoria complejidad del significado de calidad educativa según las percepciones evaluativas ya que en cada contexto educativo y social se presentan particularidades que en muchos casos no permiten estandarizar los procesos, los instrumentos y los productos evaluativos.
Es por ello que resulta importante notar que el concepto de calidad educativa asume cierta subjetividad evaluativa debido a lo difuso de las percepciones de los acores educativos que se hallan en contextos no necesariamente homogéneos. Consecuentemente, es que se ha requerido la necesidad de consensuar lineamientos comunes para posibilitar el entendimiento así como la efectividad en la aplicación e interpretación (estandarización de criterios, indicadores e instrumentos evaluativos).
A decir de Mejía y Mejía (2019), la esencia de la evaluación educativa es la valoración de una realidad a ser evaluada, lo que implica que la evaluación debe saber superar la visión reduccionista de su uso; o sea, no emplearla sólo para un hecho específico (los aprendizajes, por ejemplo) sino para la suma de sucesos que integran el sistema organizacional y los procesos formativos. Es por eso que se requiere proponer un sistema integrado de evaluación que incluya, como ya se mencionó, a todos los elementos, procesos y productos del sistema educativo.
Considerando el concepto de la evaluación educativa en este marco, se la debe entender entonces como un proceso continuo, informado, flexible, objetivo y, sobre todo, planificado que se desarrolla en términos no sólo cuantitativos, sino, sobre todo, cualitativos; que contribuyan a comprender que la mejora personal e institucional es un proceso sistemático y que contempla el cambio para la mejora continua.
En ese entender, Murillo y Román (2010) señalan que la evaluación educativa es un proceso sistemático y planificado intencionalmente que se orienta a recoger información correspondiente a la valoración de la calidad educativa, de los logros como de los inconvenientes para la toma de decisiones de mejora y ofrecimiento de las condiciones de calidad exigidas por los usuarios y por el colectivo social. Así como es fundamental la información lograda, lo es también la suma de procesos de valoración y la correspondiente toma de decisiones.
Para que esto sea así, las valoraciones se han de asumir con perspectivas de criterio, de norma o de idiosincrasia de las mismas instituciones educacionales, debiendo ser competencia de los actores involucrados definir las múltiples opciones según sus objetivos evaluativos. De esta forma, las decisiones a tomar se constituirán en puntos clave para optimizar la atención de la institución educativa. Por lo tanto, las decisiones pueden ser de distintas maneras: desde el mantenimiento de las cosas que vienen marchando bien, pasando por la optimización de acciones y/o políticas en la senda de la eficacia y, de innovación para generar cambios.
En conclusión, podemos apreciar que la evaluación educativa alude a la calidad educativa como conceptos que se interrelacionan entre sí, que los conceptos de la evaluación educativa pueden ser subjetivos por su multiplicidad conceptual y comprensiva, aunque para efectos de unidad es importante consensuar concepciones e intenciones y que, una vez lograda esta unidad, los procesos de planificación, diseño de instrumentos, empleo de estos, interpretación de los datos y decisiones a tomar, sean en función a los objetivos de la evaluación, de la organización y de los parámetros de calidad que han sido normalizados a escala nacional e internacional. No podemos olvidar que el objetivo de la evaluación educativa es que la institución educativa (dinamizado por sus actores educativos) mejore y proyecte esta acción a la educación y al desarrollo social.
Referencias:
Egido, T. (2015). Evaluación de la calidad educativa. Editorial San Marcos.
Mejía, D. & Mejia, E. (2019). Evaluación y calidad educativa: avances, limitaciones y retos actuales. https://www.redalyc.org/journal/1941/194169815038/html/
Murillo, J. & Román, M. (2010). Retos de la evaluación de la calidad de la educación en América Latina. https://rieoei.org/historico/documentos/rie53a05.htm
Revilla, D. (2007). La evaluación y autoevaluación institucional en las escuelas. Centro de Investigaciones y Servicios Educativos PUCP. http://files.pucp.edu.pe/departamento/educacion/2020/02/20163824/diana-revilla-la-evaluacion-y-la-autoevaluacion-institucional-en-las-escuelas.pdf
Mamani Condorena, Angélica Antonieta
Hablar de calidad de la educación también implica hablar de evaluación, término que, según la Real Academia de la Lengua Española, significa determinar el valor de algo; por lo tanto, para estimar si la educación es de calidad se debe evaluar y esta acción llevaría a la organización a mejorar; se debe tener en cuenta que en nuestro país la calidad educativa está enmarcada en los enfoques de la equidad y pertinencia, por lo que, si una institución, que brinda el servicio educativo, sea del nivel básico regular o superior, y busca ser catalogada de calidad; lo primero que debe optar es desarrollar los procesos de la autoevaluación. A qué se refiere este aspecto y en qué consiste, será parte del presente documento.
La educación es considerada como un derecho fundamental de la persona y el estado debe garantizar el acceso a ella; sin embargo, los niños y jóvenes de nuestro país ¿accedieron a una educación de calidad estos últimos años en medio de los acontecimientos suscitados? A través de una evaluación externa se intentará dar respuesta, siendo esta información la parte final de presente trabajo.
La evaluación interna conocida también como autoevaluación es un proceso de indagación realizado por sus propios integrantes. Como lo mencionan Sánchez et al. (2015) es un proceso en el que se debe identificar las fortalezas y debilidades dentro de la institución y así establecer líneas de mejora.
UNICEF (2011) propone un instrumento de autoevaluación (El Instrumento para la Autoevaluación de la Calidad Educativa -IACE) en el cual consideran que la autoevaluación, es un proceso de reflexión que se realiza de manera interna en la institución, por los miembros de toda la comunidad educativa donde participan de manera activa los directivos, docentes, administrativos, padres de familia y los estudiantes. Su propósito es llegar a juicios que les permitan recomendar las orientaciones y de esa manera construir un Plan De Acción Para La Mejora de la Calidad Educativa, el cual tendrá que promover nuevos vínculos con el entorno; por lo que el IACE, termina siendo una estrategia de evaluación que no solamente se orienta al logro de los aprendizajes de los estudiantes sino mas bien aportar a la mejora de la calidad, generar una cultura de autoevaluación y promover el protagonismo de los agentes educativos quienes reflexionarán sobre sus acciones y valorarán el trabajo que hacen dentro de la institución.
Dentro de las dimensiones que considera el IACE son los logros y trayectorias de los estudiantes, toma en cuenta también al docente sus perfiles, sus desempeños y finalmente del nivel institucional, sus capacidades y desempeños. Cada una de estas dimensiones tiene sus variables que están de acuerdo a un contexto definido y es de manejo de la misma institución de acuerdo a su realidad.
Por lo tanto, la autoevaluación se puede considerar como el punto de partida para alcanzar la calidad educativa, por ser un proceso dinámico y constructivo, permitirá a la institución medirse en relación a los estándares establecidos. Se debe tener en cuenta que la autoevaluación es de carácter reflexivo porque motiva a un análisis de la realidad institucional, involucra a toda la comunidad y es fuente de aprendizaje; de esa manera fortalecerá la autonomía institucional, contribuirá al logro de los objetivos, fomentará las comunidades profesionales de aprendizaje y ofrecerá información para efectivizar las acciones de mejora.
La Defensoría del Pueblo, en julio del 2022, con la finalidad de amparar el derecho al acceso a una educación de calidad, publica un informe de la supervisión realizado al servicio educativo de nuestro país a nivel nacional donde se aplicó las políticas del gobierno en cuanto a educación se refiere durante los años de la pandemia. Recordemos que en el marco de la emergencia sanitaria del Covid-19 el gobierno de turno optó por suspender las clases presenciales para desarrollarlas de manera virtual dando inicio a una educación a distancia.
Las medidas adoptadas por el gobierno y la implementación de la estrategia Aprendo en Casa logró evidenciar mucho más las brechas que existen en el sistema educativo de nuestro país, entre la educación rural y urbana, donde se notó claramente las diferencias socioeconómicas. Otro aspecto que salió a la luz, son las brechas digitales, siendo éste el detonante para marcar tremendamente la diferencia en el acceso a la educación durante el periodo de la emergencia porque no todos los escolares estaban en iguales condiciones.
En los resultados de esta supervisión se mostró que la educación a distancia a través de la estrategia Aprendo en Casa ha presentado problemas importantes que deben ser atendidos por las autoridades correspondientes. Las evaluaciones censales y muestrales, que son parte de la autoevaluación que el Ministerio de Educación lleva adelante para identificar el nivel en el que nos encontramos en comparación a los estándares planteados, al ser suspendidas, no permitirá realizar las mejoras ni identificar las brechas en el aprendizaje de las poblaciones más vulnerables.
Dentro del informe se brinda un conjunto de observaciones y recomendaciones que el estado, como agente garante del acceso a una educación de calidad, debe tomar en cuenta para replantear sus políticas educativas y accionar sobre aquello que permita superar las brechas identificadas, no solamente luego de la pandemia sino sobre aquello que antes de la emergencia eran punto de quiebre de una educación totalmente diferenciada.
Por otro lado, también corresponde hacer una evaluación del papel que cumplieron los docentes de los diferentes niveles para llevar adelante esta educación a distancia. Claro está que en su mayoría, los docentes tampoco estaban preparados para afrontar esta situación, mucho menos hacer uso de las tecnologías para que a través de ellas sus estudiantes logren aprendizajes, en el mismo informe de la Defensoría del Pueblo se menciona que a pesar de que se dieron los acompañamientos pedagógicos, cuya finalidad es mejorar la práctica docente, no alcanzaron los objetivos previstos recayendo nuevamente en que el ámbito rural es el menos beneficiado; sin embargo estos resultados también debe ser parte de la autocrítica de los docentes.
En el informe, se puede dar cuenta que son muchos los factores que influyen en la calidad de la educación del sistema de nuestro país, pero es necesario enfatizar que la evaluación a pesar de ser una estrategia que todos los gobiernos aplican, muchas veces son realizados solo con la intención de dar cumplimiento a una normativa, alejándose de su real dimensión. Se espera que este documento de la Defensoría del Pueblo sea tomado en cuenta como parte de la Evaluación que el estado realiza de sus políticas aplicadas porque representa un punto de vista ajeno al propio y no puede quedar en el accionar mezquino de autoridades indiferentes ajenos a la realidad del país.
Por lo expuesto, la evaluación, la autoevaluación que implica una autocrítica y autorreflexión deben ser una política, no solamente de los gobiernos sino una dimensión de gestión de las instituciones educativas y el quehacer diario de los docentes y profesionales en la educación, para de esta manera también ser garantes del servicio que se está brindando. Las barreras socioeconómicas, culturales, tecnológicas y geográficas siempre existirán, pero depende de la institución educativa y de sus miembros en su conjunto marcar la diferencia y hacer que la formación que brindan es de calidad porque esto también evidencia la nobleza de su profesión.
Referencias:
Arnaiz, P., García, M.P. & Azorín, C. (2015). Evaluación De Planes De Mejora En Centros Educativos De Orientación Inclusiva. Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 19 (3),326-346. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=56743410022
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Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (2011). Autoevaluación de la Calidad Educativa en las escuelas primarias.https://ens9004-infd.mendoza.edu.ar/sitio/epistemologia/upload/10-%20DURO%20&%20NIRENBERG%20-%20LIBRO%20-%20Autoevaluacion%20de%20la%20calidad%20educativa%20en%20escuelas%20primarias.pdf
Elizabeth María Estrella Grados
Existe una permanente preocupación del Estado y de la ciudadanía para brindar educación superior a los peruanos de alta performance y así, contribuir a mejorar su calidad de vida y desarrollar la ciencia y la investigación en el país. En tal sentido planteo el problema: ¿Pueden los modelos de gestión de la calidad educativa contribuir en el logro de la calidad de la educación universitaria en el Perú?
Considerando que en el Perú existen 132 universidades, de ellas 50 son universidades públicas y 81 universidades privadas. Para comprender mejor el contexto del problema, según INEI (2018), la población peruana de 15 a 29 años de edad, el 37,7% logró estudiar algún año de educación superior (22,9% educación universitaria y el 14,8% superior no universitaria). Comparado con el año 2008, se observa un incremento de jóvenes con educación superior en 10,4 puntos, al pasar de 27,3% a 37,7%, principalmente los que siguen estudios universitarios.
Significa por lo tanto que, en Perú, sólo tres de cada diez jóvenes que culminan la educación secundaria acceden a la educación superior. De ellos, dos se matriculan en universidades y uno en institutos tecnológicos, pedagógicos o técnico-productivos REDES (2020). Son cifras muy bajas de acceso a la universidad y que se complica si la calidad educativa es cuestionable.
Estas cifras son coincidentes con las estadísticas de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu, 2018, citado por Diario Gestión, 2022), en ella identificamos que el 9% de los jóvenes universitarios matriculados (136 mil) estarán desempleados, y otros subempleados. Y una de sus consecuencias se manifestarán en la calidad profesional universitaria y en la Informalidad laboral que en Perú llega al 76.8% (Diario Gestión, 2022).
En tal sentido la hipótesis propuesta para atender el problema enunciado es: La implementación de los Modelos de Gestión de la Calidad contribuyen en las mejoras de la calidad de la educación superior universitaria, sí éstas, consideran el cumplimiento de sus propósitos.
Existen varios modelos que han ejercido influencia en el desarrollo de sistema de calidad en la educación: como Modelo de excelencia EFQM, el Cuadro de mando integral, el premio Malcolm Baldrige, la serie ISO 9000, la reingeniería de procesos de la empresa, el SERVQUAL, entre otros (UNDEC, 2020).
En tal sentido, también es necesario reflexionar sobre las acciones que realiza el Estado por intermedio de SINEACE, quienes utilizan los conceptos propuestos por Harvey y Green (1993) para la elaboración del modelo de calidad y para la acreditación institucional de universidades, al manifestar que la calidad de la educación superior es posible si logra los objetivos de la misión institucional, y genera cambio cualitativo en los individuos en sus dimensiones cognitivas, conductuales y sociales (SINEACE, 2021).
Planteamiento que coincide con Crosby (1979), quien utiliza el concepto de madurez en la gestión de la calidad como guía de los líderes de las organizaciones, y comprender que la función de la calidad debe ser planificada a largo plazo e involucrar la participación de todos y no solo al responsable de calidad.
La calidad se extiende por toda la organización a un nivel estratégico y no solo a productos, sino a procesos como gestión de recursos humanos, de organización, estandarización de procesos priorizando la satisfacción de los clientes, aspectos que también son expuestos por Deming (1982), quien sugiere un sistema de garantía de calidad, a partir de un sistema de planificación, soporte para las acciones siguientes, orientadas a comprobar la adecuación, idoneidad y promover la mejora continua en las instituciones como en este caso, la educación superior (Deming, 1982, citado por UNDEC, 2020).
Un aspecto importante del modelo de Deming, es que permite mantener el control en cualquier etapa del proceso educativo o en las áreas de cada facultad, como Docencia, Investigación, Medios, etc. Es una estrategia de control para los procesos y alcanzar los objetivos propuestos, la continuidad del servicio educativo, y el control mediante autoevaluación y los análisis de datos. La propuesta de Deming es coincidente con el Modelo de Excelencia EFQM, que comprende nueve criterios para evaluar el progreso de una organización basada en la orientación de resultados, liderazgo consistente y aprendizaje e innovación continua.
Una de las críticas a resolver en ambos modelos, es que las autoevaluaciones no signifiquen el riesgo de puntos ciegos dentro de la organización, sino una guía permanente para la consecución de los objetivos, los propósitos de la universidad y para ello es necesario recibir apoyo externo.
El modelo Malcolm Baldrige en el sector educativo también ejerce un fuerte impacto en la educación superior universitaria; basado en un conjunto de valores y conceptos obtenidos del comportamiento que muestran las organizaciones de alto rendimiento. Está formada por siete categorías o criterios que permite identificar las áreas críticas de la institución y, a utilizar los recursos más eficientemente y a partir de ello establecer el plan de desarrollo que comprenda un plan de mejoramiento de la calidad educativa (Tarazona, 2021).
Finalmente agregamos que el modelo Baldrige, permite una mejor comunicación y manejo de la data con relación a las mejores prácticas, además, revalora la planificación y las oportunidades de aprendizaje. Fortaleciendo la competitividad institucional y los resultados.
Como conclusión, la hipótesis formulada inicialmente como solución al problema planteado, es cierta; pues los modelos descritos expresan la necesidad de gestionar la calidad educativa en la educación superior universitaria en el Perú. Monitoreando y asesorando el planificar objetivos, procesos, resultados, evaluación y autoevaluación de los desempeños en forma permanente para satisfacción de los estudiantes universitarios y puedan alcanzar, al concluir sus estudios las oportunidades en el mercado laboral y reducir las estadísticas de subempleo y desempleo, así como la informalidad laboral en concordancia con los principios y fines establecidos en los artículos 8 y 9 de la Ley 28044 Ley General de Educación, y en el artículo 4 de la Ley 28740 (SINEACE, 2021).
De esta manera SINEACE, reitera que la gestión de la calidad permitirá obtener la calidad del servicio educativo que ofrece una universidad responsable y coherente con la propuesta educativa que declara ofrecer y que los evidencia con los resultados que muestra a través del logro de propósitos e impacto en su entorno (SINEACE, 2021).
Referencias
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SINEACE (2021, 15 de abril). SINEACE presenta proyecto del Modelo de Calidad para la acreditación institucional de universidades. https://www.gob.pe/institucion/sineace/noticias/482825-sineace-presenta-proyecto-del-modelo-de-calidad-para-la-acreditacion-institucional-de-universidades
SINEACE (2015). Calidad de la educación y derroteros. https://repositorio.minedu.gob.pe/bitstream/handle/20.500.12799/4882/Calidad%20en%20educaci%c3%b3n%20y%20derroteros.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Tarazona, B. (2021). Calidad de servicio en las instituciones educativas de la UGEL 05 – 2020. https://repositorio.untumbes.edu.pe/bitstream/handle/20.500.12874/2472/TRABAJO%20ACADEMICO%20-%20TARAZONA%20DIAZ.pdf?sequence=1&isAllowed=y
UDEC (2020). Aplicación del ciclo de Deming o PDCA para la gestión de la calidad en la educación superior: una introducción. https://desarrolloestrategico.udec.cl/wp-content/uploads/2021/01/DDD-N-4-Ciclo-Deming.pdf
Harvey, L. & Green, D. (2008). “Defining Quality”. Assessment & Evaluation in Higher Education. Vol. 18, Issue 1, 9-34. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/0260293930180102
Kriss Lorena Morales Guanilo
Zulema Bravo Franco
Angélica Antonieta Mamani Condorena
Aydeé Margarita Rodas Ccopa
Elizabeth María Estrella Grados
La calidad educativa como término correspondiente a la optimización de los servicios educativos es concebida en la actualidad como una construcción de esencia multifactorial en la lógica de buscar la universalización de la educación con equidad y calidad (Consejo Nacional de Educación, 2020). En esta concepción de común consenso a escala nacional e internacional implica un conjunto de indicadores que garantizan la integración, interacción y movilización funcional de los diferentes componentes que aseguran que la finalidad de la educación se viene cumpliendo. Siendo el fin el logro de los objetivos de aprendizaje y la formación de los futuros ciudadanos, es necesario que, para que los involucrados en la educación se sumen a su intención, comprendamos las características, roles y relaciones de sus componentes.
En el presente ensayo se presentará la conceptualización múltiple de la calidad educativa, los componentes que son vitales en su dinámica (la proyección de los planes y/o programas curriculares, la demanda y atención de los procesos de aprendizaje – enseñanza, el uso de los medios y recursos educativos, los escenarios e infraestructura, el equipamiento pedagógico, la formación inicial y continua de los profesionales de la educación, la legitimidad y gestión educativa, así como el impulso de programas que permitan el involucramiento de la familia y la comunidad) y las reflexiones que permitan sumar las divergencias que no permiten su concreción práctica tal como está concebida.
Inicialmente el término “calidad” se instaló en la agenda política de los países participantes en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos (Jomtien, Tailandia en 1990) como un llamado al compromiso de sumar esfuerzos para una educación de amplio alcance, sobre todo para las poblaciones vulnerables que han estado ajenas a la satisfacción de sus reales necesidades básicas y de aprendizaje (Barreda y Aguado, 2019).
En ese sentido, para la UNESCO (2005), la calidad educativa está determinada por un conjunto de condiciones y situaciones que las organizaciones educacionales ofrecen para concretizar sus objetivos que son: generar oportunidades para la consecución de la prosperidad a nivel personal y grupal, fortalecer las competencias, ampliar las comunicaciones y promover los valores como base de la construcción de una sociedad democrática, solidaria y equitativa. Para ello, este organismo reconoce que dichas organizaciones deben movilizar con propiedad, oportunidad y pertinencia tres componentes vitales: los medios y ambientes, los recursos humanos y la gestión.
En el Perú, según el Consejo Nacional de Educación (2020), la calidad educativa está asociada de manera directa con los alcances de la equidad y de la eficiencia porque lo que se busca de la educación es que esta se direccione a superar las brechas de la desigualdad ocasionada por tres conflictos éticos que la sociedad peruana viene atravesando con profunda preocupación: la discriminación, la violencia y la corrupción. Por ello, la calidad educativa será legítima y vigente si es que logra disminuir los impactos y presencia de estos conflictos.
Para Santos (2021), la calidad educativa es una suma de cualidades que la escuela ofrece a sus usuarios (estudiantes, padres de familia y comunidad) proporcionándoles oportunidades para ejercer con honradez, juicio crítico y responsabilidad la ciudadanía local y global; asimismo, la calidad educativa está llamada a impulsar de forma paralela (institución educativa y actores educativos) su adaptación permanente a los cambios que la realidad impone.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE- (2019), la calidad educativa o educación de calidad es un atributo o esencia que se define con un grado de excelencia asociado a lo que es bueno o excelente con rasgos o juicios no necesariamente cuantificables sino valorables. En ese sentido, esta organización sostiene que la calidad educativa es el performance organizacional que asegura la adquisición de destrezas y capacidades, actitudes y conocimientos fundamentales para asumir la vida adulta.
Con estos considerados es posible entonces reflexionar sobre la concepción de la calidad educativa, sobre sus componentes y sobre su incursión en la realidad actual:
Si bien es cierto que la OCDE (2019) asegura que la calidad educativa se basa en atributos o estándares de definición, estos se enfocan en aquellos componentes que posibilitan sentido a los argumentos que sustentan la razón de ser de los sistemas educativos, estos atributos corresponden a que los estudiantes aprendan con significatividad lo que los programas diseñados esperan que ellos deben aprender, lo que implica formar ciudadanos con cultura y responsabilidad, de tal forma que consigan competencias para mejorar la calidad de vida de sí mismos, de sus familias y, por ende, de la comunidad. Como efectivamente señala Palma (2008), la calidad educativa alude la formación de ciudadanos del mundo, capaces de enfrentar y dar solución a los problemas de índole universal.
Esta situación ideal se debe precisamente a la problemática social descrita en líneas anteriores y también a la complejidad económica, social, política, científica y tecnológica que ubica a los individuos en contextos inciertos, confusos y en muchos casos excluyentes porque, definitivamente, muchos millones de personas no cuentan con las posibilidades para lograr estas competencias que exigen las condiciones referidas. Después de los acuerdos internacionales que los países asociados a la UNESCO han asumido (como el caso de Jontiem), se ha visto que la educación básica no es solo la educación primaria sino, en el caso del Perú, hasta la educación secundaria, mínimo. Asimismo, no es necesario leer y escribir pues ahora se requiere de elementos de alfabetización tecnológica como requisito básico para insertarse en el mercado laboral y posibilitar el sustento individual.
Por estas condiciones, a pesar de que el discurso sobre calidad educativa es múltiple y diverso, los sistemas educativos no muestran la suficiencia debida para formar a los ciudadanos con las características señaladas anteriormente. Por el contrario, pareciera que la lucha y competencia no se da solo en las personas, sino que se originan desde las grandes organizaciones o empresas económicas y financieras que no consideran los alcances de estos sistemas educativos. Es decir, la desvinculación entre la educación y la empresa está seriamente marcada en el mundo globalizado.
Es por ello que volvemos a la necesidad de reorientar nuestra atención en la calidad educativa en un contexto internacional y/o global para unificar criterios que permitan reelaborar su significado, desarrollar acciones básicas y comunes para evaluarla y asegurar su mejora continua. En este sentido, conviene tomar en cuenta los componentes de una entidad formadora que se deben revisar para orientarlos a los objetivos de calidad que han indicado.
Así, de acuerdo a Aliat Universidades (2012), los estándares o criterios de evaluación de la calidad de un sistema educativo (sea global, nacional o local) deben centrarse en la funcionalidad y viabilidad de los siguientes componentes: la orientación de los diseños, planes y/o programas curriculares, la cual debe estar debidamente contextualizada y con respuesta directa a las demandas de producción territorial local con proyección nacional y mundial.
Asimismo, la legitimidad de los procesos de aprendizaje – enseñanza en consonancia con el dominio de estos por parte de los profesionales de la educación empoderados directamente con los planes y programas curriculares. En paralelo, el empleo de los medios y/o recursos educativos depende de la manera en cómo los docentes hacen gestión de ellos.
No cabe duda también que la infraestructura y los demás ambientes o escenarios son importantes para el aprendizaje porque se trata de asegurar entornos adecuados y seguros para las diferentes experiencias. Una entidad formadora con buena estructura física deberá ofrecer además el equipamiento pedagógico necesario para la concreción de actividades enteramente significativas. En este marco, la permanente capacitación, perfeccionamiento y especialización de los maestros deberá ser una constante porque de esta forma se ha de legitimar la labor profesional docente, tan necesaria en esta época de cambios.
Para que esto se lleve a cabo de forma adecuada, la gestión educativa debe también sumar su cualidad y compromiso en el paradigma de la gestión centrada en los aprendizajes (Consejo Nacional de Educación, 2020) y en consonancia con el acompañamiento a los diversos programas de incorporación comprometida y constante de los padres de familia y de la comunidad a la labor educativa.
En conclusión, la calidad educativa es una condición, una demanda y una meta expectante que integra de forma dinámica la organización institucional con los programas curriculares, con los recursos humanos y físicos, con los procesos pedagógicos y didácticos, con la gestión institucional y, sobre todo, con los resultados en términos de aprendizajes. Asimismo, la calidad educativa, a pesar de las dificultades que enfrenta no deja de ser una promesa viva de accesibilidad a todos los ciudadanos para que estos logren oportunidades de promoción y crecimiento personal y social. Finalmente, la calidad educativa, tal como se la ha enfocado, no sólo se asocia con criterios evaluativos normativos y descriptivos, sino, sobre todo, con criterios que ponderan los logros y las cualidades.
La calidad educativa es por lo tanto compleja y de naturaleza multifactorial con un carácter sistémico porque engloba una serie de componentes que deben dinamizarse de manera armónica para obtener sus propósitos fundamentales: formar mejores hombres y mejores sociedades.
Aliat Universidades (2012). Calidad educativa. Definiciones y perspectivas teóricas. http://online.aliat.edu.mx/adistancia/Calidad/Unidad1/lecturas/s1Lect3.pdf
Barreda, M.A. & Aguado, G. (2019). La evaluación integral de programas y procesos: un camino hacia la calidad. Paraninfo.
Consejo Nacional de Educación (2020). Proyecto Educativo Nacional: PEN 2036: el reto de la ciudadanía plena. https://repositorio.minedu.gob.pe/handle/20.500.12799/6910
Palma, E. (2008). Percepción y valoración de la calidad educativa de alumnos y padres en 14 centros escolares de la región metropolitana de Santiago de Chile. Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, vol. 6, núm. 1. https://www.redalyc.org/pdf/551/55160106.pdf
Santos, M.A. (2021). La escuela que aprende (6.a ed.). Morata.
UNESCO (2005). La conceptualización de la UNESCO sobre calidad: un marco para el entendimiento, el monitoreo, y la mejora de la calidad educativa. http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/COPs/Pages_documents/Resource_Packs/TTCD/sitemap/resources/1_1_3_P_SPA.pdf
Kriss Lorena Morales Guanilo
Zulema Bravo Franco
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En la actualidad, las universidades en nuestro país vienen atravesando desafíos en un contexto fuertemente competitivo y complejo en el que los profesionales egresados de estas casas de estudio deberían recibir una formación de calidad porque tienen que garantizar un perfil profesional pertinente para satisfacer las exigencias de la demanda en el mercado laboral. En esta situación, la educación universitaria está obligada a implementar el enfoque de calidad y mejora continua para brindar una educación de calidad, la misma que ha de demostrarse mediante el licenciamiento y la acreditación, dos procesos que implican la movilización de acciones propias de la evaluación de la calidad.
Según informe del SINEACE (2020) sobre los avances en acreditación al 31 de enero del año 2020, un total de 3560 carreras profesionales de instituciones superiores universitarias y no universitarias se encontraban en la etapa del proceso de acreditación, siendo las universidades las que más buscaron este reconocimiento. Ante ello, es importante tomar en cuenta una pregunta crucial que ha sido recurrente en la sociedad peruana: ¿ser una institución acreditada es lo mismo que ser una institución licenciada?, ¿son complementarios estos procesos o uno es consecuencia del otro?
Si bien la acreditación y el licenciamiento institucional se complementan, porque su fin es garantizar un servicio educativo de calidad, ¿qué relación podría existir entre el licenciamiento, la acreditación y la evaluación de la calidad? a través del presente documento intentaremos responder esta pregunta, partiendo de los conceptos de ambos términos, qué entidades intervienen, cuál es el proceso que deben seguir las instituciones que buscan licenciarse o acreditarse y, finalmente, cuál es la relación existente entre ellos.
Cuando hablamos de acreditación nos estamos refiriendo al reconocimiento público y oficial de una institución que cumple con los estándares de calidad, lo cual es garantía de que esta ofrece servicios de, en y con calidad educativa. Este reconocimiento lo otorga el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (SINEACE) para un período de dos o tres años, luego de los cuales la institución acreditada debe solicitar nuevamente la evaluación de sus procesos y respectivos estándares (SINEACE, 2016).
Por otro lado, el licenciamiento, según la RV-020-2019-MINEDU (Ministerio de Educación, 2019), es el conjunto de procedimientos que realizan las instituciones del nivel superior universitario y no universitario para lograr la autorización de funcionamiento en la prestación de sus servicios. Para su obtención se verifica que estas entidades cumplan con las Condiciones Básicas de Calidad (CBC). Esta autorización lo otorga la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU) y busca promover y estimular la mejora continua de la institución superior, sobre todo la de carácter universitario.
En el caso de la acreditación, previamente se debe sensibilizar a la comunidad educativa de la institución a través de la conformación de un Comité de Calidad para quien el SINEACE brindará un acompañamiento técnico y capacitación constante; de esta forma, se da inicio al proceso. Como siguiente etapa, hablando de la evaluación de la calidad, está la autoevaluación; para ello, se deberá utilizar la matriz y guía de autoevaluación elaborada por el SINEACE a quien la institución deberá presentar el informe correspondiente. Cumpliendo con estas etapas, finalmente y de manera voluntaria, se podrá solicitar una evaluación externa con autorización del SINEACE para así lograr un informe completo. Si todo fuera óptimo en el cumplimiento de los estándares de calidad, el Consejo Directivo del Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (SINEACE) le otorga el reconocimiento oficial como entidad acreditada.
En referencia al licenciamiento, este es un proceso obligatorio para todas las instituciones educativas superiores (sobre todo las de nivel universitario a la fecha) las que deben demostrar el cumplimiento de las Condiciones Básicas de Calidad (CBC); caso contrario, se procedería a su cierre. En este proceso, se debe empezar con una revisión documentaria por parte de la SUNEDU en respuesta a una solicitud presentada por la institución; de este modo, la entidad oficial emitirá un informe, el cual puede o no ser favorable con opción a regularización sobre las observaciones realizadas en un contexto de evaluación de la calidad. Como segunda etapa, luego de superar la anterior, la SUNEDU deberá confirmar todo lo señalado en un documento a través de evaluadores designados. Finalmente, emitirá una resolución otorgando o no la licencia solicitada por la institución superior.
Con lo señalado, podemos darnos cuenta que la evaluación de la calidad (sea de los estándares como de las condiciones, ambas de calidad) interviene trasversalmente en ambos procesos y su relación es directamente estrecha. Entonces, el licenciamiento institucional conjuntamente con la acreditación buscan garantizar la calidad educativa ofertada tanto por instituciones superiores universitarias públicas como privadas quienes deben buscar obtener la aprobación en los dos procesos; por lo tanto, la acreditación y el licenciamiento son los cimientos que el gobierno ha implementado para asegurar y cautelar la calidad educativa en la formación de profesionales que respondan a las exigencias de la sociedad y del mercado laboral.
En conclusión, la evaluación de la calidad es un factor determinante que interviene en los procesos de acreditación y licenciamiento en la educación universitaria, siendo esta la que ha asumido políticas de mejora continua en el marco del fortalecimiento de una cultura de calidad atendiendo el cumplimiento del derecho a una educación pertinente como motor de cambio y desarrollo y del rol que asume el gobierno en el despliegue de un enfoque educativo humanista e intercultural.
Referencias:
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SINEACE (2020). Avances en Acreditación a nivel nacional. Reporte mensual al 31 de enero del 2020. https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/1079268/ReporteMensual_01_SIGIA20200730-107894-edizh5.PDF?v=1596084020
SINEACE (2016). Modelo de Acreditación para Programas de Educación Superior Universitaria. https://unj.edu.pe/wp-content/uploads/2021/09/3.-Modelo-Acreditacion-para-Programas-de-Estudio-de-Educacion-Superior-Universitaria-SINEACE.pdf
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