CUENTOS
CUENTOS
Autor: Luis Sepúlveda
¿Sabes que el reino animal también disfruta mucho con la lectura? Al menos eso se cree gracias a una pequeña foca que se pasaba el día pegado a los libros. Se decía que aquella foca era muy lista y muy instruida, gracias a todo lo que había aprendido en los libros. Se pasaba el día leyendo y leyendo, casi sin levantar la mirada de las páginas que daban forma a todos aquellos conocimientos. Su madre comentaba orgullosa a familiares, amigos y conocidos, como el interés de su hija por la lectura la llevaba a devorar más de cuatro y cinco libros en una sola tarde. Una de aquellas tardes, la pequeña foca se dirigió, en compañía de sus padres, a casa de unos amigos que también tenían un hijo muy estudioso. Sin embargo, sus padres confesaban sin ningún tipo de vergüenza que le llevaba mucho tiempo terminarse un solo libro. Tardanza que se sucedía también con las lecciones de la escuela y el temario de sus exámenes. Los padres de la pequeña foca sacudían la cabeza al escuchar aquello en señal de desagrado, al tiempo que ponían de manifiesto la clara diferencia de actitudes y habilidades existentes entre su hija y el hijo de sus amigos. Para acabar con la rivalidad, decidieron realizar una prueba de lectura para comprobar, finalmente, cuál era el hijo más listo, habilidoso y mejor lector. Los dos pequeños se leyeron el mismo libro y, pasado un tiempo, sus respectivos padres les hicieron unas preguntas para ver lo que recordaban de cuanto habían leído. Pero la pequeña foca, llegado el día de las preguntas, no recordaba ni siquiera el título del libro que había tenido entre sus manos. Había leído tan apresurada, con el fin de demostrar que era la más rápida y mejor lectora, ¡que no se había enterado de una sola palabra! Su amigo, por el contrario, pudo contar sin problemas todos los detalles del libro leído. Los padres de la pequeña foca volvieron a casa muy avergonzados. Habían dado por hecho que su hija era superior a otros niños, sin preocuparse de saber nada más sobre su hija. Una vez en casa, hicieron comprender a la pequeña foca que los buenos resultados no se consiguen de forma atropellada ni urgente, y poco a poco, aprendió lo que era saborear, despacito y pausadamente, un libro. BIOGRAFIALuis Humberto Sepúlveda Calfucura nació el 4 de octubre de 1949 en Ovalle, Chile, y falleció en Oviedo, Asturias, España el 16 de abril de 2020, fue un destacado escritor chileno, conocido por su compromiso político y su obra literaria que aborda temas ecológicos y sociales.
https://www.bosquedefantasias.com/recursos/cuentos-valores/cuento-foca-lectora
EL PRINCIPITO
Autor: Antoine Marie Jean
Había una vez un pequeño príncipe que vivía solo en un planeta muy, muy pequeño. Tan pequeño era su planeta que solo tenía tres volcanes, algunos baobabs que él arrancaba con cuidado y una hermosa rosa.
El Principito quería mucho a su rosa porque era especial. La regaba todos los días, la cubría del viento con un vidrio y la cuidaba con mucho amor. Pero la rosa, a veces, era orgullosa y presumida.
—¡Soy la más hermosa de todas las flores! —decía ella.
El Principito la quería, pero no entendía sus palabras y decidió salir a explorar otros planetas.
—Quiero conocer el universo —dijo— y aprender cosas nuevas.
El pequeño príncipe visitó muchos planetas. En cada uno conoció a alguien distinto y aprendió algo especial.
En el primer planeta, vivía un rey.
—¡Yo soy el rey del universo! —dijo el rey con orgullo.
—¿Y a quién mandas si estás solo? —preguntó el Principito.
—A todos. ¡Soy muy importante! —respondió el rey.
El Principito pensó que era extraño ser rey sin tener a nadie a quien cuidar y siguió su camino.
En el segundo planeta, conoció a un vanidoso que solo quería que lo admiraran.
—¡Aplaude y dime lo maravilloso que soy! —gritaba el vanidoso.
El Principito sonrió y pensó: “Los adultos son muy raros”.
En el tercer planeta, había un hombre de negocios que contaba estrellas.
—¿Por qué cuentas estrellas? —preguntó el Principito.
—¡Porque son mías! —respondió el hombre—. Las cuento y soy rico.
—¿Y qué haces con ellas?
—Nada, solo las cuento.
El Principito suspiró. “Este hombre no disfruta las estrellas. Solo quiere poseerlas”.
En el cuarto planeta, vivía un farolero que encendía y apagaba su farol cada minuto.
—¿Por qué enciendes y apagas el farol todo el tiempo? —preguntó el Principito.
—¡Es mi trabajo! —respondió el farolero—. Y debo hacerlo aunque esté cansado.
El Principito pensó que el farolero era el más interesante de todos porque cumplía con su trabajo con dedicación.
Finalmente, llegó a un planeta grande y hermoso llamado la Tierra. Allí conoció a un zorro que le enseñó algo muy importante.
—Por favor, juega conmigo —pidió el Principito.
—No puedo —dijo el zorro—. Primero tienes que domesticarme.
—¿Qué significa domesticar? —preguntó el Principito.
—Significa crear lazos —explicó el zorro—. Si me domesticas, yo seré especial para ti y tú serás especial para mí.
El Principito pasó muchos días con el zorro. Jugaron juntos y se hicieron grandes amigos. Antes de despedirse, el zorro le dijo:
—Lo esencial es invisible a los ojos. Solo se ve bien con el corazón.
El Principito pensó en su rosa. Ahora entendía por qué era especial: porque él la había cuidado y querido.
—Mi rosa es única porque yo la quiero —dijo.
Antes de volver a su planeta, el Principito conoció a un aviador que había caído con su avión en el desierto. El aviador escuchó atentamente todas sus historias. El Principito le contó sobre los planetas, las estrellas, el zorro y su rosa.
—Los adultos no entienden lo importante que es cuidar lo que se quiere —dijo el Principito—. Solo piensan en números y cosas grandes.
El aviador y el Principito se hicieron amigos. Pero un día, el Principito dijo:
—Tengo que regresar a mi planeta. Mi rosa me espera.
El aviador se puso triste, pero el Principito le sonrió.
—No estés triste —le dijo—. Cuando mires las estrellas, recordarás que yo estoy en una de ellas y sentirás que nos reímos juntos.
El Principito volvió a su pequeño planeta, donde cuidó de su rosa con más amor que nunca. El aviador, por su parte, nunca olvidó las palabras del pequeño príncipe y cada noche miraba las estrellas con una sonrisa.
BIOGRAFIA
Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, nacio en Lyon, Francia el 29 de junio de 1900, y murió el 31 de julio de 1944 en Mar Tirreno. fue un aviador en los tiempos en que la aviación tenía instrumentos insuficientes y pilotear era una ocupación muy difícil y peligrosa, las experiencias vividas como piloto fueron en algunas ocasiones su fuente de inspiración como escritor.
EL PAJARITO Y LA SEMILLA
Autor: Anónimo
Había una vez, en un bosque muy verde y abundante, una pequeña semilla que tenía un gran sueño. Quería convertirse en un árbol hermoso y fuerte, para poder albergar a los pájaros y sus nidos. Sin embargo, un día, un pajarito la encontró y decidió que sería su merienda.
La semilla, asustada, le rogó al pajarito que no se la comiera. Le explicó que, si la dejaba vivir, se convertiría en un árbol que protegería sus nidos. El pajarito, sorprendido, decidió darle una oportunidad.
Pasaron los días y la semilla, con la ayuda de la lluvia y el sol, comenzó a germinar y a crecer. El pajarito, curioso, la visitaba a menudo para ver su progreso. Con el tiempo, la semilla se convirtió en un pequeño brote, luego en una planta y finalmente en un árbol alto y fuerte. Sus hojas eran verdes y vibrantes y sus ramas eran lo suficientemente fuertes para sostener un nido.
El pajarito, emocionado, comenzó a construir su nido en las ramas del árbol. La semilla, ahora un árbol, se sentía feliz de poder cumplir su promesa. Los días pasaban y el pajarito y el árbol se convirtieron en grandes amigos. El pajarito siempre volvía a su hogar en el árbol después de sus viajes y el árbol siempre lo recibía con cariño.
El árbol se convirtió en un hogar para muchas otras criaturas del bosque. Los insectos descansaban en sus hojas, los animales buscaban refugio en su sombra y los pájaros construían sus nidos en sus ramas. El pajarito se sentía orgulloso de su amigo, el árbol. Le contaba a todos los otros pájaros la historia de cómo la semilla se convirtió en un árbol para proteger sus nidos. A medida que pasaba el tiempo, el pajarito y el árbol se hicieron inseparables. Cantaban juntos al amanecer, disfrutaban del sol de la tarde y se decían buenas noches cuando la luna salía.
Y así, el pajarito y el árbol vivieron felices y en armonía. La semilla pudo cumplir su promesa y el pajarito encontró un hogar seguro y acogedor. Y ambos, juntos, llenaron el bosque de hermosas canciones y risas.
https://www.story.com/ai-stories/ai-childrens-stories/the-little-bird-and-the-seed
LA GRANJA DEL ABUELO
AUTOR: María Teresa Forero
Era un niño llamado Pepe, que tenía 5 añitos y vivía con su papá y su mamá. Un día su mamá tuvo una gran idea, ir a visitar la granja del abuelo, a Pepe le entusiasmaba mucho la idea. Pepe, papá y mamá se montaron en el auto y partieron rumbo a la granja, una vez llegaron, Pepe pudo ver todos los animalitos que el abuelo tenía allí y descubrir sus sonidos. Había algunas gallinas, que le saludaban con un ruidoso cacare COC COC. Al entrar al gallinero Pepe descubrió que las gallinas habían puesto huevos. Junto a las gallinas, había un gallo que tenía una cresta grande y tan pronto Pepe se acercó pudo descubrir el sonido del gallo KIKIRIKII.
El abuelito, llevo a Pepe ahora a las marraneras donde encontró un mal olor, y al asomarse vio a una enorme marrana con sus marranitos alrededor. Junto a la marranera de los cerditos, había un establo en el que había un enorme caballo blanco, un mediano burrito negro y un pequeño pony marrón.
-Pepe, ¿quieres pasear con el pony? Dijo el abuelo a lo que el niño acepto. Fue un paseo increíble, pasearon junto al rio, y llegaron a unos enormes prados. En los prados había vacas y ovejitas. Las vacas eran blancas y negras y mugían así MUUUUU. Las ovejitas tenían mucha lana, y cantaban: beeeebeee beeeeee. Al anochecer Pepe y el abuelito volvieron a la casa, y la abuela había preparado una deliciosa cena con los huevos que Pepe cogió del corral de las gallinas. Se sentaron todos en la mesa y comieron felices.
BIOGRAFIA
María Teresa Forero (Buenos Aires, 14 de septiembre de 1940) es una docente universitaria, licenciada en Letras, escritora, traductora y dramaturga argentina. Es autora de más de 45 libros, tiene catorce obras de teatro estrenadas, es profesora universitaria y conferencista, además de haber sido jurado en los premios Emmy Latinos.
https://thomasjefferson.edu.co/data/documents/Pre-Jardin-Pre-Kindergarten-24-08-2018.pdf
RICITOS DE ORO
AUTOR: Robert Southey
Érase una vez una familia de osos que vivían en una linda casita en el bosque. Papá Oso era muy grande, Mamá Osa era de tamaño mediano y Osito era pequeño.
Una mañana, Mamá Osa sirvió la más deliciosa avena para el desayuno, pero como estaba demasiado caliente para comer, los tres osos decidieron ir de paseo por el bosque mientras se enfriaba. Al cabo de unos minutos, una niña llamada Ricitos de Oro llegó a la casa de los osos y tocó la puerta. Al no encontrar respuesta, abrió la puerta y entró en la casa sin permiso.
En la cocina había una mesa con tres tazas de avena: una grande, una mediana y una pequeña. Ricitos de Oro tenía un gran apetito y la avena se veía deliciosa. Primero, probó la avena de la taza grande, pero la avena estaba muy fría y no le gustó. Luego, probó la avena de la taza mediana, pero la avena estaba muy caliente y tampoco le gustó. Por último, probó la avena de la taza pequeña y esta vez la avena no estaba ni fría ni caliente, ¡estaba perfecta! La avena estaba tan deliciosa que se la comió toda sin dejar ni un poquito.
Después de comer el desayuno de los osos, Ricitos de Oro fue a la sala. En la sala había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero, se sentó en la silla grande, pero la silla era muy alta y no le gustó. Luego, se sentó en la silla mediana, pero la silla era muy ancha y tampoco le gustó. Fue entonces que encontró la silla pequeña y se sentó en ella, pero la silla era frágil y se rompió bajo su peso.
Buscando un lugar para descansar, Ricitos de Oro subió las escaleras, al final del pasillo había un cuarto con tres camas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero, se subió a la cama grande, pero estaba demasiado dura y no le gustó. Después, se subió a la cama mediana, pero estaba demasiado blanda y tampoco le gustó. Entonces, se acostó en la cama pequeña, la cama no estaba ni demasiado dura ni demasiado blanda. De hecho, ¡se sentía perfecta! Ricitos de Oro se quedó profundamente dormida.
Al poco tiempo, los tres osos regresaron del paseo por el bosque. Papá Oso notó inmediatamente que la puerta se encontraba abierta:
—Alguien ha entrado a nuestra casa sin permiso, se sentó en mi silla y probó mi avena —dijo Papá Oso con una gran voz de enfado.
—Alguien se ha sentado en mi silla y probó mi avena —dijo Mamá Osa con una voz medio enojada.
Entonces, dijo Osito con su pequeña voz:
—Alguien se comió toda mi avena y rompió mi silla.
Los tres osos subieron la escalera. Al entrar en la habitación, Papá Oso dijo:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y Mamá Osa exclamó:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y Osito dijo:
—¡Alguien está durmiendo en mi cama! —y se puso a llorar desconsoladamente.
El llanto de Osito despertó a Ricitos de Oro, que muy asustada saltó de la cama y corrió escaleras abajo hasta llegar al bosque para jamás regresar a la casa de los osos.
Robert Southey (Bristol, Gloucestershire; 12 de agosto de 1774-Keswick, Cumberland; 21 de marzo de 1843) fue un poeta inglés de la primera generación romántica, uno de los llamados lakistas, además de biógrafo, historiador, hispanista, traductor políglota y poeta laureado.
https://arbolabc.com/cuentos-clasicos-infantiles/ricitos-de-oro
Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, en este bosque vivían criaturas invisibles, poderosas, que se encargaban de cuidar las emociones de las personas. Un día, Tristeza, una criatura pequeña y azul, decidió salir del bosque. Había notado que, en el pueblo, los niños reían menos y las personas caminaban con el rostro serio. Tristeza, que siempre había sido tímida, pensó que tal vez podría ayudar.
Cuando llegó al pueblo, vio a una niña llamada Lina, que caminaba sola por la calle, con la cabeza baja. Tristeza, en su forma de nube gris, se acercó y, sin hacer ruido, se posó a su lado. Lina Miró al cielo y vio la nube. «¿Quién eres?» preguntó, sintiendo un cosquilleo en el corazón.
«Soy Tristeza», respondió la nube con una voz suave, «y estoy aquí porque algo dentro de ti necesita ser escuchado». Lina se sentó en una piedra y, por primera vez en mucho tiempo, dejó que las lágrimas cayeran. No sabía por qué, pero sentía que necesitaba hacerlo. La tristeza había estado guardada en su pecho durante semanas. Tristeza, con delicadeza, envolvió a Lina, como una manta cálida, y le susurré al oído: «Está bien sentir lo que sientes, no estás sola.»
Después de un rato, cuando la niña ya no lloraba, se levantó, sintiéndose algo más ligera. Miró Tristeza y sonrió tímidamente «¿Qué pasa ahora?» preguntó. «Ahora, la alegría puede volver», dijo Tristeza con ternura. «Las emociones son como las estaciones, a veces hay sol, otras veces lluvia, pero todo forma parte del ciclo.» Lina, al escuchar esas palabras, entendió algo importante: las emociones no eran buenas ni malas, simplemente eran. Desde ese día, Lina aprendió abrazar todas las emociones que habitaban en su corazón, sabiendo que cada una tenía su momento y su propósito. Y, aunque Tristeza visitó el pueblo muchas veces más, cada vez que venía, ya no era temida, sino bienvenida, porque todo sabían que después de la tormenta, siempre llegaría el sol.
BIOGRAFIA
https://sesiones.masinteresantes.com/bosque-de-los-sentimientos/
AMOR DE TORTUGA
AUTOR: Laura Jumowicz
Tal vez nadie lo sepa, pero las tortugas son los animales más enamoradizos que hay. Se enamoran todo el tiempo. Y no solo de otras tortugas, ellas pueden amar a casi cualquier cosa que vean pasar: un pajarito, un caracol, una planta de lechuga. Algunos le llaman "amor a primera vista" y otros, "amor de tortuga".
Por eso siempre las vemos con la mirada baja, los parpados caídos como si tuvieran sueño y caminando a paso muy lento. Van pensando en su nuevo amor o en el que se les escapó. Si hacemos silencio y paramos el oído, escuchamos sus suspiros. Así fue que Rita, una tortuga marina, se enamoró de un pescador. Ella lo veía llegar con su bote al medio de mar y esperar muy paciente a que pique algún pez.
Rita lo admiraba desde las profundidades del agua. Hasta que llego un día en que no se pudo contener. Lo amaba tanto..! Ella sabía que su amor no podía ser, porque los humanos no pueden respirar abajo del mar, pero, al menos, quería darle un beso.
Rita mordió el anzuelo que flotaba en el océano y el pescador, que sintió que algo había picado, tiro de la caña pensando que sería un pescado. Al llegar arriba, Rita se soltó y cayó en los brazos del pescador. El no podía creer haber pescado a una tortuga marina, pero menos se imaginaba lo que iba a hacer Rita. La tortuga estiro mucho el cuello y con los ojos cerrados le dio un beso. Sonrojada, se dejó deslizar y se zambulló al agua. Cuentan que después Rita se fue por otra corriente persiguiendo a un delfín, o tal vez a un pez, y que al pescador no lo volvió a ver. Pero él jamás se olvidó del beso de la tortuga marina, de la que se enamoró a primera vista.
Me parece que aún hoy sigue yendo al mismo lugar, a ver si el amor vuelve a picar…
BIOGRAFIA
Laura Jumowicz es una autora y correctora con una sólida formación académica y experiencia en la escritura creativa. Nació en Buenos Aires en 1984 y ha trabajado en la Universidad Nacional de las Artes, donde se especializo en educación por el arte, ha publicado varios libros incluyendo “después del final” y ha sido seleccionada en la Bienal de Arte joven de Buenos Aires.
LOS PINTORES DE SUEÑOS
AUTOR: Eva María Rodríguez
Érase una vez, en un país muy lejano, un gobernante egoísta y avaricioso que nunca estaba satisfecho con nada. Los habitantes de aquel país trabajaban sin descanso para que aquel soberano pudiera disfrutar de una vida llena de comodidades. Lo que más le gustaba a este gobernante era coleccionar cuadros y obras de arte. Se gastaba millones y millones de monedas de oro en lienzos, grabados, acuarelas, esculturas y toda clase de objetos artísticos que pudiera haber.
Durante una fría noche de invierno aquel gobernante tuvo un sueño. Cuando se despertó no sabía muy bien qué había soñado. Una sensación de tristeza y amargura le acompañó durante todo el día. Durante muchas noches siguió soñando con lo mismo, sin saber muy bien qué era lo que ocurría en sus sueños. Hasta que un día algo le despertó en medio de la noche y recordó algo de lo que pasaba en sus sueños. Hizo llamar corriendo a su asesor personal y le ordenó que reuniera a todos los pintores del país y de los países vecinos con urgencia.
- ¿Qué ocurre, señor? Parecéis angustiado.
-He soñado que mil hombres y mil mujeres pintaban todo lo que me rodea para poder salvarlo de la destrucción.
Cuando todos los pintores y dibujantes estaban reunidos les contó lo que quería de ellos:
-Estimados amigos, sabéis que aprecio y valoro vuestro trabajo. Hoy necesito pediros algo. He soñado que un espíritu malvado venía y arrasaba todo, dejando a salvo sólo aquello que estuviera retratado en una obra de arte. Por lo tanto, queridos artistas, necesito que entre todos pintéis todos y cada uno de los parajes del país, con todo lo que en ellos haya.
Los artistas se pusieron manos a la obra. Recorrieron todos y cada uno de los rincones del país para dejar testimonio en sus lienzos de lo que encontraban. Cuando terminaron regresaron al palacete y le entregaron al gobernante todas sus pinturas y dibujos. El pobre hombre se quedó mudo de espanto.
-¿Qué es esto? ¿Dónde están los prados verdes, las hermosas casas de colores y los alegres parques infantiles? ¿Por qué va la gente vestida con harapos? ¿Por qué tienen esa cara tan triste?
-Señor -contestó el pintor más joven-, hemos hecho lo que nos pedisteis. Sólo hemos pintado lo que hemos encontrado. La gente no tiene tiempo ni dinero para cuidar sus jardines ni pintar sus casas. Trabajan tanto y ganan tan poco que no pueden permitirse comprar ropas nuevas.
- ¿Eso es lo que les hace estar tan tristes? -preguntó el gobernante.
-No, señor -se atrevió a responder su asesor-. Están tristes porque usted despilfarra y malgasta el dinero de los impuestos que tanto les cuesta pagar en contemplar cuadros que sólo le muestran lo que usted quiere ver. Mientras usted vive insatisfecho con todas sus riquezas ellos tienen sobrevivir alimentados por la esperanza de que, algún día, alguien os haga ver la realidad.
Entonces, el gobernante comprendió su sueño. Aquel espíritu maligno no era más que su propia avaricia, que terminaría destruyendo todo si no hacía algo para remediarlo.
Esa misma tarde mandó vender todo los cuadros y riquezas. El dinero que obtuvo lo dedicó a ayudar a los habitantes del país a arreglar sus casas, a construir mejores escuelas y a traer a los mejores médicos para sanar sus enfermedades.
Aquel gobernante ya no volvió a tener sueños oscuros, sino visiones de un país próspero en el que toda la gente era feliz.
BIOGRAFIA
Eva María Rodríguez nació en Madrid, España, en 1978. Desde muy joven mostró un interés particular por la escritura y la narrativa, lo cual la llevó a estudiar Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Durante sus años universitarios, se inclinó por la literatura infantil, descubriendo en ella una forma poderosa de comunicación y enseñanza.
https://www.cuentoscortos.com/cuentos-originales/los-pintores-de-suenos