5 de junio de 2026 | Por: Maria Medina
Cuando hablamos del espacio, nos referimos muchas veces a lo que sucede allá afuera, a lo que nos rodea pero pareciera no afectarnos. A muchos nos ha pasado pensar o escuchar: "ah, es otra misión más", "es otro satélite más" o "es otra investigación más". Sin embargo, gran parte de esas misiones, satélites e investigaciones tienen como fin entender nuestro planeta, cuidarlo y hasta prevenir catástrofes naturales.
Seguramente, antes o después de leer esto, consultarás el clima en tu celular, verás una noticia en la televisión o te cruzarás un post de Instagram que diga algo como: "La NASA investiga semillas resistentes a la sequía en la Estación Espacial Internacional",o quizás alguien te comente que hay gente estudiando focos de incendios gracias a los satélites. Déjame decirte que todo eso es cierto, y que todo eso efectivamente se estudia en o desde el espacio.
Durante mis años de formación docente en biología y posterior preparación como ambientalista escuchaba, leía y hasta estudiaba cosas como, por ejemplo, el monitoreo satelital de especies para la conservación. Pero nunca se me ocurrió que justamente estábamos estudiando y entendiendo el comportamiento de los seres vivos con herramientas enviadas al espacio.
Creo que, así como me pasó a mí, hoy hay muchas personas a las que les pasa lo mismo. Por eso, este día es una oportunidad ideal para conocer cómo estudiamos el ambiente desde el espacio y qué herramientas podemos usar nosotros desde el lugar que tengamos en la sociedad.
Actualmente orbitando nuestro planeta se encuentran aproximadamente 14.500 satélites, de los cuales, al rededor de 1.400 satélites se dedican a la observación de la Tierra y el estudio del medio ambiente. Estos equipos miden entre otras cosas: el cambio climático, la calidad del aire, la deforestación y el más conocido quizás por todos, los focos de incendios.
Cerca de 1.000 a 1.200 satélites se encargan de la observación de la Tierra, esta cifra incluye las misiones de NASA Earthdata y la constelación satelital Copernicus de la ESA (Agencia Espacial Europea. Mientras que los 200 restantes son satélites de monitoreo del nivel del mar, clima, radiación y de la atmósfera. De hecho existen satélites que son muy populares por sus usos, aplicaciones y que quizás muchos hayan escuchado o leído sus nombres, estos son:
Es el veterano del grupo. Este programa lleva más de cinco décadas sacando fotos de la superficie terrestre, ideal para ver cómo cambiaron los bosques, glaciares y ciudades a lo largo del tiempo.
Conocido como "los ojos de Europa en el cielo". Son espectaculares para monitorear la agricultura, los océanos y detectar la contaminación o derrames de petróleo casi en tiempo real.
Los guardianes del clima. Como están fijos mirando una misma zona (geoestacionarios), nos muestran el movimiento de las nubes, tormentas y huracanes minuto a minuto.
El orgullo argentino. Al usar tecnología de radar, puede "ver" a través de las nubes y de noche. Su superpoder es medir la humedad del suelo y alertar sobre inundaciones.
Lo mejor de todo esto es que hoy estos datos no están guardados bajo siete llaves; la gran mayoría son de acceso público o también conocidos como "datos abiertos satelitales", de esta forma cualquier docente, estudiante, ambientalista o vecino curioso con una computadora o un celular puede entrar a mirar estos mapas para entender qué está pasando en su propia comunidad. De hecho cada año la NASA organiza y promociona el Desafío Internacional de las Aplicaciones Espaciales de la NASA (NASA Space Apps Challenge), de esa forma muchas personas al rededor del mundo y durante un fin de semana al año utilizan esos datos abiertos para resolver problemas reales del mundo (y del espacio, por supuesto).
Toda esta tecnología que mencionaba arriba —los Landsat, los SAOCOM, Sentinel— genera un volumen de información que hace apenas una década era impensada para un ciudadano común. Sin embargo, tener los datos "flotando" sobre nuestras cabezas no sirve de nada si no logramos bajarlos al territorio para resolver problemas reales. Ese es el verdadero desafío: pasar de la observación a la gestión ambiental. En mi caso, este camino me llevó a participar activamente en el NASA Space Apps Challenge, el hackatón más grande del mundo, donde tuve el honor de ser dos veces nominada global.
Captura de pantalla del proyecto "Legacy of the Land" realizado para el NASA Space Apps Challenge. Equipo Hydraverse. Fuente: NASA Space Apps
Una de esas nominaciones fue particularmente especial, ya que con mi equipo nos enfocamos en un desafío agrícola. El proyecto consistió en utilizar datos satelitales abiertos para la simulación de escenarios climáticos adversos y el entrenamiento de la toma de decisiones frente a situaciones de emergencia climática como lo fue la sequía extrema de los últimos años en nuestro país. Ese trabajo fue la confirmación de que una imagen capturada a cientos de kilómetros de altura puede ser la herramienta que un productor local o un gestor ambiental necesita para tomar decisiones basadas en evidencia y no en suposiciones. La ciencia espacial es, en realidad, una herramienta de soberanía y cuidado de nuestra tierra.
El espacio dejó de ser un lugar lejano al que solo viajan unos pocos; hoy es el lente con el que aprendemos a mirar, valorar y defender nuestra casa común. Y vos, ¿desde dónde vas a empezar a mirarla?