También pase por eso.
Tuve una infancia difícil e inestable. Años de depresión, ansiedad, odio hacia mí misma, inseguridad, necesidad de complacer a los demás, caos emocional y muchísimo agotamiento.
Hubo momentos en los que de verdad me sentí perdida y sin esperanza.
Pero incluso en las etapas más oscuras siempre hubo una conexión con algo más grande que yo, una sensación de que la vida podía sentirse diferente, una luz que nunca desfallecía.
Esa conexión poco a poco me fue sacando del modo supervivencia y me llevó a reconstruir mi vida.
Con los años probé de todo. Terapia, prácticas espirituales, medicina ancestral, psicodélicos, sanación energética, meditación, afirmaciones.. estudié y me llene de mucha información intelectual, experimente sin parar, porque realmente necesitaba algo que me funcionara.
El cambio real ocurrió cuando aprendí cómo trabajar con lo que estaba sintiendo en tiempo real: mi mente, mis emociones y mi cuerpo. Ahí fue cuando empecé a experimentar algo que antes parecía imposible: calma, claridad y una relación más segura conmigo misma.
Mi misión es acompañar a mujeres que se sienten bloqueadas y ayudarlas a recuperar claridad, seguridad y control en su vida.