Aqua era una sirena que no comprendía a los humanos. Vivía en la Atlántida junto a su familia y le gustaba salir a nadar con sus amigos los peces y los delfines. Aqua era muy buena y amable con todos, pero había algo que muy pocos sabían de ella y era que a Aqua no le agradaban los humanos.
Ella decía que los humanos, es decir, esas personas que vivían fuera del agua, eran muy sucias y tiraban toda su basura al océano, contaminando el agua y enfermando a sus amigos y familiares.
Para Aqua nada de eso estaba bien, así que un día decidió tomar una muy mala decisión, ir a la superficie y asustar tanto a los humanos que ya nunca más intentaran hacerle daño al océano. Pero en su plan había un problema y es que todos los habitantes de la Atlántida tenían prohibido ir a la superficie, por lo que Aqua mintió a sus padres y amigos diciéndoles que se iba al arrecife a explorar. La verdad es que se sentía muy mal porque sabía que mentir era malo, pero no podía hacer otra cosa ya que tenía que hacer algo rápido y evitar que tantas cosas malas siguieran ocurriendo en su querido hogar.
Aqua subió y subió hasta asomar su cabeza en la superficie encontrándose con el cielo dorado del atardecer. Era muy bonito, no lo podía negar, pero muy poco tiempo tuvo para poder apreciar la belleza de ese nuevo mundo porque al descuidarse, fue atrapada por una red de pesca junto a otros animales marinos...