La diabetes es una enfermedad crónica que se produce cuando el cuerpo no puede regular adecuadamente los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. Esto ocurre por dos razones principales:
El páncreas no produce suficiente insulina, una hormona que ayuda a que la glucosa entre en las células para usarse como energía.
El cuerpo no puede usar eficazmente la insulina que produce (lo que se llama resistencia a la insulina).
Diabetes tipo 1: El sistema inmunológico ataca por error las células del páncreas que producen insulina. Suele aparecer en la infancia o adolescencia.
Diabetes tipo 2: Es la más común y suele desarrollarse en adultos. El cuerpo no usa bien la insulina o no produce suficiente. Se asocia frecuentemente con el sobrepeso y el sedentarismo.
Diabetes gestacional: Ocurre durante el embarazo y suele desaparecer después del parto, aunque aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 más adelante.
Sed excesiva
Micción frecuente
Cansancio
Visión borrosa
Pérdida de peso sin causa aparente
Si no se trata adecuadamente, la diabetes puede causar complicaciones graves como enfermedades del corazón, daño en los riñones, problemas de visión, y daños en los nervios.
Alimentación saludable
Reducir el consumo de azúcares y harinas refinadas.
Comer más frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
Evitar bebidas azucaradas y comidas ultraprocesadas.
Actividad física regular
Al menos 30 minutos al día, 5 días a la semana (caminar, nadar, bicicleta, etc.).
Mantener un peso saludable
El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo clave para desarrollar diabetes tipo 2.
No fumar y moderar el consumo de alcohol
Fumar aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y complica el control de la diabetes.
Chequeos médicos regulares
Especialmente si tienes antecedentes familiares de diabetes.