Destino oculto es una película de acción romántica de 2011 dirigida por George Nolfi e interpretada en sus principales papeles por Matt Damon; Emily Blunt; Terence Stamp; Anthony Mackie; y John Slattery.
La película narra la historia de David Norris (Matt Damon), un prometedor político neoyorkino que tras caer derrotado en su lucha por un sillón en el senado conoce a Elise Sellas, una hermosa bailarina (Emily Blunt), de la que queda enganchado por las flechas de Cupido. Hasta ahí todo normal, sin embargo ocurre que fuerzas desconocidas están confabulando para que David y Elise no estén juntos, es más, comienza a desentrañarse una especie de conspiración universal para defender un plan que nadie sabe quién ha establecido, pero a cuyo creador todos llaman el «director». En su intento por estar con Elise, David debe enfrentarse a esas extrañas fuerzas que intentan razonar con él en defensa del «plan».
Jamás se dice en la película, pero pronto todo parece ir insinuando que los malvados agentes que confabulan en contra del amor de Elise y David son ángeles de Dios, quien debe ser «el director».
La entrada a la filosofía de la película comienza cuando a David le presentan «el plan», bueno, mejor dicho, cuando le afirman la existencia del mismo, cuando los agentes secretos del plan le declaran abiertamente que si bien algunas cosas ocurren por casualidad, en general la estructura de la existencia sigue un plan prediseñado, y ocurre que él (David) se ha interpuesto al enamorarse.
Estos extraños agentes que acabarán pareciendo enviados del «Señor» comienzas a dejar clara una idea, el mundo está predestinado, no existe la libre elección. Existe el azar sí, que mueve la realidad dentro del marco preestablecido, pero no existe la posibilidad de salirse de ese marco si el «director» no lo indica, así que, podemos extraer como conclusión, que la libertad individual no es más que una mera ilusión creada por la imaginación humana. Si el «director» es Dios y los agentes sus enviados, la infinita mente y sabiduría del «creador» ya tienen programada toda la existencia. Y qué manera más visual hay de mostrar esta defensa de una idea preestablecida que si aparece indicada en un libro, un libro que los agentes llevan siempre consigo para no salirse en ningún momento del plan.
Se trata de una idea de predestinación muy parecida a la que defendían (y defienden) los cristiano calvinistas; en su infinita sabiduría Dios ya lo sabe todo desde el momento mismo de la creación, ya sabe todo lo que vamos a hacer, todo lo que va a ocurrir, de tal forma que la libertad, el libre albedrío, defendido por los cristianos católicos a los que los calvinistas se enfrentaban, no es más que una ilusión provocada por nuestra incomprensión de la infinita sabiduría divina, por nuestro desconocimiento del «plan», en definitiva.
A partir de esa idea, tal y como ocurrió en la historia de los calvinistas, el problema de la idea de la predestinación así defendida aparece porque rápidamente puede derivar hacia el fanatismo. «¿Cómo podemos enfrentarnos al plan de un ser infinitamente sabio e inteligente? ¿Cómo podemos enfrentarnos al creador?» El pensamiento crítico no tiene cabida en una concepción de la predestinación de este tipo, la filosofía se vuelve una enemiga, y eso es algo que la película nos muestra de forma clara.
Ese fanatismo lleva a quienes defienden este tipo de fanatismo a posiciones alejadas completamente de la razón, y cuando te alejas de la razón, cuando la ciencia, la filosofía, cuando el pensamiento crítico no tienen cabida, entonces todo es posible, por supuesto. En este tipo de concepción que aparece en la película el fanatismo lleva a ver la historia de la humanidad como la historia de un niño rebelde que no sabe qué hacer con lo que le es dado; las grandezas de la historia no son fruto del ser humano, sino del «plan» de la mente divina, mientras que las desgracias sí se producen por la obstinación del ser humano de no cumplir con las leyes a las que debería obedecer. No importa qué argumentos encuentres en este momento, no importa qué crítica estés pensando a la posición de la predestinación que podemos ver en la película, el fanático se torna inmune a cualquier crítica, ningún argumento le convencerá, se ha convertido en un soldado de Dios, ciego, sordo, y mudo, que únicamente piensa en seguir las órdenes del «plan», por mucho que desconozca cuál es ese «plan», puesto que es fruto de una mente infinita y todopoderosa.
Este tipo de posicionamiento calvinista aparecido con la reforma religiosa liderada por Lutero está, según Max Weber, en el origen de las ideas capitalistas, pero eso ya es gallo de otro cantar, no nos liemos.
Habiéndolo intentado todo con el protagonista, los agentes deciden enviar al súper agente, Thompson, una especie de ser celestial en contacto directamente con «el director» quien comienza un trabajo parecido ya al de la mafia, infundir el miedo; en pocas palabras, «te lo hemos intentado explicar, pero no lo entiendes, así que si no obedeces por las buenas, obedecerás por las malas». Thompson aparece como el fanático supremo que busca acabar con toda resistencia racional, de la misma manera que las hogueras intentaban acabar con los posicionamientos de cualquier interpretación del «plan» diferente a la defendida por los fanáticos. Es el problema del fanatismo del ISIS, es la pérdida de la razón, la quema de libros por parte de los nazis, etc...
Sin embargo el cine no puede permitir la derrota de la gran fuerza de la naturaleza, el amor, así que hasta los fanáticos acaban obedeciendo a alguien superior. No puedes vencer al fanático, pero puedes vencer a la fuerza que los mueve y acabar, por lo tanto, con la idea de que la libertad no existe. La película acaba siendo una defensa a ultranza de la victoria del ser humano, (gobernado por el amor), sobre quienes desde posiciones ajenas a nuestro plano existencial pretenden guiar nuestros pasos, y nos muestra el advenimiento de era del ser humano. Homo Sapiens ha comenzado a ser Homo Deus.
Sólo me queda la libertad de elegir, y la elijo a ella.
Destino oculto