La conquista de México no fue únicamente un enfrentamiento entre españoles y mexicas. En realidad, fue un proceso complejo en el que participaron numerosos pueblos originarios que, por distintas razones, decidieron aliarse con los conquistadores.
El imperio mexica, con capital en Tenochtitlan, se había consolidado como una potencia regional mediante un sistema tributario que imponía fuertes cargas económicas y rituales a los pueblos sometidos. Este dominio generó resentimiento y tensiones constantes. Así, cuando Hernán Cortés y sus hombres llegaron en 1519, encontraron un escenario propicio para establecer alianzas con comunidades que buscaban liberarse de la hegemonía mexica.
Totonacas
Fueron los primeros en establecer vínculos con los españoles. Su alianza se selló en Cempoala, donde denunciaron los abusos tributarios mexicas y ofrecieron apoyo militar y logístico.
Tlaxcaltecas
Tras enfrentamientos iniciales con los españoles, se convirtieron en sus aliados más importantes. Aportaron miles de guerreros y acompañaron a Cortés en las campañas decisivas, incluyendo el sitio de Tenochtitlan.
Texcocanos
Tras la muerte de Moctezuma y la crisis política interna, parte de la nobleza texcocana se inclinó hacia los españoles, buscando asegurar su posición en el nuevo orden.
Huejotzincas y otros pueblos
También se sumaron en distintos momentos, motivados por rivalidades locales o por la esperanza de mejorar sus condiciones bajo el dominio español.
Liberación del yugo mexica: muchos pueblos veían a los españoles como una oportunidad para debilitar o destruir el poder central de Tenochtitlan.
Estrategia política: algunos líderes indígenas calcularon que apoyar a los conquistadores les permitiría obtener privilegios en el nuevo sistema.
Supervivencia: en un contexto de incertidumbre, colaborar con los españoles era también una forma de evitar represalias o asegurar cierta protección.
Las alianzas indígenas fueron determinantes para la caída de Tenochtitlan en 1521. Sin el apoyo de decenas de miles de guerreros nativos, los conquistadores españoles —apenas unos centenares— difícilmente habrían logrado imponerse. La conquista, por tanto, debe entenderse como un proceso de guerra civil mesoamericana, en el que los españoles actuaron como catalizadores de tensiones preexistentes.
Desilusión y sometimiento: muchos pueblos aliados no obtuvieron los beneficios esperados. Aunque algunos recibieron privilegios iniciales, pronto quedaron sujetos al sistema colonial y a nuevas formas de explotación.
Transformación cultural y política: las alianzas marcaron el inicio de un nuevo orden en el que las estructuras indígenas fueron reconfiguradas bajo la lógica virreinal.
Memoria histórica: la participación de los aliados ha sido interpretada de manera ambivalente: como traición en narrativas nacionalistas, o como estrategia legítima de supervivencia en visiones más recientes.
Tradicionalmente, la historiografía mexicana del siglo XIX y XX presentó a los aliados indígenas como “traidores” que facilitaron la destrucción de la grandeza mexica. Sin embargo, investigaciones contemporáneas destacan que estas alianzas deben entenderse en su contexto: pueblos sometidos que aprovecharon una coyuntura para resistir y redefinir su lugar en el mundo. Así, la conquista no fue una imposición unilateral, sino un proceso de negociación, conflicto y colaboración entre múltiples actores.