Fascinante patrón
Los domingos por la tarde siempre son momentos difíciles. Lo he explicado en diferentes ocasiones, pero los domingos tienen algo de lento, de melancólico e indescriptible. Los domingos son como los hoteles y los aeropuertos: son espacios de transición, momentos en donde nadie permanece ni espera quedarse. ¿Nos emociona ir al aeropuerto, o al país exótico donde nos dirigimos a desconectarnos del mundo por unos días? ¿Ansiamos el hotel o la actividad que haremos después de llegar? Espacios de transición. En cuanto llegamos, esperamos irnos, como los domingos en sí. No conozco a ni una sola persona que guste de los domingos y no sé si es porque es un día particularmente complicado o carezco de amistades que disfruten del día del Señor.
El día de hoy pedí un pedazo de torta Red Velvet. Según esas tontas estadísticas anuales, en el año 2025 pedí el mismo postre un promedio de 22 veces. Esta noche lo ordené, puse el debate presidencial y tomé un ibuprofeno esperando que el dolor de cabeza desapareciese gradualmente.
Durante estos días estaré subiendo entradas algo absurdas, porque estoy nuevamente acostumbrándome al formato y al ritmo de los blogs. Como mencioné el día de ayer, no hacía esto desde hacía más de una década, pero estaré procurando traer temas interesantes y reflexiones que valgan la pena ser leídas.
También quisiera volver a leer libros en físico. Hace poco un buen amigo me regaló Noches Blancas de Dostoievski y aún ni siquiera lo he comenzado.
Hay, pues, mucho que hacer.