Su última siesta esta mañana
Su última siesta esta mañana
No sé muy bien cómo comenzar. He escrito cuatro párrafos diferentes acerca de Daniela, Daniela, Danny, pero ahora que lo peor ha pasado y que he dejado de llorar, ahora que una urna con sus cenizas descansa en el lugar donde ella solía dormir hasta el día de ayer, decidí escribir algo al respecto.
No estaba enferma ni terminal, pero sus condiciones de vida se habían deteriorado mucho en los últimos días. Se tambaleaba al caminar y a veces miraba hacia un punto fijo en la pared, con la frente pegada al muro, por diez, veinte minutos. Me dijeron que eran signos de demencia. Las piernas le fallaban de vez en cuando y una mañana la encontramos desplomada sobre sus propias heces porque no había podido ponerse de pie. Esta mañana el veterinario estuvo de acuerdo y decidimos continuar con el procedimiento el día de hoy. Eso es todo.
Antes de llevarla al veterinario, la abracé, la besé y le pedí perdón. Pude haber sido una mejor dueña, pudimos haber hecho muchas cosas, llegar hasta la última línea de batalla, para alargar los 18 años que estuvo sobre esta tierra, pero no sucedió así. Lloré abrazándola sobre el piso de la cocina, y en el consultorio, murió en mis brazos. Llevé su cuerpo hasta el crematorio, la lloré mientras descansaba en una camilla de metal cubierta de flores y la vi ingresar al horno. Vi lo que quedó de sus huesos carbonizados.
¿Saben algo curioso? Soltó una lágrima antes de morir. Fue algo muy extraño porque se supone que los perros no lloran, y sé que probablemente fue un efecto de la anestesia o el medicamento, pero me gusta pensar que ella también sabía que nos estábamos despidiendo.
Perdón, princesa, perdón, Daniela, Danielita, Danny. Formaste parte de mi familia, de mi comunidad, de mis amigos, y ya no estás, pero al mismo tiempo estás y siempre estarás. Estoy segura de que nos volveremos a encontrar, porque en tu mirada yo veía los restos de una vida pasada que compartimos en algún momento. Te quiero. Guardo tus cenizas en una cajita de marmol y un mechón de tu pelo en mi armario. Fuiste la mejor compañera que algún humano pudo desear.
Nos vemos, Danielita.