Podríamos describir esto como un espacio liminal
Esta mañana tuve clase de Ciclo Vital en la universidad y comenzamos el tema de la primera infancia. La sesión comenzó con un ejercicio: recordar dos eventos de nuestra vida hasta los seis años. Me di con la sorpresa de que cada año que pasa recuerdo menos de mi vida y, es más, no pienso en el pasado a menos que me lo pidan. Quizá sea un efecto secundario de mi apnea del sueño, la cual incluye el deterioro cognitivo, o quizá solo sea el inevitable paso del tiempo.
Me tomó varios minutos recordar los dos eventos: el primero es bastante feliz, y el segundo tiene que ver con un diente echado a perder. Fue, sin duda, uno de los peores dolores que he experimentado en mi vida y los doctores sugirieron a mis padres que me colocaran anestesia general para poder realizar una endodoncia, pero el procedimiento podía ser peligroso en una niña de mi edad. Fue entonces cuando conocí al doctor M.E.P. Recuerdo tener la mitad del rostro adormecido y llorar antes, durante y después de que todo hubiese terminado.
Tengo recuerdos bastante nítidos de hospitales y consultorios. La endodoncia fue solo una de mis tantas visitas a centros de salud durante mi infancia. Quemaduras en las piernas a los dos años, intravenosas de cortisona para abrir los bronquios. El año pasado pasé casi una noche entera en emergencias por una migraña que me adormeció la mitad del cuerpo; pensé que me iba a morir.
Me despido por ahora, pero volveré. Estoy trabajando en la próxima entrega acerca de dos mujeres de cincuenta años que se enamoran en un mercado. Pronto habrá novedades.