Hablar, o escribir, sobre arte es algo bastante complejo. No ya por el fundamento en sí del tema, sino por la infinidad de ribetes y abordajes que se han creado en torno al mundo del arte.
Las personas que nos hemos dedicado al arte de alguna manera, hemos permitido que otros hablen, o escriban, acerca de lo que nosotros hemos elaborado.
Hemos consentido que se cree una idea sobre la inconsciencia y falta de responsabilidad teórica e intelectual del artista.
Nos hemos acomodado a que otros hagan vanidosas loas sobre las especiales destrezas con las que en el arte se desenvuelven los artistas. Hemos aceptado que nos doten de un fundamento historicista, y casi siempre expresionista, haciendo destacar como "intelectuales" de una manera extraordinaria aquellos casos en los que los "teóricos" han encontrado "algo" en la obra de arte. Recuérdese que siempre se puso como ejemplo dentro del arte tradicional en este caso a Velázquez.
Nos han tildado de oportunistas al pretender temáticas y explicarlas, arguyendo que nos queremos convertir en sociólogos, antropólogos o historiadores, buscándole el fundamento a nuestro trabajo para dotarnos de prestigio intelectual.
La cuestión es que ante la pereza de algunos teóricos que se han atrevido a hablar, o escribir, de arte sin comprender los fundamentos, los procesos investigativos de la creación, además de las herramientas de realización, los artistas han tenido que tomar la palabra. No necesariamente siempre una palabra redactada en lengua escrita o hablada, pero sí las riendas del discurso.
Al repertorio de historiadores y críticos, se han sumado ahora los comisarios, o curadores, para dictarle a los artistas que tienen que hacer y decir, como si ya no hubiera sido suficiente con las políticas de subvenciones y gestión de producción artística que durante unos años han dirigido el discurso del arte actual.
Tras esta breve introducción para situarnos en la importancia del discurso del artista, se comprenderá que no voy a "hacer una explicación de la obra de Paco Luís Baños", pues él solo se basta para hacernos comprender lo que pretende.
Pero como persona que durante años ha reflexionado en torno al arte desde la propia práctica, sí me gustaría ponderar algunas de las consideraciones que personalmente encuentro importantes para aproximarse a una obra de arte, ya sea neófito o experimentado en la materia.
Y así me vengo a acordar de Víktor Borísovich Shklovski, escritor y uno de los primeros teóricos del formalismo ruso, que aportó durante el siglo XX un importante trabajo teórico fundado en su propia práctica literaria y que acercó a los formalistas rusos a un entendimiento de la actividad literaria como una parte integral de la práctica social, sobrepasando de esta manera el puro enfoque formalista en el que se ha sabido situar el movimiento.
Él hizo cierta acertada apreciación sobre cómo opera el arte. No acabo de compartir con él el asunto de que no importa el objeto, el objeto de estudio a partir del arte. Como ya he dicho en alguna otra parte, yo pienso que sí importa, y puede serlo por varias razones. No perdamos de vista el hecho de que si no hay objeto no se puede experimentar su cualidad o esencia artística. Ahora bien, el objeto solo por sí mismo tampoco nos serviría para tal cosa. Quizá debiéramos centrarnos en que la manera de experimentar del arte requiere un abordaje desde múltiples frentes, y entre estos no debemos olvidar que experimentar y comprender el mundo, con sus cosas y sus personas, se hace a través del arte en la misma medida que a través de la ciencia, aunque el proceso difiere en sus términos y estructura.
"... el proceso de percepción no es estético como un fin en sí mismo y debe ser prolongado. El arte es una manera de experimentar la cualidad o esencia artística de un objeto; el objeto no es lo importante." (Víktor Borísovich Shklovski, «Искусство как приём», "Art as Technique»,>»El arte como técnica», Publicado por primera vez en 1925.)
Aunque, como también he dicho en otra ocasión, no comparto la objetivación formalista, porque además la considero contradictoria cuando Shklovski lanza su teoría del extrañamiento, el cual no es posible postular si no es desde la subjetivación compartida con el objeto, me interesa destacar cómo desde todos los movimientos artísticos se comprende la experiencia del arte como la manera de CONOCER el mundo. De modo, que el hecho de que podamos considerar desde la estética los objetos nunca apercibidos desde su potencial simbólico, sino simplemente atendiendo a sus valores de uso y de comercio, obedece como bien señala Shklovski a que el arte es una manera de experimentar la cualidad o esencia artística de un objeto.
Algo que estoy diciendo, y ahora tomo ya de referencia la obra de Paco Luís Baños cuando me acerco a su pintura, es que no adopto cada cuadro como un dictado de la realidad de las cosas, sino como un camino de aprendizaje para mi comprensión del mundo. Entiendo cada pieza como un ejemplo de las infinitas posibilidades que el mundo me ofrece para dialogar con él.
Una importante lección que se desprende de la pintura de Baños es que la relación estética entre los individuos y las cosas, ya sea directamente la que hace el artista con el objeto, o la que hace el espectador con la obra del artista y con los objetos ya tratados en la obra, es un ejercicio de autoconocimiento, más allá de la mera experiencia de los objetos.
La aportación de la estética al conocimiento del mundo es que se hace desde la subjetivación. Es decir, el conocimiento del mundo desde el entendimiento del yo.
Quiero aquí que se comprenda por qué he relacionado el postulado formalista de Shklovski con la pintura de Baños, al que considero que va mucho más allá de un mero planteamiento formal. Pues para él la sensación y percepción son fundamentales pero sin perder el contenido conceptual.
Ante la aparición, necesaria en mi opinión, de los infinitos medios artísticos que han potenciado la relacionalidad en el arte actual, desde la performance a la videocreación, se nos puede perder de vista el importante papel que tiene en el desarrollo intelectual de la humanidad el juego estético de cifrar y descifrar el mundo a partir de la estética pura.
Quizá la medida del tiempo es una de las claves que debemos comenzar por descubrir. La reflexividad y el autoconocimiento necesitan su espacio y su transcurso. El diálogo entre relacionalidad y contemplación está todavía por repensar. Taller de un pintor es un elocuente tratado de Paco Luís Baños, acerca de cómo opera el aprendizaje estético. Es una sabia lección de un artista que nos muestra que el arte no necesita compararse a la ciencia y que puede conllevar explicaciones pero que no las necesita. Que comprender el mundo a través de la pintura no necesita pomposas palabras, sino el tiempo necesario para detenerse ante el despliegue de evidencias que la obra de arte nos presenta. La relación entre color y morfología; la relación del color y la morfología con la evocación, el recuerdo y la construcción de la identidad; la relación de todos ellos con el desarrollo personal y colectivo; por tanto, la importancia del arte para la educación estética en la vida de las personas y de una sociedad sana, sabia y crítica.
La pintura, cargada de complejidad como está en su fundamento, es una sencilla manera de comprender el mundo y adquirir conocimiento solamente con prestarle su debido tiempo y atención.
Esta última aserción quiero que la veamos desde lo que ofrece Taller de un pintor de Paco Luís Baños; una propuesta de comprensión de las cosas para la particular reflexión de cada espectador. Y es que ésta es la virtud del arte; no dicta "verdades", ofrece caminos de pensamiento.
María Isabel Moreno Montoro
Directora del Secretariado de Actividades Culturales. UJA.
Escrito en catálogo con motivo de la exposición Taller de un pintor de Paco Luís Baños. Fundación Andrés Segovia. ISBN: 978-84-8439-732-8.