Como atender el duelo en los niños
Como atender el duelo en los niños
Autor: Dra. Bárbara González Hilario
Desarrolladora de programas educativos
Doctorado en Psicología Social Comunitaria
Publicado en Revista PSY Soma: Enfoque integral hacia la salud física y mental
Enero, 2024
Dra. Carmen Julia Rodríguez Méndez
Editora
Tarde o temprano todos vamos a dejar de existir en este plano terrenal. Dice el dicho que lo más seguro que se tiene es la muerte. Si para los adultos, que se espera sepan gestionar mejor sus emociones, es muy difícil; para los niños que aún no saben hacerlo es más complicado. En nuestra cultura hablar de la muerte es un tabú y más aún hablar de la muerte a los niños. Pero, dado a que la muerte es un hecho inevitable que forma parte de todo ser vivo, es muy importante explicarles a los niños cuando la muerte sucede y acompañarlos.
Una buena práctica es hablarles de la muerte y las pérdidas antes de que ocurran, para así ir enseñándoles que es algo natural y que no hay que temer. De este modo, se minimiza la conducta de miedo, inquietud e inseguridad que pueda surgir ante la muerte de un ser querido, de una mascota o de una planta. Si la muerte es inminente (la persona o mascota está en estado terminal) es importante que el niño vaya interiorizando gradualmente esa posibilidad. No es recomendable mentirles u ocultarles información. Lo importante es hacerlo con delicadeza, a tiempo, usando un lenguaje apropiado, sin mentiras, ni metáforas. El duelo es un proceso de adaptación emocional que vivimos ante las pérdidas, los niños deben ir desarrollando las habilidades necesarias para afrontarlo. La salud mental de los niños está en juego cuando no afrontan el duelo o la pérdida, ya que de no hacerlo puede generar complicaciones futuras como frustración, depresión mayor, temor, y hasta duelos patológicos que necesiten intervención de un profesional de la salud.
Para los adultos el impacto de la muerte es mayor que para los niños. La muerte para los adultos tiene que ver con el estado de bienestar, la seguridad, los vínculos, los afectos, la estabilidad y otras sensaciones que nos causan angustia y dolor. Por ello nos aferramos a proteger a los niños de ese dolor que creemos será insoportable para ellos. Pero evitar conversar con los niños sobre este tema los pude llevar a confusiones y generar temores que pueden ser irreversibles. El lenguaje es un aspecto a considerar. Muchas veces usamos términos sustitutivos de la muerte como “voló al cielo”, “se fue…”, “está en otro mundo”, “está descansando”, “se fue de viaje al más allá”, “está dormido”; estos términos pueden confundir más que facilitar la comprensión del hecho en sí por parte de los niños. Podemos mencionar la palabra muerte, aunque nos parezca dolorosa y grotesca.
También es importante tomar en cuenta la edad de los niños, mientras más pequeños son, tienen una comprensión limitada de los conceptos. Entre 1 año a 3 años no comprenden la muerte a un nivel racional, la experimentan como separación o abandono que amenaza a su seguridad. Aún no comprenden la palabra muerte. Es muy importante hacerles sentir seguros, queridos, que, aunque la persona no esté, ya sea mamá, papá, abuelos, otras personas se encargarán de darles todo lo necesario para que estén muy bien. Se debe mantener la rutina que tenían con la mayor precisión posible. El cambio de rutinas puede causar inestabilidad, inseguridad y conductas no usuales. Con el tiempo se desarrollarán y tendrán muchas preguntas. Entre los 4 y 6 años tienen un pensamiento más concreto y mágico. Pueden pensar, como han visto en algunos juegos o televisión, que la persona o la mascota van a regresar. También pueden tener ideas erróneas como que ellos también morirán. Pueden tener miedo a la oscuridad, pesadillas y hasta mojar la cama. Debemos explicarles de forma clara más de una vez el concepto de la muerte, contestar todas sus dudas y que entiendan que la muerte es irreversible, que tal vez algunas cosas cambien, pero otras seguirán igual. De los 6 a los 10 años ya pueden comprender mejor el concepto y desarrollar habilidades de afrontamiento. Pueden tener diversas reacciones como negación, indiferencia, agresividad, culpa, miedo, idealización de la persona o animal fallecido; puede aparecer una conducta desmedida de cuido a otras personas o cosas. Es importante acompañarlos, hacerles sentir queridos, responder a sus preguntas y estimularlos a expresar sus sentimientos. Ayudarles a percibir que es posible seguir adelante. Quedarán los recuerdos, los sentimientos, las sensaciones e imágenes para siempre. Si el fallecido es padre, madre o encargado debe darle la noticia alguien de confianza, preferiblemente la persona que se quedará a cargo del niño o una persona que sea significativa para él o ella. Es importante transmitirle la noticia de manera calmada, sin emociones exacerbadas. Se puede comenzar por contarle lo esencial y luego los detalles en la medida en que el niño sienta la curiosidad.
No olvides que tu ejemplo será lo más importante. El duelo es diferente para cada persona, pero es necesario, dependerá de la personalidad, el temperamento, las creencias, las herramientas que tengas para afrontar la situación y las habilidades que hayas desarrollado. Acompañar a los niños en el proceso no es fácil, pero es necesario. Obsérvalos, presta particular atención a cambios en conducta. Ayúdalos a procesar lo que está sucediendo, no le ocultes nada. Si ellos quieren participar de algún ritual de despedida que lo hagan, no los obligues. Hay literatura que te puede ayudar como cuentos, canciones, películas. No ocultes tus emociones frente a ellos, los niños deben aprender a expresar sus sentimientos, valida tus emociones y sus emociones, ponle palabras a lo que sienten y acógelo sin temor. Recuerda que ellos reaccionarán dependiendo de cómo tu afrontes la situación y serás su modelo para ellos gestionarse como adultos. Si entiendes que no puedes con la situación busca ayuda de un profesional que te de herramientas para hacerlo.