Desde hace muchos años, el cannabis ha sido categorizado por productores y consumidores según sus características físicas y sus efectos previstos. Incluso quienes no están familiarizados con el cannabis probablemente hayan escuchado los términos "Indica" y "Sativa" según se refiere a diferentes variedades del cannabis. Pero, ¿qué significan estos términos y cómo llegaron a permear la cultura del cannabis? Con respecto a los efectos de la droga, al menos en términos anecdóticos, los productos de cannabis clasificados como Indica se asocian comúnmente con tener efectos calmantes o sedantes. Mientras que, por el contrario, las plantas de cannabis clasificadas como Sativa se asocian con efectos percibidos como más intoxicantes y energizantes.
Históricamente, la distinción entre el Indica y el Sativa data de finales del siglo XVIII, cuando el biólogo y taxonomista francés Jean-Baptiste Lamarck recibió muestras de cannabis de un colega en la India. Mientras que, a primera vista, estas nuevas muestras tenían una apariencia y un aroma similares a los de las muestras del Cannabis Sativa que Lamark había estudiado previamente, él sí notó diferencias entre la forma de las hojas, de los tallos y de las flores de la planta. En particular, notó que las muestras de la India tenían hojas significativamente más anchas. Como resultado, llamó a este nuevo tipo de cannabis "Indica", el nombre del latín para la India, desde donde provenían estas muestras (Erkelens & Hazekamp, 2014). Aunque los términos Indica y Sativa que Lamarck acuñó hace más de 200 años han tenido un impacto duradero en la forma en que aún se categoriza el cannabis, las investigaciones recientes han demostrado que estos términos en gran medida ignoran quimiotipos científicamente derivados. En otras palabras, estos términos no reflejan con precisión la diversidad del cannabis comúnmente cultivado.
Científicamente hablando, un quimiotipo es una forma más precisa de identificar subespecies de plantas que crecen, parecen y huelen de manera similar pero son químicamente distintas las unas de las otras. Consecuentemente, los quimiotipos nos proporcionan una descripción más precisa de las subespecies del cannabis y de los efectos que pueden tener. En cuanto a los quimiotipos del cannabis, los compuestos dentro de la planta que contribuyen a estas diferencias químicas son cannabinoides (o sea, compuestos que interactúan con el sistema endocannabinoide del cuerpo) y terpenos (o sea, compuestos que constituyen los aceites esenciales de las plantas). Es probable que hayas oído hablar de los dos cannabinoides que reciben más atención: el cannabidiol (CBD) y el delta-9 tetrahidrocannabinol (THC), pero también hay terpenos que se incluyen comúnmente en los quimiotipos tales como el alfa-pineno, el beta-cariofileno y el limoneno (Atakan, 2012; ElSohly & Gul, 2016). Son las cantidades relativas y potencialmente la interacción de estos componentes juntos, comúnmente conocidas como el "efecto séquito", lo que determina los efectos del cannabis (Piomelli & Russo, 2016). Entonces, lo importante no es si la variedad es Indica o Sativa, sino lo que está dentro de la planta misma. Dicho eso, la ciencia aún tiene un largo camino por recorrer para comprender estas interacciones (Anand, Pacchetti, Anand, & Sodergren, 2021).
En el análisis más extenso de su clase hasta la fecha sobre el cannabis comercial en los Estados Unidos, los investigadores informaron que, mientras que podían identificar con confianza varios quimiotipos entre casi 90,000 muestras, esos quimiotipos no se alineaban con constancia con la clasificación comercial de variedades tales como Indica, Sativa o las híbridas (Smith, Vergara, Keegan, & Jikomes, 2022). Además, otras investigaciones han demostrado que las características físicas que originalmente se utilizaban para diferenciar la Indica (hojas de planta más anchas) de la Sativa (hojas de planta más estrechas) ya no concuerdan con las variedades. Esto podría ser el resultado de generaciones de hibridación de las plantas (Vergara et al., 2021). Este estudio y muchos otros similares nos indican cada vez más que el uso de los nombres Indica y Sativa tal vez no sea tan significativo como muchos piensan. Los mercados legales, como el de Colorado, que ofrecen productos de cannabis requieren que los productos lleven etiquetas con información específica sobre su contenido, como el contenido exacto de THC. Como la distinción entre el quimiotipo y la variedad no siempre es clara para los consumidores, los productos de cannabis todavía se comercializan principalmente por el nombre de la variedad. Además, la mayoría de los estados que venden cannabis legalmente no exigen que los productores informen sobre los quimiotipos de la planta completa y, como resultado, otros compuestos como el CBD y los terpenos tal vez no se reporten con precisión o tal vez no en absoluto. Si comenzamos a centrarnos más en el quimiotipo del cannabis en lugar del nombre de la variedad, podría ayudar a los consumidores e investigadores a identificar con mayor precisión los productos de cannabis y sus efectos previstos. Así que, la próxima vez que elijas un producto de cannabis, no preguntes por Indica o Sativa, sino más bien por THC o CBD.
Aprendemos cada día más sobre el cannabis gracias a las investigaciones que tienen lugar en centros como CUChange. Aún así, persisten muchas ideas equivocadas sobre este producto cada vez más disponible. Una de estas ideas equivocadas es que no es posible llegar a ser adicto al cannabis a lo largo de periodos de uso prolongados.En realidad, el cannabis SÍ puede ser adictivo.
El trastorno por consumo de cannabis (CUD, por sus siglas en inglés) es reconocido clínicamente como un trastorno por uso de sustancias desde hace muchos años. CUD ha sido reconocido por la Asociación Americana de Psiquiatría desde el 2013 (APA, 2013) y asimismo reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2019 (OMS, 2019). Tal vez te preguntas que qué quiere decir el CUD y cómo es diagnosticado. Pues Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) define el CUD como un individuo que carece de la voluntad de dejar de usar los productos de cannabis a pesar de que ocasione problemas de salud y sociales. La diagnosis del CUD cuenta con once diferentes criterios, los cuales incluyen problemas sociales/interpersonales, antojos y el síndrome de abstinencia. El cumplir cualesquier dos de estos once criterios en los 12 meses anteriores constituye una diagnosis del CUD (APA, 2013; Patel & Marwaha, 2020). Enumerados a continuación son los once criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5ª edición, publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría y traducidos por Burg Translations, Inc. con consulta del Dr. Ricardo Restrepo.
1. Se consume cannabis con frecuencia en cantidades superiores o durante un tiempo más prolongado del previsto.
2. Existe un deseo persistente o esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo de cannabis.
3. Se invierte mucho tiempo en las actividades necesarias para conseguir cannabis, consumirlo o recuperarse de sus efectos.
4. Ansias o un poderoso deseo o necesidad de consumir cannabis.
5. Consumo recurrente de cannabis que lleva al incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo, la escuela o el hogar.
6. Consumo continuado de cannabis a pesar de sufrir problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes, provocados o exacerbados por los efectos del mismo.
7. El consumo de cannabis provoca el abandono o la reducción de importantes actividades sociales, profesionales o de ocio.
8. Consumo recurrente de cannabis en situaciones en las que provoca un riesgo físico.
9. Se continúa con el consumo de cannabis a pesar de saber que se sufre un problema físico o psicológico persistente o recurrente probablemente causado o exacerbado por el mismo.
10. Tolerancia, definida por alguno de los signos siguientes: (1) una necesidad de cantidades cada vez mayores de cannabis para conseguir la intoxicación o el efecto deseado o (2) un efecto notablemente reducido tras el consumo continuado de la misma cantidad de cannabis.
11. Abstinencia, manifestada por alguno de los signos siguientes: (1) presencia del síndrome de abstinencia característico del cannabis o (2) se consume cannabis ... para aliviar o evitar los síntomas de la abstinencia.
*Si Ud. es un usuario de cannabis o comienza a usar cannabis y cree que sufre algunos de los síntomas anteriormente enumerados, comuníquese con su proveedor de atención primaria para discutir sus preocupaciones más a fondo.
Actualmente se estima que 3 de cada 10 individuos que usan cannabis tienen por lo menos algún grado de CUD (Hasin et al., 2015). La demografía de edad más afectada es la de entre 18 y 25 años, y el 13.5% de este grupo de edad ha experimentado algunos síntomas de CUD en los últimos 12 meses (HHS, 2021). En cambio, el 15.6% de los individuos de entre 18 y 25 años de edad son diagnosticados con un trastorno por consumo de alcohol, según la Encuesta Nacional sobre la Salud y el Consumo de Drogas (HHS, 2021). La Figura 27 a continuación muestro cómo el CUD compara con las tasas de trastornos por consumo de otras sustancias para todas las personas mayores de 12 años.
¿Por qué el Trastorno por Consumo de Cannabis ocurre?
Cannabinoides como el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD) son sólo dos de los muchos compuestos activos que se encuentran en los productos de cannabis y es el THC el que comúnmente se asocia con la producción de los efectos intoxicantes asociados con el cannabis. Una teoría predominante de cómo se desarrolla el trastorno por consumo de cannabis se atribuye a la interacción de THC con receptores dopaminérgicos y de serotonina dentro del cerebro. Ambos receptores desempeñan un papel en el sistema de recompensa del cuerpo, y el uso prolongado de productos de cannabis altos en THC pueden interferir en el funcionamiento de este sistema y producir algunos de los síntomas de CUD (NIDA, 2016).
Tratamiento para Trastorno por Consumo de Cannabis
Un componente importante de muchos de los criterios diagnósticos del trastorno por consumo de cannabis es que el uso de cannabis persiste a pesar del deseo del individuo de dejar de usarlo y a pesar de las consecuencias que pueden ocurrir con el uso prolongado. Estos rasgos son comunes con trastornos por consumo de otras sustancias, incluidos el trastorno por consumo de alcohol, el uso indebido de estimulantes y el uso indebido de opioides. No existen en la actualidad farmacoterapias aprobadas (o sea, medicamentos) para el tratamiento del trastorno por uso de cannabis aunque algunos medicamentos se pueden recetar para disminuir los síntomas de abstinencia (Connor et al., 2021). Se están llevando a cabo múltiples ensayos clínicos en la actualidad para desarrollar medicamentos nuevos destinados a tratar el trastorno por consumo de cannabis (Connor et al., 2021; Sherman & McRae-Clark, 2016). Ya que no tenemos medicamentos eficaces todavía, el tratamiento cuenta mayormente con terapias de conversación como la terapia cognitivo conductual (CBT, por sus siglas en inglés), la terapia de mejora motivacional y el manejo de contingencias (Connor et al., 2021). Curiosamente, otro cannabinoide que ya hemos mencionado está siendo explorado actualmente como una de estas opciones de terapia potenciales. El cannabidiol (CBD), a diferencia del THC, no es intoxicante y puede antagonizar u oponer los efectos del THC. Esto puede proveer de un remedio natural para ayudar en el tratamiento del trastorno por consumo de cannabis, aunque se necesita más investigaciones (Freeman et al., 2020). Para aquellos que frecuentemente usan dosis altas de cannabis, pueden ocurrir síntomas de abstinencia cuando se detiene o se reduce el uso, y estos síntomas pueden incluir dificultades para dormirse, cambios en el apetito, sentimientos de agresión o irritabilidad, estado de ánimo deprimido y dolores de cabeza (Levin et al., 2010). Estos síntomas pueden durar de entre 1 y 4 semanas y ser bastante angustiantes para los individuos que intentan abstenerse del uso de cannabis (Budney & Hughes, 2006). Los individuos que piensen que pueden tener CUD deben hablar con su médico.
En conclusión, Como bien has aprendido, sí que es un mito que el cannabis no sea adictivo. Muchas organizaciones de salud reconocen el trastorno por consumo de cannabis como un trastorno por consumo de sustancias y parece ser más prevalente en individuos de entre 18 y 25 años de edad, pero puede afligir a gente de toda edad. Hay opciones de tratamiento disponibles y deben discutirse con su proveedor de atención primaria. Los individuos con trastorno por consumo de cannabis encuentran alivio de los síntomas al dejar de usar el cannabis y recibir tratamiento médico supervisado.
*Esta información se proporciona con fines educativos solamente y no se debe considerar como consejo médico
Existe todo tipo de producto de cannabis. Estos productos se categorizan frecuentemente según se comsumen o según cómo los ingredientes activos entren en el cuerpo. Generalmente, las dos categorías principales son los productos de cannabis que se consumen oralmente, más conocidos como comestibles, y los productos de cannabis que son inhalados. Tanto los productos comestibles como los inhalados contienen los mismos ingredientes activos, conocidos como cannabinoides, pero la manera en que estos cannabinoides entran en el cuerpo a ejercer sus efectos es drásticamente diferente. Cuando el cannabis se fuma o se vaporiza, los cannabinoides como el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) se liberan en el humo o vapor. Esto permite que el humo sea inhalado hacia los pulmones, donde los cannabinoides pueden ser absorbidos por la sangre (Huestis et al., 1992). Esto es también un paso clave en la activación de los cannabinoides como el THC. Calentar la flor o el cogollo de cannabis causa un proceso llamado descarboxilación. Este proceso transforma los cannabinoides de su forma naturalmente inactiva en su forma activa, la cual puede interaccionar con varios tejidos en el cuerpo. En cambio, la mayoría de los productos comestibles suelen ser hechos a través de un proceso que utiliza solventes para adherirse a los cannabinoides y sacarlos de la planta. Luego, estos solventes pueden ser extraídos de los cannabinoides para crear un extracto o concentrado purificado (Michalizzi et al., 2021). Estos concentrados pueden disolverse en aceites porque los cannabinoides, como el THC, son lipófilos (McClements, 2020), lo cual significa que se disuelven en grasas. Una vez extraídos, estos compuestos de cannabinoides se pueden incorporar en productos comestibles como dulces o productos horneados. Es importante notar que, aunque los productos concentrados se describen aquí específicamente en relación con el consumo comestible, otra vía común de la administración de los concentrados es la inhalación.
Dato curioso: ¿Sabías que se venden aproximadamente 4.81 millones de productos comestibles de cannabis en el estado de Colorado cada año? ¡Esto comprende casi el 45% de todas las ventas de cannabis en el estado! Son muchos dulces.
¿Qué tipo de producto es más seguro, el comestible o el inhalado?
Puede que pienses instintivamente que los productos de comestibles son más seguros. Tal vez asocias los productos de cannabis inhalados con los cigarrillos de tabaco, y todos sabemos el impacto negativo que el uso de tabaco puede tener en nuestra salud. Puede que te sorprenda, pero la respuesta a cuál es más seguro no es tan obvia como parece.
Productos inhalados
Las investigaciones han mostrado que un solo uso de cannabis puede dar a corto plazo efectos broncodilatadores, lo cual significa que ayuda a expandir las vías respiratorias, permitiendo el aire fluir más fácilmente hacia y desde los pulmones. Es por esta razón que el cannabis se ha utilizado como un tratamiento para el asma desde el siglo XIX (Kaplan, 2021). Sin embargo, estos efectos se disminuyen despues de tan solo un par de horas. El uso a largo plazo de cannabis por inhalación puede ser menos beneficioso. Un estudio, publicado en 2022, encontró que el uso de cannabis se asociaba con una reducción en la función pulmonar. Aún así, los autores sí notan que esto se debía en gran medida a que los usuarios de cannabis tenían mayores volúmenes pulmonares que sus contrapartes no usuarias. Se notaba también que el mayor impacto del uso de cannabis inhalado en la salud respiratoria podía ser el resultado de una transferencia dificultada de gases entre los pulmones y la sangre (Hancox, 2022). El mecanismo de acción exacto de los productos inhalados aún no se ha descubierto completamente y tal vez varía dependiendo del método de uso. Hay multiples formas en que se puede inhalar el cannabis, incluidos los porros, bongs, pipas, vapeadores, dabs y blunts, pero no se sabe con certeza todavía si uno o más de estos métodos conllevan más riesgos que otros.
Productos Comestibles
Ha sido difícil comprobar si los productos comestibles consumidos según lo previsto tienen efectos secundarios similares a o diferentes de los de los productos inhalados. Esto se debe en parte a que la mayoría de las investigaciones que exploran los productos comestibles se realizan con dosis relativamente bajas en un entorno clínico controlado. En este entorno controlado, es difícil evaluar los riesgos de los comestibles en situaciones no controladas. Por ejemplo, el mayor riesgo de los productos comestibles es ingerir demasiado, y eso es algo que no podemos evaluar en un estudio de investigación clínica. Además, es difícil probar los efectos de dosis de THC más altas o la presencia de contaminantes, ya que no sería ético dar a los participantes dosis de THC más altas que las de las cuales estén acostumbrados o darles comestibles contaminados. Por suerte, hay una investigación en curso en CUChange en Boulder, Colorado, que está explorando y evaluando el uso de productos comestibles en un entorno más práctico de la vida real fuera de las paredes de un laboratorio. En este centro, los participantes de la investigación consumen dosis auto seleccionadas de productos comestibles dentro de sus propios hogares y luego completan evaluaciones para una variedad de variables psicológicas y fisiológicas (Bidwell et al., 2022). Otro aspecto de los comestibles a tomar en cuenta es el hecho de que la mayoría de estos productos se venden como chocolate, gomitas, brownies y galletas. Estos productos pueden ser confundidos fácilmente con productos que no son de cannabis, especialmente por los niños. Por lo tanto, es especialmente importante asegurar que estos productos se mantenga fuera del alcance de los niños para evitar una intoxicación accidental. Un estudio realizado analizando las llamadas telefónicas al Centro de Envenenamiento de Oregon/Alaska durante 2 años encontró que el 28% de estas llamadas eran para niños menores de 12 años que habían ingerido accidentalmente productos comestibles de cannabis (Noble et al., 2019). Además, la investigación indica que la tasa de estas exposiciones accidentales puede estarse incrementando (Chao et al., 2016).
¿Cuánto tiempo se tarda en sentir los efectos?
Un último aspecto a tomar en cuenta al comparar los comestibles con los productos inhalados es el tiempo que tardan en entrar en el sistema y empezar a hacer efecto. La vía por la que los productos inhalados entran en el sistema es mucho más directa que la de los productos comestibles. Cuando el humo de los productos inhalados entra en los pulmones, puede difundirse directamente de los pulmones a la sangre. Los cannabinoides en la sangre entonces circulan por todo el cuerpo y pueden ejercer sus efectos. Estos efectos se pueden sentir muy rápidamente y generalmente alcanzan su punto máximo en aproximadamente 15 minutos (Spindle et al., 2021). Aunque los efectos de los productos inhalados hace efecto rápidamente, dichos efectos también se disipan bastante rápidamente. Los comestibles, en cambio, hacen efecto mucho más lentamente. La intoxicación máxima con comestibles puede tardar de entre 1 y 2 horas y los efectos de intoxicación duran mucho más que los de los productos inhalados (Spindle et al., 2021). Ya que los comestibles pueden tardar tanto tiempo en hacer efecto, no es raro que los individuos se impacienten y consuman más producto antes de que su primer comestible haga pleno efecto. Esto puede llevar a una sobreintoxicación y una mala experiencia general. Aunque no se han reportado muertes ocasionadas únicamente por toxicidad aguda de cannabis, exponerse a demasiado cannabis se asocia con efectos negativos. Los síntomas de la toxicidad aguda de cannabis pueden incluir somnolencia, taquicardia (ritmo cardíaco excesivamente rápido), agitación, confusión, náuseas y vómitos (Noble et al., 2019).
Conclusiones
En resumen, es más probable que los comestibles lleven a una sobreexposición accidental y, por lo tanto, efectos negativos. Debido a esto, a pesar de que puede haber algunos efectos negativos asociados con los productos inhalados, sería demasiado simplista generalizar que los comestibles son más seguros que las formas inhaladas de cannabis. El contexto es importante a la hora de decidir qué vía de administración utilizar. Si el uso tiene fines médicos, los individuos usuarios deben trabajar con su equipo de atención médica y/o con alguien conocedor de los productos de cannabis para decidir qué tipo de producto minimizará el riesgo de efectos no deseados.
Algunas personas creen que el uso de cannabis se debe evitar porque "te freirá el cerebro”, pero ¿qué significa realmente el término “freír”? Nuestra mejor interpretación de este término y esta frase es que quiere decir que el uso de cannabis, sea a corto o a largo plazo, tendrá efectos perjudiciales en el cerebro y en su funcionamiento. Aunque esta frase es bastante común y puede usarse como táctica para dar miedo y disuadir a la gente de que use el cannabis, sí plantea la duda: ¿tiene algún mérito científico? Los efectos a corto y a largo plazo. Las investigaciones han mostrado que el uso agudo de cannabis sí, de verdad, reduce el rendimiento en tareas que involucran memoria, control cognitivo y aprendizaje (Volkow et al., 2016). Sin embargo, los déficits observados tras un solo uso agudo de cannabis parecen ser temporales ya que los efectos se disminuyen a medida que baja la intoxicación por cannabis (Volkow et al., 2016). Si bien los déficits cognitivos observados con el uso agudo parecen ser solo temporales, lo que es de mayor preocupación para la salud pública son los efectos del uso de cannabis frecuente y prolongado. Aunque los efectos observados son leves, se ha demostrado que los usuarios crónicos de cannabis tienen una función deteriorada en una amplia variedad de tareas cognitivas comparados con los no usuarios (Grant et al., 2003, Scott et al., 2018). Es importante notar que los efectos de cannabis sobre la cognición parecen depender de la dosis y del momento del uso de cannabis. Además, resulta ser difícil tomar en cuenta otros factores (tales como el uso de otras drogas y del alcohol) que pueden explicar, al menos en parte, las diferencias cognitivas entre los usuarios y los no usuarios de cannabis. Finalmente, estos efectos dependen del individuo y pueden variar de persona en persona.
El uso de cannabis en la adolescencia
Los mayores impactos en la cognición y en el desarrollo cerebral se observan en usuarios de cannabis frecuentes y en personas que comenzaron a usar cannabis durante la adolescencia. Al combinar los resultados de todos los estudios, hay disminuciones mínimas en CI (~2 puntos de cociente intelectual) entre quienes han probado o usado cannabis; sin embargo, estas disminuciones son mayores y más significativas entre los adolescentes que usaban cannabis con frecuencia o cumplían con los criterios de dependencia del cannabis (Power et al., 2021). Pero, ¿por qué es así? Nuestro cuerpo produce naturalmente compuestos conocidos como endocannabinoides que interactúan con una variedad de receptores esparcidos por todo el cuerpo que constituyen lo que se conoce como el sistema endocannabinoide. El sistema endocannabinoide está fuertemente localizado en el cerebro, y los adolescentes (personas de entre 10 y 19 años) pueden estar a riesgo particular de sufrir un deterioro cognitivo debido al prominente papel que tiene el sistema endocannabinoide en el desarrollo neural y en la maduración cerebral (Lubman et al., 2015).
¿Son los efectos permanentes?
Muchos estudios sobre usuarios adultos del cannabis indican que las deficiencias de memoria y de aprendizaje no son permanentes y se disipan después de un período de tiempo una vez que se acaba el consumo del cannabis (Scott et al., 2018). Uno de esos estudios analizó las reducciones del volumen cerebral en usuarios de cannabis crónicos y encontró que los participantes que usan productos que contienen CBD o se abstienen por completo de usar cannabis durante unos meses tienen el volumen cerebral similar al de los no usuarios (Yücel et al., 2016). Otra investigación encontró que el rendimiento en tareas cognitivas revierte al nivel de los no usuarios después de abstenerse de usar cannabis. Existe cierta discrepancia respecto a cuánto debe durar este período de abstinencia para observar estos efectos, pero se estima que varían de entre 3 y 25 días (Scott et al., 2018; Schreiner y Dunn, 2012). Desafortunadamente, aún se sabe poco sobre la reversibilidad de estos efectos cuando el uso de cannabis se inicia durante la adolescencia. Un estudio del 2010 observó que los adolescentes que se habían abstenido de usar cannabis durante al menos 5 semanas aún tenían deficiencias cognitivas en una tarea de memoria comparados con los no usuarios (Jager et al., 2010). Esto indica que las deficiencias cognitivas asociadas con el uso de cannabis en adolescentes no son reversibles o tardan más en remediarse en comparación con los adultos (Hurd et al., 2019). Aún hace falta más investigación para explicar completamente estos efectos.
Conclusiones
Si bien puede ser un poco exagerado decir que consumir cannabis “te freirá el cerebro”, las investigaciones muestran que tanto el uso de cannabis agudo como el prolongado pueden tener efectos perjudiciales en el cerebro y en su funcionamiento. Afortunadamente, en los usuarios adultos de cannabis estos efectos parecen ser leves y normalmente revierten con el cesamiento del uso de cannabis; no obstante, puede que no sea el caso en individuos que comienzan a usarlo en la adolescencia. Debido a estas observaciones, no se recomienda que los individuos menores de 21 años consuman productos de cannabis.
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