Uno de los proyectos que más valoro dentro de mi participación en comunidad universitaria es Melodías Mentales. Junto a mis compañeros, nos propusimos descubrir qué tipos de ritmos son más adecuados para estudiar distintas materias. Sabemos que, al momento de estudiar, muchas personas disfrutan tener sonidos de fondo, pero en ocasiones elegimos música que más bien nos distrae, afectando nuestra concentración y desempeño.
Con esa inquietud como punto de partida, iniciamos el proyecto identificando y delimitando el problema de forma clara. Luego realizamos una revisión profunda de la literatura para comprender cómo la música ha sido relacionada con el rendimiento académico en estudios previos. Posteriormente, recopilamos datos específicos sobre los hábitos musicales de los estudiantes y sus calificaciones, con el objetivo de encontrar patrones o correlaciones entre el tipo de música y la efectividad al estudiar distintas materias.
Este proyecto me permitió unir dos cosas que me apasionan: la música y el aprendizaje. Además, me hizo reflexionar sobre cómo pequeñas decisiones cotidianas, como qué ritmo escuchar, pueden tener un impacto real en nuestra manera de aprender.
Aunque Melodías Mentales fue un proyecto valioso, Manos Sonoras ocupa un lugar aún más profundo en mi corazón, ya que tiene una conexión personal y familiar muy significativa. Este proyecto nace desde la sensibilidad hacia las barreras que enfrenta la comunidad con discapacidad auditiva, y busca crear puentes reales entre la tecnología y la comunidad.
La iniciativa comienza con una introducción a los distintos elementos que conforman esta comunidad: el lenguaje de señas, la accesibilidad, y la competencia cultural. Uno de los principales retos que enfrentan las personas con sordera es que la mayoría de los productos tecnológicos están diseñados sin considerar sus necesidades, lo que genera obstáculos innecesarios y excluyentes.
Manos Sonoras parte de la convicción de que los desarrolladores deben estar en contacto constante con las personas para quienes diseñan. Solo así es posible crear soluciones verdaderamente universales que impulsen la inclusión, fomenten el entendimiento mutuo y garanticen el derecho de todas las personas a comunicarse con libertad y dignidad.