Yo vi tres luces negras: Un relato de magia, muerte y tradición en la selva colombiana
Yo vi tres luces negras: Un relato de magia, muerte y tradición en la selva colombiana
Yo Vi Tres Luces Negras, la última obra del director caleño Santiago Lozano Álvarez, nos transporta a lo más profundo de las selvas colombianas. Este film nos sumerge en los ríos donde yacen los cuerpos desaparecidos de víctimas de la violencia paramilitar, responsable de la muerte del hijo de José, un curandero que ayuda a las ánimas a trascender y encontrar el descanso eterno en su pueblo. La película no solo narra el viaje de este chamán para buscar su propia muerte anunciada por el fantasma de su hijo, sino que también es un relato sobre las tradiciones religiosas de los pueblos del Pacífico y los ritos que son irrespetados y despreciados por las generaciones actuales.
A pesar de que el cine colombiano se ha vuelto monótono con el tema de la violencia en el país, Yo Vi Tres Luces Negras ofrece un punto de vista único. La película aborda la magia blanca, el uso de hierbas curativas y la religión con seriedad, sin recurrir a explicaciones fantasiosas. Los métodos del protagonista, José, no se explican, lo que añade intriga y resalta el poder y misticismo de la brujería que afecta tanto a los vivos como a los muertos.
Los muertos en esta película no son los típicos espíritus terroríficos de las producciones de terror genéricas. En cambio, se presentan como gente común que fue asesinada o no sobrevivió a los peligros de la selva. Este enfoque crea un ambiente que no busca asustar al espectador, sino que resalta la desesperanza y el abatimiento de los habitantes a través de una paleta de colores verdosa y marrón. Los planos cerrados enfocan a los espíritus, firmes e inexpresivos, temiendo ante la presencia de José, quien es el único capaz de verlos.
La cinematografía destaca la naturaleza con tonos apagados, reflejando el sentimiento desesperanzador de los habitantes. El aspecto sonoro está enriquecido con música cantada por los personajes, alabanzas al son de tambores y coros de gente embriagada. La técnica de los sonidos diegéticos se aprecia en escenas donde se hace un paneo de la selva, con una mujer cantando el Padre Nuestro en la penumbra de una choza iluminada por velas.
El contexto geográfico de la selva permite una tranquilidad sonora, sin el ruido incesante del tránsito o el bullicio de la gente. Muchas escenas son silenciosas, con diálogos triviales sobre la vida de los personajes y recuerdos de su tormentoso pasado.
Yo Vi Tres Luces Negras no es una película fácil de digerir para todos los espectadores debido a su ritmo lento y simbología visual. Sin embargo, su final es desconcertante pero satisfactorio, ya que el protagonista logra su cometido de reencontrarse con su hijo. Es una película oscura que logra empatizar con los personajes y es muy inmersiva gracias a su fotografía y apartado sonoro simple pero efectivo, creando un ambiente solitario y peligroso. La recomiendo para aquellos que disfrutan de historias lúgubres y ven la muerte como la vida invertida.
Salomón Quintana