FEITO PIPA
FEITO PIPA
No sé desde qué visión hablar de esta película, si hablar solamente de ella como una película más que hizo parte del festival, o si hablar de ella como la película inaugural de la edición número 65 del FICCI. Y es que claro, se abren mil preguntas, ¿Es realmente tan importante la película inaugural? ¿El festival es lo que la hace importante? Y si en verdad es importante ¿Por que decidieron poner esta?.
No sé ninguna de las tres preguntas, en este texto voy a suponer todo, creo. En un evento -mal organizado- donde habían más de dos mil personas esperando una película que se veía prometedora pero es que, desde el programa de mano, desde que anunciaron la película inaugural, todo era raro. Todo apunta a que decidieron poner esta película por la agenda del festival, la cual tenia como país invitado a Brasil. No me parece correcto sacrificar un espacio tan importante como lo es la película inaugural para cumplir algo en la agenda. En esta edición del festival, la cual se jacta de volver a los barrios, de volver a la experiencia de ver cine colectivamente, de ver el cine cartagenero en nuestras propias pantallas. Claro, uno escucha eso y se emociona, yo personalmente como Cartagenero lo hago. Pero todo cambia cuando la película inaugural, es una película brasileña, y ojo, no es culpa de la película que yo piense esto.
Dirigida por Allan Deberton, el cual suele hablar de relaciones queer y abuelas bailarinas, reúne esos elementos y le agrega la niñez, de ahí sale “Feito Pipa”, una película que habla de cientos de cosas, pero principalmente de la relación entre Abuela y Nieto -O por lo menos eso es lo que yo rescato-.
Feito Pipa tiene muchos aciertos, la historia de un niño queer y la relación con su abuela, es un acierto por cualquier lugar donde lo mires, la historia tiene el potencial de tener cientos de subtramas, pero justo ahí es donde pienso que peca la película, aprovecharon todo lo que la historia podía brindar y eso la hizo hablar de muchas cosas, cosas tal vez nada importantes para todo lo que venía planteando la película. “Gugu”, interpretado por Yuri Gomes, el cual se llevó un merecidísimo premio como mejor interpretación, dado por el FICCI, se lleva toda la historia. El chico no escatima en brindar una interpretación que desafía los pensamientos de algunos, y los pone a prueba a ver qué tan tolerantes son al ver este tipo de historias.
La película logra hablar de infancias queer, sin que toda la historia recaiga en esto, esto es lo menos importante, y como tal nunca se toca el tema, se sugiere, uno puede pensar lo que quiera. La película está muy cuidada, se nota el amor con la que la trabajaron, cada escena, cada luz que se pone, está puesta con cariño. La abuela de Gugu, Dilma, la cual fue mi personaje favorito de la película, logra tener una conexión con el público increíble, acierta completamente con la figura de abuela, una persona que al principio puede que no te entienda o puede que nunca lo haga, pero al final siempre va a estar para ti. La relación que logran construir Gugu y Dilma es de admirar, la conexión en pantalla te hace extrañar esa relación entre abuela y nieto que en alguna vez espero que todos hayamos tenido, y justo la película falla en los momentos que esta relación en pantalla falla, la abuela pierde ese protagonismo y si bien hace parte de la historia, pierde mucha fuerza cuando no está el personaje de Dilma. La película estuvo a punto de sacarme las lágrimas alguna vez.
La gran cantidad de historias que intentaron manejar a lo largo del largometraje me dejaron mucho que desear, de cada escena se puede sacar una película aparte, no sé como calificar esto pero personalmente es algo que me choca mucho. Veo el resto de la película pensando, ¿Pero qué hubiese pasado si hacían tal cosa? ¿Cómo termina de desarrollarse esta relación? ¿Todo va a estar bien entre padre e hijo? ¿Gugu va a ser el próximo Neymar?. Al final nunca terminaron de desarrollar nada, ni siquiera la historia principal, la de Gugu y Dilma. Y bien, no es necesario, todo es a libre interpretación, como la misma percepción de género de Gugu, pero eso personalmente hizo desconectarme de la historia y de la película en general.
El retratar la inocencia, siendo un adulto, es algo difícil y es algo que no supieron manejar tan bien en la película. Los chistes entre los mismos niños y los comentarios los percibía incómodos, tal vez la infancia ahora es así y no lo sé, creo que el director tampoco lo sabe.
Como película inaugural, queda mucho a deber, en mi opinión no capta nada la esencia del festival y todo lo que propuso este año. La tienen difícil si nos atrevemos a compararla con la que tomó ese mismo espacio el año pasado “Alma del desierto” de Monica Taboada, película colombiana y más importante, cartagenera. Ese detalle es importante, solo por eso el espacio se siente más propio, se siente que de verdad el festival le pertenece a uno.
Al final, algo que le destaco mucho a la película es lo bien que conectó con la comunidad queer. Amigues que se extrañaron cuando les dije que no me había agradado tanto, su comentario me mataba “Es literalmente la experiencia de una niñez nb” yo no podía decir nada frente a eso, solo me alegraba que pudieran conectar de esa manera con la película, al final, es lo más importante.
Juan Barros.