María Anais Gil Lozano
Mi nombre es María Anais Gil Lozano. Soy cubea.
Los abuelos de nosotros, nos indicaron que la luna era la guía.
Para los blancos el tiempo es el año.
Nosotros con la luna medimos el tiempo. Que menguante, que creciente.
Nosotros nos orientábamos cuando la luna cuando nacía era luna Nueva. Y cuando era la mitad del cielo, esa luna estaba indicando que era época del comienzo de trabajo del año.
Y ya cuando la luna nacía por la noche, que era luna llena.
Decían la época en que ellos contaban. Que era el día y la noche.
Nosotros creíamos todo eso. Porque cuando ellos nacieron, y cuando ellos criaron. A ellos les indicaron que tenían que contar esa luna. Que era para orientar a los indígenas.
Mi papá y mi abuelo decían que al comienzo del año, cuando ellos señalaban que era verano, cuando comenzaba solecito. Ellos ya empezaban a socolar, o a quemar para la comida de ellos. Porque de eso vivían ellos.
Ellos cultivaban yuca, plátano. En ese tiempo ya existía eso, para ellos sobrevivir. Y las mujeres sembraban. Era las que trabajaban. Y los hombres solo tumbaban y quemaban.
La mujer es la única que sembraba yuca, plátano. Y si tenía hijos, llevaba los niñitos a la chagra. Los dejaba en el suelo, con el ovejito tendido. Pero ella trabajaba sola.
Yo estoy hablando de la tribu de nosotros. Porque hay varios tribus. Y tenemos diferente forma, lo que nosotros trabajábamos.
Entonces de ahí yo sé. Porque nosotros nos criamos así. Hasta una parte nos criamos así.
Porque mi mamá cuando arrancaba yuca, nos llevaba a nosotros a la chagra. Nos enseñó a rayar yuca. A sacar almidón. A hacer casabe.
Todo eso les está enseñando. Y cuando la niña ya tiene por ahí, grandecita. Ya la niña empieza a trabajar.
Y cuando la niña le sale pechito, ellos tienen por obligación encerrar la niña. Y la tiene que cuidar.
Esperar que le llegue la menstruación, y la hacen oler ají. Y eso es bien reservada, la niña.
Y eso lo rezan con ají. Y lo hacen oler porque eso era lo que venían haciendo por tradición.
Porque ellos tenían que hacer una fiesta. Pintar bien bonita. Eso era lujo de ellos antiguamente.
De esa parte a mí no me tocó. Pero yo tuve una hermana. Y mi papá lo obligaba a levantar dos o tres de la mañana a ir a oler ají. Porque eso era el tradición de ellos.
Y los varones lo mismo. Y eso era muy cuidado.
Y después tenía que aprender a tumbar.
El día que llegara a conseguir una mujer, él tenía que trabajar.
La mujer lo mismo. Lo que no hacen hoy día. En ese tiempo es obligatorio que hacían los indígenas.
Y así levantaron a mi papá. Y él tenía ese régimen con nosotros.
Pero una mujer tiene que cocinar manicuera. Cocinar yuca. Rayar yuca. Hacer almidón. Hacer quiñapira con pescado. Ofrecerle a la gente que llega en la casa.
Todo era trabajo. La yuca, el señor llegaba con pescado. Si era harto, cocinaba. Hacía una moñica y comía con casabe. Y la maricuera, eso era la sobremesa de ellos.
Y si no hacían chicha, y tomaban al otro día chicha. Pero no fuerte. Sino para ellos.
Así vivían los indígenas en esa época.
Pero estoy hablando en años atrás. Porque ya esas cosas se fueron acabando. Pero sin embargo uno hace revivir eso. Lo hace todavía.
Los de ahora no saben eso.
Hasta ahí esa niña crecía. Ya era señorita. Y entonces la niña estaba bien.
El papá y la mamá sabían de a dónde iba a venir un hombre a enamorar a ella.
No enamoraba como hoy en día hace. La niña si le gustaba ese hombre o no le gustaba. La obligación era del papá. Ir a traer a la fuerza a la niña.
Entraba en una casa y la cogía y la amarraba. Y entonces se llevaba a la china.
Así ella no quisiera el muchacho. A ella le tocaba llegar a la casa. Y la hacían dormir con él a la fuerza.
Pues la muchacha quedaba a la fuerza viviendo con ese señor. Era obligatorio.
Si el muchacho tenía una hermana. Hacían también el cambio de la joven. Era como cambio.
Si el señor tenía otra hija y traía. Lo mismo: “yo no quiero ir allá”. A la fuerza la entregaba el papá. Y decía: “Llévese a mi hija”. Así ellos vivían. Cambio y cambio.
Si una mujer no quería ir. Y si el señor quería irse a vivir con ella. Si la hija no fuera a vivir con el señor, de una vez la mataba. Mataba así fácil.
No mataba como hoy en día. Echaba su líquido con veneno y le daban a la china.
“Ni para él, ni para nadie”
Quedaba así. Era el fin de los indígenas antiguamente.
Ellos en ese tiempo vivían así. Y mi papá vivió así. Y así consiguió a mi mamá. Cambio de otra hermana de ella.
Y mi papá consiguió a mi mamá. Cambio también.
Y si no tiene cambio era difícil. Pero tenía que convivir. Y la muchacha tenía que tener hijos.
Y si tenía una niña. Ella tenía que criar a la edad que ella tenga.
Y ahí si se lo entregaban al señor, a cambio de la mamá. Así era esa vida de los indígenas.
Era muy estricto en esas cosas. Pues ellos hacían eso, porque ellos tenían que familiarizar con ese indígena de allá.
Ese era como encuentro familiar. Todo entraba como familia.
Entonces ellos reunían mucha gente. La muchacha tenía hijos, criaba. Entonces no se quedaba así.
Los hijos de ellos iban haciendo lo mismo. Así sea vecino de ellos, o era de otra parte. Pero llegaba razón de que:
“Fulana tiene tres hijas”. “Vamos por una”.
Y este decía: “Yo tengo que ir, yo tengo hijo varón”. “Yo también voy a traer”.
Así ellos se formalizaron. Pero muchos indígenas. Pero ya no eran la misma tribu.
Yo sí tenía hartos hijos hombres. Él también tenía hartas nueras. O sea hartas muchachas. Y tenía hijos y los hijos iban rotando así.
Hasta que esas cosas terminaron, cuando llegaron los sacerdotes a Mitú. Los indígenas eran muy jodidos.
Como el suegro de la muchacha que llevó otro señor. El agradecía. Tenía que hacerle Dabucurí de pescado.
Eso era cambio de comida. Que ese señor tenía que hacerle Dabucurí.
El papá de la nuera hacían chicha. Y había danza, baile, carrizo, mabaco y todo eso. Y por eso se llamaba Dabucurí
Y él también baila, devolviendo la danza. Y eso tomaban cihcha. Y las mujeres bailaban.
Y eso sí. Eran bien pintadas. Y en ese tiempo como olían ají, tenían mucho aceite en la cara.
Ellos se pintaban de esas pinturas que hacen.
Hoy en día, nosotros no hacemos eso. Era para lujo de ellos.
Porque el hombre se enamoraba de una joven por la pintura que ella tenía.
Y la muchacha también se enamoraba, porque el hombre pintaba de diferentes colores. Eso era enamoramiento de ellos.
A veces los papás no estaban de acuerdo. Y tocaba a las malas llevar a las jóvenes.
Había Payé ese. El que reza la familia. Para que ellos formalice como pareja.
Y eso también hay una bebida que les llama yajé. Y ellos preparan un líquido que toman. Solamente los hombres.
Y entonces ellos sacan a las mujeres y los niños muy aparte.
Y el Payé exige que sea solamente los hombres, niños y jóvenes. Porque la mujeres lo sacan y no lo dejan ver. Ellos hacen así. Cuando ellos bailan eso que se llama Yuruparí.
Porque precisamente, las mujeres no pueden estar en ese baile, que ellos están haciendo.
Entonces solo están los jóvenes y a los viejos. Para que ellos sean fuertes trabajadores, limpios.
Para eso alistan unas cinco varas de pescar. Son varas especiales para darles juete a los chinos, a los jóvenes, a los viejos.
Porque yo miré, que mi papá tiene marca de eso. De la juetera que le dieron. Entonces son gente que son fuerte para trabajar. Y fuerte para la danza.
Porque mi papá era danzador. Mi papá era de eso.