Berenice Builes Zuluaga
Hace tiempos nosotros nos recibíamos así sin pañales. Así nomás. Así se nace.
Nosotros sacábamos, y lavábamos y secábamos.
Así nos criábamos, para que no nos enfermaba.
Un payé viene y reza: con tabaco, con agua y con brevo.
Hacía humo. Humeaba ahí alrededor del niño. Así no pasaba nada. Era como un bautizo.
Así nos criábamos nosotros.
Cuando ya una muchacha es joven. Cuando se enferma de mes. Ellos la dejaban un cuartico bien cercado. Bien tapado.
Con de todo y allá comía. Hasta que se alentaba y la sacaban. Así hacíamos.
Bien cuidadita. Ellos la cuidaban bien. Por eso no se enfermaba.
En ese tiempo no noviaban ellos. Y los papás obligaban. Papá de los niños le gusta una mujer. El papá lo trae y lo entrega.
Y la mujer también, el papá de la mujer. A ellos le gusta una nuera. Ellos lo sacan y entregan a los hijos. Así era de ese tiempo.
No es como ahorita de novios, ni nada. Ellos no se conocían. Así mismo, y ellos lo traían y lo entregaban.
Por ejemplo yo con mi viejo. Yo no tuve novio. Por ahí un tiempo que yo estaba trabajando aquí abajo. Y él me conoció y pidió mano a mi hermano.
Y mi hermano me entregó aquí y se regresó. Yo me quedé con él.
Después de dos meses él me llevó a tierras del Brasil. A hacer matrimonio. En ese tiempo vivíamos con matrimonio. Unión civil no vivíamos. Hicimos matrimonio y nos regresamos otra vez.
Ese tiempo que yo tuve marido, fue tiempo yo estuve trabajando coca de primeros días acá. Ya principiaban a trabajar coca acá.
Nosotros con bebés salíamos. Con ellos mismos íbamos a trabajar. A las seis de la mañana ya nos estábamos yendo.
A las cinco, ya todos comemos comidita. Llegábamos como las tres o cuatro.
Unos llega dos y tres. Y otros a las cuatro. Llegaban llenos de canastos de yuca.
Ellos preparaba y hacia casabe, manicuera. Cocinaba y comía.
Nosotros solamente comíamos quiñapira, chibe, casabe. Cuando hay carne nos comíamos. Cuando traemos marisco. Cuando pescábamos comíamos pescadito, no más.
Nosotros no comemos ustedes: desayuno, almuerzo, comida. No. Una sola vez no más. Eso es comida de nosotros. De tomar si, shibecito tomamos y listo. Así manteníamos.
Cuando se muere una familia, nosotros lloramos, alumbramos con breo. Nos reunimos y despedimos al difunto.
Así como hacen los católicos. Pero nosotros en ese tiempo no sabíamos rezar. Como lo hacen los católicos.
Por eso. Nosotros solo alumbramos y lloramos no más.
Los Payés hacían sentir los poderes de ellos, y los tabaqueros.
Ellos rezaban. Así manteníamos nosotros antes de entierro.
Al amanecer del otro día ellos sacaban una olla de barro grande. Metía allá todas las pertenencias del difunto: shaquira, tambor, morroco, cabeza de venado, carrizo.
Ellos lo tabapan encima. Todo. Y lo enterraban con él. Debajo de tierra. Allá se pudría eso. El poder de ellos.
Cuando era un Payé se lo llevaba todo lo que era de él. Nada quedaba en este mundo.
La maloca de descanso eterno, donde iban los espíritus de nosotros, quedaba por el lado de Mitú.
Allá en un cerro. Allá llegaban los espíritus de nosotros. Después que nos morimos.
Así como llegar a una casa. Nuestro espíritu llega a ese lugar. Allá por dentro de la piedra. Nosotros nunca íbamos a sufrir.
Todos nosotros llegábamos ahí. Todos: mujeres, hombres, niños, bebés.
Así decía mi abuelo. Que nosotros no vamos a llegar allá donde Dios de los blancos. Nosotros no tenemos nada que ver.
Nosotros llegamos aquí en este cerro. Allá llegaba los espíritus de ellos.
Los que tienen bautismo, no llegan ahí, al cerro. Ellos van a otros lados. Así éramos nosotros en ese tiempo.
No. Llegamos el lugar de nosotros que es bajo de cerro.
Es como llegar a la casa. Así como llegamos una casa, llegábamos espíritu allá.
Yurupari no es así no más. Eso son sagrado de nosotros. Y ahorita allá san José, yo escucho “Yurupary de oro”. No señor. Eso no se saca así. Eso son santo. Santo de nosotros. Eso no es juego.
Nosotros mujeres no miramos ahí. Los hombres mayoría y lo que son páyes. Ellos recibían. Nosotros no.
Eso son peligrosísimos para nosotros. Nosotros no miramos.
Yo cuando estaba más grandecita. Escuché una vez que yo estaba haciendo dabucuri de morichal.
Estaba entrando cuando eso sonó. Eso sonaba muy feo. Y otro sonaba “jaru jaru jaru jaru”. Y otro sonaba “gun gun gun”. Y otro sonaba “tu tu tu, bum bum bum”.
Eso todos son diablos. De los razas de cubeos, de tucanos, desanos, piratapuyos. Y de todos.
Mejor dicho eso entraba con el Dabucuri. Y eso es el Yurupari.
Eso ahorita no existe. Ya se fueron todos. Ya se perdieron.
Hace poquito, como en el sesenta seis y en el ochenta y dos. Yo fui donde mi tío. Él lo tenía todavía la tradición. Ellos sí lo tenía todavía. Como vivían en el monte, ellos no están en el pueblo. Ellos son montañeros. Ellos sí tenía el saber.
Hicieron Dabucuri. Baile. Ahí con la familia eso lo escuché yo. La última vez cuando yo tuve marido.
Ahora esas tradiciones ya no existen.
Las mujeres no pueden ver yuruparí. Cuando uno va mirando uno se muere. No vive.
Mujeres se enferma, como cáncer, así ustedes dice cáncer. Heridas de esto. Que pito que chupa, que dicen ustedes. Varias enfermedades coge por mirar de eso. Por eso motivo no lo dejaba mirar la mujeres.
Si una mujer miraba. Payé la rezaba. Con una varita rezada le daba duro juetera. Con eso rezo para que no se enfermara. Así hacia.
Después sacaba poconón de ají. Mandaba mascar. Puro rezo eso también. Para que no pasara nada. Así hacía mi tío.
Eso son peligroso dicen.
Mis abuelos todo tiempo cuando ello tomaba chicha, reunían con familia. Con el cuñado. Con vecino.
Ellos bailan con eso mismo, Yurupary. Que eso sonaba muy feo. Feísimo. Nadie arrimaba ahí cuando venía sonando por allá.
La mujer se iba brincando como ratones, escondiendo. Quedaba solo hombres: rezadores, tabaquero, y payé y otro poderoso.
Y ellos sí. A recibir aire. Y el resto que quedaron ellos rezaron todo. Para que no pasara nada.
Y eso ahora ya no existe. Ya no hay nada. Poder de los indígenas ya se acabó. Hace mucho tiempo. Ahorita ya no podemos nosotros. Ya no podemos hacer nada. Ya que quedamos así como ustedes.