4o MARTES DE PASCUA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, hijo único, Jesucristo; Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 11, 19-26)
En aquellos días, algunos de los que se habían dispersado, huyendo de la persecución desatada después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, anunciando la palabra de Dios únicamente a los judíos.
Pero algunos de ellos, que eran de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, comenzaron también a predicar a los griegos, anunciándoles la buena nueva del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos, y fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor.
La noticia de esto llegó a oídos de la comunidad de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró mucho y los animó a perseverar con corazón firme en el Señor. Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se agregó al Señor.
Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; lo encontró y lo trajo a Antioquía. Estuvieron allí un año entero reunidos con la comunidad, e instruyeron a mucha gente. Fue en Antioquía donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
R. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Aleluya.
Sus fundamentos están en los montes santos; el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. R. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Aleluya.
De ti se dicen cosas admirables, ciudad de Dios. “Contaré a Egipto y a Babilonia entre los que me conocen”. R. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Aleluya.
“Filistea, Tiro y Etiopía nacieron allí”. Se dirá de Sión: “Uno por uno todos han nacido en ella, y el Altísimo en persona la ha fundado”. R. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Aleluya.
El Señor registrará en el libro de la vida a cada pueblo, convertido en ciudadano tuyo; y todos los pueblos te cantarán, bailando: “Tú eres la fuente de nuestra salvación”. R. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Aleluya.
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya, aleluya.
Del santo Evangelio según san Juan (Jn 10, 22-30)
R. Gloria a ti, Señor.
Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.
Jesús les respondió: “Ya se los he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, (en las palabras que siguen, hasta "María Virgen", todos se inclinan) que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso. Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén.
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero, como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, por lo menos, ven espiritualmente a mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras allí y me uno completamente a Ti. Nunca permitas que me separe de Ti. Amén.
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amen.