El impreso El valle de las hamacas ha sido registrado con el ISBN 978-99923-49-99-1 en la Agencia salvadoreÃa del ISBN. Este impreso ha sido publicado por UCA Editores en el aÃo 2007 en la ciudad de La Libertad, en El Salvador.
Manlio Argueta's novels have earned him an international reputation and have endeared him to the Salvadoran people. His first two novels, El valle de las hamacas (1970) and Caperucita en la zona roja (LittleRed Riding Hood in the Red Light District) (1978), present the social instability and political repression in the country during the seventies. Caperucita en la zona roja (Little Red Riding Hood in the Red Light District) received the Casa de las Americas Prize in 1977. His third and fourth novels, Un dia en la vida (1980) and Cuzcatian donde bate la mar del sur (1986) describe the escalating repression and rebellion in the late seventies. His fifth novel, Milagro de la Paz (1994) examines the legacy of civil strife in the lives of a Salvadoran woman and her family. His most recent work, a collection of poetry, was published in 2013. He currently lives in San Salvador.
Michael B. Miller is a former professor of Spanish and Latin American Literatures at Gallaudet University in Washington, D.C.
La novelÃstica latinoamericana histÃricamenteha proyectado imÃgenes de fracaso nacional a travÃs de undiscurso nostÃlgico que busca seÃalar la inhabilidad de lospaÃses de AmÃrica Latina, para ponerse a la altura de lasnaciones-estado anglo-europeas y su desarrollismo triunfalista. Las novelascentroamericanas en general han seguido ese patrÃn. Como ejemplode eso, en El seÃor presidente y la TrilogÃa bananerade Miguel Ãngel Asturias, encontramos no sÃlo un discursode denuncia polÃtica anti-imperialista, sino tambiÃn un retratodel fracaso del estado guatemalteco como naciÃn por su incapacidadde emular el modelo de naciÃn-estado europeo y norteamericano. Alnivel continental, los escritores del "boom" han sido el ejemplo mÃsconocido en este sentido y continúan perpetuando este discurso,aún en sus obras mÃs recientes: por ejemplo, Noticia deun secuestro de GarcÃa MÃrquez y Los aÃos deLaura DÃaz de Carlos Fuentes.Hoy dÃa cuando empieza a vislumbrarse una nueva sensibilidadde unificaciÃn centroamericana, es importante analizar las novelasdel "post-boom" producidas en el istmo para tratar de descubrir en quÃmedida esta nueva sensibilidad se plasma en el discurso de los escritorescentroamericanos. En este artÃculo, harà referencia a lasobras de Sergio RamÃrez y de Manlio Argueta, con la intenciÃnde demostrar que sus obras se basan en una visiÃn mÃs solidariaentre los pueblos del Ãrea, una visiÃn que transgrede lasfronteras abstractas y falsas de las naciones polÃticas. Pero elestudio podrÃa aplicarse a cualquier otra obra literaria en la cualse encuentren indicios de una sensibilidad post-nacionalista. Como marcoteÃrico y contexto polÃtico-filosÃfico, harÃreferencia a la formaciÃn de las naciones-estado y el discurso dela identidad cultural nacional y a cÃmo este proyecto anglo-europeono ha sido el mÃs apropiado para las sociedades centroamericanasdespuÃs de las guerras de independencia.El nacionalismo se aprovecha de un fondo de sentimientos, memorias histÃricas,mitos, costumbres y tradiciones de los cuales va forjando una identidadbasada en sÃmbolos colectivos como la bandera, el himno nacional,las ceremonias conmemorativas, los dÃas feriados nacionales, losmonumentos a los hÃroes, la moneda del paÃs y, lo que esmuy importante, la historia nacional. En otras palabras, el nacionalismobusca establecer una cultura y una ideologÃa civil comunes. Peroa fin de cuentas, es una invenciÃn sobreimpuesta en regiones y culturasque muchas veces tienen muy poco en común, o sobreimpuesta en regionesy culturas que no se prestan a divisiones polÃticas tajantes quetienden a aislar culturas que comparten muchos factores, como sucede conlos pueblos de AmÃrica Central.Cuando SimÃn BolÃvar ayudà a liberar algunos paÃsesde HispanoamÃrica del control de EspaÃa, rechazà tantola herencia espaÃola por ser imperialista, como la herencia indÃgenapor ser, en su opiniÃn, retrÃgrada. Entonces sÃloquedaba como visiÃn para el futuro el racionalismo ilustrado enel cual se basaban las revoluciones en Francia y NorteamÃrica. Desdeel principio se impuso un sistema ajeno a la realidad de sociedades queno se prestaban todavÃa a la formaciÃn de naciones-estadomodernas, siendo sociedades semi-feudales social y econÃmicamentey culturalmente heterogÃneas. En el vacÃo administrativoen el perÃodo inmediatamente posterior a la independencia, surgieronestados de guerra dominados por caudillos y un sistema de clientelismoy paternalismo, sociedades militarizadas y en desventaja para hacer competenciacon el coloso del norte y el expansionismo europeo. CentroamÃricaexperimentà con una federaciÃn de repúblicas, similara la federaciÃn naciente de los Estados Unidos, pero fracasÃa causa de las fuerzas reaccionarias y conservadoras, especialmente loslatifundistas.Pero las fuerzas progresistas en LatinoamÃrica tambiÃnsufren de la ideologÃa de la IlustraciÃn y CentroamÃricaes un ejemplo de esto. AdemÃs de lo poco apropiado de un sistemade naciones pequeÃas expuestas a las fuerzas mÃs potentesy avanzadas del AtlÃntico del Norte, tanto los liberales como losconservadores suprimieron las esperanzas y los modos de vivir de las culturasindÃgenas y otras minorÃas raciales y culturales. Es decir,el impulso homogeneizante y racionalista de la naciÃn-estado ibaen contra de la heterogeneidad radical de la mal llamada AmÃrica"latina". MÃxico fue la excepciÃn al principio ya que lainsurgencia de 1810 proclamaba antiguos valores polÃticos y culturalesde los indÃgenas. Pero ya para mediados del siglo XIX y el triunfodel liberalismo, se empezaron a destruir y dividir las tierras comunalesde los indÃgenas y a fragmentar asà sus culturas, que tenÃanpoco que ver con la naciÃn hispÃnica catÃlica. DespuÃs,en la modernizaciÃn parcial, las burguesÃas nacionales seentregaron a arreglos neo-coloniales a medida que trataban de homogeneizarsus naciones y emular a los europeos y los norteamericanos. El lamentoliberal en AmÃrica Latina ha sido siempre el mismo, la inhabilidadpara cumplir con este proyecto.En vez de concentrarse en el desarrollo de mercados internos y de unabase industrial local, la mayorÃa de los paÃses optaron porun arreglo neo-colonial, según el cual el desarrollo econÃmicose concentraba en la industria de extracciÃn orientada hacia laexportaciÃn de productos primarios a cambio de la importaciÃnde lujos y bienes manufacturados. Las industrias de extracciÃn,la monocultura, la concentraciÃn de la tenencia de la tierra, sistemasde impuestos inadecuados y partidos polÃticos basados en el clientelismoy el compadrazgo, contribuyeron al fracaso en la modernizaciÃn polÃticay social. Los paÃses latinoamericanos adoptaron polÃticaseconÃmicas liberales y capitalistas al estilo europeo (con todala secuela de problemas de las nuevas formas de estratificaciÃnclasista y explotaciÃn laboral), pero nunca promovieron fuertementelos principios de ciudadanÃa polÃtica y cultura democrÃtica.La modernizaciÃn social y polÃtica para todos nunca estuvoen el orden del dÃa. El desarrollo de una cultura democrÃticaexitosa ha sido limitado no sÃlo por la persistencia del dominiooligÃrquico, el militarismo y la polÃtica clientelista, sinotambiÃn por, como afirma Georg Yúdice: "la tendencia aentender la democratizaciÃn en tÃrminos de la modernizaciÃn,es decir, la erradicaciÃn de tradiciones cuyos modos ÂencantadosÂo ÂaurÃticos de vivir pueden resultar contrarios ala coexistencia con otros o con los proyectos de las Ãlites y susaliados" (23). Esta actitud ha sido desastrosa para los indÃgenasy campesinos a quienes se ha intentado moldear a los proyectos desarrollistas,sean Ãstos de derecha o de izquierda. Este es el marco histÃrico-teÃricoque voy a utilizar para hablar de las obras de Manlio Argueta y SergioRamÃrez.Las novelas de Argueta demuestran que lo que se debe hacer es rompercon esa mentalidad que sÃlo ve una continuidad nacional armoniosa- las mentiras de las historias nacionales oficiales que se apropian detodo como si fuera parte de la misma historia por el simple hecho de compartirel mismo espacio geogrÃfico. El tÃtulo de su primera novela,El valle de las hamacas (1970), se refiere al apodo que los colonizadoresespaÃoles le dieron al valle donde hoy en dÃa se encuentraSan Salvador. Como se sabe, la trama tiene que ver con un grupo de guerrillerosineptos que buscan un tesoro de armas escondidas en un lugar remoto delistmo de CentroamÃrica. La novela es una ocasiÃn para burlarsede la historia ignominiosa de El Salvador, producto de una larga trayectoriade colonizaciÃn forzada y del atraso polÃtico. Pero tambiÃnes posible mirar la novela de otra manera. El tÃtulo tiene una altacarga simbÃlica que contrasta con la falsedad de las naciones-estadomodernas: se refiere no sÃlo a una regiÃn geogrÃficacentroamericana, sino tambiÃn a una cultura precolombina que nose puede sustituir por, ni comparar con, la naciÃn salvadoreÃamoderna: solamente la ideologÃa nacionalista hace esto. SÃlopodemos indicar los restos de la cultura indÃgena que tratan de sobrevivira los estragos de la modernidad y regenerarse. Caperucita en la zonaroja (1977) y Un dÃa en la vida (1980), las novelas quesiguen, sirven para demostrar que las naciones-estado en Centro AmÃricahan beneficiado sÃlo a las Ãlites que, a travÃs desus aparatos de represiÃn, han logrado imponer "su" visiÃndel mundo.El tÃtulo de la siguiente novela De Argueta, CucaztlÃn,donde bate la mar del Sur (1986), se deriva de un documento histÃrico,la Carta de RelaciÃn (1524) del capitÃn Pedro de Alvarado,en la cual se refiere al lugar "donde bate la mar del Sur en Ãl".El referente geogrÃfico del tÃtulo alude bellamente a unpasado ajeno a la realidad del estado moderno y sus fronteras polÃticasabstractas. CucaztlÃn no puede ser lo mismo que El Salvador, a pesarde las semejanzas geogrÃficas. La cultura precolombina era bastantediferente a la cultura nacional moderna, erigida Ãsta por las clasesdominantes sobre los cuerpos de los indÃgenas, cuyas tradicionesperduran, a pesar de todo. Asà nos habla uno de los personajes indÃgenasde la novela:"Me pongo a pensar: Âquà serÃa de nosotrossin el maÃz? Nada. Toda la vida comemos tortilla y sal. Los campesinos.Asà crecà yo. Asà hemos amado y vivido. A veces habÃafrijoles. TambiÃn comemos hojas, cantidad de hojas: de chaya, detamarindo, de jocote, de naranjo, de plÃtano. Comemos flores: deescobilla, de izote, de pito, de loroco, de madrecacao. Y montÃnde raÃces y hierbas. A veces nos caÃa un animal bendito:garrobo, iguana, conejo, cusuco, tepescuintle, tacuazÃn, chanchode monte, venado, palomas alas blancas y tortolitas, culebra masacua. Peroante todo, preferimos tortillas con sal. No pueden faltar en ningúntiempo de comida. AdemÃs, es lo único que nos llena el estÃmago. . . vivir es una cosa: mantener el cuerpo libre de enfermedades, no morirsede hambre ni de diarrea. MÃs de la mitad de los cipotes de una familiamueren por esa causa. QuizÃs por eso queremos tener una familiagrande. Para que no se termine la raza . . . . TambiÃn debemos sobrevivir.Esto es otra cosa." (Argueta, 1986: 10-11)Esta no es la narrativa de un ciudadano de un estado moderno nacional,sino la de una vÃctima de la modernidad y el triunfalismo de lanaciÃn-estado; este personaje no comparte nada con el estilo devida ni las ambiciones de las clases dominantes.En la misma novela, Pedro MartÃnez, a quien encontramos por primeravez en Un dÃa en la vida, es responsable, aunque sea indirectamente,por la muerte de su propio abuelo durante una interrogaciÃn militar.MartÃnez ha sido reconstruido, o indoctrinado, por el nacionalismoextremista que coloca la gloria de la naciÃn-estado en su luchacontra los guerilleros por encima de una vida humana, la de su abuelo.Al principio, durante el interrogatorio, el cabo MartÃnez no reconocea su abuelo ya que ha vivido 25 aÃos fuera de su tierra natal, aunquehay un eco de un espacio geogrÃfico-sentimental en las reflexionesdel viejo: "Desde que le habÃa preguntado el nombre al viejo,el cabo dejà de anotar en su libreta. El canto de los torogocesle habÃa interrumpido el hilo de las preguntas rutinarias. Comosi se le hubiera hecho un vacÃo que duraba veinticinco aÃos."(246). Ahora, el narrador enmarca este evento en tÃrminos de lamiltarizaciÃn forzada de la sociedad salvadoreÃa. La pobrezaabsoluta lleva a algunos a aceptar una carrera en el ejÃrcito, opor el reclutamiento forzado, o como la única manera de sobrevivir.TÃpicamente, se han analizado tales hechos asà y el narradorinsinúa que la indoctrinaciÃn tiene que ver con la "defensade los intereses del individuo" (247). Pero igualmente se podrÃamirarlo desde el Ãngulo de las contradicciones de la naciÃn-estadomoderna. Siempre han existido las guerras entre distintos grupos sociales,pero sugiero que es sÃlo dentro de la naciÃn-estado militarizadadel siglo XX que una persona de la misma cultura, la misma regiÃn,la misma clase, el mismo grupo socio-econÃmico, de hecho de la mismafamilia, mata a su prÃjimo: "Grandes inversiones econÃmicasy morales se han hecho para convertirlo en hombre diferente. La patriay el sentido de humanidad han sido hipotecados. Pero no importa si el hombrey la patria es Ãl, por algo se le ha dado la instrucciÃn. . . para apretar el gatillo" (247). SÃlo el nacionalismo y sufacilidad para moldear la conciencia de la gente parece tener la fuerzaideolÃgica necesaria para suprimir la lealtad familiar en pro dela "salvaciÃn de la naciÃn". En la cita la palabra"patria" tiene una profundidad afectiva que no tiene la mera "naciÃn"y su sentido abstracto. Justamente lo que se ha hipotecado y lo que sepierde al pasar de la patria geogrÃfica a la naciÃn abstractaes la pertenencia cultural, lo que se lleva adentro, el lugar de nacimiento.En las obras de Sergio RamÃrez, vemos indicios de la misma sensibilidad,aunque sea inconsciente y no se subraya como tema principal. Tomadas comoun conjunto, muchas de sus novelas recopilan la trayectoria de Nicaraguaen este siglo. Ya se ha distanciado del caudillismo de los sandinistaspara dedicarse a una genealogÃa de la naciÃn a travÃsde representaciones estÃticas de la historia nacional, que es ala vez una historia personal. Emprende la reconstrucciÃn a travÃsde la literatura de una historia periÃdicamente iluminada y reivindicadapor un poeta-hÃroe, RubÃn DarÃo, o un hÃroeanti-imperialista, Sandino, pero la mayorÃa de las veces degradadapor la dictadura y la avaricia de la burguesÃa y su estrechez demiras. El efecto acumulativo de este proyecto reconstructivo es, igualal de las novelas de Argueta, la revelaciÃn de una historia alternativa.Cuestiones de geografÃa y nacionalismo en CentroamÃrica secruzan con la polÃtica y la colusiÃn de las burguesÃasentre sÃ.Ya en ÂTe dio miedo la sangre? (1977) hay indicios deesta problemÃtica del discurso nacionalista. RamÃrez noscrea una visiÃn concreta de la figura del dictador centroamericanoy la opresiÃn de mÃs de 30 aÃos de la tiranÃasomocista. Somoza no es mÃs que el resultado de las mismas tendenciasya descritas al principio: la naciÃn-estado moderna como vehÃculopara el despojo del presupuesto nacional por parte de la burguesÃay sus mal nacidos hijos como el tiranuelo Somoza. Pero dentro de esta novelade denuncia, que nunca cae en el panfletismo, hay indicios de una mentalidadque supera el nacionalismo estrecho. Se trata de la transgresiÃnde las fronteras polÃticas impuestas sobre la geografÃa.La geografÃa desempeÃa un papel aún por estudiarseen la novelÃstica de RamÃrez. En los siguientes dos fragmentosde la novela, vemos cÃmo los personajes no perciben ningúncambio en los paisajes a medida que van pasando de un paÃs a otro.El primer fragmento tiene que ver con el desplazamiento de una familiade Costa Rica a Nicaragua en busca de una nueva vida:"Y abandonan un dÃa San Juan del Norte para irsea Puerto Cabezas a bordo de un remolcador, y con ellos se van tambiÃnlos demÃs pobladores que a la voz de Taleno el padre dejan sus tambosy lo siguen en busca de un lugar llamado La Misericordia junto al rÃoMacuelizo, donde es fama que se han denunciado placeres de oro tan esplÃndidosque las arenas del lecho se divisan amarillear de lejos, y los pies, almeterlos en el agua se impregnan de un pegajoso polvo dorado . . . Y cuandoya navegan a lo largo de la lÃnea de la costa, Trinidad asomÃndosea la borda pregunta si aquel paÃs divisado desde el remolcador esel mismo de donde ahora vienen; y Taleno el padre les seÃala entoncesque todo aquello azul en la lejanÃa es en verdad lo mismo: Nicaragua."(RamÃrez, 1977: 23-24)El segundo fragmento trata de la entrada en tierra nicaragÃense deun grupo guerrillero:"Y mientras caminaban por un terreno escabroso, les contarÃa,bordeando las rocas desnudas y filosas de una ladera que se despeÃabahacia una garganta profunda, Taleno a la vanguardia de la fila india sedetuvo para seÃalar las lomas vecinas, los pinares oscuros en lascrestas, desde las que les llegaba con el viento un suave olor a ocotes;Âaquà es ya Nicaragua, muchachos. Y al avanzar y hundirlas botas en el barro, tarde habÃa reparado Ãl que ese eraya el barro de Nicaragua, sorprendido entonces por la falta de novedad,porque cuando en las pensiones donde estuvieron escondidos en Tegucigalpase hablaba de este preciso momento de trasponer la frontera, se imaginabaque los Ãrboles, piedras, hasta el barro, iban a cambiar de sustanciay de color, iban a lucirle distintos apenas le dijeran: aquà esya Nicaragua." (ibid.: 231-232)Como ven en esta cita, no sÃlo se trata de, como se dice, "burlarla vigilancia de numerosas patrullas de los ejÃrcitos de ambos paÃses"(231), sino tambiÃn de una burla de la nociÃn de divisionestajantes entre las naciones centroamericanas. Se crea el efecto en la novelade un mundo doble, o dos mundos sobreimpuestos: las naciones-estado polÃticasvigiladas por la policÃa y los militares al pago de las burguesÃasnacionales, y por debajo, el movimiento constante de la guerilla y la solidaridadde la gente común y corriente.En Castigo divino, por ejemplo, lo que mÃs impresionaa veces al leer la novela por primera vez es la manera en que los personajesse desplazan de paÃs a paÃs con una facilidad y una familiaridaddesconocidas en otras naciones hispanoamericanas. No sÃlo hay saltostemporales sino saltos espaciales, una suerte de transgresiÃn delespacio sin pedir permiso, lo que crea la sensaciÃn