Raros libros nuevos
Los Bunkers en el imaginario de Marcelo Aldunate
Raros libros nuevos
Los Bunkers en el imaginario de Marcelo Aldunate
Preludio
Me distraigo mientras escribo porque sé que estoy haciendo trampa.
(Azul se vuelve la ciudad, letargo suave y sin tocar)
El libro me lo compró mi amiga Karlie hace varias semanas en la Tienda Nacional para conseguir uno con timbre y entrar al lanzamiento. Aún no lo tengo en mis manos, es mío por las reglas del derecho, pero todavía no es mío.
(Nada me importa)
No quise que me lo llevara a la tocata de Yeni Tabasco and the Jalapeños en el Liguria porque me daba vergüenza incomodar. Cómo ir con algo de Los Bunkers al evento de otro grupo, por mucho que lo integre uno de ellos. Bueno, a los diecisiete años andaba con mi bunker-polera hasta en los conciertos de Lucybell y algunas personas me miraban extraño.
(Fina sonrisa de metal, oscura niebla de cristal)
Me tienta la idea de decir que me gustan desde ese primer disco, pero la verdad es que el año 2001 estaba en quinto básico y mi música favorita eran las canciones de Cachureos. Qué adulta soy ahora.
(Nada me importa)
Puse el disco para disponerme a la lectura, en algún momento Karlie me pasará el libro, quizás en el mismo lanzamiento y me desbordaré con propiedad en este ensayo-reseña-crónica.
(Y cuando duermas, pensarás que todo se vuelve hacia atràs)
¿Cuál de esas es mi canción favorita? Todas han tenido su momento en mi corazón, me han abierto la puerta hacia otros intereses, a otras personas. También, me gustan las historias que mis amigas han construido con ellas. X e Y escuchan el mismo tema, al mismo tiempo, pero en lugares diferentes. X e Y arman recuerdos, construyen memoria colectiva junto al resto del alfabeto.
(Y cuando vuelvas a soñar, la historia no tiene final)
No es tan terrible escribir sobre algo que no he leído. La gente habla sobre cosas que no sabe con desparpajo incontenible. Además, es cuestión de tiempo, el apuro son mis sentimientos, el apuro son mis ganas de escucharlos, de verlos. El apuro es el amor.
(La espesa estela volverá, encanto suave y sin final)
Nuestras vidas transcurren en paralelo. ¿Es tan necesario ponernos de acuerdo?
(Nada me importa)
El libro:
Otra vez Pascuala (yo) se transformó en una adolescente irresponsable, tomó un bus a mediodía, viajó a Santiago, asistió a la presentación y se devolvió con el libro firmado por Aldunate y los tres bunkers presentes (rompí las reglas, fue sin querer).
Vive en la eterna pubertad cuando los tiene enfrente, porque al otro día se levanta tempranísimo, se le pasan las micros, corre por las calles de su pueblo, llega tarde a la oficina a prender el computador, conectar el zoom, completar documentos, firmar certificados, contestar teléfonos. Cachetazo de regreso a la adultez.
El cruce de la música con la literatura es natural, es más, el cruce de la poesía con la música es el regreso al origen. Amo que mi banda favorita tenga este vínculo tan estrecho con la palabra escrita. Cuando escuché “El hombre es un continente” en la grabación del Unplugged, lo primero que pensé fue “oh, cómo se nota lo mucho que les gusta leer”. Me lo confirman en casi todas las entrevistas cuando dicen que en sus casas siempre hubo libros y una guitarra de palo.
Así que aquí estoy de nuevo, escribiendo y tarareando, con el ejemplar de Piedra Redonda mirándome desde el velador.
Hay dos elementos claves que asemejan este libro a la trama de una excelente película: la buena memoria de Marcelo Aldunate y la disciplina de Los Bunkers.
A primera vista pareciera que Aldunate escoge el principio de la historia para contarla, la mítica tocata en el Tomm Pub. Sin embargo, es un incesante in media res que nos habla de la llegada de la banda a Santiago y una fantasía futurista que en realidad es nuestro presente. Me gusta que deje de manifiesto sus profecías: los vinilos, la música que escucharemos en veinte años más, el amor a los films distópicos. Sin esa sagacidad, lo más probable es que el destino de Los Bunkers y el nuestro hubiese sido muy distinto. Asimismo, me agrada ese afán de detallar los menús que compartían, hubo páginas en que se me hacía agua la boca pensando en ceviches, tallarines con atún, sushi y comida china.
Siempre dicen que es mejor no conocer a nuestros héroes, pero me encantó saber que Mauri hizo su tesis sobre La Bicicleta. Me lo imaginé siendo lector de Enrique Lihn y Jorge Teillier, yo sembré mis duelos a pistola como niebla en tu jardín. “Los cinco Bunkers eran muy agradables y tenían un marcado sentido del humor de provincia.” (p.35), mis héroes no me decepcionan. Omitiré el capítulo “Buscando tragos” como una eventual decepción porque quién no se ha llevado algún chascarro de mal gusto con un amigo alguna vez. En cierta forma, podríamos ser “animales de la misma especie”, ellos revisando discos y yo registrando las estanterías de la biblioteca municipal.
Sergio Lagos nunca destiñe cuando de presentar se trata, hasta Franz Ferdinand lo sabe. Quizás la única forma de no ver la proyección de la banda después de esa Rara tocata nueva era ser sordo, aunque hasta el artista más seguro de repente necesita escuchar que lo hace bien. Un poquito de refuerzo positivo para no decaer. Por eso, Tío Moncho, lo queremos mucho y le damos las gracias por documentar, documentar, documentar.
¿Qué hacemos cuando nos decidimos a escuchar música nueva por primera vez? ¿En qué formato, en qué lugar, haciendo qué actividad? Marcelo dice que escuchó el disco en su departamento, comiendo, relajado. Su trabajo es fascinante y logra encantarnos con él a través del cariño que le tenemos a los muchachos. Por mi parte, me senté a leer al lado del computador, con la estufa al máximo, para buscar las canciones que nombra, un momento de complicidad autor-lectora que tal vez le satisfaga conocer. Sus experiencias iniciáticas se cruzan con las mías, él escogiendo como single “el detenido”, yo cerca de la escotilla número ocho del Estadio Nacional, cantando con lágrimas en los ojos. Vuelvo al preludio con una pequeña corrección, X e Y escucharon la misma canción en tiempos distintos, comparten un lugar en un instante específico y construyen memoria colectiva. Nos aferramos a nuestro “derecho de vivir en paz”.
Por último, nunca había hecho la reflexión respecto de la “falta de archivo sonoro histórico de la música popular chilena” (p.42), podría ser incompatible con la sobreabundancia de información en internet, pero coincido con Marcelo en que no lo es. Según los estudiosos de los géneros literarios, no existe la “gran novela” de la dictadura. Y, aunque Mauri me respondió una vez que la música no tiene por qué hacerse cargo de problemas de la literatura, pienso que esa novela está escondida en las letras de las canciones, desde Violeta Parra con la Nueva Canción Chilena en adelante. Pop, rock, punk, blues, cumbia, rap, hip hop, trova, jazz, electrónica, folclor, música urbana. Un poema interminable que nos mantiene despiertos, que, como Aldunate, nos habla de un pasado muy parecido al futuro en el que vivimos.
Un futuro donde “la distancia se desvanece” y Los Bunkers siguen sonando, permanecen.
Colofón:
Escrito en un archivo de Google Drive, en tres tiempos como un partido de fútbol con amigues, para Karlie, Yasi y Bunkerlandia.