AEGIS Ep. 1 ha sido retirado temporalmente, y el ritmo de publicación se reducirá durante el verano.
Ideas conceptuales que se me van ocurriendo y voy publicando por aquí. Quziás alguna acabe convirtiéndose en un gran proyecto, ¿quién sabe? Dejad vuestras opiniones y sugerencias en los comentarios o en mi correo.
Tom salió de su casa alegremente, cargando con la mochila de la escuela, para atender un día más a sus clases en el instituto. Después de él salió su hermana, aunque ambos se iban por caminos distintos. Quien se reunió con Tom por el camino fue su mejor amigo desde la infancia, Harry, que vivía a un par de manzanas de distancia. Ambos caminaron alegremente al instituto, listos para un día más de hincar los codos. Una vez llegaron y entraron en la clase, se reunieron con el resto de estudiantes de su curso, aunque la que fue a saludarlos personalmente fue Mia, la otra mejor amiga de Tom desde niños. Aquél año habían caído todos en la misma clase en un principio, pero a Harry lo cambiaron unos días después de que empezara el curso. Sin embargo, siempre se pasaba a saludar a Mia antes de irse hacia su aula. Los tres amigos charlaron amigablemente durante un rato, hasta que llegó el profesor.
- Sí, ayer estuve jugando ése juego nuevo de consola… Híper Mario o algo así.
- Ah, sí, sé cuál es… Tienes buen gusto, Mia. Ese es una joya dentro de su género. Yo estuve viendo anime durante un rato, y luego tuve que ir al médico a una revisión. ¿Y tú, Harry?
- Pues yo estudiando… ¡Claro que no, hombre! Yo ya ni me acuerdo de lo que hice ayer.
- Ver hentai.
- Definitivamente, ver hentai.
- ¡Eh, oye! ¿Por quién me tomáis?
El profesor llegó al aula, y Harry se escabulló hacia su clase, despidiendo a Tom y Mia con la mano. Las clases pasaron sin ningún incidente destacable, y al acabar, Tom recogió sus cosas y se dispuso a marcharse junto a Harry y Mia, que le esperaban en la puerta, pero en ese momento una bola de papel le dio en la parte trasera de la cabeza. Tom sabía muy bien quién había sido: la chica sombría del fondo de la clase, llamada Sayaka. Tom abrió el trozo de papel y leyó su contenido: un par de palabras garabateadas: “Ahora en la puerta de la cafetería”, escritas deprisa y corriendo. Tom se disculpó con Harry y Mia, poniéndoles una excusa (“Lo siento, debo preguntarle una duda al profesor de biología”), y se escabulló hacia el lugar donde lo habían citado. Una vez llegó hasta la mencionada puerta de la cafetería, se encontró con que la chica sombría ya le estaba esperando, junto a otro chico que estaba de espaldas, de forma que Tom no podía reconocerlo.
- Bueno, Sayaka, ¿por qué me has llamado? ¿Ha habido algún avance?
- Sí, ya terminé con el encargo que me hiciste. Vengo a entregarte los resultados y a pedirte el siguiente favor. Aquí tienes la edición americana de ese juego que querías. Han sido cuarenta euros contando el envío.
- Guau, buen trabajo. Lo más barato que yo había encontrado eran noventa euros. Aquí tienes el dinero. Ahora dime qué es lo que quieres a continuación. ¿Saltarte un examen otra vez, quizás?
- No, en este caso el favor tiene que ver con este tipo de aquí, el que está escabulléndose para que no le veas la cara. – El aludido se detuvo bruscamente, aunque no se giró ni abrió la boca.
- Ah, bien, perfecto. ¿Y qué es lo que necesita este tímido sujeto de ti o de mí?
- Por lo visto, un pase especial para usar el salón de actos pasado mañana a la hora del recreo. Dice que quiere anunciar un proyecto en el que ha trabajado junto a sus amigos, pero que el profesor que les iba a ayudar se ha dado de baja y ahora no tiene permiso, ni tiempo para pedírselo a otro profesor. Así que me preguntó a mí, y yo te lo paso a ti a continuación.
- Bien, creo que podré hacerlo sin mayor problema, aunque me gustaría saber primero el nombre y la cara del cliente, si no es problema. ¿Me oyes, Harry? ¡No te escabullas otra vez!
El “cliente” de Sayaka y Tom no era otro que Harry, el amigo de Tom, quien había hecho lo posible para que éste no lo reconociera, pero el otro no estaba tan ciego como para no darse cuenta de algo tan obvio. Harry se dio la vuelta y saludó a Tom con cara avergonzada, disculpándose por haber intentado ocultarlo (aunque hubiera sido en vano).
- Vaya, hombre, Tom… No sabía que tú fueses el “contacto” de esta tipa… Ja, ja, ja…
- No te hagas el tonto, Harry Lewis. Te dije que era él en cuanto supe que era su mejor amigo el que requería de nuestra ayuda.
- ¡Cállate un poquito, Sayaka Evans! ¡Si ni siquiera has sido capaz de ayudarme tú y has tenido que recurrir a Tom! ¿Encima vas y te las das de lista?
- A ver, vamos a calmarnos. – intervino Tom – Harry, te conseguiré el salón de actos para pasado mañana, aunque deberías habérmelo pedido directamente. Ese proyecto que quieres presentar es el juego que hemos estado haciendo juntos, ¿no? Además, yo he sido el que ha escrito todo el guion, así que debería haber sido el más preocupado por todo, no tú. Podíamos haber esperado una semana a que se reincorporase el profesor Brown, pero da igual, si quieres pasado mañana así se hará. Ya le pagas tú a Sayaka lo que sea que te haya pedido. Y tú, Sayaka, búscate otro favor que pedir si quieres. Este no cuenta, ya que al final el más beneficiado soy yo.
- Bien, pues tendrás noticias mías pronto. Adiós, Tom Walker.
- Adiós, Evans.
Sayaka se marchó hacia la salida sur del centro, y los otros dos se fueron juntos hacia la salida norte, que les quedaba mejor para ir a sus casas. Tom le agradeció a Harry sus buenas intenciones, pero le reprochó el hacerlo todo a escondidas de él y de Mia, la otra participante. Al día siguiente, Tom consiguió el permiso sin problemas gracias al trato de favor que se había ganado con varios profesores, y terminó de hacer copias del juego que iban a presentar, el trabajo de todo un año, hecho con sudor y lágrimas. Tom ya se había hecho a la idea de que tendría que esperar aún más para presentarlo ante la escuela, pero parecía que no iba a ser así. Además, aquél año le otorgarían un premio al proyecto mejor creado. Valía casi cualquier cosa: una novela, un videojuego, uno o varios dibujos, incluso un cortometraje. Por eso los tres amigos estaban aún más emocionados de lo normal.
Llegó el esperado día: el día de la presentación del juego. Tom se levantó antes de lo normal de la cama, preparó todas las copias del juego que había grabado la tarde anterior, y desayunó corriendo para reunirse con Harry en la puerta de su casa. Éste había traído otra montaña de copias del juego, para un total de doscientos DVD con sus pegatinas y sus cajas de plástico. A la hora del recreo, tanto ellos dos como Mia se reunieron en el salón de actos, donde ya bastante gente los esperaba, y salieron al escenario a presentar su juego. Tom cogió el micrófono que le habían prestado y comenzó a hablar.
- ¡Buenos días, señoras y señores! ¡Me complace presentarles a todos ustedes el primer candidato a proyecto del año, apoyado por el profesor Brown! Y me acompañan los otros dos creadores de este proyecto, ¡Harry Lewis y Mia Wright!
Todo el mundo aplaudió enérgicamente ante la presentación de Tom, que fue acompañada por un juego de luces obra de Harry. Era una suerte que les dejasen usar todos aquellos materiales del salón de actos sin poner ni una pega. Mia encendió la gran pantalla que estaba a la espalda del escenario, y Tom rápidamente reprodujo el vídeo de presentación que con tanto esmero habían preparado. Pese a que el juego era una simple novela visual sin mucho más en el apartado jugable, el guion creado por Tom y el arte dibujado por Harry y Mia lo hacía destacar algo más debido a su estilo único.
El público quedó encantado con la presentación del juego, y vendieron casi la totalidad de las doscientas copias, sobrando apenas las que habían reservado para ellos mismos y para el profesor Brown.
Cuando los estudiantes hubieron terminado de comprar sus copias del juego, Tom, Harry y Mia agradecieron a todo el mundo su asistencia, y fueron a dar el evento por finalizado.
- ¡Bueno, pues hasta aquí nuestro evento de presentación! ¡Esperamos que les haya gustado, y que disfruten de nuestro juego al máximo! ¡Gracias y hasta la p…!
Tom se quedó congelado a mitad de la frase, y no pudo terminar de pronunciarla. Se quedó de pie con los ojos abiertos de par en par, y el tiempo se detuvo a su alrededor. A su alrededor, el mundo se derritió por completo, y Tom se quedó en un vacío completamente negro. Al momento, una extraña escena se empezó a formar. Tom se encontró con que estaba en el parque al que solía ir con Mia y Harry de niños, y que había sido transformado en un aparcamiento un par de años antes. Allí pudo ver a dos niños pequeños, un chico y una chica, jugando alegremente en los columpios. Tom no podía creer lo que veían sus ojos. Eran Harry y Mia, con la misma apariencia que cuando tenían seis años. Sin embargo, no podía verse a sí mismo en ninguna parte, lo que le sorprendió porque recordaba aquella escena perfectamente. Aquél fue el día en el todos ellos habían prometido seguir viniendo juntos a aquél parque cada vez que pudieran, hasta el día en que murieran. Se acordaba porque incluso ahora, nueve años después, aún seguían pasando por el lugar donde el parque había estado cada vez que iban o volvían del instituto.
Sin embargo, algo parecía distinto a lo que Tom recordaba. No sólo no estaba él en aquella escena, sino que Harry y Mia parecían mucho más cercanos de lo que deberían haber sido en aquél momento. Después de todo, cuando sucedió aquello apenas se conocían desde hacía un mes. Fue Tom el que los presentó entre ellos cuando entraron en la escuela por primera vez. Tom se acercó inconscientemente hacia sus amigos, preguntándose si eso de verdad era real o si sólo estaba soñando. Levantó su mano para llamar a Harry y a Mia, pero éstos se giraron hacia donde él estaba, y sus expresiones e volvieron de odio y desprecio al instante.
- ¿Qué haces aquí, Tom? – dijo Harry – Ya te hemos dicho que no queremos saber nada más de ti. Siempre estás detrás nuestra, diciendo lo que tenemos que hacer, creyéndote que le importas a alguien o que eres necesario, pero no es así. Simplemente jugábamos contigo porque nos caías bien, pero ya hemos comprobado que sólo te preocupas por ti mismo. Ahora vete.
- Eso, no te queremos. Por nosotros puedes morirte hoy mismo, no nos importaría mucho. – dijo Mia.
Tom retrocedió tambaleándose, incapaz de procesar los crueles comentarios de sus amigos. De pronto, la visión de Tom se volvió borrosa durante una fracción de segundo. Cuando pudo volver a ver normalmente, sus amigos volvían a ser como siempre, y le sonreían como si nada hubiera pasado, invitándole a unirse a ellos. Tom lo hizo sin dudarlo, pero mientras jugaba con ellos una araña apareció en medio del albero. Harry la pisó del susto, pero Tom se tropezó, causando sin querer que fuera Harry quien se cayera al suelo. Unos segundos después, Harry dejó de llorar, y Mia paró de acariciarle la herida a su amigo. Ambos giraron de golpe sus cabezas hacia Tom, con sus ojos ahora sin pupilas, y dijeron a la vez con una voz que no era la suya:
- Thomas Walker, has elegido dejar que tu amigo matase a la araña. Ahora será ella quien se vengue de ti y de tu querido compañero. Despierta, Thomas Walker, y observa las consecuencias de tus actos.
Tom despertó de pronto en el escenario del instituto. Todos los estudiantes miraban hacia el escenario con aprensión y terror en sus rostros, pero no hacia donde Tom estaba, sino un poco más a su derecha. Tom se giró lentamente, y lo que vio lo hizo desmayarse al instante, esta vez de verdad. Una marabunta de miles de arañas había envuelto a Harry, y le picaban y mordían ferozmente. Había tantas arañas que era difícil distinguir el cuerpo del joven por debajo de todas ellas. Pero lo peor de todo era el silencio que había. Harry no gritaba ni se estremecía del dolor, ni nada por el estilo, sino que estaba quieto. Al momento, las arañas se retiraron de golpe, escabulléndose todas por un diminuto agujero en la pared. Del cuerpo de Tom sólo quedaba una masa informe de carne y huesos, que por algún motivo se fue deshaciendo en polvo hasta que no quedó nada. Los estudiantes parecieron salir de su asombro, incluida Mia, que hacía unos segundos estaba desmayada del terror, pero ya se había recuperado milagrosamente. Tom no podía estar más confuso. ¿Acababa de presenciar la muerte de su amigo Harry? ¿Cómo era posible? ¿De dónde habían salido todas esas arañas? ¿Y qué había sido aquella extraña ilusión que había tenido justo antes?
Tom hizo lo que pudo por recuperarse del shock y se convenció a sí mismo de que todo había sido un sueño, y al instante siguiente acabó desmayado. Cuando despertó estaba en la enfermería del instituto, con Mia y sus padres observándole desde la puerta. Todos se acercaron a él al ver que despertaba. La madre de Tom le abrazó con cuidado y le dio un vaso de agua.
- ¡Hijo mío! ¿Estás bien, te ha pasado algo? Nos han llamado diciendo que te habías desmayado de pronto en medio del salón de actos, y hemos venido corriendo. Toma esto, te vendrá bien.
- Gracias, mamá. No os preocupéis, estoy bien. Ya me he recuperado. – Tom indicó a Mia con la mano para que se acercase, ya que ella se había quedado en la puerta. – Oye, Mia, una pregunta. ¿Dónde está Harry?
- ¿Qué Harry? Hay varios Harry en nuestro curso. ¿Necesitas decirle algo a alguno en concreto?
- Sí, mujer, a Harry, nuestro amigo de la infancia, el que conocemos desde niños. ¿Dónde se ha metido?
Mia y los padres de Tom se miraron preocupados entre ellos, y tras unos instantes le contestaron a Tom, que observaba impaciente.
- Tom, Harry lleva muerto dos años. ¿No lo recuerdas? Lo picó una araña extremadamente venenosa que alguien había traído de otro país para investigarla, y no pudo resistir demasiado tiempo. – Mia parecía estar sufriendo al rememorar esos hechos.
- No... No puede ser… No es posible…
Lo peor de todo era que Tom recordaba el momento que Mia describía. No sabía desde cuándo estaba ese recuerdo en su memoria, pero definitivamente no había estado antes de la ilusión, de eso estaba seguro. Sus padres le miraron preocupados, y le dijeron que descansara un rato. Cuando ellos salieron, entró otra visitante, esta vez Sayaka Evans, quien le preguntó que qué había pasado exactamente.
- Walker, cuéntame la verdad completa. Sabré si estás mintiendo o si dices la verdad. Si no lo recuerdas, también simplemente dímelo. Te ayudaré en lo que pueda.
Tom comenzó a relatar lo ocurrido, pero cuando llegó a la parte de la ilusión, el mundo se volvió a congelar, y una voz resonó en su cabeza, como viniendo de todas direcciones y de ninguna al mismo tiempo.
- Thomas Walker. Este es tu infierno, y sólo tuyo. Nadie más puede intervenir. Serán tus propias decisiones las que determinen el resultado. ¿Qué es real? ¿Qué es una alucinación? No puedes saberlo, porque todo es real y, a la vez, nada lo es. Ahora, enfréntate a tu mundo, un mundo de delirios e ilusiones.
La voz se detuvo y el tiempo volvió a correr. Cuando recobró la conciencia, Tom había vomitado encima de sí mismo, y Sayaka lo miraba con una mezcla de pena, intriga y asco.
- Entiendo que pueda ser muy doloroso para ti el contármelo. No voy a forzarte, así que céntrate en recuperarte lo mejor que puedas. Si me necesitas, ya sabes dónde estaré.
Sayaka se marchó, dejando a Tom solo en aquella enfermería, con el vómito aún encima de las sábanas. Aquella no era la primera vez que sucedía algo así. Y cada vez era aún peor que la anterior, sin excepción alguna. Quizás Dios había decidido que fuera él quien experimentara el verdadero infierno en vida. O quizás no fuera más que un delirio.
BONAIRE PRODUCTIONS PRESENTA – “DELUSION” CONCEPT. © Bonaire Productions 2020.
Mi nombre es Aria. Sólo Aria. Hace mucho tiempo que no he necesitado usar mi apellido, y es por eso que ya no estoy segura de cuál es. Aquí donde vivo a nadie le importa cómo te llames, o de dónde vengas. Lo único que importa es tu capacidad para Ver. Todos los que Ven tienen poder. Los que no Ven, sin embargo, están condenados a ser uno más de los miles de millones de humanos que viven sin propósito, que trabajan día y noche para los Poderosos tratándolos como si fueran dioses, mientras que éstos les lanzan mensajes vacíos de esperanza y los engañan para que crean que el mundo en el que viven es aquél que todos desean. No hay imperfecciones. No hay desacuerdos. Un mundo vacío.
¿Y yo, puedo Ver? Si no pudiera, probablemente no sería capaz de contar esto. Pero si pudiera, entonces no habría motivo para contar nada, ya que esta es una historia de cambio y revelaciones en un mundo que se convirtió en perfecto a partir de toda su impureza. Porque cuando algo se contamina hasta el límite, el material original pasa a ser el residuo del nuevo núcleo, ése que se ha expandido y tomado el control sin que nadie lo advirtiera.
Yo puedo Ver. Pero mi Vista es distinta a la de otros Poderosos. Otros pueden Ver el pasado, lugares lejanos, las mentes de otros, a través de los objetos sólidos… Pero yo no. Yo no Veo nada de eso, y sin embargo mi Vista es igual o más valiosa que la del resto de ellos. Yo veo otros mundos. En uno, el planeta es completamente verde, y hay animales hablando el lenguaje humano; animales que dejaron de existir en mi mundo hace siglos. En otro, el planeta humano es sólo uno de los millones de esferas en un infinito negro, salpicado por pequeños puntos de luz iguales al Sol. Y en otro, veo un planeta como el mío, donde los humanos conviven en paz e igualdad, y aunque su tecnología no tiene nada que hacer contra la de mi mundo, su civilización parece estar muchísimo más avanzada.
¿Y si puedo Ver todo esto, por qué no soy una de los Poderosos? No lo puedo saber con certeza. Cuando nacemos, el potencial de nuestra Vista es evaluado por los Jueces, y éstos deciden si el recién nacido es digno de pertenecer al selecto grupo con libertades, o si por el contrario será uno más del montón de personas sin talento que son tratados peor que el ganado. Aunque la teoría dice que cada recién nacido debe recibir un examen profundo antes de que los Jueces emitan un veredicto, últimamente estos exámenes se realizan con menos y menos intensidad, hasta el punto de que cualquier persona con una Vista inferior a la media es también tratada como ganado. Pero nada de eso explica mi caso. La verdad es que no sé qué pensar. Algunos de los Habitantes (el nombre con el que los Poderosos conocen al ganado humano) me han dicho que cuando nací, los Jueces vieron otro mundo a través de mí, y que eso los dejó sin palabras, impidiéndoles declarar un veredicto final. Es una versión que explica bastante bien mi situación actual, pero a mí no me complace.
Y desde los eventos que ocurrieron hace una semana, me complace aún menos. ¿Qué pasaría si dijera que todos esos mundos que Veo, son reales? ¿Qué pensarían los Poderosos al ver animales extintos hace milenios hablando su propia lengua? Y, sobre todo, ¿qué harían si los Habitantes descubrieran que, en algún lugar, existe un mundo donde todos los humanos viven en libertad e igualdad? Puedo imaginar que no estarían demasiado contentos. Así que, por el momento, lo único que puedo hacer es ocultar la existencia de Él… aunque tampoco creo que nadie me creyera si la revelara.
Mi nombre es Lurein. Sólo Lurein. Tengo apellido, pero ¿a quién le importa? Al fin y al cabo, mi nombre es lo suficientemente único como para no repetirse demasiado en ningún sitio. Aquí donde vivo todo el mundo me conoce, y por eso no son necesarias cosas como apellidos. Soy un estudiante absentista que vive en un barrio pobre de la cuidad más grande del país. Paso los días ayudando a los vecinos, cuidando de los niños pequeños y ayudando a estudiar a los que son suficientemente afortunados como para poder pagarse el colegio.
En mi caso, no es que tenga mucho dinero, ya que aunque mis dos padres trabajan, ninguno de ellos parece muy preocupado por mi futuro. Mi padre es un científico especializado en la nanotecnología, la robótica y similares. Le pagan bastante, pero se gasta casi todo el dinero que gana en materiales para sus investigaciones. Mi madre, por su parte, gana aún más dinero en teoría, ya que es ministra de Defensa del país. Toma padres importantes. Sin embargo, por unas cosas o por otras yo vivo solo en un barrio pobre que queda cerca del trabajo de ambos, y mis padres ni siquiera me dan dinero para pagar la escuela a la que se supone que es obligatorio asistir (pero no hay ninguna que sea gratuita, por supuesto). De hecho, la mayor parte del dinero que consigo lo hago usando una “habilidad” especial mía, una que poseo desde que tengo memoria. Yo veo el futuro.
O, mejor dicho, “oigo” el futuro. Ver, lo que es ver, no veo nada. No soy el típico que va a venir con el cuento de que sus sueños se hacen realidad a los dos días o algo por el estilo. En mi caso, soy capaz de oír lo que otras personas escucharán en el futuro. Al principio, yo pensaba que simplemente me lo estaba imaginando en mi cabeza, pero una vez me di cuenta de que casi todo lo que oía se cumplía. Así que, desde hace un par de años más o menos, los rumores sobre mí se fueron extendiendo en el vecindario, y de vez en cuando alguien me viene para que les ayude con algo. Yo no pido nada a cambio en la gran mayoría de casos, pero no son pocos los que me dejan una propina de todas formas. Eso sí, cada vez que alguien me pregunta por su futuro, yo les digo la misma frase: “¿Estás seguro de que quieres saberlo? El futuro no es absoluto, así que el hecho de que te lo cuente puede cambiarlo. Si tu futuro es algo negativo, puedes hacer un esfuerzo para cambiarlo; pero si es positivo, es probable que el mero hecho de saberlo haga que no se cumpla”. Aun así, aunque aviso con esa frase a cada uno de mis “clientes”, muchos la ignoran y me piden que les revele lo que oirán sus oídos.
Gracias a mí, algunos han aprobado exámenes que hubieran suspendido. Algunos han podido evitar peleas y discusiones. Pero otros han perdido la oportunidad de declararse a su amor, o han acabado metidos en problemas mucho mayores de los que mi oído pudo prever, todo por querer saber demasiado. Aun así, extrañamente, nunca ha habido ni una sola persona que me haya acusado de ser un fraude, o que me echase en cara el resultado negativo de mis predicciones. Pero nadie tampoco ha sabido explicarme de dónde viene esta habilidad. Aunque hay una persona, que conocí apenas hace una semana, que dice saber de dónde viene esta habilidad. Ella dice provenir de otro mundo, y por algún motivo no me resulta difícil de creer. ¿Qué pensarían mis padres o amigos si la conocieran? Que tanto ella como yo estábamos locos, seguro. Pero después de lo que pasó el día que nos conocimos, sería inútil intentar recuperar esa “cordura”.
Aquél día comenzó como uno más de esos días desechables, como todos aquellos en los que es imposible encontrar un hecho destacable por mucho que se intente. Dentro de mi extraña posición social, mi rutina diaria también es peculiar, pero eso no la hace menos monótona en lo absoluto. Cada día de mi vida comenzaba conmigo despertando en una más de las camas verticales en las que dormían los Habitantes. Estas camas verticales poseían una tecnología que hacía que cambiaran artificialmente su gravedad una vez dentro de la cápsula, lo que permitía dormir del mismo modo que en una cama horizontal. La única dificultado podía venir al entrar y salir de la cama, pero la costumbre hacía que los accidentes fueran mínimos.
Una vez la alarma sonaba en el almacén que contenía las camas, los cuatrocientos noventa y nueve Habitantes aparte de mí misma se despertaban de su sueño, y salían sistemáticamente de las camas, dirigiéndose al pabellón donde comenzarían su jornada de trabajo del día. Todos los recién despertados caminaban en orden hacia la enorme puerta de forma automática, sin siquiera pararse a pensar en lo que estaban haciendo. Con los años, yo misma me había dado cuenta de que muchos de ellos aún seguían dormidos, y de algún modo tenían tan automatizado el proceso que lo hacían cada día a la misma hora, aunque no sonase la alarma. Eso pasaba más frecuentemente con las personas más ancianas, así que supongo que era cuestión de tiempo que las mentes de aquél ganado humano fueran perforadas por la imperturbable rutina.
Yo decidí ir también a hacer mi trabajo, que aunque era algo distinto al del resto, no dejaba de ser algo de lo que jamás podía librarme. Al pasar por el enorme portón recogí mi ración asignada de lo que pasaba por un desayuno, esto es, unas barras de cereales artificiales con los nutrientes justos y necesarios para la vida y el trabajo. En mi caso la porción era ligeramente mayor a la del resto, pero mi trabajo involucraba menos esfuerzo, así que usualmente terminaba dándole lo que me sobraba a alguien a quien viera que le costara más realizar su labor.
Tras recoger mi comida y comer lo que consideré necesario, me separé del resto de Habitantes para dirigirme a mi puesto de trabajo, que consistía en supervisar la producción y el trabajo del resto desde una sala ubicada en un ascensor que permitía observar las múltiples plantas de la factoría. Así es, mi estatus relativamente privilegiado me daba acceso a un trabajo cuya única función parecía ser recordarme de las penosas vidas que toda la raza humana llevaba, siendo comandada por los Poderosos.
Ocho de las catorce horas de jornada transcurrieron sin incidentes, como de costumbre. Sin embargo, bien entrada la novena hora de imperturbable tranquilidad y monotonía, algo captó mi atención durante una de mis revisiones, concretamente en la cadena de producción decimotercera planta. En uno de los puestos donde se colocaban los obreros, había una niña pequeña haciendo su labor de forma común. No parecía haber nada fuera de lo normal en ella. Pero, entonces, ¿qué era aquello que había atraído mi atención?, me pregunté a mí misma. Tras una minuciosa inspección a la joven, me di cuenta de la obvia diferencia entre ella y el resto de obreros: ella estaba “despierta”. Sus movimientos eran mucho menos sistemáticos que los de sus compañeros, y su expresión, completamente diferente a cualquier otra que yo hubiese visto en años. Para mí, el ver esos ojos resplandecientes con vida causó una impresión que no podría describir con palabras. Lo más cercano que nunca había contemplado era mi propio rostro, que con los años se había ido diluyendo hasta parecerse cada vez más al de los miles de habitantes de la fábrica.
Por supuesto, aproveché la oportunidad que esta anomalía me brindaba, y me dirigí de inmediato hacia donde estaba esa niña. Ella, al contrario que el resto de personas a su alrededor, se giró en cuanto me oyó venir. Esto era posible ya que el ambiente de trabajo de la fábrica era completamente silencioso, supuestamente para evitar que los obreros se desconcentrasen. Aquella chica me miró a los ojos, con expresión aterrada, posiblemente pensando que la iría a castigar de algún modo. Yo, para intentar calmarla, hice mi mejor esfuerzo por sonreír, por primera vez en años.
- Hola, jovencita. No temas, no he venido a causarte ningún perjuicio. Por favor, continúa con tu trabajo durante el tiempo que me tome llamar a un sustituto. Me gustaría hablar contigo.
La chica asintió lentamente, y se volvió de nuevo hacia la cinta transportadora que llevaba las piezas que debían ser atornilladas. Yo, como había prometido, hice venir a un sustituto, que comenzó a trabajar al instante, mientras que yo apartaba a la joven de la cadena de montaje. Me la llevé a mi sala de vigilancia, y allí la hice sentarse en una silla extra que nunca se usaba. Ella me seguía mirando temerosa, pese a que ya le había confirmado que no tenía intención de perjudicarla en modo alguno.
- S-señorita, no he hecho nada malo… Por favor no me castigue…
- No te preocupes, jovencita, como ya he dicho no tengo intención alguna de causarte perjuicios, o hacerte sentir incómoda. Simplemente me has asombrado, eso es todo.
- ¿Asombrado? ¿Acaso hay algo en mí que merezca ser apreciado por alguien como usted, que posee la Vista?
- ¿Cómo… cómo sabes que yo poseo la Vista?
No había modo alguno de distinguir a alguien con o sin Vista sólo por su apariencia externa. Aquella niña de verdad iba a resultar ser un prodigio, un caso único al que debería proteger.
- S-simplemente lo he intuido… Entonces, ¿qué es lo que necesita usted de mí, señorita?
- Que me cuentes el porqué de tu actitud. ¿Cómo eres capaz de estar completamente consciente? ¿Cómo es que tu mente no ha sido consumida por las máquinas? ¿Y cómo es que no me había dado cuenta de esto hasta ahora, pese a haber estado años observando?
- No sé cómo explicárselo, señorita… Simplemente, esta mañana me desperté aquí sintiendo un enorme mareo, como si llevara mucho tiempo dormida, y apenas recordaba dónde estaba exactamente… Luego, poco a poco he ido recordando la vida en la fábrica, y la rutina diaria que se suponía que debía seguir. Sin embargo, sigo sin recordar grandes partes de mi vida, como si el tiempo que debería estar ahí hubiera sido borrado de mi memoria.
- Impresionante… Nunca había oído hablar de un caso similar al tuyo. Te lo ruego, déjame tocarte…
Alargué mi mano para tocar la cara de la pequeña, pero en el mismo momento en el que la rocé, una descarga eléctrica similar a la que experimentaba cada vez que tenía una Visión me atravesó el cuerpo. En esta ocasión, fue una especialmente intensa. Al momento siguiente, me encontré sola rodeada por un inmenso grupo de personas, pero esas personas no eran Habitantes. Eran otros humanos conscientes, humanos con expresiones en sus caras, todas ellas dirigidas hacia mí con muecas que no pude identificar al momento… “Asco”. “Miedo”. Fueron las dos palabras que se me vinieron a la mente. Eso era raro. En la mayoría de mundos que había visitado en mis Visiones, los habitantes simplemente se asustaban, me confundían con uno de los suyos y simplemente me ignoraban por completo. Pero esas muecas de “asco” … Nunca las había visto nada parecido en una de mis Visiones.
Al momento, sin embargo, me di cuenta de que algo no estaba del todo bien. Sentía mis ropas húmedas, además de más frías de lo que debieran. En mis manos podía sentir un líquido pringoso, además de un olor que no reconocía, pero que además de resultarme agradable, me parecía haber olido antes. Cuando giré mi rostro para mirar el líquido y poder identificarlo, me encontré con que mis manos estaban recubiertas en sangre. Así que de eso era el olor, pensé. Pero al momento, me percaté de que mi mano derecha se encontraba sosteniendo un cuchillo, que estaba atravesado directamente a través del pecho de un hombre joven, posiblemente de en torno a mi edad. Me di cuenta de que él ya no respiraba.
- Tú eres quien alberga el poder del Rey. Úsalo bien, pues de éste depende el futuro de todo lo que conoces como real.
Aquél día comenzó como uno más en mi aburrida vida, otro más para el montón de días sin sentido en los que luego no me acordaría en apenas una semana. Me desperté en mi habitación, que es una de las varias que hay en una pequeña pensión sin ninguna característica especial. Esto es casi lo único que mis padres me pagan, el alojamiento en este sitio, que la verdad no está tan mal como se podría pensar sólo por las apariencias. Los dueños son una pareja de mediana edad muy amables que no dudan en ayudar a cualquiera que lo necesite. A veces les digo que tengan más cuidado y que no confíen tanto en la gente, que algún día de éstos lo van a lamentar, pero nunca me hacen caso. El caso es que, pese a que lo que pagan mis padres es sólo alojamiento y desayuno, los dueños siempre me dan una fiambrera con comida para el resto del día. Siempre que gano suficiente dinero ese día, luego les pago lo que cuesta la comida, aunque al principio nunca aceptaban mi dinero. Se lo agradezco mucho, pero creo que no se dan cuenta de que rechazar mi dinero más que ayudarme, hace que me sienta mal conmigo mismo.
El caso es que me tomé mi (abundante) desayuno y salí a la calle tras despedirme de los dueños, que me dieron la fiambrera de costumbre, esta vez con varios sándwiches de diversos sabores. Ese día, mi plan era acercarme a la calle principal de paseo, ya que el día anterior había tenido varios clientes seguidos y dudaba que hoy hubiera ninguno. Era una especie de regla no escrita: cuantos más clientes hubiera un día, menos posibilidades habría de tener clientes al día siguiente. Y como el día anterior había tenido nada menos que siete clientes, pues no esperaba absolutamente nada destacable para hoy. Así que un paseo por la calle comercial este, la tercera avenida más grande de la ciudad, me vendría bien como un buen paseo y para cambiar de aires.
Cuando iba de camino hacia dicha calle, me encontré a dos amigos de mi época como estudiante (cuando tenía dinero e iba a la escuela, quiero decir). Ambos eran hermanos, un chico y una chica, y vivían en uno de los callejones de la zona comercial, a apenas veinte minutos andando desde la pensión. Les saludé, ya que hacía tiempo que no nos veíamos, y les ofrecí venirse conmigo a pasar la mañana y rememorar viejos tiempos.
- ¡Anda, Lu, pues claro que vamos contigo! – dijo el hermano al instante. Él se llamaba Alexis (Al para los amigos) y era un año menor que yo.
- Espera un momentito, Al, tenemos que pasarnos a hacer la compra, antes que nada. Después de eso, si da tiempo, ya vamos a dar el paseo con Lu, ¿eh?
La hermana, Aya (Ayase), tenía mi edad y había coincidido conmigo en clase varias veces en los viejos tiempos. Nos hicimos amigos porque, ojo, todos se reían de nuestros nombres “extraños”. Así de sencillo. Desde entonces, ella (y luego su hermano Al) ha sido la única otra persona de mi edad con la que me relaciono con frecuencia. Eso sí, aquella vez había pasado casi un mes sin vernos, así que teníamos ganas de ponernos al día.
- No os preocupéis por la compra, podéis hacerla mientras paseamos. Pensaba tirar por la calle comercial aquí al lado, así que por ahí podréis encontrar lo que necesitéis, supongo.
- Ah, bueno, en ese caso, perfecto. Vamos andando, que estoy segura de que tenemos mucho que contarnos después de un mes, ¿me equivoco?
- Para serte sincero, en mi caso no ha habido novedades… Sigo viviendo en la misma pensión, sin apenas ver un duro, y por supuesto sin poder ir a la escuela.
- Ah, bien, entonces supongo que seremos Al y yo quienes hablaremos más… Por cierto, ¿aún conservas aquella consola modificada?
Es cierto, he olvidado mencionar que una de mis posesiones más preciadas no es ni más ni menos que una vieja videoconsola portátil modificada por mi padre, y que tanto él como mi madre me regalaron hace varios años, cuando aún iba a la escuela. La usaba mucho para jugar a videojuegos, por supuesto, pero además tenía una función de teléfono oculta que sólo yo sabía desbloquear, y que ya me había sacado de más de un apuro. Estoy seguro de que este trasto esconde algo más, o al menos eso era lo que quería creer de niño cuando me la dieron, pero creo que está muy bien siendo un teléfono y videoconsola a la vez. Por supuesto, en su día se la había enseñado a Aya, incluyendo la función de teléfono, peor no le había enseñado el truco para activar esa función. Era mi pequeño secreto personal.
- Sí, por supuesto que la tengo, la llevo siempre conmigo. – Saqué del bolsillo la gruesa funda protectora donde la llevaba. – Aquí está, sin un rasguño más que los que tenía la última vez.
- Supongo que algunas cosas nunca cambian, eh… ¿No has pensado en comprarte un móvil decente alguna vez? Por muy poco dinero que tengas, puedes conseguir algo de segunda mano bastante bueno por poco dinero. Así podríamos comunicarnos mejor, sabes.
- Nah, paso de eso. Un móvil es un desperdicio de dinero, y te lo dice alguien que controla todas las tecnologías habidas y por haber, al menos en cuanto a ordenadores.
Seguimos hablando un buen rato hasta que estuvimos bien entrados en la enorme calle comercial. Allí había, como de costumbre, una enorme multitud de gente de todas las edades y condiciones sociales. Cuando paseábamos por delante las tiendas, los hermanos hicieron las compras que necesitaban, mientras Al me iba señalando todos los videojuegos que tenía o quería conseguir y Aya me contaba anécdotas del pasado mes que casi nunca fallaban en hacerme reír.
Sin embargo, en un determinado momento, algo ocurrió. No sabía cómo ni por qué. Sentí cómo el tiempo se detenía, y todo a mi alrededor se quedaba congelado. Mi vista se volvió borrosa, o eso creía, pero al fijarme un poco mejor pude ver que lo único borroso eran las personas que me rodeaban. Todas y cada una de ellas aparecían difuminadas ante mí, y me era imposible distinguir la cara de ninguna de ellas. Empecé a entrar en pánico. Era muy posible que alguna clase de enfermedad o veneno me estuviera causando una alucinación. Pero al momento, todas y cada una de las personas a mi alrededor se alejaron de mí, formando un círculo conmigo en el centro, mientras mi vista los mostraba cada vez menos definidos en mi mente. En ese instante, el cielo se volvió negro, y un agujero blanco con forma ovalada se abrió en él. De ese agujero descendió un ser con forma humana, que brillaba tanto que me era imposible distinguir ninguno de sus rasgos. Mientras observaba congelado aquella escena, sin embargo, alguien me empujó por detrás haciéndome caer de boca contra el suelo. Esa persona me hizo darme la vuelta y mirar hacia arriba, y la cara que vi en aquél momento será una que jamás podré olvidar. Justo en ese momento, mi amigo Alexis me miraba fijamente desde arriba con una expresión completamente vacía que me aterrorizó hasta el extremo, mientras sostenía el cuchillo de cocina con el que acababa de atravesar mi pecho. Por algún motivo, no me di cuenta del dolor que sentía hasta que vi el cuchillo clavado en mi cuerpo.
El dolor era insoportable y hacía que a cada momento que pasaba mi mente se rompiera cada vez más, pero de algún modo este pareció calmarse al poco tiempo. Al abrir de nuevo los ojos, me encontré con que quien ahora estaba apuñalándome no era el pobre Alexis, sino la brillante figura que había descendido desde el cielo: una hermosa joven de en torno a mi edad, que en aquél preciso momento me pareció el ser más bello del universo. Después de eso, mi vista se nubló por completo, y técnicamente hablando, morí. Pero mi vida no acaba ahí, ya que desde ese momento comenzaría mi verdadera vida como gobernante de mi destino, y comandante de mi alma.
- Tú eres quien alberga el poder de la Reina. Úsalo bien, pues de éste depende el futuro de todo lo que conoces como real.
BONAIRE PRODUCTIONS PRESENTA - "BIPOLAR" Concept. © Bonaire Productions, 2020-2021.
“Los fantasmas no existen”. Esa afirmación es un hecho globalmente aceptado desde hace siglos, aunque aún hay personas en este mundo que siguen negando lo innegable. ¿Yo? Yo no soy una de esas personas. He tenido bastantes experiencias con lo “sobrenatural” como para confirmar de corazón que los eventos aparentemente inexplicables son, sin excepción alguna, trucos de nuestro cerebro con las explicaciones más simples imaginables.
Pero pese a que yo mismo soy un ferviente defensor de la lógica y el sentido común, éste ha resultado ser, al menos en mi entorno, “el menos común de los sentidos”. Ya hace casi un año que personas cercanas a mí se me han acercado con “problemas sobrenaturales” cada vez más estúpidos y carentes de sentido. Y pues, de forma inevitable, al ir resolviendo estos problemas conforme me han ido viniendo, me he ganado la fama de “exorcista” o algo por el estilo. Una etiqueta ciertamente incómoda para alguien cuyo único propósito en la vida es sacar adelante un cuarto curso de Educación Secundaria de la mejor manera posible.
En esta ocasión contaré una de esas historias paranormales que he mencionado. Una cualquiera, sin ningún motivo especial para su elección. La historia comienza de la siguiente manera: Un día normal entre semana, a la vuelta del instituto, me topé con mi amiga de la infancia.
Aunque quizás sea un poco exagerado el llamarla mi amiga de la infancia. Después de todo, aunque nos conocíamos desde niños de forma indirecta, sólo nos habíamos vuelto cercanos de un par de años a esta parte. En cualquier caso, era una de las personas más preciadas para mí fuera de mi familia, y le debía (y sigo debiendo) mucho más de lo que jamás le podré pagar.
El caso es que, por circunstancias que no vienen a cuento, hacía un tiempo que no nos hablábamos. Así que mi sorpresa fue enorme cuando la vi acercarse hacia mí de forma tan directa, ni siquiera dejándome la duda de si buscaba a alguien más detrás de mí.
- Por favor, ven conmigo. Aún no te he perdonado en absoluto, y sé que esto sonará fatal tras decir que aún te guardo rencor, pero necesito tu ayuda de forma urgente.
- Sólo déjate de rodeos y dime qué necesitas. Ya decidiré si puedo ayudar o no.
- Me parece justo. Se trata de otro suceso sobrenatural que está ocurriendo en mi casa, y con el que necesito ayuda urgente. Si continúa a este ritmo, dentro de poco no podremos vivir con tranquilidad.
- Pero, ¿cuántas veces tendré que repetir que los susodichos “sucesos sobrenaturales” no existen? ¡Son inventos! ¡Falacias! ¡Delirios! ¡Y si hay alguien que lo sabe, eres tú!
- Precisamente por eso recurro a ti, porque sé que eres el único que podrás encontrar la solución al problema sin armar un alboroto innecesario.
- Pensaba que habías dejado de confiar en mí, pero me tomaré esto como una ocasión para compensar, al menos en parte, mis errores de aquella vez. Descríbeme el problema, le daré vueltas un tiempo, y te llamaré para concretar los detalles de lo que haremos para solucionarlo. Esta vez, por ser circunstancias especiales, no exigiré pago.
- Madre mía, cada vez te quieres parecer más a un detective privado novelesco… En cualquier caso, el problema es el siguiente. De un tiempo a esta parte, en mi casa han empezado a desaparecer objetos de forma aleatoria, sin el más mínimo patrón. Mis dos hermanos pequeños, mis padres y mi abuela también han sido afectados, así que puedo asegurar que no ha sido ninguno de ellos.
- ¿Has hecho por ti misma las comprobaciones básicas que te enseñé?
- Por supuesto. Si fuera tan fácil, no te habría pedido ayuda de nuevo.
- De acuerdo. ¿Esa es toda la gravedad del asunto? No parece serio.
- Lo sé, debería ser una tontería. Pero de algún modo… nos está afectando bastante.
- ¿Puedo saber qué es lo que ha desaparecido? ¿Algún patrón común?
- … Nada que te pueda decir.
- Comprendo. Veré lo que puedo hacer.
Tenía una vaga suposición de lo que estaba ocurriendo, pero no estaba seguro de cuál era la causa concreta, así que procedí a seguir a mi amiga de forma inmediata, sin ni siquiera tomarme el tiempo para pensar que había dicho que necesitaría.
- ¿Ya estás listo para investigar? Qué rapidez.
- Así es. Así que si no es molestia…
- Para nada. De nuevo, te lo agradezco mucho. No te pediré perdón a riesgo de sonar hipócrita, pero sabes que lo pienso.
En unos poco minutos, estuvimos en frente de la puerta del bloque de pisos donde mi amiga vivía. Ella abrió la puerta con su llave a la vez que tocaba el porterillo con un ritmo muy particular. Supuse que sería para hacer saber a su familia que había llegado, y que era ella y no alguien más.
Subimos hasta el piso de mi compañera, y nos encontramos con su madre saludándome desde la puerta abierta. Su cara era la de alguien que había estado llorando hasta hace poco tiempo. ¿Tan importante era aquello que había desaparecido? No era una posibilidad que pudiera descartar, por supuesto.
Una vez hube saludado a la madre de mi amiga, que me conocía ya de visitas anteriores y sabía perfectamente de mi “pasatiempo involuntario”, entré en la vivienda, donde me indicaron que me sentara en un cómodo sofá del salón.
- Muchas gracias por ayudarnos con esta dificultad nuestra. No sabes cuánto te agradecemos que hayas encontrado tiempo para venir.
- No tiene nada que agradecerme, señora. Les debo mucho más que esto. Bueno, si no le importa, antes de comenzar mi investigación, ¿podría presentarme al resto de su familia? Me temo que sólo conozco a usted y a su hija, y a uno de sus hijos pequeños de vista. Y es posible que si me los presenta pueda conseguir alguna pista más sobre lo que sucede.
- Como quieras, haremos lo que sea necesario. Hija, ve a llamar a tus hermanos. Yo iré a por tu padre y por tu abuela.
En torno a un minuto después, me hube introducido a ambos hermanos, los dos casi indistinguibles el uno del otro. Ambos decían que me conocían de antes, así que es muy probable que lo que yo pensaba que era uno de ellos interrumpiendo mis conversaciones con su hermana mayor hubieran sido los dos, turnándose entre ellos.
El padre estaba trabajando en su despacho, así que mi plan era no molestar demasiado al hombre y sólo saludarlo por cortesía, pero él insistió en tomarse algo más de tiempo para hablar conmigo y agradecerme mi ayuda. De nuevo le dije que era yo el que debía agradecerles a ellos, y tras una breve conversación ligera, me marché del despacho y dejé al hombre trabajar. Él me dio una impresión distinta a la madre. También parecía muy afectado por algo, pero su actitud era más desenfadada y alegre, aunque se notaba ligerísimamente forzado.
El último miembro de la familia restante era la abuela, que vivía con ellos desde que su marido, el abuelo de mi amiga, había fallecido años atrás. Por lo visto era ya bastante mayor y le costaba estar de pie mucho rato, así que simplemente me pasé por su habitación y saludé rápidamente, sin pararme a molestar mucho.
Cuando la ronda de presentaciones estuvo completa, procedí a preguntar a mi amiga y a su madre sobre los objetos que habían desaparecido y dónde se encontraban estos antes de desvanecerse. Me dieron una lista de lo más variopinta: un muñeco de peluche de uno de los niños, un videojuego antiguo del otro, un disco de música de mi amiga, un libro de la madre, y un álbum de fotos del padre, además de algunos otros objetos de diversa índole, como fotos de viajes o de cumpleaños. Era imposible deducir una relación entre estas posesiones personales en sí mismas, al menos sólo por la descripción. Tampoco podía encontrar sentido a que la pérdida de esos objetos afectara tanto emocionalmente a los padres y a los hijos. Aunque puede que eso último fuera por tener yo los sentimientos de un pedrusco venido a menos.
Tras comentarle todo esto a mi amiga, ella respondió diciendo que no tenía más idea que yo, cosa que me esperaba, y que si se me ocurría cualquier cosa que lo dijera de inmediato. Le pedí por favor que me fuera llevando por la casa y mostrándome uno a uno los lugares exactos donde debían estar todos los objetos perdidos.
Pasé por las habitaciones de los hermanos, de los padres, y de ella misma buscando los objetos desaparecidos sin dejar rastro. Y llegué a una sola conclusión.
- Todos los objetos, tal y como me los habéis descrito, están exactamente en el lugar en el que deberían.
- ¿Cómo? ¿De qué hablas? ¡Eso es imposible, si estuvieran ahí todos nos habríamos dado cuenta ya! ¿Es imposible que estemos tan ciegos!
- ¿Eso crees? Yo os puedo demostrar que os equivocáis. Este… “espíritu” que os ha estado acosando todo este tiempo robándoos cosas, no os ha robado nada. Sólo los ha escondido. A plena vista.
- Entonces, ¿dices que este ente sobrenatural de naturaleza desconocida nos ha poseído, haciéndonos dejar de ver ciertas cosas aleatoriamente, y embriagándonos con este mal ambiente de tristeza y depresión?
- Correcto. Aunque no estoy de acuerdo en la parte de “ente sobrenatural de naturaleza desconocida”. Para quitarme lo obvio del medio, no hace falta que diga que sigo sin creer en espíritus. Pero de existir de verdad una entidad paranormal, no sería desconocida en absoluto. Para ponerle un nombre a este fenómeno… sí, creo que “mariposa de la ceguera” es un nombre aceptable.
- No entiendo.
- La mariposa se relaciona con la mente, la psique, y con el cambio. Lo de ciega se explica a sí mismo. Y es evidente que algo debe haber ocurrido para que toda esta situación comenzara, de ahí lo de “cambio”. Esta entidad es una que bloquea la vista cuando ocurre un cambio importante, que quizás el afectado no quiera aceptar.
- ¿Entonces? ¿Cuál es ese cambio que no hemos notado, y que ha causado todos estos males en nuestra familia?
- ¿Queréis saberlo? Pues tan solo dame diez minutos para preparar mi revelación, y mientras tanto reúne a toda la familia para que pueda “iluminaros” a todos a la vez.
Me hizo caso al instante. Apenas hube terminado de decir mi frase, mi amiga corrió a avisar a sus padres y hermanos de que ya se había resuelto el misterio. Oí cómo les explicaba todo ese cuento de la “mariposa ciega” que me había inventado, mientras yo silenciosamente recolectaba todos los objetos supuestamente desaparecidos y los colocaba en un lugar específico. Cuando hube terminado, reuní a toda la familia enfrente de ese lugar que había escogido.
Ese lugar no era otro que el cuarto de la abuela. Era bastante lógico, quería tener a toda la familia presente y la pobre abuela no podía levantarse de la cama. Así que coloqué todos los objetos en la habitación, y abrí la puerta de ésta para dejar pasar a los cinco miembros de la familia restantes.
- ¿Qué es lo que se supone que tenemos que ver aquí?
Aquella pregunta venía del padre, que estaba notoriamente incómodo y angustiado. Me dio la impresión de que, si no sabía completamente lo que iba a suceder, tenía una idea bastante aproximada.
- Os voy a, cómo decirlo, “exorcizar” del demonio que os ha poseído. Creo que la hermana mayor ya lo ha contado, se trata de un espíritu al que he decidido llamar “mariposa ciega”. Ahora os liberaré de la maldición, pero para ello tendré que, básicamente y sin rodeos, dar una bofetada a cada uno. No preguntéis por qué, pero es necesario.
Todos se miraron desconcertados entre ellos, justo como esperaba, pero terminaron asintiendo con miradas decididas en sus rostros. Les indiqué que cerraran los ojos, y que los dejaran cerrados hasta nuevo aviso. Así lo hicieron, y mientras tanto yo me fui paseando atizándole una bofetada a cada uno con cuidado de que no les doliera de verdad.
Al terminar, les indiqué que abrieran los ojos, y al instante vieron la verdad. Todos ellos comenzaron a llorar sin control, y yo me marché del lugar silenciosamente, dejando una nota de despedida en la mesa del salón.
Al día siguiente, mi amiga vino a buscarme de una manera que me causó un importante déja vù. Pero esta vez, su expresión era la de alguien que había liberado, por fin, una gran presión acumulada, a través del llanto.
“Gracias”, me dijo. Sé que me lo dijo de corazón, y eso solo me hizo sentirme aún peor. Pero al menos pude alegrarme de que su familia pudiera vivir en paz.
- Pero, ¿se puede saber lo que pasó al final o no? ¿Vas a dejarme colgando con esa conclusión precipitada que no explica absolutamente nada de lo ocurrido?
- Tranquilízate, prima. Ahora te explico absolutamente todo lo necesario para comprender esta historia.
- Pues venga, ya estás tardando. Todas tus historias son iguales, primo. Son demasiado crípticas como para poderse entender sin contexto, especialmente con el modo en el que lo cuentas.
- Es comprensible. De hecho, mentiría si dijese que no lo hago aposta, aunque sea un poco. Pero también como siempre, procederé a explicarte todo aquello que no ha quedado claro.
>>Para empezar, el “incidente” entre mi amiga y yo mencionado al comienzo carece de importancia en este relato. Quizás alguien pueda haberse liado ahí, pero ése no era el punto de la historia en lo absoluto. Así que prosigamos.
>>La clave de esta historia se encuentra en el contexto que contenían los objetos desaparecidos. Todos ellos tenían una relación mutua, de la que ni sus propios dueños se daban cuenta de forma consciente. Y esa relación invisible es la clave del suceso que de verdad ocurrió. Prima, ¿crees que puedes adivinar de qué suceso se trata?
- No, creo que no puedo. ¿Qué relación podía haber entre objetos tan dispares? No tenían físicamente nada en común entre todos.
- Ahí es donde te equivocas. No era una relación física la que había, sino una mucho más abstracta. Era un enlace “espiritual”.
- No te sigo.
>>Todos esos objetos habían pertenecido, habían sido regalados, o contenían recuerdos relacionados a una cierta persona. Cuando un hecho ocurrió que impactó la percepción que toda la familia tenía de esa persona, el rechazo colectivo a esa nueva verdad fue tan fuerte que impidió a sus cerebros, aunque inconscientemente, sacar de su mente todo lo relacionado con ese hecho. Esto les hizo no darse cuenta de que los objetos que buscaban no se habían movido un milímetro, y también les hizo formarse una ilusión compartida que anulaba en sus ojos el gran cambio ya mencionado.
>> ¿Que cuál es este cambio, me preguntas? Es probable que mucha gente lo haya captado en este punto, pero lo diré de todos modos por si las moscas. El cambio que se produjo no fue otro que el fallecimiento de la abuela. Ella fue la que había tenido relación con los objetos desaparecidos, y su muerte había sido tan repentina y dramática para la familia que sus subconscientes se negaron a aceptar la realidad, formando la ilusión que yo eliminé. Desde el mismo momento en el que entré en el cuarto de la abuela, supe cuál era el problema y cómo solucionarlo. Lo que no tenía tan claro era el porqué de la supuesta desaparición de los objetos, pero en cuanto los observé con un mínimo de cuidado, me di cuenta.
- ¿Has entendido todo ya, querida prima?
- Casi todo. Lo único que no entiendo es, ¿por qué todo el ritual de cerrar los ojos y darles la bofetada? ¿Era sólo una escenita sin sentido?
- Correcto. Carecía de importancia, pero a la vez era vital. Tienes que tener en cuenta que, en el fondo, todos sabían que la abuela había fallecido, y en realidad estaban deseando salir de ese trance en el que estaban. La escena de la bofetada sólo fue un elemento sugestivo que utilicé en mi favor.
- En ese caso, creo que ya lo entiendo todo. Una muy buena historia, como siempre, primo. Llena de sorpresas hasta el final.
- Me sobrevaloras, prima. Una persona verdaderamente inteligente, no como tú o como yo, se habría visto venir el desenlace desde una milla atrás. Es por eso que debemos maravillarnos ante esas personas, y no ante la historia en sí.
- Tienes razón.
- Bueno, prima, ya es hora de que me marche a mi casa. Espero que hayas disfrutado la tarde.
- Sin duda. Pásate de nuevo en otra ocasión.
- Dalo por hecho.
(C) Bonaire Productions, 2021
Cuando me desperté de mi sueño, me encontré en el más absoluto vacío. Un vacío desolador, pero a la vez, de una belleza inconmensurable.
En medio de ese blanco vacío, no había nada aparte de mí. Cuando intenté girar mi cabeza para ver mi propio cuerpo, me di cuenta de que la blancura absoluta me impedía hacerlo.
De pronto, en mi campo de visión apareció un objeto, que un instante antes no había estado allí, pero que ahora reposaba como si hubiera estado en ese preciso lugar desde siempre. Lentamente, me acerqué hacia donde estaba el misterioso objeto. Al verlo de cerca y extender mi mano para cogerlo, vi lo que era. Era un huevo de gallina.
Lo deposité de nuevo con cuidado, para evitar romperlo. Pensé, “ya que no hay nada más en el mundo aparte de éste huevo y yo, quizás debería incubarlo. Quién sabe, a lo mejor un pequeño pollito nacerá de él. Pero justo cuando volví a sostener el huevo entre mis manos, las cuales aún era incapaz de ver con claridad, ocurrió algo impensable. El huevo habló.
- Tú que me has encontrado, ¿quién eres? ¿Cuál es tu nombre?
- No lo sé. Acabo de despertarme, y solo hay blanco en este mundo que veo.
- En ese caso, ¿podrías decirme cuál es mi nombre? Yo tampoco lo recuerdo.
- Tampoco lo sé. ¿Tú tampoco?
- Yo no tengo nombre, es por eso que te pido que me pongas uno.
Me quedé un rato pensando en qué decir, pero mi mente estaba en blanco, como si no pudiera pensar con claridad, y no podía decidirme. El huevo pareció darse cuenta, y volvió a hablar.
- Está bien, no hace falta que me pongas nombre ahora. Tendrás mucho tiempo para decidirte. En cualquier caso, te propongo una cosa: ¿y si vemos una película? En este vacío blanco no parece que haya mucho que hacer.
- ¿Una película? ¿Se pueden ver películas en este lugar?
- Sí, y además no una película cualquiera. Es una película especial, en la que te sumerges totalmente, y que tiene el guion y los personajes mejor hechos de la historia. El único problema es que es una película larga, y que el disco es ya antiguo, y es muy probable que sólo se pueda ver una vez más.
- ¿Estás seguro? Es tu película. No quiero que por mi culpa la pierdas.
- No te preocupes. En cualquier caso, sólo la iba a poder ver una vez más, y es mucho más divertido hacerlo con alguien más.
- En ese caso, de acuerdo. ¡Vamos a ver esa película!
El huevo saltó de mi mano y se fue alejando lentamente de mí, y yo comencé a seguirlo sin prestar mucha atención. Cuando me fui a dar cuenta, encontré delante de mí un sillón con apariencia de ser cómodo, así como una imagen flotando en el aire, mostrando la clásica cuenta atrás que solía aparecer antes de la proyección de una película.
Me apresuré a sentarme en el sillón, que era bastante amplio para sólo una persona, y encontré al huevo subido a un taburete justo al lado.
- La película va a comenzar, espero que te guste. Te acompañaré hasta que acabe.
Tras escuchar estas palabras del huevo, me giré rápidamente hacia la imagen. La cuenta atrás terminó en el preciso instante en que lo hice,
La imagen flotando en el aire pasó de un gris claro a un negro total, antes de empezar a mostrar la película. Ésta comenzaba con una escena de un bebé naciendo, grabada desde la perspectiva en primera persona del bebé.
El bebé creció, y se convirtió en un niño. El niño jugaba con sus padres y con otros niños, sin una preocupación en el mundo. Pero el tiempo no dejaba de pasar y, con el paso de éste, el niño se transformó en adolescente.
Como adolescente, muchas de las cosas que antes consideraba imprescindibles fueron quedando olvidadas, y otras nuevas tomaron protagonismo. Cada vez más preocupaciones, pero aún el deseo ferviente de convertirse en adulto y de disfrutar del mundo.
Al fin, como cualquier adolescente, se transformó en adulto, y con esto vino la decepción de ver que la vida no era tan fácil como había querido creer, o como algunos se la habían pintado. Ahora era su tarea cuidar de los nuevos niños, y transmitirles a ellos lo que había aprendido hasta ese momento.
El tiempo continuó pasando sin detenerse un instante. Los adultos se tornaron ancianos, y éstos a su vez vieron nacer a toda una nueva generación de niños como ellos lo habían sido, tantos y tantos años atrás. Sin embargo, no hay demasiado tiempo para disfrutar de la vejez y la renovada tranquilidad que ésta trae, ya que las manecillas del reloj no esperan a nadie.
Es ley de vida que, antes o después, todo ha de acabar, incluso aquello que al principio nos parecía que duraría para siempre.
Al final del todo, los ojos de la pantalla se cerraron por última vez, simbolizando su muerte. Al ser una película con vista en primera persona, esto hizo que toda la imagen se volviera negra.
Pero al levantar la vista de la pantalla flotante, me di cuenta de que todo el espacio que antes era de un blanco cegador se había tornado negro. Un negro tan abrumador como el blanco que lo había precedido. Sin embargo, había un solo objeto que permanecía visible: el huevo de gallina, que me había acompañado desde el principio. ¿Cuánto tiempo había pasado desde el inicio de esa película? Me era imposible decirlo con exactitud.
Algunas veces me habían parecido segundos; otras, años. Pero lo que sí sabía era que ya, por fin, había acabado. Mi mente estaba mucho más clara que lo que había estado al principio. Miré hacia el único lado al que parecía que pudiera mirar, que era el lugar donde el huevo estaba. Si recordaba bien, debería haber un asiento en aquél lugar… Pero bueno, no importaba, ¿verdad?
- Y bien, ¿sabes ya dónde estás? ¿Has encontrado tus respuestas?
El huevo preguntó, con esa voz que provenía de todas partes y ninguna, como lo había hecho antes de comenzar la película.
- Sí. Ya he resuelto todas mis preguntas.
- Bien. Me alegro. Entonces, ¿eres capaz, por fin, de decirme quién soy? ¿Cuál es mi nombre?
- Tú eres Dios.
- Correcto. ¿Y quién es ese Dios?
- Ese dios, soy yo. Es mi propia mente.
- ¿Dónde estás y quién eres?
- Soy un ser humano, que vivió, disfrutó y sufrió durante una larga vida. Uno más de entre miles de millones que una vez poblaran el planeta. Estoy en mi mente, en mi propia ilusión formada tras mi muerte. La película que acabo de ver, es mi propia vida.
- Correcto, todo correcto. Tienes razón. Fuiste una persona que vivió una vida plena, y que padeció y disfrutó a partes iguales. Quizás no vivieras mejor que otros, pero también hubo quien las pasó peor. Falleciste a una avanzada edad, y ahora estás aquí, conmigo. Contigo.
- ¿Es este uno de esos lugares en los que se deciden si voy al cielo o al infierno?
- No, por supuesto que no. Estoy seguro de que lo sabes. Esto es tu mente, así que no hay nadie más que pueda entrar a llevarte a ninguna parte.
- Entonces, ¿adónde vamos tras morir?
- A ninguna parte. Tu mente se desvanece por completo, al igual que tu cuerpo. Al principio sobrevivirás mediante los recuerdos de la gente que te conoció, pero, cuando incluso eso se desvanezca, seguirás existiendo como el legado que dejaste en el mundo. Incluso el ser más insignificante está formado por millones de partículas, que tras éste morir pasarán a formar parte de otros seres vivos posteriores, quizás con nada en común, pero que no podrían existir de no ser por esas partículas que lo forman.
- Pero entonces, si es cierto lo que dices, ¿cuál es el significado de la vida?
- Ninguno. ¿Acaso necesita algo tener significado para ser hermoso?
Tras decir esto, el huevo comenzó a romperse. De él salió una lluvia de diminutas motas de polvo, que se esparcieron por la infinita negrura llevando con ellas parte de la luz del huevo. Durante unos breves instantes, pude vislumbrar todo el mundo que yo había conocido, todos mis recuerdos y vivencias, una vez más.
Después de eso, toda la luz se apagó. Ahora sí, la negrura era total.
- Gracias.
No sé quién pronunció esa última palabra. Quizás fuese yo. Quizás fuese el huevo. Quizás fuese alguien del mundo real, llorando sobre mi cadáver. Pero no importa. Aquella fue la palabra más sincera que jamás oí. Y después, ya no hubo nada.
Un día cualquiera, la joven despertó de su letargo. Un sueño eterno en el que había estado sumida desde el mismo momento de su nacimiento. Y al despertar, ella no conocía nada. A sus quince años, la joven estaba recién nacida.
Al nacer, se vio a sí misma acostada en una cama muy cómoda, cubierta, con una temperatura sumamente agradable. Pero ella no se quedó a disfrutar de la comodidad de su cama, sino que, tras un enorme esfuerzo debido a la novedad, se puso en pie, apoyándose en la misma cama en la que había estado dormida hacía apenas unos segundos.
La fascinación de la joven era infinita. Al fin y al cabo, aquellas eran las primeras “experiencias” de su vida, pero su edad física significaba que su capacidad de asimilar nueva información era superior a la de un bebé al uso. En cualquier caso, una de las características que indicaban su condición mental de “recién nacida” era que su curiosidad superaba con creces al miedo instintivo ante lo desconocido.
Unos minutos después de despertarse, la joven ya había aprendido a estar de pie, y a andar con una destreza aceptable. Consiguió aprender cómo funcionaba una puerta, y abrió la que se encontraba en su habitación. Fuera de ésta había una serie de pasillos, todos con colores monótonos, y aparentemente idénticos entre ellos. Una gran cantidad de puertas adornaban las aburridas paredes, y éstas a su vez contaban con unos letreros indicando lo que se encontraba detrás de ellas.
Por supuesto, la joven no conocía el lenguaje usado en los carteles, o ningún otro en realidad. Para ella sólo eran garabatos negros pintados sobre un fondo blanco, formando figuras extrañas y sin ningún sentido. El único pensamiento en la cabeza de la joven era ir andando por el lugar, en busca de nuevas sensaciones, emociones y experiencias. Y no tardó mucho en encontrarlas. Al poco tiempo, vio aparecer una figura que se movía. Ella no tenía forma de saber que se trataba de otra persona, un ser humano de entre los miles de millones que habitaban el mundo.
Ella, con curiosidad, se acercó a la figura. Sin embargo, ésta no se acercó a ella. Dejó de moverse y permaneció quieta. La joven llegó hasta la figura, y la palpó. No era dura como las paredes o el suelo, pero tampoco era blanda como su cama. Además, irradiaba un calor corporal que la joven nunca había conocido. Le pareció asombroso. La joven quiso quedarse abrazando ese calor para siempre, pero cuando se fue a dar cuenta había dejado de sentirlo. La figura se había marchado. Ella estaba muy triste porque aquella criatura no había querido quedarse con ella, pero a la vez, estaba feliz de poder haber experimentado ese calor al menos una vez. De pronto, en su mente surgió una pregunta: ¿Habría más seres vivos como ella y la figura? ¿Objetos que se movieran por sí solos, y que irradiaran aquél calor?
La joven siguió vagando por los pasillos durante un largo tiempo. Hasta que se dio cuenta de que cada vez podía andar menos, ya que un dolor interior insoportable la hacía sufrir cada vez más. Era hambre lo que sentía. En una de las habitaciones que visitó, tras haber dominado loa técnica de abrir puertas, encontró un trozo de madera elevado como otros muchos que había visto antes (una “mesa”) repleta de objetos de los más variados colores, algunos de ellos humeantes, que emitían un olor que a la joven le pareció delicioso. Ella nunca antes había comido por sí misma, pero sus instintos naturales le informaron de que aquél olor provenía de algo comestible, algo que sin duda ella quería. No tardó mucho tiempo en haber devorado gran parte de la comida en la mesa, y de regresar a su búsqueda de otros seres vivos.
Comprobó lo que le parecieron infinitas puertas, todas ellas sin resultado, hasta que llegó a una notablemente más grande que el resto. La abrió. Al salir por ella, una ráfaga de luz la inundó. Pero no era una luz como la del interior del edificio. Era una luz cálida, con un calor diferente al calor de los seres vivos, un calor que también le resultó agradable a la joven, aunque al poco tiempo comenzó a resultarle demasiado caliente, y corrió a refugiarse bajo la sombra cercana. Una sobra que pertenecía nada menos que a un árbol, cuyas hojas bailaban con la tenue brisa de la mañana. La joven, pensando que el movimiento de las hojas significaba que eran seres como el que ella había abrazado hacía ya un largo rato, trepó al árbol y tocó las hojas, sólo para encontrárselas frías y bajar decepcionada al suelo.
A partir de ése momento, la joven continuó buscando por el mundo aquél calor, aquella sensación tan placentera que cada vez le parecía más lejana en su memoria. Probó a abrazar a animales de toda clase, a plantas, incluso a máquinas que también se movían aparentemente por sí solas, pero nunca obtuvo la sensación que ella buscaba. Y varios días después, en un tiempo que a ella le parecieron milenios, la joven llegó a un lugar completamente nuevo. Un lugar donde todo lo que podía verse eran inmensos rectángulos verticales moteados de puertas y ventanas, entre los cuales había máquinas, animales, plantas, y… muchas siluetas que a la joven le parecieron casi idénticas a aquella que una vez había abrazado. La joven fue corriendo con toda su velocidad hacia esas formas, pero éstas se movían incluso más rápido que ella. Entraban en máquinas que se movían todavía más rápido, a demasiada velocidad para la joven, y desaparecían de su vista en segundos.
La desesperación asaltó a la pobre criatura, cuyo único deseo era volver a conocer ése calor que tanto la había fascinado poco después de su llegada a este mundo.
Tras lo que podría considerarse una eternidad incluso para una persona corriente, muchísimo más para la joven, ella por fin fue capaz de encontrar una silueta similar a la de aquella vez, que se dejó abrazar por ella sin presentar oposición alguna. Pero igual que la primera vez, antes de que la joven pudiera darse cuenta, aquél calor había desaparecido. Sin embargo, esta vez el calor había sido algo distinto al de la primera vez. Algo más… vacío.
La joven no se sintió frustrada al ver que todos sus esfuerzos habían sido en vano. No se intentó animar diciéndose que encontraría otro calor como el de la primera vez. Sólo se sintió triste, triste porque ya había pasado demasiado tiempo buscando en vano, demasiado tiempo persiguiendo un calor que nunca parecía encontrar, y que se esfumaba delante de sus ojos cuando se acercaba a él.
La joven entró en depresión. Una depresión que nunca parecía aminorar, excepto por las muy raras veces en que alguna figura humana se acercaba a ella. En esos casos, toda la duda y tristeza se despejaba de su mente. Ella corría, corría como si no hubiese un mañana, hacia la figura en cuestión. La abrazaba, para encontrarse con que estaba más fría de lo que había imaginado. El tacto era distinto. El calor no era el mismo. Y la depresión asaltaba a la joven de nuevo, entrando en un ciclo interminable, un túnel desde el cual jamás se podía apreciar la luz al final.
Pasaron los días. Pasaron las semanas. Pasaron los meses, y los años. Cada vez era menor el entusiasmo de aquella mujer, que había dejado de ser joven hacía mucho. Aunque no se notara tanto en su cuerpo, su mente era la de una anciana a la que el mero hecho de caminar una distancia moderada se le antoja una tarea irrealizable, un sueño lejano.
Pero un buen día, al fin, su historia pudo concluir. Se topó una vez más con uno de aquellos humanos a los que había estado persiguiendo toda su vida, en busca de un calor que nunca pudo encontrar. Recientemente, más concretamente desde que había dejado de perseguirlos, más y más humanos habían aparecido alrededor de ella. Hubiera sido muy irónico para la pobre mujer si ella hubiera entendido lo que la ironía significaba.
El humano que se acercó a ella esa vez, era uno de los más pequeños, de los más jóvenes. Era bastante menor a ella. Pero este humano actuó de una forma distinta a todos los demás hasta la fecha. Este humano se acercó directamente a ella, corriendo con los brazos abiertos. La mujer no podía creerlo. Nunca antes se le había acercado nadie a ella de ese modo.
Se quedó paralizada de la sorpresa. Incapaz de moverse. Y en ese estado de inmovilidad se encontraba cuando el joven humano se abalanzó sobre ella. Y el calor la inundó.
Un calor que no era igual a ninguno de los anteriores.
Un calor que era similar al de aquella vez, justo después de su primer despertar.
Un calor que, pese a eso, parecía infundido de aún más energía.
Un calor que le resultó tan placentero que pensó que jamás había existido sensación mejor.
Y, sobre todo, un calor que no desapareció.
Un calor que penetró en sus entrañas, envolviéndola en el más sumo placer.
La mujer cerró los ojos. Y así terminó su historia.
Mundo consistente en una simulación creada por seres superiores desconocidos, con el poder de crear otros mundos/simulaciones dentro de sí misma para permitir potencialmente infinitos mundos simulados a la vez.
No es posible definir un momento en el tiempo en el que la simulación fue comenzada, ya que el mismo tiempo como lo conocemos no es sino una de las variables en las que cada uno de los objetos de la simulación opera.
Lo que sí es certero es que, para las especies que habitan la simulación, el universo comenzó con el llamado “Big Bang”, que no es sino el momento en el que el programa de la simulación comienza a procesar los elementos desde un diminuto punto cero. Desde ese momento, el programa ha seguido expandiendo el mundo de forma continua.
Tampoco es posible saber de ningún modo, ni siquiera imaginar, el funcionamiento del sistema de simulación o las características del individuo o grupo que lo creó. Es imposible conocer los límites definitivos del sistema de simulación, pero es un hecho que, como en todo sistema, debe haber algún límite en algún punto. O quizás no, debido a la naturaleza desconocida de dicho sistema.
Nota: “Elemento” se refiere a cualquier partícula o estructura definida. Una molécula de agua o el río Amazonas son elementos. Una porción de dicho río elegida al azar no es un elemento, sino que será el conjunto de otros elementos menores (las moléculas de agua).
Este es el nombre que reciben las cuatro variables esenciales, que son propiedades específicas para cada elemento del universo (esto es, sus valores varían según el elemento, y es imposible encontrar dos elementos con las cuatro variables iguales.)
- Tiempo: la primera variable cero, determina el tiempo relativo en el cual ese elemento existe. Si esa estructura concreta no posee un tiempo determinado en el cual existir (por ejemplo, es una partícula individual que no se crea ni se destruye), su variable Tiempo estará fijada a 0 sin segunda cifra. Se representa con dos cifras, cada una para indicar la formación y desintegración de la estructura: 0.2-1024.765. (Nota: 1 unidad equivale más o menos a un millón de años en la medida humana; siempre teniendo en cuenta que estas medidas no son visibles desde dentro de la simulación y que han sido “estimadas” por científicos dentro de la simulación para poder hacer cálculos en el sistema y revertir ciertas propiedades, para por ejemplo viajar en el tiempo).
- Espacio: marca la posición en el espacio relativo de dicho elemento, mediante cuatro dígitos representando los ejes X, Y, Z con respecto al punto cero, que es el mismo punto en el que la simulación comenzó (con el inicio del ya mencionado Big Bang). De nuevo, es imposible acceder a los datos precisos desde dentro de la simulación, pero se han teorizado diversas formas de numeración de esta variable, posiblemente todas erróneas.
- Existencia: marca si un elemento u objeto registrado dentro de la simulación es real (existe físicamente con forma de materia o energía (la energía en sí es un tipo de variable secundaria especial)) o si no lo es, expresado con una variable YES/NO (binaria 0/1). Por ejemplo, la única parte esencial de un ser vivo es la conciencia y la percepción de su propio exterior. Por lo tanto, si en un ser vivo lo suficientemente desarrollado mentalmente la propiedad de existencia estuviera fijada en 0, su conciencia y procesos mentales seguirían siendo procesados por la simulación; sin embargo, su existencia sería imposible de detectar desde dentro de ésta. Por ejemplo, de haber un error en el sistema, sería posible que una persona fallecida siguiera pensando y vagando por el mundo sin cuerpo y sin los límites que este conlleva, haciendo que se creara un “alma” o “fantasma”. Estos pueden influenciar a los objetos existentes de pequeñas formas, aunque no hasta el mismo extremo que cuando ellos mismos existían. Si el sistema los detecta, sin embargo, es muy probable que sean eliminados, ya que después de todo son errores del mismo.
Esta propiedad también puede utilizarse para, por ejemplo, distinguir los elementos reales de aquellos existentes en la mente de las personas (la “imaginación” o “ilusiones”, que, aunque no sean reales para el resto de objetos simulados, deben ser procesadas por el sistema). Debido a esta variable cero, debería ser posible (teóricamente, al menos) tener inteligencias artificiales con exactamente las mismas propiedades de una mente humana, si se consiguiera implantar un objeto inerte como “cuerpo” de un “alma” ya existente. Nótese que en ese punto la cuestión reside en si es más eficiente hacer eso o directamente otorgarle otro cuerpo humano a dicha “alma” en vez de algún objeto de otra clase.
- Número de identificación de objeto (NIO): un número único que identifica a todos y cada uno de los elementos procesados por el sistema. Incluso elementos que han sido borrados del sistema y que no existen dentro de este, contando aquellos cuya variable “existencia” es 0, se mantienen guardados en la base de datos del sistema y mantienen un número de ID único e irrepetible. Si un número de identificación es eliminado del sistema, podría potencialmente provocar un colapso del sistema en su totalidad, sobre todo si el elemento borrado es alguna de las variables más importantes. Por eso los datos más importantes para el funcionamiento de la simulación se guardan de forma que no puedan ser borrados ni siquiera desde el exterior.
De haber dos elementos con las cuatro variables idénticas, el sistema colapsaría por completo siendo probablemente incapaz de recuperarse sin un borrado masivo de datos. También el tener dos objetos con el mismo número de identificación podría causar un error en el cual las propiedades de ambos elementos queden mezcladas sin patrón aparente (si una pera y un limón tuvieran el mismo Nº de ID, podría resultar en una fruta con aspecto y textura de pera, pero sabor y propiedades químicas del limón, por poner un ejemplo sencillo).
Cada nivel estructural imaginable está registrado como un objeto independiente dentro del sistema de IUSP, con su propio NIO y propiedades independientes a las de sus componentes. Por ejemplo, en un ser humano cada átomo que lo forma tiene un NIO y propiedades asignadas como átomo. Estos forman moléculas, también cada una con su propio NIO, y estas a su vez forman células, que se agrupan en el ser vivo completo, pasando por órganos, aparatos… Todas y cada una de estas fases estructurales tiene su propia entrada única en la base de datos de IUSP. Usualmente, cuanto más baja sea una partícula en el escalafón estructural, mayor es su rango de tiempo disponible antes de pasar al estado de no-existencia y ser eliminado de la simulación activa.
Los seres vivos comparten las propiedades de la materia inerte en su totalidad, ya que están compuestos por ésta, pero cuentan con variables adicionales para sus ciclos vitales, similares a las de los más complejos objetos inertes, además de otros que son completamente únicos para los seres vivos. La propiedad más significativa de los seres vivos que los distingue de los objetos inertes es que sólo pueden crearse a partir de otros seres vivos, y que la variable cero “Tiempo” afecta a la propiedad de envejecimiento del ser vivo en lugar de directamente a sus partículas independientes (un ser humano no se desintegra mientras esté vivo, pero una roca continúa desintegrándose y erosionándose desde el mismo momento en el que se forma). Si se altera la variable “Tiempo” de un ser vivo, se puede aumentar su ciclo de vida, reducirlo (segundo valor numérico), cambiar su fecha de nacimiento hacia arriba y abajo y por tanto modificar la edad (primer valor numérico) o simplemente transportar a alguien en el tiempo hacia delante o atrás (esto último es más complejo, ya que requiere una manipulación de ambos números de la variable, además de un posicionamiento preciso del tiempo destino). Si se altera de algún modo la edad de un individuo, el sistema revertirá a datos pasados en caso de disminuir edad, o de no haber estos datos o intentarse aumentar la edad, el sistema generará artificialmente los datos requeridos. Este cambio de aspecto y propiedades de un ser vivo no afecta a su mente, ya que ése es otro objeto separado al que no se le modifican las variables cero y, por tanto, se mantiene intacto.
La propiedad de mundos múltiples es una de las principales características de IUSP, además de las variables cero. Esta propiedad consiste en que el sistema IUSP, debido a que éste se encarga de generar todos y cada uno de los elementos que son productos de la imaginación o delirios de otros elementos pensantes, almacena una cantidad ingente de objetos cuya variable “Existencia” es NO. IUSP aprovecha estos datos mayormente inutilizados y los recicla para crear otros mundos, que en principio son idénticos al mundo en el cual han sido imaginados, con las diferencias radicando en la existencia o no existencia de determinados elementos según lo que haya sido imaginado en otro mundo. Esto en esencia crea una especie de red en la cual cada mundo puede crear una infinidad de nuevos mundos, que a su vez evolucionarán y darán lugar a otros muchos nuevos mundos.
Sin embargo, cabe aclarar que este proceso no es jerárquico, es decir (y aquí inicio una comparación con estructuras de redes informáticas reales), no funciona como una red cliente-servidor en la que el cliente está siempre por debajo del servidor en cuanto a privilegios, y es directamente dependiente de éste. No, en IUSP la red de mundos funciona más como un servidor P2P: los datos se transmiten de un cliente que ya los posee a uno vacío, que al recibirlos se convierte en otro cliente más que, a su vez, pasará a crear otros clientes, aumentando la red. Todos los mundos poseen el mismo nivel de influencia sobre el sistema, y es imposible identificar a simple vista qué mundos fueron creados antes, después o si su origen es debido a fantasías o a una creación directa del sistema.
Sin embargo, hay limitaciones a la propiedad de mundos múltiples y a la evolución de dichos mundos. Al ser la simulación controlada por una máquina, probablemente alguna clase de dispositivo similar a un ordenador, es imposible para éste recrear o emular algo que es igual superior a sí mismo. Por lo tanto, ninguno de los seres de la simulación debería ser capaz de imaginar con precisión el funcionamiento del sistema o la naturaleza de los creadores de éste. Si alguien lo hiciera, el sistema automáticamente intentaría crear un mundo donde existieran, se sobrecargaría al agotar su potencia de proceso y colapsaría por completo.
Debido a que constantemente suceden errores de pequeña magnitud en los infinitos mundos que forman la simulación de IUSP, es necesaria la existencia de un agente secundario subordinado que exista dentro de la simulación con privilegios mayores a los del resto de elementos, para así corregir los errores pequeños. De encargarse el sistema principal de todos ellos, probablemente habría una sobrecarga, ya que el sistema sería incapaz de crear suficientes procesos temporales como para encargarse de todos y cada uno de los minúsculos e infinitos errores.
Por ello, diversos ARIS (pequeños programas independientes y automáticamente multiplicables entre sí) son creados y enviados a cada mundo para controlar los fallos menores. Éstos no se dan a conocer al mundo que se encargan de proteger, ni protegen la existencia de un mundo en caso de que ésta peligre, a no ser que ese peligro se origine de un error en el sistema. Sin embargo, es completamente posible para un ser de la simulación el obtener el suficiente conocimiento y medios como para obtener el control sobre un ARIS, ya que los procesos sobre los que éstos operan son mucho más sencillos que los del sistema principal, siendo incluso comparables y no mucho más complejos que programas creados por los propios habitantes de la simulación.
En algunos mundos, los ARIS han sido descubiertos y se les han asignado nombres, pero como el uso de estos solo se extiende a dichos mundos, la única manera de diferenciarlos y clasificarlos es por los números de serie que llevan asignados, que siguen un formato distinto al de los NIO de los elementos comunes de la simulación. Por supuesto, la observación de estos números es imposible desde el interior, pero cada ARIS es consciente de su propio número.
Los ARIS pueden tomar cualquier forma y modificar sus variables cero a voluntad. Por ejemplo, pueden tomar forma de persona y convertirse en inmortales, o morir y dejar su conciencia activa y luego tomar otro cuerpo completamente distinto, incluso seres inertes. (Por ejemplo, una roca o un simple átomo podría ser un ARIS). También pueden directamente colocar su valor de existencia en 0 y pasar completamente desapercibidos en el mundo que habitan.
Programas ARIS notablemente más complejos y capacitados que los ARIS corrientes, se encargan de resolver conflictos entre mundos distintos (quizás porque se realice una convergencia entre dos mundos originalmente distintos, o porque el sistema de ARIS de bajo nivel colapsara debido a algún error). Éstos serán mucho menos comunes, pero aun así su número es potencialmente infinito, aunque suene paradójico. Como ya se ha repetido en varias ocasiones, si existiera un límite éste estaría demasiado por encima del alcance de nuestras mentes. Éstos ARIS muy rara vez intervienen de tal forma que puedan ser detectados dentro de un mundo por sus habitantes, ya que sus privilegios de sistema les permiten realizar cualquier acción con su Existencia en 0, sin las consecuencias normales de esto, que los ARIS comunes sí sufren.
1. El IUSP no es un mundo estilo Matrix, el cual ha sido creado en un mundo exterior muy similar al interior, y del cual se puede entrar y salir a voluntad. En IUSP los objetos simulados sólo existen dentro de dicha simulación, sin ninguna conexión con el mundo “real” (de haber uno).
2. El mundo exterior a la simulación, o la naturaleza de la propia simulación, son desconocidos y ningún ser dentro de ésta debería ser capaz de comprenderlo o siquiera imaginarlo. Esto es por la propiedad de mundos múltiples explicada más arriba, además de por la simple lógica de que un sistema o mente de cualquier tipo no es capaz de emular algo superior a sí mismo con precisión, sin recurrir a artefactos o métodos artificiales, como la compresión de datos o la omisión de grandes fragmentos de éstos.
3. Los supuestos seres superiores (de nuevo, de haberlos, ya que su existencia no puede ser demostrada) tampoco podrían ser imaginados al 100% de precisión por nada/nadie dentro de la simulación, por las mismas propiedades explicadas en el punto anterior. Por tanto, cualquier teoría sobre éstos es, por lógica, completamente falsa.
4. Aludiendo de nuevo a la propiedad de mundos múltiples, en teoría no debería ser posible para un objeto interno el viajar entre distintos mundos, pero esto es solo teoría. Pese a que el sistema encargado de la simulación tiene un mayor grado de perfección que cualquier sistema dentro de éste, la perfección total sigue siendo un mito, por lo que un error podría ser posible, permitiendo el movimiento de ciertos objetos entre diversos mundos Los ARIS de nivel superior están exentos de esta supuesta limitación teórica.
5. Las variables cero de distintos elementos pueden ser controladas desde el interior del sistema, pero sólo se pueden controlar aquellas asociadas a partículas o estructuras de un orden de magnitud inferior al del usuario. Además, este control requiere que el elemento controlador sea consciente de la existencia del sistema, y lo más probable es que sea imprescindible la ayuda de un ARIS.
6. Una conclusión extraída de los puntos 2 y 5, es que, aunque sea técnicamente posible modificar los valores de ciertos elementos en el sistema desde dentro, para ello es necesario un conocimiento mínimo del sistema y su funcionamiento, pero al no ser posible para ningún elemento
El modo en el que el mundo de IUSP está construido permite que casi cualquier clase de historia pueda encuadrarse en éste, sin necesidad de idear demasiadas explicaciones aparte de las ya implícitas en la base (este documento). ¿Viajes en el tiempo? Modificación de la variable cero de “Tiempo” a un objeto determinado. ¿Viajes entre dos o más mundos completamente distintos? Error en el sistema que permite a ciertos objetos viajar entre distintos mundos simulados. ¿Alienígenas, mundos de fantasía, apocalipsis? Mundos surgidos de la imaginación de un objeto presente en otro mundo.
Esencialmente, IUSP y sus posibles futuras versiones funcionan como el trasfondo de ciencia ficción definitivo en el que encuadrar todas las narrativas de dicho género que vaya ideando. Así se puede dar una sensación de “unidad” a una serie de obras que de otro modo no tendrían relación alguna, parecido al modo en el que, por ejemplo, los juegos de Xenoblade utilizan como punto de unión la creación del mundo; o cómo en la serie Science Adventure todos los antagonistas siempre actúan bajo el mando del Comité de los 300.
También, IUSP y sus conceptos de base hacen que todas las situaciones “fantásticas” o “irreales” que suceden en las obras en las que esta base está presente sean más realistas para el lector. Pongo un ejemplo, con unas tramas que han sido desarrolladas o están en desarrollo para encuadrarse en IUSP.
- Una chica que vive en un mundo distópico, en el que sólo aquellos con cierta clase de habilidad sobrenatural tienen poder, vive en una extraña posición social debido irónicamente a la enorme capacidad de su poder. Ese poder es el de presenciar otros mundos completamente distintos al suyo propio, y que le resultan fascinantes debido a la enorme variedad. Un buen día, durante una de sus visiones, acaba en el mundo humano de la Tierra en el 2022, donde al despertar por primera vez se encuentra con que ha matado a un chico que simplemente pasaba por allí, sin ella saber cómo o por qué ha pasado.
La idea inicial era que esta historia transcurriera en su propio universo de fantasía y ciencia ficción, donde tanto el mundo humano como el distópico no eran sino productos de la imaginación de la heroína principal (ya se pueden apreciar detalles de lo que después evolucionaría en la propiedad de mundos múltiples de IUSP). Sin embargo, esa idea por sí sola queda muy suelta y no resulta creíble para el lector, por lo que encuadrar ese giro en IUSP, quizás como una investigación científica en algún mundo que fuera consciente de la existencia del sistema de simulación, aporta un grado de realismo mayor debido al simple hecho de que, ¿quién sabe?, quizás el mundo pudiera funcionar como en IUSP. Quizás esas criaturas o poderes fantásticos que tomamos por ficción, de verdad existen dentro de algún otro mundo creado por nuestra propia imaginación. Y quizás todos los sucesos paranormales o sin explicación de la historia hayan ocurrido debido a fallos del sistema de simulación. ¿Quién dice que la estrella de Belén no fue un cálculo erróneo por parte del sistema, que hizo que alguna estrella lejana brillara más de lo usual? ¿Quién dice que el origen de la vida no fue establecido por el sistema artificialmente, dando origen a bacterias que evolucionarían hasta la variedad de seres vivos que habitan hoy el planeta? Estas y muchas otras preguntas sin respuesta pueden tener una explicación suficientemente creíble con el modelo de IUSP. También contribuye al realismo del mundo IUSP el hecho de que en ningún momento trata de hacernos ver que podemos “comprender” o “emular” aquello que está por encima de nosotros, de hecho, negando por completo esa posibilidad. De nuevo haciendo alusión a la cultura popular y sus tropos, lo que está por encima de nosotros en IUSP no es una raza de extraterrestres definida, u otro grupo de humanos. O, al menos, no es seguro. La imaginación del lector será la que decidirá qué es lo que hay más arriba. Quizás sí es cierto que Dios existe, y ese Dios sea el creador de la simulación. O quizás Dios no sea más que un simple ARIS, y existen seres superiores a éste en alguna parte, en otro universo.
El sistema no es un enemigo, como en Matrix: no es algo contra lo que se pueda luchar. No es algo que limite la libertad, puesto que no hay mayor libertad a la que aspirar, o un mundo “mejor” al que llegar. Lo que sí es, es un océano infinito de posibilidades, que pretende crear esa sensación de inmensidad y de miedo y/o fascinación a lo desconocido. Al contrario que la tradición en la ciencia ficción, el estar controlados y existir dentro y a merced de una máquina sólo abre un mayor número de posibilidades de las que hay en un mundo “completamente realista”, todo mientras elimina la llamada “suspensión de la incredulidad” de los lectores en gran medida al ser todo teóricamente posible.
IUSP se basa en el concepto de que la verdad absoluta es inalcanzable. Da igual el contexto: un elemento contenido dentro de algo no puede llegar a abarcar más allá de su recipiente. Simplemente no puede. Por eso me fascinan las posibilidades que IUSP plantea, que son más de las que yo mismo imaginaba al comenzar a reunir ideas. Potencialmente infinitas historias, en cada una de las cuales se revela un fragmento minúsculo de una verdad mucho más grande, pero sin nunca jamás poder se ésta comprendida o mostrada en su totalidad.
1. AEGIS (todos los episodios): esta historia sucede en el mundo humano “real” cuando, tras una serie de acontecimientos, la humanidad es destruida y un pequeño grupo de inmortales junto a los escasos supervivientes debe reconstruir el mundo. Spica, un ente recurrente en la serie, no es ni más ni menos que un ARIS modificado y controlado por Aegis y, tras la muerte de éste, por otros científicos de la Nueva Era. Al final de la serie, cuando el desarrollo de Spica concluye, éste le da la ocasión al mundo de volver al estado previo al apocalipsis. Entonces, mediante la eliminación del factor que hizo posible dicho colapso del mundo, éste regresa a su estado previo, miles de años antes. En este momento, se crea un nuevo mundo a partir de los datos “eliminados” gracias al salto en el tiempo, por lo que los eventos de AEGIS todos sucedieron, pero en otro mundo distinto al nuestro.
2. Delusion//Distortion: esta historia también sucede en el mundo humano “normal”, o al menos eso parece, porque es una de las muchas versiones de éste. En esta versión, la divergencia se produce cuando el protagonista es enfrentado con la triple decisión sobre sus actos el 31 de octubre. Aquí, tres mundos distintos surgen, y al final de los tres mundos (y gracias a varios errores del sistema y otros factores), las tres versiones de la conciencia del protagonista se combinan en una sola para resolver el conflicto de la trama. En esta historia, como los tres mundos acaban siendo idénticos, dos de ellos dejan de existir (valor de “Existencia”: NO).
3. Concept BIPOLAR: en esta historia, que se ha usado anteriormente como ejemplo para ilustrar parte de las ventajas en cuanto a profundidad ofrecidas por IUSP, una chica con el poder de viajar entre mundos se ve envuelta en una serie de conspiraciones de entre dos mundos junto a un habitante de una variación del mundo humano. Al final, el error del sistema que había causado todos los conflictos es solucionado por los protagonistas junto a un ARIS.
4. Muchos más en desarrollo, algunos de los cuales serán presentados en breve y se encuentran en una muy temprana fase conceptual al momento de escribir esto.
Aunque por la breve descripción que he ofrecido arriba de estas historias puedan parecer similares, son completamente distintas tanto en escenario como en tono. Mientras que las tres historias son serias (en el caso de AEGIS la seriedad cambia según el episodio), una es un thriller y misterio psicológico (D//D) mientras que otra se centra en la acción y ciencia ficción (BIPOLAR) y la tercera es una gigantesca historia mezclando géneros en un mundo post-apocalíptico, que abarca el período de varios siglos en diferentes novelas. Sus únicos elementos comunes son los relacionados a IUSP, que ni siquiera serán nombrados como tal en la mayoría de las ocasiones dentro de las propias obras. Será tarea del lector el deducir que esos elementos varios de las distintas obras son, de hecho, una misma cosa. Así también se premia a los lectores que prestan atención a los detalles, ya que éstos sentirán que entienden más allá de la superficie de lo que la historia trata de contar.
HISTORIAL DE VERSIONES:
0.1.1 - 30/12/2020
0.2.1 - 07/06/2021