Una planta de crecimiento rastrero como: centavito, dólar, deditos, lágrimas de bebé u otros
Una bolsa de tierra negra.
Bolsita de arena de colores (pueden ser dos o tres colores), debe ser de diferentes tamaños.
Papel vinipel.
Una pecera TRANSPARENTE o un recipiente de plástico con diámetro de unos 15 cm como mínimo.
Papel periódico
Los terrarios pueden ser definidos de formas tan diversas, como diseños y formas de éstos mismos pueden existir. Algunos autores los describen como microambientes bajo el cristal, otros tantos como ecosistemas en miniatura, jardines encapsulados en contenedores de cristal o esculturas vivientes.
Sin importar que palabras podamos elegir para definirlos, los terrarios resultan hermosos y distinguidos en los lugares que se les coloquen, ya sea donde las personas viven o trabajan, porque ofrecen una ventana al mundo natural y su flora única, en momentos y lugares donde no siempre es posible experimentarlo de primera mano.
Durante el siglo XIX, alrededor del año 1828, el medico Nathaniel Bagshaw Ward creo accidentalmente el primer terrario documentado. El Dr. Ward como parte de su pasatiempo, buscaba observar el momento del surgimiento de una polilla desde su crisálida, colocada en el interior de un frasco de cristal con tapa metálica, el cual no contenía más que el capullo y suelo lodoso.
Al cabo de un tiempo, pasto y helecho aparecieron en el frasco, pero el Dr. Ward perdió interés en el capullo, dejando el frasco y su interior en el olvido, sin embargo, las plantas continuaron prosperando, sin agua adicional y sin flujo de aire externo durante años.
Tiempo más tarde y después de replicar con éxito su descubrimiento, el Dr. Ward publicó los hallazgos de lo que llegaría a ser conocido como “caja Wardiana” o terrario, abriendo paso al intercambio intercontinental de especies vegetales de interés comercial y a un método efectivo para el mantenimiento de especies de plantas delicadas.
Los terrarios poseen su propio clima en pequeña escala, la luz entra a través del cristal y calienta el aire, el suelo y las plantas de la misma forma que la luz solar atraviesa la atmósfera para calentar la superficie terrestre, entonces el contenedor retiene calor como lo hace nuestra atmósfera, y gracias a que existe un reciclaje de recursos al interior del terrario, éstos tienen la capacidad de ser autosustentables durante largos periodos.
David Latimer plantó en 1960 su mini jardín en una botella gigante y la regó por última vez en 1972, antes de sellarla herméticamente, 40 años aislada del mundo exterior. La planta ha crecido y ocupa prácticamente toda la botella, con una apariencia sana. La única fuente de energía que recibe del medio exterior son los rayos del sol, por lo que la planta realiza la fotosíntesis de manera normal, nutriéndose de las bacterias que sobreviven en el fondo y absorbiendo el agua que se genera por la condensación de la humedad. El señor Latimer la tiene colocada cerca de una ventana y le da la vuelta de vez en cuando para que crezca de manera uniforme.
Con las hojas muertas que van cayendo a la parte inferior de la botella, se crea el dióxido de carbono también necesario para la fotosíntesis y los nutrientes que absorbe a través de sus raíces. La NASA se ha interesado por la planta de Latimer, las plantas depuradoras funcionan muy bien, sacando los contaminantes del aire, de modo que una estación espacial pueda ser autosuficiente