(120 Palabras)
Hace muchos años, en un valle rodeado de montañas, existía un lago cristalino donde vivía una sirena encantada. Los pobladores contaban que aparecía en noches de luna llena para cuidar las aguas.
Un niño llamado Amaru escuchaba con atención estas historias de su abuela. Una noche decidió ir al lago y vio surgir a la sirena, cuyo canto calmaba el viento. Ella le dijo que el lago era un regalo de la Pachamama y debía cuidarse con respeto.
Amaru contó el mensaje a su pueblo, que desde entonces aprendió a limpiar el lago y compartir su agua con justicia. Cada año, los pobladores recuerdan a la sirena ofreciendo flores y cantos, honrando el agua como fuente de vida.
(305 Palabras)
Hace muchos años, en un valle rodeado de montañas verdes, existía un lago tan cristalino que reflejaba las estrellas como un espejo. Los pobladores decían que aquel lago estaba encantado, pues en sus aguas vivía una hermosa sirena de cabellos largos como las algas y ojos brillantes como el amanecer.
En un pequeño caserío cercano vivía Amaru, un niño curioso que siempre escuchaba con atención las historias que su abuela contaba junto al fogón. Ella le decía que la sirena aparecía solo en las noches de luna llena para proteger el lago y enseñar a respetar la naturaleza.
Una tarde, Amaru decidió ir al lago. Se sentó en la orilla y esperó. Cuando la luna iluminó el agua, vio surgir una figura brillante: era la sirena. Su canto era tan dulce que parecía calmar al viento y hacer dormir a las aves. Amaru, maravillado, se acercó con respeto.
La sirena le habló con voz suave:
—Este lago es un regalo de la Pachamama. Si lo cuidas y compartes su agua con gratitud, siempre habrá vida y abundancia. Pero si lo ensucias o lo usas con egoísmo, las aguas se volverán oscuras y el pueblo sufrirá.
Amaru comprendió el mensaje y, al regresar a su casa, reunió a los vecinos para contar lo sucedido. Les explicó que el lago no era solo agua, sino un espíritu vivo que debía ser cuidado. Desde entonces, el pueblo organizó mingas para mantener el lago limpio y aprendió a compartir el agua de manera justa.
Cada año, en las noches de luna llena, los pobladores recuerdan a la sirena del lago encantado. Le llevan flores y cantos como muestra de respeto, y enseñan a los niños que el agua es sagrada. Así, la leyenda sigue viva, recordando que la verdadera magia está en cuidar la naturaleza con amor y unión.
(445 Palabras)
Hace mucho tiempo, en un valle rodeado de altas montañas verdes, se encontraba un lago tan cristalino que parecía un espejo del cielo. Durante el día, sus aguas reflejaban el azul profundo y las nubes blancas que viajaban lentamente. Por las noches, la luna y las estrellas brillaban sobre la superficie del agua, creando la ilusión de un mundo mágico escondido en su interior.
Los pobladores del caserío cercano decían que aquel lago estaba encantado, pues en sus profundidades vivía una hermosa sirena. Se contaba que su cabello era largo como las algas y que sus ojos brillaban con la primera luz del amanecer. Nadie se atrevía a molestarla, porque creían que ella era la guardiana del lago y de la vida que este ofrecía.
En el caserío vivía Amaru, un niño curioso y soñador. Cada noche, escuchaba con atención las historias que su abuela contaba junto al fogón. Ella decía que la sirena aparecía solo en las noches de luna llena para cuidar el lago y enseñar a respetar la naturaleza.
Un día, mientras los hombres discutían por el uso del agua, Amaru pensó que debía descubrir si la leyenda era cierta. Al caer la tarde, se dirigió al lago. Se sentó en la orilla y esperó pacientemente. Cuando la luna llena iluminó el agua, un canto suave comenzó a escucharse. Poco a poco, emergió una figura resplandeciente: la sirena.
Su voz era tan dulce que calmaba el viento y hacía dormir a las aves. Amaru, maravillado, se acercó con respeto. La sirena lo miró con ternura y le dijo:
—Este lago es un regalo de la Pachamama. Si lo cuidan y comparten su agua con gratitud, siempre habrá vida y abundancia. Pero si lo ensucian o lo usan con egoísmo, las aguas se volverán oscuras y el pueblo sufrirá.
Amaru comprendió que debía transmitir aquel mensaje. Regresó al caserío y reunió a los vecinos. Les contó lo que había visto y repetió las palabras de la sirena. Al principio algunos dudaron, pero la sinceridad del niño conmovió a todos. Entonces decidieron organizar mingas para mantener limpio el lago y repartir el agua de manera justa.
Con el tiempo, el pueblo prosperó. El agua del lago nunca faltó y las cosechas crecieron fuertes. Cada año, en las noches de luna llena, los pobladores llevaban flores y entonaban cantos en honor a la sirena. Enseñaban a sus hijos que el agua no era solo un recurso, sino un espíritu vivo que merecía respeto.
Así, la leyenda de la sirena del lago encantado siguió transmitiéndose de generación en generación, recordando que la verdadera magia está en la unión, el respeto y el amor por la naturaleza.