(108 Palabras)
Hace mucho tiempo, en el altiplano andino, un pueblo vivía feliz cultivando y criando animales. Los apus, espíritus protectores de las montañas, les ordenaron nunca subir a las cumbres. Sin embargo, algunos hombres desobedecieron y arrancaron flores doradas de los montes sagrados.
Los apus, enojados, soltaron a los pumas que devoraron a la mayoría del pueblo. Solo unos pocos sobrevivieron y pidieron perdón. Al ver su dolor, el dios Sol lloró tanto que sus lágrimas inundaron el valle, formando el lago Titicaca. Los pumas se convirtieron en piedra como castigo eterno. Desde entonces, el lago brilla recordando la importancia de respetar a los dioses y a la naturaleza.
(225 Palabras)
Hace muchos, muchos años, en el altiplano andino, existía un valle fértil rodeado de montañas altas y nevadas. Allí vivía un pueblo trabajador que cultivaba la tierra y criaba animales. Los habitantes eran felices, pero tenían una gran preocupación: no podían subir a las montañas donde vivían los apus (espíritus protectores), porque estaba prohibido. Los apus les habían dicho:
—Pueden vivir en paz y prosperidad, pero jamás suban a las cumbres.
Los hombres obedecieron por un tiempo, pero pronto la curiosidad y la ambición despertaron en ellos. Algunos decidieron subir para arrancar las flores doradas que crecían en las montañas sagradas. Los apus, enojados, llamaron a los pumas que dormían en las cavernas y les ordenaron castigar a los desobedientes.
Esa noche, el valle se llenó de pumas que devoraron a casi todos los hombres y mujeres. Sólo se salvaron unos pocos que, atemorizados, pidieron perdón a los dioses. Viendo su sufrimiento, el dios Sol lloró tanto que sus lágrimas inundaron todo el valle, formando un lago inmenso: el lago Titicaca.
Cuando las aguas cubrieron las tierras, los pumas se convirtieron en piedra, quedando inmóviles para siempre como recordatorio de la desobediencia humana. Desde entonces, el lago brilla con la luz del sol y se dice que guarda la memoria de aquel pueblo y la enseñanza de respetar a la naturaleza y a los dioses.
(433 Palabras)
Hace muchos, muchos años, en el corazón del altiplano andino, se extendía un valle fértil rodeado de montañas altas y nevadas que parecían tocar el cielo. En aquel valle vivía un pueblo trabajador y alegre, que cultivaba la tierra con esmero y criaba llamas y alpacas para alimentarse y abrigarse. Cada amanecer, el sol iluminaba los campos verdes y las chacras llenas de vida, y los hombres y mujeres agradecían a los dioses por tanta abundancia.
Pero los habitantes también vivían con un gran respeto y un temor profundo hacia las montañas, pues allí habitaban los apus, los espíritus protectores. Los apus eran poderosos guardianes que velaban por la armonía entre la naturaleza y los hombres. Ellos habían dado una advertencia muy clara:
—“Pueden vivir en paz y prosperidad en el valle, pero jamás deben subir a nuestras cumbres sagradas”.
Durante mucho tiempo, el pueblo obedeció y la vida transcurrió tranquila. Sin embargo, la curiosidad comenzó a crecer en algunos corazones. En las alturas brillaban unas flores doradas que, bajo la luz del sol, resplandecían como si fueran de oro puro. Su belleza despertó primero la admiración, luego la ambición. Un grupo de hombres, desoyendo la advertencia, decidió trepar a las montañas para arrancarlas y quedarse con aquel tesoro.
Los apus, al descubrir la desobediencia, se enfurecieron. Su ira fue tan grande que convocaron a los pumas, fieras que dormían en las cavernas. Les ordenaron salir y castigar al pueblo ingrato que había roto el pacto sagrado.
Esa noche, el valle que antes era alegre se transformó en un lugar de terror. Los rugidos de los pumas resonaban entre las montañas, y los habitantes corrían desesperados. Las bestias devoraron a casi todos los hombres y mujeres. Solo unos pocos lograron salvarse, escondiéndose y clamando perdón a los dioses.
El dios Inti, el Sol, al ver tanta destrucción y sufrimiento, sintió una profunda tristeza. Sus lágrimas cayeron del cielo sin detenerse. Lloró y lloró hasta que las aguas cubrieron todo el valle. Así nació un lago inmenso, que reflejaba el brillo del sol en su superficie: el lago Titicaca.
Cuando el agua cubrió las tierras, los pumas, al intentar escapar, quedaron petrificados. Sus cuerpos se convirtieron en piedra y permanecieron inmóviles para siempre, como testigos de la desobediencia humana y guardianes silenciosos de la nueva creación.
Desde entonces, el lago Titicaca no solo es un lugar sagrado, sino también un espejo de la memoria ancestral. Sus aguas guardan la enseñanza de que el hombre debe vivir en armonía con la naturaleza, respetando a los dioses y recordando que la ambición puede traer la destrucción.