(144 Palabras)
En lo alto de los Andes, cerca de Machu Picchu, vivía un niño quechua llamado Inti Raymi junto a su familia. Él ayudaba a cuidar las llamas y escuchaba con atención las historias de sus abuelos. Uno de ellos contaba que, en Nochebuena, una estrella especial aparecía sobre las ruinas, pero solo si las personas actuaban con bondad.
Esa Navidad, Inti notó que algunos vecinos no tenían suficiente comida. Entonces convenció a su familia de compartir papas, pan y chocolate caliente. Juntos recorrieron el pueblo llevando ayuda y alegría.
Al regresar a casa, Inti miró al cielo y vio una estrella dorada iluminando Machu Picchu. Su luz era cálida y llenó de esperanza todo el valle. El abuelo sonrió y dijo que la estrella había regresado gracias a la generosidad del pueblo.
Inti comprendió que la verdadera Navidad nace del amor y la solidaridad.
(255 Palabras)
En lo alto de los Andes, donde las montañas abrazan el cielo y las antiguas piedras guardan secretos, vivía un niño quechua llamado Inti Raymi junto a su familia. Su casa estaba cerca de Machu Picchu, y cada día ayudaba a cuidar las llamas y a recoger leña mientras escuchaba las historias de sus abuelos.
Faltaban pocas horas para la Nochebuena cuando el abuelo contó una antigua leyenda: decía que, en Navidad, una estrella especial descendía sobre Machu Picchu, pero solo aparecía cuando los corazones estaban llenos de bondad. Inti escuchó con atención y deseó verla algún día.
Esa noche, el frío era intenso y muchas familias del pueblo no tenían suficiente comida. Al ver esto, Inti convenció a sus padres de compartir sus papas, su pan y un poco de chocolate caliente con los vecinos. Recorrieron las casas llevando sonrisas y buenos deseos.
Cuando regresaron, Inti levantó la mirada al cielo. De pronto, una estrella brillante y dorada apareció sobre las ruinas de Machu Picchu, iluminando las montañas como si fuera de día. Su luz era cálida y parecía abrazar a todo el valle.
—La estrella ha vuelto —susurró el abuelo emocionado—. Ha visto la generosidad de nuestro pueblo.
Inti sintió alegría en el corazón y comprendió que la Navidad no estaba en los regalos, sino en compartir y amar a los demás. Desde entonces, cada Nochebuena, las familias del lugar se reúnen para ayudarse y esperar juntos la luz de la estrella.
Dicen que quien comparte con amor, siempre podrá verla brillar.
(497 Palabras)
En lo alto de los Andes peruanos, donde las montañas parecen tocar el cielo y las antiguas piedras guardan la memoria de los antepasados, vivía un niño quechua llamado Inti Raymi junto a su familia. Su casa, hecha de adobe y techo de ichu, se encontraba cerca de las majestuosas ruinas de Machu Picchu. Desde muy pequeño, Inti aprendió a respetar la naturaleza: cada mañana ayudaba a cuidar las llamas, recogía leña para el fogón y acompañaba a sus padres en las chacras.
Por las tardes, cuando el frío comenzaba a caer y el cielo se pintaba de colores anaranjados, Inti se sentaba junto al fuego a escuchar las historias de sus abuelos. Ellos hablaban de los antiguos incas, de los apus protectores y de una leyenda especial que solo se contaba en diciembre. Decían que, en Nochebuena, una estrella mágica descendía sobre Machu Picchu para iluminar el valle, pero solo aparecía cuando las personas actuaban con bondad y compartían lo poco que tenían.
Inti escuchaba con atención y soñaba con ver aquella estrella algún día. Sin embargo, el abuelo siempre advertía:
—La estrella no aparece para quien solo mira el cielo, sino para quien mira el corazón de los demás.
Aquella Navidad, el invierno era más duro que otros años. El viento helado soplaba con fuerza y muchas familias del pueblo apenas tenían alimentos para la cena. Inti lo notó cuando vio a sus amigos jugar sin energía y a algunos ancianos sentados frente a fogones apagados. Su corazón se llenó de tristeza.
Esa noche, Inti habló con sus padres y les propuso compartir lo que tenían: papas recién cosechadas, un poco de pan y chocolate caliente. Aunque no era mucho, decidieron repartirlo entre los vecinos. Juntos recorrieron las casas, tocando las puertas y ofreciendo comida, palabras de ánimo y sonrisas. Algunos lloraban de emoción; otros agradecían en silencio.
Cuando regresaron a casa, el cansancio se mezclaba con una extraña alegría. Inti salió al patio y levantó la mirada al cielo oscuro. De pronto, una luz dorada comenzó a brillar sobre las ruinas de Machu Picchu. Era una estrella grande y resplandeciente, más brillante que cualquier otra. Su luz descendía suavemente, iluminando las montañas, los caminos y los hogares del valle. El frío parecía desaparecer y una sensación de paz envolvió todo el lugar.
—La estrella ha vuelto —susurró el abuelo con los ojos llenos de lágrimas—. Ha visto la generosidad de nuestro pueblo.
Inti sintió que su corazón latía con fuerza. En ese instante comprendió que la verdadera Navidad no estaba en los regalos ni en las fiestas, sino en compartir, ayudar y amar a los demás. La estrella no premiaba la riqueza, sino la solidaridad.
Desde entonces, cada Nochebuena, las familias del lugar se reúnen para compartir alimentos, canciones y abrazos. Todos miran al cielo con esperanza, recordando que mientras exista bondad en los corazones, la estrella de Navidad seguirá brillando sobre Machu Picchu, guiando a quienes creen en la luz del amor.