* Tomado de Olivia Diago Izquierdo: Vestidas de patria, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2019, p. 12.
Candelaria Figueredo Vázquez era la octava hija del matrimonio formado por Pedro Figueredo Cisneros, Perucho, e Isabel Vázquez Moreno.
Canducha, como le decían todos, no había cumplido aún sus dieciséis años cuando el Ejército Libertador entró en la ciudad de Bayamo el 20 de octubre, y resultó, a propuestas de su padre y por la entusiasta disposición de ella, la abanderada de la tropa insurrecta.
El día anterior, una partida de revolucionarios, en la que venían amigos de la casa, había llegado al ingenio. Como era la hora de la comida, esta se realizó entre los vivas por un triunfo que ya se creía seguro. Animado por la presencia de tantas muchachas, Joaquín Agüero, uno de los presentes, planteó que solo les hacía falta una valiente cubana para que fuera la abanderada. A ello, Perucho respondió:
—¡Mi Candelaria se atreve!
Enseguida llamó a su esposa para imponerla acerca de los detalles relacionados con el traje que debía confeccionarse. Orgullosa, aunque atemorizada por el peligro que podía correr la muchacha, Isabel lo dispuso todo para que Yayita (Eulalia), la hija mayor, lo confeccionara. Agüero dibujó la bandera de Carlos Manuel y le pidió que hiciera una igual.
Más tarde, con un vestido de amazona blanco, un gorro frigio rojo punzó, una banda tricolor y la bandera, entró a la ciudad Canducha, entre la humareda de los tiros y el polvo que levantaban las patas de los caballos; iba al frente de la División Bayamesa. Su presencia en medio de las balas estimulaba el coraje de los patriotas, mientras la enseña se entregaba libre al aire.
La jovencita fue la heroína del día. Los disparos iban directos hacia el estandarte y su portadora; sin embargo, no la amedrentaban. Más adelante, al referirse a aquel momento de supremo peligro, ella expresó:
—Nunca nadie que va a una fiesta por primera vez ha sentido tanta alegría.
Candelaria falleció en La Habana el 19 de enero de 1914. Fue sepultada con honores militares y su ataúd, envuelto en la bandera que ella había ondeado delante de las tropas cuarenta y seis años atrás.