Por María Caridad Pacheco González
Boletín UNHIC No.34 – Mayo 2021
El 19 de mayo de 1895 se truncó un camino fecundo.
Principal organizador de la guerra necesaria,José Martí Pérez asumió que su responsabilidad de la juntar a cubanas y cubanos en la consecución de un proyecto de República, con todos y para el bien de todos, para lo cual debía obtenerse, primero,la independencia de Cuba a través de la lucha armada. Una concepción contemporánea nos llevaría a pensar que un organizador, un líder,debería quedarse en la retaguardia, preservando su vida como garantía de continuidad de una labor de dirección. Eran otros tiempos y estaba por el medio la tradición: José Martí sabía que los cubanos solo seguirían al hombre que estuviera dispuesto a enfrentar todos los riesgos. El mayor general Máximo Gómez siempre comprendió la importancia del liderazgo político del Apóstol,insistió en mantenerlo lejos de la primera línea de batalla; pero el sentido ético del Maestro le impidió quedarse rezagado en el combate. Mayor general de las fuerzas mambisas, prefirió hacer honor a su grado.
¿Cuál hubiera sido la historia de Cuba si Martí no hubiera muerto en combate el 19 de mayo de 1895? ¿Habría podido evitar, por ejemplo,la intervención norteamericana en la guerra?¿Qué república hubiéramos tenido de no haber participado en ese combate fatal? Solo quedan conjeturas, inútiles de hecho:la historia es la crónica vivida,lo que hubiera podido ser es pura quimera.
Más que regodearnos en lo que pudo o no pudo ser, convendría valorarlos aportes fundamentales de José Martí al proceso revolucionario cubano.
Sin pecar de absolutos—téngase en cuenta que una guerra emancipadora es un empeño común,una gesta de todo un pueblo—, sin el concurso de José Martí difícilmente se hubiera podido a una tantos intereses en pos de la independencia de Cuba. El hecho de que sacrificara su proyecto personal para consagrarse a la causa común, lo ubica entre los hombres imprescindibles que siempre tienen los pueblos. La extraordinaria trascendencia de su legado político y creativo le otorga el favor de la posteridad,aunque él no trabajó precisamente por ganarse un lugar en la historia, sino por absoluto sentido del deber. Rubén Darío no pareció comprender este designio superior que animaba a José Martí:
“¡Oh maestro, que has hecho!” —exclama ante la noticia de la muerte del héroe en Dos Ríos—. Su recriminación refleja, con elocuencia, el dolor inmenso ante la pérdida de uno de los más preclaros pensadores latinoamericanos.
Aquel domingo 19 de mayo, el mayor general José Martí salió a combatir sobre el caballo que le había regalado otro grande, José Maceo, y enfrentó una emboscada española que lo derribó tras una descarga cerrada. No buscaba la muerte, como algunos erróneamente suponen, aunque sabía que, en una guerra, es una posibilidad recurrente. No resulta ilógico, pues, que en su correspondencia desde la manigua con su amigo mexicano Manuel Mercado,afirmara: “Ya puedo escribir […] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país”. En cambio,es difícil admitir la festinada deducción de ciertos autores acerca de su afán por perder la vida en el primer combate. Nadie que, como José Martí, se hubiera impuesto entre sus tareas inmediatas “[…]
impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América […]”, y expresara con determinación:“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”,1 podría pensar en desaparecer. Menos aún si se ha propuesto marchar al Camagüey a constituir la República en Armas, con un ejército libre de trabas civilistas“[…] y el país, como país y con toda su dignidad representado […]”.2
“Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros”,3 le había escrito a Mercado.
Su ideario sería retomado en la década del veinte por Julio Antonio Mella y, luego, por la generación de la Revolución del 30 que lo consideró“guía de su tiempo y anticipador del nuestro”.
En forma de antorcha luminosa aquellas doctrinas llegaron al corazón de la Generación del Centenario, encabezada por Fidel, quien consideró a Martí como “el más genial y universal delos políticos cubanos”, cuyas ideas constituyen un “manantial inagotable de sabiduría política,revolucionaria y humana”.4
1 José Martí: “Carta a Manuel Mercado”, 18 de mayo de 1895, en Obras completas, t. 4, colección digital, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 167.
2 ___________: “De Cabo Haitiano a Dos Ríos”, en ob. cit., t. 19, p. 229.
3 ___________: “Carta a Manuel Mercado”, ob. cit., t.4, p. 170.
4 Fidel Castro: “Discurso pronunciado en la velada conmemorativa por los cien años de lucha”, 10 de octubre de 1968, en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos